Luna

Viene la nostalgia de un pasado doloroso,susurrantes palabras traen consigo el desconsuelo

Luna errante y viajera posa sobre mi tu brillante luz,lleva a la distancia la tristeza y el dolor muestra el camino hacia ese corazón que a lo lejos suspira por amor

Published in: on abril 29, 2014 at 6:48 pm  Dejar un comentario  
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Corazon Herido

Corazon herido aun dolido súplicas el bálsamo que cure tu dolor

¿Mas como puede pensar que la salvación está en lo que una vez causo tu perdición?

Corazon herido si has de suplicar hazlo al profundo silencio para que cesen las voces que causan tu destrucción 

Published in: on abril 29, 2014 at 6:43 pm  Dejar un comentario  
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¿Quien eres?

Samanta:

Nunca olvidare el día que conocí a Arturo Suarez y tampoco él… Por fin era primavera, el sol brillaba en el firmamento, las calles empezaban a perder ese gris característico del invierno y alguno que otro árbol empezaba a florecer. Si bien desde mi pent-house en la bahía de Manhattan no había muchos árboles, los pocos que había demostraban la llegada de dicha estación. Adoro mirar desde el balcón de mi habitación el mar, me resulta confortable, creo que puedo pasar horas enteras… Mirar la luna y el mar, me hipnotizan. Pasaría horas y horas mirando ese azul profundo característico del mar. Y la luna, es algo que nunca supe por que, el solo hecho de verla hace que me olvide de todos mis problemas. En estos momentos me siento como tal, mientras me termino de arreglar miro mi imagen en el espejo enterizo de mi habitación, “Nada mal” me digo a mi misma. Vestía un elegante vestido blanco, que hacia resaltar mis hermosos ojos azul-cielo y mi cabellera rubia. El vestido era hasta por debajo de la rodilla, era ajustado pero no demasiado, mostraba perfectamente mis curvas. El escote no era muy pronunciado, ya que el verdadero escote se encontraba en la espalda, este llegaba a la base de la espalda. Los zapatos eran sandalias blancas, de tiritas y algunos toques de brillantes. Me había puesto el collar de perlas, los aros y la pulsera que hacían juego que pertenecía a mi madre. El pelo me lo arregle en un recogido, con algunos mechones sueltos que parecían fibras de oro, lo arregle así para que se pueda ver el importante escote que tenía en la espalda. El maquillaje de lo más natural, un poco de rímel en los ojos, un poco de rubor para darle un poco de color a mi tez blanca como la nieve, y un poco de labial color durazno. Agarre mi pequeño bolso plateado y me mire por última vez en el espejo. “Magnifico” dije en vos alta. En cualquier momento viene Dante, e iremos juntos al baile que ofrece su Universidad.

Hace un año que conocí a Dante y desde hace 8 meses que somos novios. Tengo mucha suerte que alguien como él, que va a la Universidad y cursa el segundo año de Abogacía, se fije en una joven de 17 años que está terminando el secundario. Nosotros dos somos la envidia de todos, yo por mi hermosura y él por su elegancia y buen porte.

Salgo al balcón para contemplar una vez más el mar, en estos momentos extraño mucho a mi madre. Me hubiese gustado que ella estuviera para poder arreglarme, darme consejos, no se cualquier cosa que se supone que hacen las madres… Hace 5 años que la perdí. Desde que murió, mi padre se encerró en el trabajo. Él es un exitoso editor del Angel´s News. Su nombre es distinguido en todo Nueva York, y también es reconocido por su labor en distintos lugares del mundo, el último premio que recibió fue de la casa blanca. Si bien se refugió en su trabajo para aliviar el dolor, en estos últimos años nuestra comunicación se limito a darme dinero, firmar notas, e imponerme horas de regreso. A mi padre no le gusta Dante, lo consideraba demasiado pedante y egocéntrico. Como dice él: un nene de papito. Muchas veces nos peleamos por dicha razón, pero luego de insistir tanto le dio una oportunidad, aunque muy convencido no se mostraba y tampoco se lo demostraba a Dante. De pronto una voz interrumpe mis pensamientos.

Woow que es lo que ven mis ojos, acaso una Diosa bajo del cielo?

Dante, no digas tonterías… Solo me arregle un poco. -Mentira, estuve 5 horas preparándome, pensé. El se encontraba vestido en un elegante esmoquin negro, camisa blanca, mocasines negro punta cuadrada. Y una flor blanca en su solapa. Su pelo era de un rubio platinado y llegaba hasta el comienzo de sus hombros

Samanta estas hermosa, y lo sabes.

Se acerca y rodea mi cintura con sus manos, baja su cabeza y pega su frente con la mía. Me mira con sus ojos de un azul claro, casi transparente, mechones de su pelo platinado caen en mi sien y me dice:

-Eres  hermosa, y esta noche todos van a envidiar a la hermosa dama que va a estar debajo de mi brazo. Y es MIA solo MIA.

Se acerca más y me planta un apasionado beso, luego de unos minutos corto el beso debido a que se me estaba haciendo dificultoso respirar.

Y tú también eres solo mío, mío y mío.- dije

Le doy besitos por toda la cara.

Entremos así nos despedimos de papa.

Y si nos quedamos acá, y armamos nuestra propia fiesta.

Me acaricia los mechones de pelo suelto y me mira seductor.

Además no quiero ir a una fiesta donde este repleta de gente inferior a nosotros, no se por que decidieron compartir la fiesta con las demás universidades. Ese tipo de gente no pertenece a nuestra clase. No son parte de nuestra universidad elitista.- dijo

Bueno amor, no importa. Haz de cuenta que no existen. No te olvides que voy a estar para apoyarte, siempre puedes contar conmigo para lo que sea.

Agarro con mis manos su cara y le doy un tierno, dulce y breve besos en los labios y le susurro al oído

Te Amo, te amo

Y yo a ti preciosa, no sé lo que haría sin ti. Prefiero la muerte antes que no volver a sentir tus dulces labios y ver esos ojos azules. NUNCA, pero NUNCA me dejes

NUNCA, eso nunca…

Y cuando estaba a punto de besarme…

PERDON, Dante serias tan amable de dejar que le saque algunas fotos a MI ÚNICA HIJA, ah y claro una contigo- esto lo dijo de una forma y mirando a Dante de manera totalmente despectiva.

Lo siento señor Torreblanca, es que es imposible despegarse de semejante belleza.

Si como sea…hija me permitirías sacarte algunas fotos, estas… hermosa, igual que tu madre, eres la viva imagen de Satina

Se le cae una lágrima por la mejilla, que me separo de Dante y me dirijo para abrazarlo

Papi… – lo abrazo y se me cae una lagrima a mi también – Vamos papi, vamos a sacar TODAS las fotos que quieras. Dante vamos?

Si querida, como gustes…

Nos dirigimos hacia el amplio comedor de nuestro pent-house, adornado con unos sillones de cuero blanco una mesita ratona negra, un piano de cola blanco, algunas plantas, la TV de plasma, el equipo de música e infinidad de fotografías mías. En el centro de la habitación se encontraba el tesoro más preciado para mí y para mi padre: una pintura hecha por mi madre, a la cual ella denominaba “Milenio de Plata” era un esquisto palacio totalmente blanco y de fondo se encontraba la tierra. Este fue uno de los mejores trabajos de mi madre. Según ella era el palacio de la luna y yo era la princesa, me encantaba cuando me contaba toda clase de historias referidas a la luna. Tal vez por eso me relajaba tanto mirar la luna, me hacia recordar  a mi madre. Ella era sin duda alguna una artista, no solo pintaba y cantaba como los dioses, sino que era una persona elegante, bondadosa, inteligente, cada movimiento que ejecutaba lo hacía con una gracia que la distinguida de cualquier mujer. No era únicamente una persona con una belleza inigualable, cualquier persona que la conociera sentía que ella emanaba una luz. Una persona llena de carisma y simpatía. Desde muy chica  siempre quise parecerme a ella, pero desde su muerte todo cambio. Antes sonreía todo el tiempo, ahora…

Hija, ya está. Esa fue la última. Hija, hija…

Ahh, perdón estaba pensando

Siempre con la cabeza en la luna, vamos váyanse. Quiero que vuelvas a las 12 en punto señorita no quiero protestas.

Pero papi!!! Porfi, ya tengo 17 años. Casi soy mayor de edad… Ándale no seas malito, además TOOODOS vuelven a las 3- le pongo carita como el gato con botas de shrek, nunca falla-

Primero: el hecho que tengas 17 no tiene nada que ver, mientras vivas en esta casa estas bajo MIS órdenes. Segundo: te extiendo el horario hasta la una, y es mi última palabra, tú decides. Tómalo o déjalo

Uff, a veces pareces un cavernícola.

Que se le va a hacer, quieras o no soy tu padre y MANDO. Váyanse que es tarde.

No se preocupe señor Torreblanca, el horario no es importante en esa fiesta llena de parásitos becados… jajá

Dante por si no te acuerdas, yo estudie en la universidad gracias a una beca. A veces hay personas que no tienen TU suerte, y que sus estudios y todos sus caprichitos no son pagados por su papito. A demás con esa actitud te vas a ganar un buen golpe en la cara.

PAPA!!

Lo siento señor Torreblanca tiene razón…

VAMONOS!! Dante!!, hoy se levanto con el pie izquierdo…

Nos dirigimos a la puerta y esperamos el ascensor.

No te olvides bebe a la una te quiero acá!!

SEEE!! Y NO SOY TU BEBE!!!

Dante se acerca rodea con su brazo mi cintura y me susurra al oído

No te preocupes querida, siempre puede ocurrir algún accidente y retrasarnos- Me muerde el lóbulo de la oreja.

Te amo…

Y yo a ti, vamos ya.

Se abre el ascensor y entramos

Ya en la fiesta, al entrar TODO el mundo nos miraba. El lugar se llamaba Edén club, estaba decorado magníficamente. En el techo había docenas de lamparitas con pantallas de papel en rosa y blanco. Las mesas estaban dispuestas al costado del salón con manteles rosados. Cada silla llevaba un moño rosado también, y el ambiente estaba repleto de rosas, blancas, rosas y rojas. Las ultimas mis favoritas. La música estaba a todo volumen y la gente se encontraba bailando. Estaba sonando un tema bastante movido, agarre la mano de Dante y me encamine hacia la pista de baile, pero él me detuvo.

Bebamos un poco de champaña primero, querida- me dijo con voz autoritaria- Quiero inspeccionar a toda esta gente.

Antes que pudiera responder, desapareció entre la multitud y yo me quede allí de pie, SOLA. Estaba lleno de gente, pero no conocía a NADIE!

SAMANTA! Mira allá!! Acaso no es un chico súper lindo!

Por suerte alguien que conozco, esa voz provenía de mi mejor amiga Monica. Nos conocimos en escuela, desde primaria  éramos amigas. Además, su madre y la mía eran amigas desde pequeñas, nos criamos juntas. Nos decimos hermanas, además, nos parecemos mucho físicamente, pero con lo que respecta con las personalidades somos totalmente opuestas. Ella es un año mayor y estudia diseño de imagen. Ella es una persona totalmente extravagante, mientras que yo soy la elegancia en persona. Lo demostraba como se vestía. Llevaba un vestido naranja de falda corta y zapatos con plataforma. Se había hecho un semi-recojido entrelazado con cintas de color naranja y blanco. Sin duda su vestimenta reflejaba su personalidad.

- Quien?

- Ese, acaso estas ciega??!!

-Ese???- Se refería a un chico que estaba a escasos 5 metros de nosotros, su pelo era corto de un color negro profundo, llevaba un esmoquin negro, camisa blanca, llevaba un moño negro y una rosa roja en la solapa.

No tiene comparación con MI novio, no le llega ni a los talones!- dije con un tono de voz totalmente arrogante.

Nadie niega que Dante Lancafire sea el MEJOR partido en toda la ciudad. Pero es tuyo. Danos al resto de las chicas la oportunidad de disfrutar del romance,

Lo volví a mirar y este me miro, me sonrío vagamente y me hizo un guiño. La furia inundaba mi ser.

Quédate con los chicos de tu círculo, Mónica. Se nota a leguas que no es de nuestra clase.

Sabía que a mi padre no le gustaría para nada que hablara de esa forma, pero no me importaba. En ese momento me sentía dueña del lugar.

Discúlpeme, señorita Torreblanca, si soy incapaz de juzgar a un hombre por el tamaño de su tarjeta dorada. Tal vez formo parte de ese pequeño grupo de gente que cree en la personalidad, la inteligencia y el ingenio- hecho una mirada o través al susodicho- y en el amor a primera vista.- dijo Mónica

Para mi Dante no… – no puede terminar de hablar ya que fui interrumpida.

Me haría el honor, de concederme esta pieza hermosa dama??

A MI? Se está refiriendo a mi?- mire a Mónica y ella asintió con su cabeza. Fruncí la nariz en señal de desagrado y con la mirada  demostré mi desagrado.

A sus órdenes Arturo Suarez- dijo con tono totalmente arrogante y galante.

Me detuve a observarlo más de cerca había que reconocer que tenía unos hermosos ojos azules, tan profundos como el mar. Me estaban hipnotizando. Nos quedamos mirando por unos segundos que parecieron una eternidad, hasta que la voz de alguien nos saco de ese trance…

DISCULPA!! NECESITAS DE ALGO?? CON MI NOVIA???- hizo un importante énfasis en la palabra mi y novia. Sin duda a Dante no le gustaba para nada que NINGUN joven se acercara  a mí, aunque solo fuera para pedirme la hora.

No, nada mi amor, quería hablar con Mónica, no??- mire a Mónica con una mirada que le suplicaba que asintiera

Ehh… Sii, claro. Él es Arturo Suarez, y el Dante Lancafire Un gusto- Arturo  estiro su mano para saludar a Dante, pero este ni se molesto en retribuirle el saludo.

QUERIDA VAMOS A BAILAR- con voz totalmente autoritaria.

Si claro amor, nos vemos Mónica- dije

Y me llevo prácticamente a rastras a la pista de baile, una vez ahí estaba sonando un lento The pólice, wraping around your fingers. Me estrecho contra su cuerpo y acaricio mi espalda desnuda. Ladeo la cabeza para besarme el cuello, y sentí que me erizaba la piel.

Vez? No importa nada más que nosotros, que importa toda esta gentuza??- dije llena de dicha

Y de esto… – me beso en la boca, allí, en medio de la pista. Después de unos momentos me aparte de él.

Aquí no- le dije- todos nos miran

Y a quien le importa?- pregunto, y se me acerco otra vez para besarme.

Retrocedí un paso y le puse una mano sobre el pecho.

A mí.

Por un momento pareció enojado, y luego su rostro volvió a convertirse en una máscara.

Tienes razón. Además, acabo de ver por allí algunas personas con las que me gustaría conversar. No te importa ¿Verdad, querida?

La verdad, yo…

Sin escuchar mi respuesta, comenzó a alejarse. Me dejo plantada en medio de la pista de baile!! Fue en ese momento que vi a Arturo Suarez, y sin detenerme a pensar fui en busca de él. Estaba solo, parado en medio de la pista de baile.

-Bailemos- le dije, y lo tome de la mano.

Pensé que nunca me lo pedirías- y nos dirigimos a la pista de baile

Al mirarlo a los ojos me di cuenta que había presenciado el plantón que me había hecho mi novio.

- Te odio- le dije cuando, como un experto bailarín me dejo suspendida en el aire, casi en posición horizontal, muy cerca del piso.

Volvió a enderezarme y me susurro al oído.

Del odio al amor hay un solo paso…

Sentía un escalofrío que me recorría todo el cuerpo, no sé si fue su aliento en mi oído, su olor tan masculino que me embriagaba, o el tacto de sus manos en mi desnuda espalda.

Me separe violentamente de él y le dije

Primero y principal tengo novio, el cual es mucho mejor que tú! Y segundo: nunca me enamoraría de un DON NADIE!- lo último lo dije gritando, la gente que estaba alredor se dio vuelta y nos miraban. Rápidamente decidí escaparme de ahí. No seguiría soportando tal humillación. Y salí en busca de Dante, mi novio, mi amor. Mi amor?

Claro que Dante es mi amor, yo lo amo. Pero esos ojos… que estoy diciendo??!! No hay mejor partido en toda la cuidad  mejor que él. Él es hermoso, de buena familia, siempre me consiente, además, él me ama. No aguantaba más esta situación, como puedo dudar del amor que le tengo a él, a mi novio. Dónde diablos estaba??

Se puede saber qué diablos hacías bailando con ese fracasado??- estaba detrás de mí, y por el tono de voz Dante estaba sumamente enojado. Me enfermaba que fuera tan celoso, que no confiara en mí.

Que esperabas que hiciera? Me dejaste SOLA en la pista de baile, en un lugar donde no conozco a NADIE. – dije con un tono que emanaba furia. Dante al mirarme, cambio la cara y se acerco para abrazarme.

NO me toques, me voy!!- dije en voz alta provocando que algunas personas se voltearan a mirarnos. Yo nunca era de armar escenas, y menos adelante de tanta gente. Pero desde que baile con Arturo, mi mente se volvió un desastre estaba totalmente confundida.

NO- me dijo con una cara que nunca antes había visto, su cara reflejaba furia- TU VINISTE CONMIGO Y TE VAS CONMIGO, quieras o no- lo último lo dijo más calmado, ya que eran bastante la gente que nos estaba mirando.

Lo siento- dije al borde de las lágrimas- lo siento, es lamentable la escena que te estoy haciendo. Es que me sentí sola, y no conozco a nadie, y me dejaste ahí y…- antes que pudiera seguir hablando me abrazo y con un dedo limpio una lagrima que escapaba de mis ojos y con otro dedo me callo poniéndolos sobre mis labios.

Lo siento preciosa, no debí tratarte así, soy un idiota…

Sí… lo eres- dije con una sonrisita

Ouch!!!, Golpe bajo querida. Qué te parece si nos largamos de esta pocilga llena de fracasados y vamos a bailar por ahí?, Conozco un lugar que te va a encantar.

Claro, pero antes… dame un beso- lo dije con una mirada de lo más inocente y con un leve enrojecimiento en los cachetes.

Pensé que no me lo ibas a pedir nunca?- Se acerco y me dio un apasionado beso, pero en mi mente resonaban las palabras que me había dicho. Por que utilizo las mismas palabras que él? Por qué?! Habiendo miles de palabras él tenía que decir JUSTO esas. Se separo un poco y pregunto

Nos vamos querida?

Ehh, Ahh sí claro…

 

Arturo:

Dios desde que me dejo plantado que no puedo dejar de pensar en ella. Y como no, si es una verdadera belleza. Es una lástima que una mujer tan bella sea  novia del engreído de Dante, además, le decía amor!!! Esos ojos azules claros como el cielo de verano, esa boca que parecía que tenia escrito BÉSAME!! No sé cómo me contuve. Al tocar su espalda cuando baile, el olor que desprendía, era a rosas. Esos cabellos dorados como el sol. Me estoy volviendo loco!!! Pareciera que nunca había visto a una chica, por qué??

- por qué??- me dije en voz baja- porque a mí?

Que té pasa Suarez?- dijo mi hermano menor Adrian, era alto rubio, con ojos verdes, de pelo corto. El se parecía mucho a papa mientras que yo a mama, yo estudiaba medicina y el arquitectura. Cuando era joven tenía el pelo largo, hasta la mitad de la espalda. Soñaba con formar una banda. El es el extrovertido, el divertido. Yo el serio. Cuando terminamos el secundario maduro un poco, se corto el pelo debido a que donde empezó a trabajar no veían con muy buenos ojos ese aspecto andrajoso, y se despidió del sueño de la banda. Ahora además de estudiar trabaja con una  tía que es arquitecta. Descubrió que tiene talento y que además, le gusta mucho. Pero sigue siendo el mismo mujeriego que conozco desde siempre, y que constantemente quiere buscarme pareja.

Nada, no es nada

Ya sé que te parece si te traigo una hermosa dama, para que te diviertas?

Nooo, creo que me aburrí de esta fiesta. Mejor me voy- me dispuse a pararme de la silla en la cual estaba sentado, que se encontraba al costado del salón, pero Adrian me empujo a la silla y me dijo.

1 minuto dame un minuto y si no te consigo nada, te podes ir. Solo un minuto.- y antes que pudiera decir algo se marcho lo más rápido, efectivamente después de un minuto trajo a la amiga de la señorita MI NOVIO ES MEJOR QUE TU, DON NADIE!!

Hola- dije sin mucho entusiasmo- quieres bailar?

Sí claro

Nos dirigimos a  la pista de baile

Cómo te llamas?- le pregunte en el oído debido a que la música estaba a todo volumen-

Mónica- me respondió en mi oído.

Asentí con la cabeza para hacerle entender que escuche la respuesta, antes que le pudiera preguntar algo me hablo ella.

Vi el plantón que te hizo mi amiga, jeje. Que le hiciste para que saliera hecha una furia? Además sé enojo con Dante, y se fueron medios peleados. Debiste a verle dicho algo que la altero bastante. Para que le haga una escena a su novio.

Bueno… este… me dijo que me odiaba y yo le dije que… este… bueno… que del odio al amor hay un solo paso- sentía como mis mejillas se tornaban coloradas

Jajajjajjaja

No me causa gracia, después que le dije eso no solo me dejo plantado, sino que me dijo que nunca se enamoraría de un don nadie.

Jajajaja- se seca una lagrima que le salía debido a la risa- es que… jajá… Samanta es así… jajá

Conque se llama Samanta pensé, que hermoso nombre…

Samanta es muy impulsiva, discúlpala por mí. Somos amigas desde pequeñas, si bien ella es un año menor que yo, somos como  hermanas. Tiene 17 años y el único hombre que la cortejo fue Dante. Era lógico que reaccionara así. Desde que murió su madre de cáncer , hace ya 5 años se creó una barrera. No se relaciona con nadie más que su novio y un par de amigas. Esta como en una burbuja. Antes era una niña muy sociable, hacia amigos sin importar el apellido o el dinero que tuvieran. Y la actitud discriminativa y arrogante que tiene ahora se la debe mucho al tarado que tiene como novio. Su padre, Lisandro Torreblanca, odia que discrimine de esa manera, pero su novio es el verdadero culpable de esa actitud. Cambio mucho por él. Ahora casi no nos vemos, porque según él soy muy… extravagante. Lo sé aunque ella no me lo quiera decir, extraño a la Samanta de antes. Pero por más que le diga que el idiota de su novio es un egocéntrico y que no piensa más que en él, no me hace caso. Cuando una está enamorada se venda los ojos y ve lo que quiere ver.

Sí…

Sabes fue un placer bailar contigo- saco de su cartera un papel y una lapicera y me anoto su número de teléfono- acá te dejo mi número  por cualquier cosa, espero volver a verte y también a tu amigo… Adrian no?

Sí, sí… gracias

Chao!!

La noche estaba oficialmente acabada para mí, y por más que insistiera Adrian, no me iba a quedar un minuto más. Ahora al menos sabía su nombre. Samanta, Samanta, Samanta, Samanta están hermoso. Pero qué diablos pienso si es una niñita de papa, que no mira más allá de su ombligo. Pero están hermosa… sacudí mi cabeza para aclarar mis ideas, cuando llegase a casa tomaría una ducha fría, bien fría.

Me dirigí a la pista en busca de mi hermano, lo encontré bailando con una chica de pelo color castaño, bajita, flaca, normal era bonita pero no como ella. Como Samanta, la cual a pesar de insultarme, seguía siendo la culpable de mis suspiros.

Adrian me voy, después hablamos, no llegues demasiado tarde ya sabes que la tía Irma se preocupa chau!

Me apresure a salir, porque sino Adrian me atraparía y me llevaría a rastras al salón.

Hoy si de algo estoy seguro es que soñaría con ella… con Samanta, con la dueña de semejantes ojos azules, que eran como el cielo.

Dios me voy a volver loco- dije mientras me dirigía a mi auto.- Samanta… que me hiciste?…

Samanta:

3 semanas después:

Me levante después de una larga noche, me la pase toda la noche llorando, hasta que me quede dormida. No había vuelta atrás, la decisión de mi padre fue clara e irrevocable: en pocas horas me dirigía rumbo a un campamento de verano en Brooklyn. ¿El por qué de esta decisión? Simple, el día del baile de la universidad, volví a las 7 de la mañana. Dante y yo fuimos a bailar y ni nos dimos cuenta de la noción del tiempo. Tal vez lo hice para olvidarme al tarado de Arturo, no se… pero desde que lo vi, que no me puedo olvidar de esos ojos, de su perfume…

Me levante de mi enorme cama tamaño King, la cual estaba llena de almohadones en color blanco y rosa, la colcha era rosa con toques en blanco, me dirijo a mi baño, y veo mi rostro en el espejo. Mis ojos estaban totalmente hinchados producto del llanto.

Abro la canilla para darme una ducha. Luego de 30 minutos salgo envuelta en una toalla, me dirijo a mi armario pero algo rodea mi cintura, me sobresalto y me doy vuelta para ver quién es.

Dante… que haces aquí?- pregunte sobresaltada

Qué manera de recibir a TU novio, querida. Vine a despedirte, pero si no me quieres mejor me voy- encamino para la puerta pero puse mi mano sobre su hombro y lo detuve.

No es eso, no seas tonto. Me asustaste, nada más…

Me rodeo otra vez con su mano la cintura, y comenzó a besarme apasionadamente, luego bajo hacia mi cuello, y empezó a caminar hacia la cama, llevándome con él. Me apoyo en la cama y sus besos se empezaron a dirigir a mis pechos, abrió la toalla y empezó a mordisquear cada parte de mi cuerpo, empezaba a bajar cada vez más. Me estaba dejando llevar, hasta que reaccione.

DANTE  ESTAMOS EN MI CASA, MI PADRE!

No te preocupes él se fue… no sé a donde… podemos hacer uno… rapidito- decía mientras no paraba de besarme.

Me levante abruptamente, me volví a tapar con la toalla y le ordene

AHORA, AFUERA!!-

UFF!!!- parecía un nene chiquito que le habían quitado un dulce

YAA!!!- ordene

Cuando salió, cerré la puerta con llave, por las dudas. Conocí a Dante hace 1 año, éramos novios hace 8 y después de 2 meses de relación tuvimos relaciones. No estaba muy segura, pero Dante me convenció. Yo en ese momento era virgen. No sé porque pero yo me imaginaba mi primera vez mas mágica, no se… tal vez fue por los nervios, si seguro era eso. Nunca se lo dije a el por miedo a que se enojara. Pero a veces me hubiese gustado que fuera más dulce, que se tomara más tiempo. Que prendiera velas, esparciera pétalos de flores, no se… quizá soy muy antigua, no se… mejor me termino de cambiar, antes de seguir pensando tonterías.

Elegí ponerme un pantalón de jean, de un color azul profundo, una blusa blanca y una chamarra celeste. Y las Zapatillas blancas. Me arregle el cabello con un peinado que lo llevo desde  pequeña. Dos coletas, mi madre siempre me  las hacían, a veces nos peinábamos las dos iguales, por eso me gustaba peinarme de esta forma, me acordaba de ella. Aunque a Dante no le gustaba mucho.

Termino de arreglar el bolso, me miro por última vez en el espejo.

-Perfecto- me digo a mi misma

Salgo de mi habitación y me encuentro a mi novio hablando con mi padre, se nota a leguas el poco interés de mi padre de hablar con mi novio.

Hola- digo con total tristeza – Padre- con absoluto rencor y enojo. Me acercó a mi novio y le doy un tierno beso en los labios- buen día amor-

Samanta Torreblanca, sé que estas enojada conmigo pero creo que antes de saludar a tu noviecito deberías de saludar a tu padre. Yo no solo te mantengo, sino que te críe te di la vida. Así que ven ya mismo acá y saluda como corresponde- dicho con un tono totalmente autoritario

Me mandas en el medio de la nada, a kilómetros de mi novio, de mis amigas de una vida civilizada, y encima quieres que salte de alegría. Papa no seas tonto!

No te dirijas a mí, así… Está bien no me saludes, despídete de tu novio que ya nos vamos. Yo te dejo en la estación, ahí te va a estar esperando el chofer. Me gustaría verte subir a ese tren pero tengo que partir a Francia, y me ausentare todo el mes que estés en el campamento. Lo cual no significa que no te voy a controlar. Te llamare todos los días, te lo digo por sí se te cruzaba por la cabeza escaparte. Sabes que si eso llegara a pasar, no veraz mas la luz del día, no?

Seee. Dante te acompaño hasta la puerta?

Claro querida…

En la puerta del ascensor

Te voy a extrañar mucho amor- apoyo mi cara en su pecho, y unas lágrimas empiezan a salir de mis ojos

Querida, no querrás manchar mi camisa Armani, no?

Ahh lo siento- me limpio mis lagrimas con mi campera- perdóname. ¿Me vas a extrañar no? ¿Me vas a esperar no? ¿No me vas a engañar no?

Querida claro, eso nunca va a pasar. ¿Cómo te voy a cambiar?, sabes que todos mis amigos me envidian? Todos desean tener una novia tan hermosa y elegante como tú. Soy la envidia de todos, y soy el hombre más afortunado por tener una novia tan hermosa como tú. Ahh me olvidaba- y saca de su bolsillo de su chamarra de cuero negro que tenía en la mano conejito blanco de alrededor de 15 cm, que tenía un corazón en la pancita y adentro del corazón estaba escrito te quiero- te voy a extrañar preciosa, no me olvides. Cuando mires este conejito acuérdate de mí- y me da un apasionado beso de despedida.

Se abre la puerta del ascensor, entra y me tira un beso antes de que esta se cierre. No aguante más y las lágrimas comenzaron a fluir en mi rostro.

Hija es hora, vámonos!

Si voy… – dije totalmente resignada, mi destino ya estaba escrito y era ir a ese ODIOSO campamento en Brooklyn.

Durante el camino a la estación del tren, papa y yo no nos dirigimos palabra. Cuando al fin llegamos , antes que bajara me agarro la mano y me dio un beso en la frente.

Te quiero hija, eres mi único tesoro. Lo hago por tu bien cuando tengas hijos lo comprenderás, todo lo que hago lo hago por tu bien.

Si pa… lo sé… yo también te quiero, me voy… ya es tarde.

Si hija ve, cuando llegues te llamo

Ok

La estación de trenes de Manhattan  estaba llena de gente. Me dirigí en busca del chofer que tenía todo mi equipaje, además, debía corroborar que el tren partiera conmigo adentro, todo obviamente por una pequeña suma de dinero que le daba mi padre. Cuando lo encontré, me hizo un gesto y encamine hacia su encuentro.

- hola Omino, como estas?

Bien señorita Samanta. Su tren parte en 5 minutos.

Perfecto voy al baño, ya vuelvo.

No se tarde, recuerde 5 minutos.

Si, si no te preocupes.

Me dirigí a toda prisa al baño, mi reloj mental corría. A travesee a toda marcha entre el tumulto de la gente. Empuje a un par de personas, que menos linda me dijeron de todo. El bolso que tenía golpeaba con mi cadera. Una vez en el baño tuve que hacer cola, el tiempo pasaba, y si quería llegar era necesario apurarse. Cuando  salí del baño, corrí lo más rápido que pude. Por un momento se me cruzo la idea de perder el tren, pero enseguida vinieron a mi mente las palabras de papa: me ausentare todo el mes que estés en el campamento. Lo cual no significa que no te voy a controlar. Te llamare todos los días, te lo digo por sí se te cruzaba por la cabeza escaparte. Sabes que si eso llegara a pasar, no veraz mas la luz del día, no?.

No, no podía perder ese tren, acelere la marcha y encontré a Omino quien me hacía gestos para que me apurara.

Señorita su equipaje ya está a bordo, súbase que es tarde.

Si… gracias… ahora… subo- estaba agitada, parecía que había participado en una maratón. Aborde el tren y me dirige a mi asiento una vez allí, mire por la ventana Omino ya se había ido. Afuera madres despedían a sus hijos, seguramente ellos iban al campamento como yo. Como los envidiaba, a ellos los despedían sus padres, a mí el chofer, pero para que este aquí mi padre le tuvo que pagar. Me hubiese gustado que Dante me hubiese despedido, pero el señor Dante Lancafire  NI LOCO, pisaba un lugar como este. Oh no!! Dante, el conejo que me dio DANTE!!

¿Cuánto falta para que el tren salga?- Le pregunte al señor que estaba enfrente de mí.

3 minutos aproximadamente – me contesto

Gracias, cuide mi equipaje por favor-

Antes que me pueda contestar salí corriendo hacia el tocador, empuje a todo el mundo que estaba en mi paso, y por segunda vez en el día me gane unos cuantos insultos. Una vez en el tocador, vi a una niña con mi conejito. Me abalance a ella y se lo quite abruptamente.

Es mío!!- grite

Lo siento- me dijo aparentemente la madre de la niña- estaba ahí, no sabíamos que era tuyo

No, lo siento. Perdóneme… Es que mi novio… el campamento… me lo regalo… ay no el tren!!!!

No te preocupes ya lo tienes sano y salvo- me sonrío

Gracias

Salí corriendo a toda prisa, estaba bajando las escaleras, por suerte el tren no se había ido, había recuperado mi conejo y no iba a perder el tren. Excelente, pensé. Pero antes que terminara de bajar las escaleras me tropecé, y empeze a caer en cámara lenta. La caída era inevitable. En ese momento no escuchaba nada, todo el bullicio que hasta dos segundos había escuchado desapareció. Un silencio total, que fue quebrado por un golpe seco: mi cabeza contra el piso. Desde ese momento todo se volvió negro.

 

Arturo:

Me encontraba en la estación subterránea de Queens. Iba rumbo a Manhattan, ya que quería fijarme un par de libros de medicina que tenía que comprar, y ya que estaba me iba a ver un par de cámaras digitales que estaban en liquidación. Adrian  iba conmigo, él iba a entregar unos planos que había hecho junto a la  tía

El subte llego y lo abordamos.

Suarez, ¿vas a ir a la fiesta de Saura de esta noche? ¿Sabes que ella está interesada en ti, no?

No creo. Tengo que estudiar. Además trabajo en el hospital… y tampoco tengo muchas ganas de ir a la fiesta. Me molesta que Saura me acose todo el tiempo. Yo ya le aclare que me interesa, SOLO como una amiga.

Jajajaja, el señor Suarez le tiene miedo a una chica, jajajaja

Piensa lo que quieras, no me importa- se lo dije totalmente enojado.

Lo siento. Pero entonces, ¿Suarez tienes 21 años o 70? Lo que necesitas, además de OBLIGACIONES, es una chica hermosa que te recuerde de que se trata la vida.

Una chica es lo último que necesito- desde el baile de la universidad. Decidí alejarme de la población femenina. Aunque no pasaba día que no me acordase de la reina de hielo, la novia del tarado de Dante. Dios le da pan a quien no tiene dientes. Dante es la persona más narcisista, egocéntrica, pedante y tenía por novia a semejante mujer. Y yo SOLO. No es que no pudiese conseguir a ninguna chica. Es que nuca conocí a la que me robara el corazón. Hasta que la conocí a ella, la reina de hielo. Pero para mi desgracia solo me ve como un don nadie. Qué suerte la mía…

- Suarez, Suarez, Suarez!! Baja de la luna!!!

Ahh perdón, estaba pensando…

Pensé  que era tu necesidad… No sé si te acuerdas pero el último verano, invierno y otoño, tuviste, cuantas… 5 novias diferentes??

Si, no lo niego. Supongo que he madurado. Además, tengo otras prioridades como ya te dije…

Jajá, si claro. Bueno hermano de lo que te  pierdes yo lo aprovecho. Tendré más chicas para elegir en la fiesta de Saura.

Entonces suerte don Juan –

Jajá, yo ya te avise. Bueno acá me bajo- el tren se detiene- cualquier cosa, llámame. Estaré esperando tu llamada. Igual sabes dónde queda la casa de Saura, no?

Si. No te preocupes. Igual no voy a ir. Chao!! Nos vemos-

La próxima parada era la mía, en menos de 2 minutos estaría en la estación, así que me dirige a la puerta. Una vez que llegue a la estación, descendí del tren. Estaba llena de gente, no era de extrañar era pleno mediodía del sábado. Recorrí la estación, dirigiéndome a la salida cuando pude presenciar un círculo de personas que murmuraban. Seguramente algún muerto, es increíble el morbo de las personas es increíble. Pero mi curiosidad me traiciono y me dirigí hacia él círculo. Cuando llegue no podía creerlo que mis ojos veían, me los refregué para comprobar que era un delirio de mi parte, pero no. En el piso sucio de la estación  se encontraba la reina de hielo, tendida. Su bolso y todas sus pertenencias yacían desparramados por el piso. Sus preciosos ojos estaban cerrados, sus cabellos dorados estaban en el piso. Mire alrededor para ver si encontraba al tarado de su novio o a su amiga Mónica, pero no encontré a nadie. Sin pensarlo 2 veces rompí él círculo y me dirigí hacia ella. En ese momento cuando no me refregaba su condición social, y no tenia aires de grandeza parecía una niña indefensa parecía un ángel. Me rompió el corazón verla de esa manera. Me acerque a su oído y le susurre su nombre.

Samanta, Samanta ¿me oyes?- me alivie al sentir que respiraba pero evidentemente no me oía. Una mujer con una niña se acerco a mí.

Sé cayo por las escaleras hace unos segundos, debe de haberse golpeado la cabeza- me explico la mujer.

Por suerte había comprado una lata de coca, la saque de mi mochila, y puse la lata fría sobre la mejilla de Samanta.

Despierta, por favor Samanta, por favor- la desesperación se hacía notar en mi voz-

¿La conoces?- pregunto la mujer

Se podría decir que sí… sí

Mi hija y yo la vimos en el baño de damas, menciono algo sobre un campamento… además, estaba desesperada por que se había olvidado ese conejo- señalo al peluche- parece que se lo regalo el novio. Ahh y dijo algo sobre un tren, creo que por eso se cayó, estaba corriendo para alcanzarlo. Eso creo, no sé…

¿Alguien la acompañaba? – Si bien me gustaba tenerla cerca, y poder tocar sus delicadas manos, cuando despertase y viera a su pesadilla enfrente, no sería nada agradable para mi persona. Menos gracias me diría de todo.

No.- me contesto

Será mejor que llamen a una ambulancia- la mujer asintió y se dirigió a un teléfono público. En ese momento los ojos de la reina de hielo se abrieron. Esos hermosos ojos azules me miraron de una forma tan dulce, que me olvide de todo lo que me había dicho y de la manera despectiva que me había tratado.

¿Quién va al hospital?- pregunto la reina

Tu. Te caíste y te golpeaste en la cabeza. Y estuviste desmayada por algunos minutos.

Ahh… ¿quién eres?

Típico, se olvido al pobre diablo que insulto en medio de la pista, pensé.

Arturo Suarez-

Ahh… ¿quién soy? –

¿QUE?- pregunte en estado de shock

¿Quién soy?

Simplemente no lo podía creer, tan fuerte se había golpeado la cabeza?

Eres Samanta, Samanta Torreblanca.

Ahh… -

La gente que nos rodeaba comenzó a marcharse. Samanta sé sentó y quiso pararse, pero con el brazo se lo impedí.

Quédate sentada, hasta que lleguen los paramédicos.- me miro furiosa, fue el primer gesto que reconocí de la chica que había conocido en la fiesta de la universidad.

NO IRE AL HOSPITAL- dijo categóricamente, abrazando sus piernas con sus brazos. Parecía muy asustada, me gustaba ese lado de la reina de hielo.

Samanta se razonable. Tienes que ir, te diste un golpe muy fuerte.

NO, NO, Y NO. ODIO LOS HOSPITALES- comenzó a recoger las cosas que estaban desparramadas y su conejito al cual lo abrazaba con mucha fuerza, como si su vida dependiera de este peluche.

Me miro a los ojos con ese azul cielo que me hipnotizaba, y lagrimas empezaron a surgir de su rostro. Yo con mis dedos limpie esas lágrimas. Se hecho en mis brazos.

Por favor, no me obligues, no… Puedo ir… – lo dijo con voz entrecortada por las lágrimas.

Shh… No llores… no me gusta verte llorar… – agarre con mis manos su cara y la mire directamente a los ojos- ¿por qué? ¿Por qué no puedes ir?

Frunció el entrecejo.

No lo sé-

Estaba tan cerca de ella que pude olor su perfume de nuevo, ese perfume a rosas que me intoxicaba. Con mis manos en su cara no solo puede tocar su piel de porcelana, sino también acariciar sus cabellos dorados, parecía seda entre mis manos. Acaricie sus mejillas con mis pulgares para tranquilizarla. Cuando le toque la nuca, palpe un bulto gigante que iba formándose donde se había golpeado.

Dios!!! Parece que tuvieras una pelota de golf aquí atrás.-

Me miro a los ojos e hizo una mueca.

Con razón se me parte la cabeza- dijo y se toco la cabeza con cara de dolor. – Siento como si fuera que todos los constructores de la bahía, me estuviese martillando la cabeza- me dedico una sonrisa- Pero estoy bien… En serio…

Me eche a reír, por lo menos recordaba algo.

Salvo un pequeño detalle: no recuerdas quien eres, no me conoces y tampoco sabes que sucedió.

Se puso de pie y me hizo incorporar también. Miro el lugar con desagrado.

Arturo, si es cierto que compartimos ciertos sentimientos, por favor te suplico que me saques ya de este infierno!!

Trate de protestar, pero ni bien abrí la boca y pudiera decir una palabra, puso un dedo en mi boca para callarme.

Y si te niegas, saldré a la calle por las mías. Estoy segura que mis padres, quienesquiera que sean, no se sentirán muy felices de que me hayas perdido.- dijo con total seguridad.

Suspire, declarando mi derrota. Con o sin memoria Samanta Torreblanca siempre conseguía lo que quería.

Entonces vamos a mi casa, y llamo a mi tía Irma. Ella es doctora.

No me importa a donde vayamos. Siempre y cuando no sea un hospital.- comenzó a sonreír, pero luego hizo una mueca de dolor y me tomo de la mano.

Entrelace mis dedos con los suyos y nos dirigimos al subterráneo.

Vamos a ir en subte??- lo dijo con total desagrado.

Sí, por?

Ahh… no, por nada. Déjalo así.

Lo más probable es que nunca se haya subido a uno. El único medio de transporte que conoce la reina es un taxi y el auto de su “papito”.

Cuando por fin nos subimos, la note nerviosa. La conduje a la parte de atrás y nos sentamos. Me apretó la mano y se volvió hacia mí con expresión seria.

Gracias a Dios que estabas conmigo Arturo. Qué suerte he tenido.- apretó más fuerte la mano y apoyo la cabeza sobre mi hombro.- ojalá pudiera recordar cómo era todo antes de hoy.-

Con gran asombro y profunda satisfacción, descubrí que Samanta creía que yo era su novio. No sé porque no lo había descubierto antes. Claro, cuando despertó, yo estaba a su lado, tomándola de la mano, asumiendo todas las responsabilidades… de un novio.

Y sin embargo, seguía siendo el chico que había humillado en el baile, frente a todo el mundo. En ese momento yo era el novio de Samanta.

VENGANZA.

Esa palabra me daba vueltas en la mente mientras le acariciaba el dorso de la mano con el dedo pulgar. Se me presentaba la oportunidad de pagar con la misma moneda a la reina del hielo, por el modo que me había tratado. No me cabían dudas que en algún momento recordaría quien era exactamente y, además, todo su pasado. Y cuando llegara ese momento, la expresión de su rostro seria digna de fotografiar y esa imagen merecería sin duda un premio. Sonreí para mis adentros.

Samanta Torreblanca había perdido la memoria, pero yo estaba a punto de hacerle vivir una experiencia que jamás olvidaría.

 

Samanta:

Nada del barrio de Queens, donde vivía Arturo, me resultaba familiar. Caminamos calle tras calle, hasta llegar a un edificio. Una vez en el interior, tomamos el ascensor y nos dirigimos al departamento de Arturo. Cuando por fin llegamos.

Qué raro… no recuerdo… nada- dije con disgusto. Siendo tu novia  se suponía que haya venido cientos de veces a tu departamento, no?

No te presiones, los recuerdos van a llegar solos.- mientras me respondió, busco las llaves del bolsillo. Las saco, y abrió la puerta.

Al entrar había un pequeño recibidor, con dos pantuflas. Nos descalzamos y nos las pusimos. En el recibidor había un pequeño mueble de estantes, con algunos libros y un jarrón con una docena de rosas rojas.

Me acerque y olí las rosas- mis favoritas, rosas rojas- tome una, pero una espina me lastimo- Ouch- exclame.

Te lastimaste? Déjame ver- me tomo el dedo y con un pañuelo que llevaba en el bolsillo, me limpio la sangre. Luego me dio un beso en el dedo pinchado y me miro a los ojos. Esos ojos azules, profundos como el mar que me hipnotizaban, me ahogaba en ellos.

No es nada, gracias- le dedique una sonrisa- gracias por todo Arturo, si no fuera por ti yo estaría sola, sin nadie- me arroje a sus brazos. Las lágrimas no tardaron en salir.

Shh princesa, Shh… No llores, opacas esa hermosa sonrisa que tienes- me dedico una sonrisa, y limpio con su pañuelo las lagrimas- que te parece si te muestro el departamento?-

Asentí con la cabeza. Me mostró la cocina, la cual era pequeña. Luego el living comedor el cual era bastante amplio. Constaba de un sillón verde, enfrente la televisión. Al costado había una mesa, con algunos almohadones. Supuse que era la mesa donde se comía. El lugar estaba lleno de fotografías de la luna, y de muebles con muchos libros.

No había ninguna fotografía, solo una, la cual me llamo la atención. Cuando Arturo se dirigió a su habitación. Me acerque y la tome, era una hermosa fotografía de una familia, uno de los niños sin duda alguna era Arturo. Esos ojos son únicos, pensé.

Veo que encontraste la foto de mi familia- una voz me saco de mis pensamientos.

A, sí perdón

No hay de qué. Quise comunicarme con tu padre. Pero está de viaje en Francia. Le informe de la situación a la persona que me atenido, y dijo que enseguida le comunicarían lo ocurrido-

Me pareció raro que siendo mi novio, no supiera que mi padre se hallaba fuera del país. Una noticia como esa, se supone que se la debía de haber contado.

.- Ahh… y mi madre?- no sé porque, pero al hacer esa pregunta sentí un nudo en la garganta.

Samanta, no sé como decírtelo… tu madre murió hace ya 5 años. De cáncer. Mis padres también murieron, pero cuando yo tenía 6 años. Lo siento… –

Se me acerco y me abrazo. Las lágrimas bañaron mi rostro, no solo por mi desgracia, sino también por la de Arturo. Nos quedamos así algunos minutos, los dos llorando nuestras desgracias. Arturo no hacia visible su llanto, pero yo sé que por dentro estaba destrozado.

Será mejor que llame a mi tía para ver si está en casa. Desde que murieron mis padres ella me ayudo, nos crío a mi hermano y a mí. Gracias a ella me interese en la medicina. Me encantaba ver, cuando la acompañaba a trabajar, la manera en que aliviaba el dolor de esas personas. Hace solo un año que vivo solo, igualmente ella me visita todos los días, y me ayuda en las tareas domesticas.

O sea, que tu tía se llama Irma. Estas estudiando medicina y vives  solo. Cuéntame mas, jeje, soy como una hoja en blanco. Así que espero no atosigarte con mis preguntas. Jeje

Para nada princesa. Arturo Suarez a sus ordenes – y se inclino como los caballeros de las películas antiguas-

Arturo…

Tomo el teléfono, marco el numero y se fue a su cuarto para hablar. Yo me dirigí al espejo que había en la sala, y por primera vez después del accidente me vi. Mi rostro me resultaba familiar. Toque mi pelo rubio, peinado en dos singulares chonguitos, mis ojos eran de color azul, como el cielo. Mi piel era blanca como la nieve y mis labios eran rojos y carnosos. Nada mal, pensé.

¿Quién eres, Samanta Torreblanca?- pregunte en voz alta.

La mujer más hermosa del mundo – me respondió Arturo, que al parecer termino de hablar.

Arturo… no seas mentiroso-

No lo soy princesa, solo digo la verdad-

Me acerque a él y rodee su cuello con mis brazos, cerré los ojos y lo bese. Al principio no respondió, pero luego de unos segundos el beso se empezó a tornar más apasionado. Arturo que tenía sus brazos apoyados a sus costados, rodeo mi cintura con estos. El beso se estaba tornado cada vez más apasionado, hasta que el sonido del timbre irrumpió ese momento, ese momento que no estaba solamente lleno de pasión, sino también de magia. Me sentía en las nubes. Parecía como si nuestros labios encajaran a la perfección. Como si estuviéramos predestinados el uno con el otro. Nos separamos.

Ya vuelvo, seguro es mi tía.- y antes de ir a abrir me dio un breve, pero dulce besos en los labios.

Si… – la felicidad estaba a flor de piel, sentía que flotaba.

Hola… Samanta- me saludo una mujer de estatura media, con el pelo semi recogido. Su pelo era de color azul oscuro, sus ojos también lo eran. Era una mujer adulta, muy bonita. Vestía el típico guardapolvo, por lo que supuse que vendría del hospital. Se demostraba muy amable.

Hola – respondí un poco cohibida. – A pesar de ser la tía de Arturo, para mí era una desconocida. Su rostro no me era familiar. Con Arturo, fue diferente. Enseguida sentí una conexión.

Soy Irma, pero llámame tía.

- claro… tía- me daba un poco de pudor, apenas la había conocido. Pero supongo que antes la llamaba así.

Una vez presentada me reviso, y me hizo algunas preguntas. Me dijo que padecía de amnesia a largo plazo. Lo cual respondía él porque me olvide de toda mi vida antes del accidente. La memoria la iba a ir a recuperando de apoco. Primero vendrían a mis recuerdos, flashes de mi vida pasada, y luego la recuperaría por completo. Ahora lo único que quedaba era esperar. Además, me dijo, que a veces experimentamos un trauma y nuestra mente decide que es mejor bloquear ciertas cosas. Y que por lo general, las recordamos cuando ya estamos listos para asumirlo.

Esto último me dejo consternada. ¿Qué será lo que mi mente bloqueo?. Por más que pienso, no hay respuesta. Me dio unas pastillas para el dolor de cabeza y me recomendó reposo, pero después de las 12. Ya que cuando uno se da un golpe tan fuerte como el que yo me di, no es aconsejable ir a dormir rápidamente.

Tan pronto como termino de revisarme ya eran las 7 de la tarde. Y decidió ir con Arturo al supermercado a comprar algo para comer. Yo me dirigí a tomar una ducha. Arturo me prestó una camisa de él. Cuando me termine de bañar me la puse, olía a él. A ese perfume tan característico, a tierra y hierbabuena. Me embriagaba. Recordé el beso que nos habíamos dado. Fue hermoso, que suerte tengo al tener un novio que besa tannn bien, pensé.

Volvimos- la voz de Arturo interrumpió mis pensamientos.

Los dos venían cargados con bolsas en las dos manos. Irma empezó a cocinar. Comimos sorrentinos con salsa a los 4 quesos  mientras comíamos, Irma nos contaba de una niña que padecía de leucemia, que a pesar de su enfermedad se la pasaba dibujando, cantando. Se notaba que la quería mucho. La sensación que tuve al comer junto a ellos era de una inmensa felicidad.

Mmm, estuvo riquísimo. No doy mas… – me acosté en el piso.

Ahh, ¿entonces me como tu porción de helado de chocolate?- dijo Arturo

Creo, que… pensándolo bien… tengo un lugarcito- y puse carita de lastima.

Jajajaja- se rieron Arturo e Irma.

Luego de comer el helado, ayude a Arturo a lavar los platos. Yo lavaba y él secaba.

Irma se despidió, ya que tenía que volver a su casa. La cual no se encontraba muy lejos. Solo a unas cuadras del edificio de Arturo. Mire el reloj, las 11.30. Irma me dijo que después de las 12 me tenía que ir a dormir. Me dirigí al sillón y prendí la tv. Arturo estaba en el recibidor despidiéndose de Irma.

70 canales y NADA!!- exclame con furia.

¿Qué pasa princesa?- dijo Arturo que había vuelto de despedir a Irma, y se sentó al lado mío. Paso su brazo por el respaldo. Y apoye mi cabeza contra su pecho.

Nada, es que no hay nada para ver- acariciaba mi espalda con sus dedos, y yo sentía que con cada caricia, una serie de descargas eléctricas recorrían todo mi cuerpo. Y me tranquilizaban, cerré los ojos y antes que me pueda dar cuenta, me dormí. Oliendo el perfume de Arturo, que me embriagaba y me relajaba. Y me quede dormida al lado de mi novio.

 

Arturo:

El domingo a la mañana, mientras me cepillaba los dientes, me sentía como un idiota total. Agregado al dolor de espalda, producido por dormir en el sofá. Ya hacia 24 hs desde que había encontrado a Samanta, tirada en el piso de la estación. Me costó mucho convencer a Irma, que siguiera con esta farsa. Me dijo: la pobre no distingue entre blanco y negro, y tú le pondras gris. Ese comportamiento no es digno de ti. Arturo de Adrian no me extrañaría pero de ti, como le vas a decir que hace un año que están de novios. Apenas la conoces. ¿Qué vas a hacer cuando te pregunte cosas y no sepas NADA!? .

Claro, como no se me ocurrió antes. Mónica, la amiga de Samanta. Fui en busca de mi billetera, busque el número y llame.

Cuando alguien me atendió, mi corazón latía cada vez más rápido.

-hola ¿Quien habla?- me respondió una voz femenina, supuse que era Mónica.

-Hola, soy Arturo Suarez. El chico al que tu amiga llamo DON nadie. ¿Te acuerdas de mí?

-A si, si… lo siento me gustaría hablar de Samanta contigo, pero estamos desesperados buscándola. Ayer no llego al campamento. Su novio está moviendo cielo y tierra para encontrarla. No tenemos idea, donde está. Y el papa está lejos. Estoy desesperada. – respiro, ya que todo lo que dijo, lo hizo a mil por hora.

-Tranquilízate, Samanta está conmigo.-

-¿QUE COMO  Es una broma no?- me dijo totalmente alterada.

-No, no es una broma. Esta conmigo. Está bien. Solo que se golpeo la cabeza, y padece de amnesia

Luego le conté toda la historia, exceptuando el hecho que le dije a Samanta que era su novio.

-Entonces creo que la voy a ir a buscar- me dijo, tan pronto como se convenció de que no era un loco que secuestro a su amiga.

-Sí, claro… eh- no me gustaba mucho la idea, pero tarde o temprano tenía que pasar- ¿te puedo pedir un favor?

-Sí claro ¿qué?

-¿Podrías dejar fuera de todo esto al novio de Samanta?. No creo que sea una buena idea, por lo menos hasta que la vengas a ver.- por favor, por favor, por favor, por favor, pensaba mientras esperaba la respuesta. Que deje de lado a ese idiota.

-No sé… bueno, está bien. Igualmente no creo que le agrade mucho viajar en taxi, hasta Queens… uy, lo siento.- se disculpo debido al tono despectivo que utilizo para referirse de Queens. – Yo tampoco soporto al baboso de su novio-

-Gracias.- por dentro saltaba de felicidad- le podrías traer algo para cambiarse. Es que esta con lo puesto.

-Jajá!… nunca me imagine a Samanta Torreblanca usando la misma ropa, dos días seguido.

Le di la dirección, y colgué el teléfono. Espero poder convencer a Mónica también.

Cuando termine de colgar, me dispuse a levantara Samanta. Pero cuando me di vuelta, ahí estaba parada. Vestida con mi camisa y su jean. Quede boquiabierto. El conjunto no era sexy, pero verla con mi camisa sentí una emoción peculiar. La verdad, es que es hermosa. Me dedico una sonrisa y me saludo.

-Buen día, Arturo… ¿donde… dormiste?- vi como se le ruborizaban las mejillas.

-Jajá, no te preocupes. Dormí acá en el sillón.

-Ah, lo siento…

-¿Quieres desayunar?

-Sii!! jeje-

-Jajá.

Desayunamos café con leche y algunas tostadas con mermelada y queso untable. Y le conté que hoy iba a venir Mónica.

-Y esa… Mónica ¿es mi amiga?- decía mientras e llevaba una tostada a la boca.

-Sí, es tu mejor amiga.

-Mónica… suena lindo- me dedico otra sonrisa, y yo sentía como mi corazón saltaba de felicidad. Cada sonrisa, me derretía…

-Y, además, es buena persona, té va traer algo de ropa.- me dispuse a lavar los platos

-Deja que te ayude.

-No princesa, no es necesario.

-Bueno al menos deja que seque- y antes que pudiera protestar, agarro los platos que había lavado y los secos.

Lavamos los platos, entre risas y cosquillas. Yo agarre algo de espuma que tenía en la mano y se la puse en la punta de la nariz.

-ARTURO!- protesto, e hizo lo mismo que yo. La agarre y con mis brazos la arrincone en la pared.

-Princesa, es usted muy traviesa- baje mi cabeza y estaba a punto de besarla. Con sus brazos rodeo mi cuello. Y a 8 cm de mi objetivo, esos labios carnosos y rojos. Suena el timbre.

-Mierda- exclamamos los dos.

Nos miramos a los ojos y los dos nos ruborizamos.

-Debe de ser Mónica- dije y me dispuse a ver quién era.

-Anda a abrir. Yo termino desecar los platos.

Fui y abrí la puerta, ahí estaba Mónica. Tan divertida y extrovertida como la recordaba. Con una mini falda negra, una blusa naranja y un chaleco de jean. El pelo lo llevaba en dos rodetes, con algunas cintas de colores que le caían, por estos rodetes. Tenía unos anteojos de sol grandes con marcos blancos.

- Arturo Suarez- me dijo y se saco los anteojos. Se parecía mucho a Serena, pero no tenía esa chispa de mi princesa, ese brillo que emanaba en cada sonrisa que me brindaba.

-Mónica- le ofrecí que pasara con mi mano-

Apenas llegamos a la sala, apareció Samanta.

-Sammy, amiga- corrió a su encuentro, pero se detuvo abruptamente- ¿ estás lavando los platos?. Es verdad, perdiste la memoria.

-Jajá- se seco las manos con su pantalón- ¿eres mi amiga?

-Sí, tú mejor amiga. ¿En serio no te acuerdas de nada?

-No de nada. Aunque si tengo la sensación de conocer a Arturo… a pesar que solo hemos estado juntos 24hs, desde que me golpee la cabeza.

-Whoah… esto es una locura, Dante se va a espantar cuando te vea así.

-¿Quién es Dante?- pregunto, y yo sentía que mi corazón se iba a parar.

-Él es tu…

Tosí exageradamente, para atraer la atención de Mónica. – Es alguien que conoces. Te hablaremos de muchos conocidos, pero después.

Mina arqueo las cejas y me miro confundida.

-si te hablaremos de Dante… más tarde-

-Mónica puedo hablar contigo un momento- dije, un poco aliviado. Ya que entendió mi indirecta y no le dijo nada a Samanta sobre ese idiota.

-Si claro. Sammy  aquí te traje algo de ropa. Fíjate si algo te gusta.-

-Si claro, ya vuelvo- le entrego el bolso. Ella se fue a la habitación con el bolso. Y Mónica y yo nos quedamos en el living. Ella me miro pidiendo una explicación.

-¿Qué diablos, está pasando aquí?- pregunto mientras se acomodaba en el sillón.

-Bueno, como explicarte. Cuando despertó ella creyó que yo era su novio.

-Y me imagino que le dijiste que no ¿no?

-Este… no. Le dije que salimos hace ya un año.

-¿¡QUE!?-

-Shh… Al principio era una broma, era para vengarme por el papelón que me hizo. Pero después… – levanto la mano para que me callara.

-Para serte franca… no te conozco mucho. Pero de lo que estoy segura es que como novio, vas a ser mucho mejor que el baboso de Dante.

Suspire aliviado, y una sonrisa se dibujo en mi rostro. La mejor amiga me aprobaba. Y compartía el odio por el idiota de su novio.

-te ayudare con una condición.

-¿Cual?- pregunte con mucha curiosidad. Que le podría ofrecer yo.

-Bueno, tu amigo Adrian… es exactamente mi tipo. Y me gustaría que me ayudaras con él.

-Considéralo un hecho-porque no solo es mi amigo..Es mi hermano menor- le di la mano y los dos las estrechamos. El pacto estaba firmado.

-Woow no lo habría imaginado jamás no se parecen nada-dijo muy sorprendía Monica

-Es que Adrian se parece a papa mientras que yo a mama..Bueno eso dice mi tía Irma-

-Ok volviendo al tema de Sammy  un día ella recordara todo, y tendremos que ir preparándola. Porque si eso pasa y no le decimos la verdad antes, nos ganaremos su odio. –Asentí con la cabeza. Le diremos la verdad, cuando Samanta este lista. Cuando YO esté listo, pensé.

Pero mientras tanto me relajaría, Mónica no hablaría y su padre estaba lejos. Por el momento podía respirar. El trato estaba cerrado y nuestro destino estaba sellado.

Samanta:

-¿qué te quieres probar primero?- dijo lo más efusiva que se podía, Mónica. En el poco tiempo que la había conocido, me había dado cuenta que era una persona muy extravagante, y simpática. Desde que llego estaba con una sonrisa. Me preguntaba si no le dolía la cara de tanto sonreír. Pero se notaba que era buena persona, no sé porque pero lo sentía  sabia que ella podía confiar. Mire el bolso que me había traído, aunque se notaba que era de marca, se reflejaba claramente el gusto de Mónica. Era la muestra de su personalidad.

-jajajaja- se rio mi supuesta mejor amiga.

-¿de qué te ríes?- dije un poco irritada

-De tu cara. Si hubieras visto tu cara, al ver la ropa. Pensé que como perdiste la memoria te podría vestir un poco más, mas…osado. ¿Qué te parece esta minifalda roja y esta blusa blanca?

-Gracias, pero prefiero algo con mas… genero

-jajá, por más que perdiste la memoria, sigues igual. Pensé que podíamos aprovechar tu lado provocativo, pero a pesar de que no te acuerdas de nada, tu sentido conservador sigue siendo el mismo. Pruébate esto- me dio un vestido blanco, muy corto, creo que apenas llegaba a taparme las pompas. ¡Es mas creo que si me agachaba se me iba a ver TODO! Junto al vestido me dio unas sandalias blancas. El vestido además de ser extremadamente corto, es cerrado atrás pero con un importante escote en la parte de adelante.

-Lo creas o no, este es el vestido más conservador que tengo- se nota que se dio cuenta que el vestido no me convencía mucho.- Además, te encanta el blanco.

-¿sí?- todavía no me acostumbraba al hecho que todos los que me rodeaban sabían más de mi, que yo misma. Y ese comentario me puso algo incomoda.

-si- sonrío y me relaje.

“Es tu mejor amiga” recordé.

Con cierta vergüenza, me saque los pantalones y la camisa que Arturo me había prestado. Me puse el vestido, y cuando me agache para abrochármelas sandalias, como había predicho, se translució la ropa interior.

-FASCINANTE!- exclamo, Mónica, con un silbido estridente- Atención Queens, acá llega ¡Piernas Torreblanca!

Me dirige al espejo entero que había en la habitación. Sinceramente me quedaba a la perfección, el vestido resaltaba mis piernas largas. El blanco resaltaba mis ojos y cabello. Acomode el escote, que demostraba mi busto, los cuales no eran muy voluminosos. De todas maneras la falda era tan corta, que estaba segura que me iban a hacer una multa por exhibicionismo.

-tal vez… me debería de quedar con el jean. Me siento un poco… exhibicionista- ¿un poco? Pensé.

-jajá. ¡De ninguna manera! Tu nuevo novio se va a caer de espaldas, cuando te vea con esa ropa. Confía en mí.

-¿nuevo?- le pregunte exaltada. – Arturo y yo salimos hace un año, ¿a qué te refieres con “nuevo”?

-ah si…es que… lo que quería decir era que…como perdiste la memoria, para ti debe de ser una especie de novio nuevo. – Dijo un poco nerviosa. Asentí con la cabeza y volví la mirada al espejo.

-me convenciste, lo voy a usar.- agarre la camisa de Arturo, me la acerque a la cara. El suave genero olía como él, masculino y exquisito. Me quede así por unos segundos, estaba en una especie de trance. Hasta que escuche a Mónica toser, de manera totalmente exagerada y fingida. Desperté de mi letargo.

-lo siento…- murmure, toda colorada-

- está bien, lo entiendo. Como es de Arturo… jajá

Le arroje la camisa entre risas.

-cierra la boca, ya te quiero ver cuando te enamores.- hice una pausa- espera… ¿estás enamorada?

-no la diosa del amor, está totalmente sola. Pero tengo la sensación que mi situación está por cambiar.

Arquee una ceja.

-¿solo una sensación?, además… ¿qué es eso de la diosa del amor?

-llámalo una premonición. Y con respecto a lo de la diosa del amor. Es una larga historia. Resulta que tu mama decía que tú eras una  princesa de la luna. Entonces a mi ella me dijo que era la diosa del amor, por el planeta Venus. Además yo siempre fui la casamentera de nuestro curso. Así que ese apodo me venía como anillo al dedo.

-así que conociste a mi mama…

-si…-lo dijo con un tono triste. – ella era una mujer, elegante, hermosa, amaba profundamente a tu papa. Era una artista, dibujaba y cantaba como los dioses. Lastimosamente el cáncer , interrumpió con el éxito de su carrera. Le costó mucho triunfar, y justo cuando lo hizo…le pronosticaron el cáncer . Desde ese momento, vivió en los hospitales. Pero a pesar de que tu padre invirtió todo el dinero en el tratamiento de ella, no hubo caso…- una lagrima cayo de sus ojos. Yo ya estaba llorando desde el momento que la nombro, se notaba que Mónica la quería mucho.- ella era amiga de mi mama, por eso nos conocemos. Somos amigas desde chicas, somos como hermanas. Jeje…- se limpio las lágrimas -. Así que te soporto desde entonces…jajá- me abrazo fuerte.- es mentira, jajá…Una de las mejores cosas que tengo eres tú. Siempre estuviste para mí.

Yo por mi parte correspondí al abrazo, era verdad que había perdido la memoria, pero si de algo estaba segura, era que podía confiar en Mónica.

-gracias…- dije con la voz un tanto entrecortada, debido a las lagrimas.

-bueno, cambiemos de tema. ¿Qué te parece si te maquillo?-

-ok, pero con una condición. Que me cuentes como se llamaba mi mama. Y como mi papa, y que me cuentes todo acerca de mi…

-alto el fuego, que para eso estoy aquí.

-jajá, bueno entonces embelléceme… si se puede mas…jajá-

-A pesar de que no te acuerdas de nada, sigues siendo la misma de cierto modo. Jajá.

Bueno tu mama se llamaba Satina, amaba profundamente a tu padre. Él desde el accidente no fue el mismo. Lisandro, desde la muerte de ella, se encerró en el trabajo. Es el editor de Angel´s News. Ahora es muy famoso y reconocido mundialmente. Él empezó como un simple periodista y fotógrafo, y gracias a su talento fue subiendo de puesto.

Tus padres se amaban mucho, seguramente por que debieron luchar por él. Tu mama era de buena familia, y el hecho de que se casara con un simple periodista no le agradaba mucho a tu abuelo. Pero no les importo e igual se casaron, tu abuelo nunca te quiso conocer. Pero gracias a tu abuela, la cual apoyaba a tus padres, el los perdono. Lastimosamente un año después de que los perdonara, tu abuelo murió de un paro cardiaco. Cuando el murió tu tenias 9 años. La noticia fue muy dura para tu mama, cuando al fin había recuperado a su padre, la vida se lo quita. Luego de un tiempo se entera de su enfermedad. Y desde entonces Lisandro invirtió todo el dinero y tiempo en ella. -

Mientras Mónica me contaba todo, yo no lo podía creer, por más que me esforzaba ningún recuerdo venia a mi mente. Era desesperante el hecho de no recordar nada, cosas tan importantes que me ayudaron a crecer, a ser la persona que soy ahora. Durante todo el relato, no pronuncie ni una palabra, solo mis ojos hablaban por mí. Solo lágrimas brotaban de ellos.

-¿dónde está mi…papa? ¿Está trabajando no? ¿Por eso no está en la cuidad?- dije cuando al fin pudo salir algo de mi boca. Me extrañaba que él no sé halla preocupado por mi ausencia. Ya había sido un día que yo estaba en la casa de Arturo.

-si, como te dije, él es un reconocido editor. Fue a una convención en Francia. Esa fue una de las razones por las que te envío al campamento de verano en Brooklyn. Bueno al menos lo intento.

-ah… ¿y cuál fue la otra razón?- pregunte, y el rostro de Mónica se transformo. Se notaba cierto nerviosismo.

-bueno… es que… habíamos salido, y llegaste muy tarde a tu casa. No le hiciste caso a Lisandro.. Y bueno se enojo, y que mejor manera de castigarte que enviarte a un lugar tan recóndito.

-si… cuéntame  más…-

Durante los siguientes minutos me contó todo acerca de mí, de nuestro colegio. De mi familiares, anécdotas. Yo absorbía todo, sin pronunciar palabra. Saciando la sed de información sobre mi pasado. El cual mi mente no quería recordar. Cuando termino de maquillarme me miro, y se sentó al lado mío en la cama.

-Te pareces mucho a tu mama- dijo luego de haberme contado algunas cosas sobre nuestro colegio elitista, las cuales no me agradaron mucho que digamos.

-¿sí?- dijo lo mas emocionada posible, por lo menos tenía una vaga idea de cómo era ella. Algún dato del pasado…

-si… no tienes una foto de ella en la billetera?

-no… cuando me caí, se desparramaron todas las cosas, y … no estaba… supongo que la robaron- dije totalmente frustrada.

- es una lástima…

-siempre le voy a estar agradecida a Arturo- si no hubiese sido por él, estaría sola vaya a saber dónde. Sin documentos, ni teléfonos, nada… sola en alguna sala de emergencias rodeada de gente extraña.

- es muy… extraño… desde el accidente pareciera que varios aspectos de tu personalidad se perdieron…- reflexiono Mónica. Cosa que me perturbo demasiado. Yo pensaba que mi personalidad seguía igual. Alberto no me había mencionado nada acerca de algún cambio en mí. Pero Mónica me conoce desde que somos chicas, supuse que debe de tener razón.

-En que aspecto?- pregunte, aunque tenía miedo de escuchar la respuesta.

Mónica se mordió el labio inferior, cosa que no paso desapercibida por mí.

-Después de la muerte de tu mama, te volviste una persona fría. Creaste como si hubieras creado una burbuja alrededor de tu. Pocas personas podían entrar en esa burbuja, en esa especie de mundo que te creaste…Eras una persona, a veces un poco… pedante.

-que frió suena…- Arturo es tan amable, agradable, simpático y lo más humilde posible. ¿Qué le había atraído de mí? ¿De esa chica pedante y escondida detrás de una fortaleza?, me pregunte.

-Eras fría, pero tenias tus razones… espero que cuando recuperes la memoria, no cierres las puertas a todo el mundo. En especial a Arturo.

En ese momento pensé en como él me ayudo, como me dejo llorar en su pecho. Pensé en sus besos, provocando que mis mejillas se tornaran un poco coloradas.

-Eso nunca sucederá- le confié.

-Espero que no.

Seguimos charlando por más de 20 minutos. Me contó todo acerca de mi vida, pero cuando le preguntaba de cómo conocí a Arturo, se limito a decirme que lo conocí en un baile de la universidad . Pero se mostró algo evasiva con los detalles.-Pregúntale a él- me decía, y de esa manera ponía fin a la conversación.

-Que te parece si vamos a sorprender a tu novio? Estoy segura que lo vas a dejar con la boca abierta, jeje- y me guiño el ojo.

Se levanto de la cama lo más enérgica posible, en la cual estuvimos desde que comenzamos a hablar. Y con esa misma energía, que desde que la había conocido me tomo de la mano y me llevo a rastras al living.

-Arturo, ya  estamos. Tan tan!!. Dos hermosísimas mujeres vestidas para asistir a una fiesta y sin ningún lugar a donde ir.- dijo Mónica.

Cuando me soltó de la mano y me pude incorporar vi a alguien nuevo. Un chico rubio de ojos verdes, delgado, sin duda era lindo, pero no se comparaba con Arturo.

Fruncí una ceja, juzgando la comodidad en la que se movía por la cocina, y devorando un pedazo de torta que recién había sacado de la heladera, supuse que era un amigo de Arturo. Para mi sorpresa ese chico no era solo su amigo, el era el otro niño que estaba en la foto familiar de Arturo…Si era su hermano Adrian- tendremos que hacer algo al respecto- mirando con cierta picardía a Mónica.

-Adrian, es un placer volverte a ver- lo dijo lo más seductoramente posible. Lo estudio de pies a cabezas. Vestía unas zapatillas de lona azules, un tanto sucias y desprolijas. Una remera blanca un poco grande, y unos jeans gastados y algo roto. Era lo opuesto a la elegancia que caracteriza a Arturo. Pero por lo poco que conocía a Mónica, sabía que le gustaba Adrian, y al parecer el sentía lo mismo. Igualmente no era muy difícil de darse cuenta, la forma como se miraban, o mejor dicho el hecho de que no  paraban de mirarse. Y las sonrisas en su rostros, como si fuera el día de su cumpleaños.

Entretanto Arturo me observaba boquiabierto, como había predicho Mónica, con el teléfono suspendido en el aire, como si de pronto se hubiera olvidado que tenía que colgarlo. Sentí como mis mejillas se tornaban de un leve color carmín, al ser el objeto de tan azorada admiración.

-Que pasa Suarez, nunca viste una mujer en tu vida?- bromeo Mónica, guiñándole un ojo a Adrian. Era increíble la manera tan confianzuda con la que se dirigía a Adrian. Ella es una persona dada, que se relaciona tan fácil con la gente. Yo era asi, o era una persona totalmente arisca y fría?… pensé, pero antes que pueda continuar con mis pensamientos una vos me hizo reaccionar. La voz de él… de mi ángel…

-Estas hermosa, Samanta- vi como recorría mi cuerpo, como esa mirada estaba cargada de deseo, de pasión. Como recorrió mis largas piernas, mi pecho, hasta que detuvo su mirada en mis labios. Sabía que me quería besarme, y en ese momento hubiera preferido que estuviéramos los dos solos.

Adrian por su parte volvió a su antigua tarea, devorar el pastel. Y de vez en cuando miraba con cierta picardía a mi amiga. Sin duda alguna él y Mónica serian una buena pareja.

Arturo volvió a la realidad, y despertó de ese trance que le había causado su princesa.

-por si no lo adivinaste todavía, el tipo que está acabando con toda la comida de la heladera es Adrian Suarez mi hermano. Una vez que te acostumbres a él, te agradara… te lo prometo.

Adrian me dedico una sonrisa, y siguió como lo había dicho Arturo acabando con toda la comida de la Heladera. Yo le devolví la sonrisa aceptando su saludo.

-lamento lo del accidente, Samanta. Pero tal vez fue una bendición y no lo sabes aun…- dijo mientras masticaba un pedazo de torta y tenía el tenedor suspendido en el aire.

-¿Por qué lo dices? – por centésima vez desde el que me había caído, sentí que la gente me hablaba en clave.

Se encogió de hombros.

-digo, a veces la mala suerte se invierte y nos beneficia. Eso es todo.

-estuvieron tanto tiempo encerradas, que pensamos que se habían tirado por la ventana- bromeo Arturo mirando a Mónica.

-es que teníamos mucho de qué hablar… al igual que ustedes dos- dijo arqueando una ceja.

-Mónica!- proteste avergonzada.

-sigamos con el tema- se dirigió a Arturo- ¿a dónde vamos a llevar a estas dos hermosas mujeres? Ya es hora de almorzar – pregunto el rubio.

-Cuál es el restaurant más lindo del barrio?

-Mmm… Hikari, pero es muy caro…-comento el pretendiente de Mónica.

-no hay problema, el almuerzo de hoy corre por mi cuenta. Mejor dicho… por la de mí papa, jeje.

-no lo sé Mónica, no creo que sea lo correcto. No soy muy apegado a la caridad…

-¿Quién hablo de caridad? Ustedes dos se van a ganar esta comida a través de una amena conversación y muuuchos cumplidos, jeje.

-genial, señoritas vuestra carroza o la tan popular vereda las espera ansiosa, jajá.- dijo entusiasmadísimo Adrian.

Salimos a la calle y de esa manera empezamos la tarde. O mejor dicho esta especie de cita doble.

Arturo:

Hikari quedaba aproximadamente a unas diez cuadras de mi departamento. Como era primavera el clima era el ideal, ni muy frió, pero tampoco muy caluroso. Perfecto. Como lo es este momento, estoy caminando con nuestras manos entrelazadas, las mías y la de Samanta. En este momento, caí que estábamos en una “verdadera” cita. Y no puede no sentirme fatal, estoy completamente seguro que cuando se entere, me va a tirar desde el bacón de mi departamento. O quien sabe tal vez desde estatua de la Libertad. Lo que estaba seguro es que la iba a pasar MAL, y cuando se acordara de quién era y de la mentira que le había hecho creer, seguro que me odiaría. Pero al estar en esta situación, sintiendo sus delicadas manos, su piel tan tersa, tan suave, tan… es inexplicable las miles de sensaciones que me despierta el solo tocarla. Es como un sueño, del cual no quiero nunca despertar, pero es una utopía… tarde o temprano se va a acordar de todo.

Mónica  y Adrian se habían adelantado, y note que se llevaban muy bien. Samanta pareció leer mis pensamientos, ya que me había dado cuenta que tenia la misteriosa habilidad de saber expresar con palabras justas lo que pasaba por mi mente.

-Son el uno para el otro. Además forman una linda pareja. Adrian es la clase de chico para Mónica, ¿no crees?- hizo una pausa- por lo menos eso creo. Supongo que no podría saberlo.

Le apreté la mano con más fuerza.

-Adrian tiene la costumbre de cambiar de novia como de camisa. Pero… tengo la sospecha de que con Mónica puede ser diferente, ella es una persona especial. Esperemos que le cambie los hábitos.

-Mmm… y tú?- pregunto Samanta en voz baja.

-eh?. Yo qué?…

-si te gusta cambiar de novia como de camisa?

Le apreté la mano otra vez –

-No. Bueno, antes si… antes de conocerte. Se llevo nuestras manos entrelazadas hacia la boca y coloco mi palma derecha sobre sus labios. Cuando sentí su beso suave, una chispa encendió todo mi cuerpo. El solo tenerla cerca me estremecía, esa muestra de afecto era una invitación… la cual no me negaba a aceptar. Suspire y sabia que si no besaba a mi princesa en ese mismo instante, estallaría como una bomba. Deje de lado todas mis preocupaciones, el hecho que estábamos en la calle, y que nos encontrábamos acompañados por nuestros amigos.

Me detuve, la tome de un brazo y la conduje hacia y uno de los grandes robles que se alineaban en la acera. Cuando su espada se apoyo en el tronco del árbol, puse mis brazos uno a cada lado de su cuerpo, quedando atrapada entre el reducido espacio que había entre el tronco y yo.

-Arturo- susurro, sorprendida. Inclino la cabeza y me miro con esos hermosos ojos azules.

Me quede inmóvil, no podía hablar y tampoco moverme. Durante un largo momento me quedo mirando esos carnosos labios, objeto de mi deseo. De apoco fui acercando mi boca hacia la de ella.

-Arturo- una vez más mi nombre fue un susurro… y una invitación.

Nuestros labios se encontraron una vez más, podía sentir como su perfume entraba violentamente a mi cuerpo, como la mejor droga me llevaba a otro mundo, lleno de un extraño éxtasis. Las curvas de sus labios se adecuaban perfectamente a las mías. Cada vez que podía saborear esos labios me convencía del hecho de que ella estaba hecha para mí. Era extraña la sensación, los besos con ella eran incomparables. Nunca había tenido esta sensación, este miedo que tenia al separarme de sus labios, era como si mi vida dependiera de su sabor  Desde que nos dimos nuestro primer beso una mezcla de electricidad y lava fundida recorría todo mi ser, crispándome el vello de la nuca. A medida que pasaban los minutos el beso se hacía más y más profundo, como si en ese beso estuviera nuestro suministro de vida. Sinceramente era un paraíso el besarla, y si fuera por mí no acabaría nunca esta hermosa sensación.

-que están haciendo ustedes dos?- la voz de Mónica me regreso lastimosamente a la realidad.

-ah- dijo Samanta. Abrió los brazos y me soltó el cuello- supongo que olvide que estábamos con Mónica y Adrian- y me dedico otras de sus hermosas sonrisas, las cuales me derretían.

Asentí con la cabeza.

-pero nos van a perdonar- dijo ella mientras me tomaba la mano para seguir camino.

-me alegro de habernos detenido, desde que saliste de mi habitación que me moría de ganas, jeje-

-yo también, no sabía cuánto tiempo más podría esperar.

Reímos juntos y luego, simultáneamente, volvimos al camino y corrimos hacia donde estaban Mónica y Adrian. Nos habían sacado como una cuadra de distancia, Adrian estaba recostado en el tronco de un árbol.

-disculpen, amigos- les dije cuando estuvimos lo bastante cerca- Samanta  tuvo que detenerse para…eh… atarse los cordones de los zapatos.-

Adrian señalo los zapatos de Samanta.

-¿Cómo hace uno para atarse algo que no tiene?- revoleo los ojos- Suarez, no sabes mentir. –

“no me lo recuerdes” esto se me estaba yendo de las manos, si le había dicho a Samanta que era su novio era para vengarme, pero la sensación tan agradable que sentía al besarla, me estaba descolocando. Es más hasta diría que me estaba… enamorando…

-vamos, tengo mucha hambre!- dijo Mónica mientras empezó a reanudar la marcha.

La seguimos y Samanta me dedico una sonrisa cómplice. La intimidad de ese gesto fue como una apuñalada a mi corazón. Y en ese momento me odie profundamente.

Hikari era un hermoso lugar, paredes rojas con elegantes lámparas de estilo japonés en colores blanco y negro. Las paredes eran rojas. Las mesas negras, y en vez de sillas había sillones negros de cuero. Nos recibió una chica con un kimono negro y nos indico nuestras mesas. Cuando entramos pude ver el efecto que causo Samanta en todos los hombres, los cuales no paraban de mirarla, cosa que no me gusto en lo absoluto. La atraje lo más posible a mi cuerpo para demostrarle que esa hermosa dama era MIA, bueno prácticamente. Samanta ni se dio cuenta, va eso creo, solo me miraba y me dedicaba una de sus hermosas sonrisas. De fondo se escuchaba una música totalmente relajadora, propicia para pasar una buena comida. Se notaba que el lugar era muy caro, cada detalle era una muestra de diseño y elegancia.

Cuando vino el mozo ordenamos gyoza (pequeños rollitos de pasta hojaldrada rellenos de carne picada, fritos y luego condimentados con una salsa de soya a la que se agrega vinagre para que resulte picante.)  El norimahí (es arroz al vinagre acompañado con huevos y pepinos y envuelto en una hoja de alga llamada “nori”).   O-sobu,( o sea espaguetis de trigo sarraceno con salsa a base de la infaltable soya)  Sashimi(filete de pescado como salmón, cojinova, palometa, atún, reineta y corvina. Rábano blanco rallado muy fino, jengibre en vinagre, wasabi preparado salsa de soya). Yakitori (brochetas de pinchos de pollo a la parrilla Para tomar pedimos soucho (bebida como el saque). Cuando el camarero se acercó para pedirnos el pedido, y cuando trajo las cosas podía ver como miraba exageradamente el escote de Samanta. Enseguida le propicie una mirada asesina, pero a cada descuido que daba veía como otra vez la miraba. Se me hervía la sangre, nunca había sido tan celoso en mi vida. Pero ahora era diferente…

-¿qué les perece si brindamos?- con un vaso en la mano.

-¿Adrian, podrías dejar de atacar los platos unos minutos?- ganándome una mirada asesina por parte del, y las carcajadas de todos.

- jeje, lo siento. Es que esto es tener clase. Mucho mejor que un Big Mac y papas fritas.

-odio Mc Donalds- comento de repente Samanta.-por fin recuerdo algo- y se llevo a la boca un poco de yakitori.

Mónica rió.

Por más insignificante que pudiera parecer ese comentario, no lo era. El pasado de Samanta la seguí de cerca, muy de cerca diría yo. En cualquier momento se acordaría que no solo odiaba Mc Donalds, sino también Queens, lavar los platos, y a una persona llamada Arturo Suarez. Trate de olvidar ese “pequeñísimo” detalle cuando apareció otra vez el mozo, por suerte era otro, no era ese baboso. Este era uno mucho más viejo y respetuoso. Trajo una botella de champaña que le había pedido Mónica, no sé en qué momento.

Apoyo la botella y las respectivas copas.

-ahora sí, brindemos. ¿Arturo?-

Todos posaron la mirada en mi, al parecer esperaban que digiera algo significativo. Estuve a punto de decir TODO, ahí, en ese preciso instante. Pero… se los veía tan felices. No quería arruinar ese momento tan festivo, además mi princesa, “mi novia” estaba tan feliz. Esa sonrisa suya que me hacia olvidar todo, que me llenaba. Que era como un sol que iluminaba todo.

Y actué como un cobarde.

-Por Samanta- dije, levantando la copa- y por los nuevos comienzos.

Entrechocamos las copas, y cuando mire a Samanta, note pequeñas lágrimas en ese hermoso rostro.

-quiero agradecerles a todos, en especial a Arturo. Si alguna vez le pasara lo que me pasó a mí. El sentirse tan solo y perdido, en algún lugar desconocido, como me sentí yo cuando desperté en la estación. Espero que el destino me ponga ahí, para ayudarlos como ustedes lo están haciendo. Para no solo tenderles una mano sino también recordarles quienes son.

Todos brindamos.

Sentí como ella busco mi mano por debajo de la mesa. Nos rozamos suavemente los dedos y seguimos comiendo. Otra situación de silenciosa comprensión se había acumulado en nosotros, como cuando salió de mi habitación y los dos nos transmitimos el deseo de besarnos. Estos momentos se iban acumulando, uno tras otro. El solo pensarlo me hizo sentir algo nuevo entre la relación entre Samanta y yo: esperanza.

Pedimos marquiss de chocolate, con café. Luego Mónica y Samanta se disculparon y se dirigieron a la toilette.

-seguro que vienen después de una hora- comento Adrian.- las mujeres son asi-

Asentí con un gesto, ausente, mientras dibujaba diseños invisibles con la cuchara del postre, sobre el mantel.

-¿Qué harán ahí adentro?- me pregunto- ¿Estarán intercambiando secretos femeninos? ¿Criticándonos?… tal vez sea una especie de sala de estar, con muebles y TV por cable.- callo esperando mi respuesta.

Alce la vista, asombrado.

-Perdón. Qué?

-Ay, amigo, de veras estas en otro planeta. Esta chica sí que te pego fuerte. Eh?

-Sí. Es como si hubiésemos nacido el uno para el otro… salvo un detalle: que no fue así- deje la cuchara.

-cuando me hablaste de toda esta farsa que habías inventado, pensé que estabas loco. Pero ahora que lo pienso, tal vez no. Capaz, hasta te dé resultado.

-¿y qué resultado me podría dar?- dije un poco alterado- se va recordar de todo, y yo voy a ser un desgraciado. Me va a odiar. Punto.

-Dale tiempo al tiempo. El amor puede hacer que la gente cometa locuras, lo he visto.

-y que me dices de ti y Mónica? ¿Podrías dejar tu debilidad por las mujeres, por una chica como ella?

-como dije antes, el amor puede hacer que la gente cambie. Y ella es una chica por la cual vale la pena cambiar.

Se inclino en el sillón, y se palmeo el estomago.

-tanta filosofía, me dio hambre.-

-jajá, hay algunas cosas que nunca cambia- dije. “Y alguna gente tampoco”, ese razonamiento sonó por mi cabeza. Como las chicas de la alta sociedad , que odian estos barrios. Que creen que toda persona ajena a su círculo, está enferma. Gente como Samanta.

Cuando salimos del restaurant. Eran las 5.00 pm. Mónica propuso ir a un bar Karaoke. Yo no tenía muchas ganas de ir, debido a mis escasos talentos para el canto. Pero Samanta  me obligo. Cuando por fin llegamos a dicho lugar, nos sentamos en una mesa. Mónica enseguida subió al escenario y empezó el show. Sin duda esa chica no era para nada cohibida, era sumamente extrovertida y no tenía nunca miedo al ridículo.

La canción que empezó a sonar era: “I wil survive”, cada paso que hacía, cada gesto acompañaba perfectamente a la canción. Sin duda sabía cómo moverse y captar la atención del público. Cantaba bien, había que reconocerlo. Luego que termino, el público la aplaudió. Y ella invito a Samanta, para que cantara. Pero ella se negó. Pero al final tuvo que aceptar, ya no era solamente Mónica la que la reclamaba, sino también el público.

Cuando subió, estaba un poco tímida. Pero su semblante cambio un poco, cuando empezó la canción

 LWhoa! My love, my darling, 
I hunger for your touch, 
Alone. Lonely time. 
And time goes by, so slowly, 
And time can do so much, 
Are you still mine? 
I need your love. 
I need your love. 
God speed your love to me. .

Lo que mis ojos veían, era impresionante. Parecía una cantante profesional, cada movimiento, hechos con total gracia. Su voz era la de un ángel era impresionante como se desenvolvía en el escenario. Si Mónica lo hacía bien, ella el doble. Todo el auditorio, el cual no era mucho tenía la atención en ella.

Lonely rivers flow to the sea, to the sea, 
to the open arms of the sea. 
Lonely rivers sigh, wait for me, wait for me, 
I’ll be coming home, wait for me

Cuando termina de decir esto me mira de forma seductora, yo solo observaba atónito.

Whoa! My love, my darling, 
I hunger, hunger! for your love, 
For love. Lonely time. 
And time goes by, so slowly, 
And time can do so much, 
Are you still mine? 
I need your love. 
I need your love. 
God speed your love to me

Se acerco más y me dio un beso… pero no en los labios sino en la comisura de estos.

Antes de que se alejara la acerque lo más que pude y la bese con violencia, más bien diría con pasión. Desde que había empezado a cantar me miraba de una forma, que despertaba pasión, que sentía que la sangre hervía de pasión. El beso se estaba profundizando, al igual que yo ella respondí con la misma fuerza, con el mismo deseo. De fondo se podían escuchar los aplausos y chiflidos. El beso se termino cuando los dos sentimos que nos faltaba el aire.

-Whoah, ¿pensé que no iban a terminar nunca? Dime no quedaste  asmática Sammy… jajá..-dijo Mónica. Provocando la risa de Adrian, y en mi y Samanta que nos pusiéramos absolutamente colorados.

La tarde transcurrió entre risas, anécdotas y de mas. Yo por mi parte no podía apartar mis brazos de mi princesita. Poco me importaba que no lo fuera, yo sentía que si… o al menos eso quiero sentir, mientras tanto…

Mónica se ofreció para que ella durmiera en su casa, pero para mí fortuna. Ella se negó, me pregunto igualmente sino causaba problemas, obviamente le respondí que no. No había otra cosa que me gustara más, que lo primero que mis ojos vean al despertar fuera  ella.

Nos despedimos a unas cuadras de mi departamento. Íbamos a ver a mi tía Irma, para preguntar si había llamado el papa de Samanta. Adrian  se ofreció acompañar a Mónica.

Cuando llegamos a la casa de mi tía Irma. Nos invito de pasar, y mientras Samanta se fue al baño, me miro con una cara muy seria.

-Arturo, ¿le contaste la verdad?

-Bueno… no… es que estaba muy feliz, no quería…

-grr… me tienes con los pelos de punta con esta situación. Recién llamo el padre.

- y que dijo- que no venga, que no venga, que no venga, que no venga, que no venga. Suplicaba en mis adentros.

-dijo que…-

 

Samanta:

Al parecer había llamado la editorial, o algo por el estilo, donde trabajaba mi padre. El se encontraba de gira en Francia. El último lugar en el que había estado fue Paris, pero no lo pudieron contactar. Sé que está mal lo que siento, pero… en cierta parte me alegró quedarme más tiempo con Arturo. Supongo que a mi padre no le agradaría que me quedara a dormir en la casa de mi novio. ¿A qué padre le gusta, siquiera que su hija tenga novio?. Si es por ellos, nos encierran y esperan a que cumplamos 40. Porque siempre, pero siempre, sin importar la edad, vamos a ser sus bebes-

¿Qué son todos estos papeles, señora Irma?-al parecer estaba trabajando. Se encontraba sentada, en la mesa de la cocina, escribiendo y rodeada de una pila de papeles. Movida por la curiosidad, y también para saber si podría ayudarla, le pregunte que eran.

-Nada… estoy escribiendo para solicitar fondos, para el hospital. Tenemos pensado hacer un evento, ya sabes… Un evento caritativo. En este momento estoy escribiendo las invitaciones.- movía los dedos y la muñeca, al parecer estaba cansada de tanto escribir- La situación se está  haciendo desesperante…- agacho la cabeza y se la tomo con las manos- necesitamos fondos, para comprar ciertos equipos indispensables. Me duele en el alma, decirles a mis pacientes, que no le podemos realizar ciertos estudios, debido a la falta de equipo. Y lo que más me duele, es cuando son personas de escasos recursos… y sé que no se van a realizar el estudio, debido a que no poseen el dinero suficiente para hacerlo. Ya que esos estudios, se tienen que realizar en un hospital privado.- se refregó los ojos, en apariencia, unas lágrimas querían salir. Arturo rápidamente se acerco a su tía y le brindo un cálido abrazo Yo por mi parte observaba la escena. No había dudas del fuerte lazo que tenían ellos dos. Para él, ella era como una madre. Y él era como si fuese su hijo-

-Seguro que está muy cansada de estar escribiendo tantas cartas- dije, tratando de cambiar un poco el ambiente y ganándome la atención de Arturo e Irma.- ¿Qué le parece si la ayudamos? ¿Estoy segura que si Arturo y yo la ayudamos, vamos a poder hacer muchas más invitaciones?-

-Gracias.- murmuro Irma, con la voz todavía melancólica.

Durante las siguientes dos horas, Arturo, Irma y yo, estuvimos escribiendo las respectivas invitaciones. Lastimosamente aun no podía recordar nada de mi familia, pero estando con ellos me sentía parte de una…

A eso de las 6, nos fuimos de la casa de Irma. La pobre no había dormido nada, y aunque nos ofreció que nos quedáramos, no nos pareció correcto. Sin dudas este fue un muy buen día.

-¿Qué te parece si vamos a ver el atardecer en el parque?- me ofreció mi queridísimo Arturo, al parecer había leído mis pensamientos, ya que yo tampoco tenía ganas de volver al departamento. Y el atardecer estaba tan lindo, que era un pecado, pasarlo por desapercibido.

Asentí con la cabeza, y lo abrase más fuerte. Los dos íbamos abrazados. Había empezado a refrescar, así que Arturo me prestó su chamarra. Olía tan bien, tan… como él.

El cielo era una mezcla de rojo, naranja y amarillo. A lo largo del parque había un par de parejas, pero a mí no me importaba nadie más que la persona que tenia a mi lado. La cual es tan especial para mí.

Vimos un banco vacío y nos dirigimos hacia él. El espectáculo que brindaba la naturaleza era hermoso, si ya se… ¿qué tiene de especial un atardecer?. Pero cuando al lado tuyo esta esa persona que tanto quieres, que te hace estremecer con un simple roce. Créanme, lo es.

Estuvimos viendo el paisaje por unos minutos, en completo silencio. Yo estaba acurrucada con el brazo de mi novio en mis hombros. De pronto sentí que él se empiezo a mover y salgo del trance en el cual estaba sumergida.

-me había olvidado que la había traído-

-¿Traído qué?- pregunte con curiosidad. Levanta la mano, y me deja ver el objeto que tenía en la mano. Una cámara.

-Mira un poco hacia la izquierda- empieza a enfocar, y a buscar el mejor ángulo.

-NO, no quiero… estoy toda despeinada- era verdad, se había levantado una leve brisa. La cual me había despeinado un poco.

-Deja de decir tonterías- lo mire enojada.- Sammy, no estás despeinadas. Y aun si estuvieras vestida con harapos, con los pelos todos revueltos, seguirías siendo hermosa y yo te seguiría queriendo así.-

-Si como no… ¿me estas mintiendo  no?- le digo con una ceja levantada.

-Jamás- con un dedo agarra mi barbilla, y me da un tierno y fugaz beso en los labios. Ni siquiera pude cerrar los ojos. Ahora sí que estaba en el cielo. Es tan dulce… no me importa siquiera que tuviera un nido de pájaros en la cabeza… me podría pedir lo que quiera… yo lo haría…

-Ahora si… ponte más a la izquierda-

Sonreí de manera picara, y antes de que saliera el flash Salí corriendo- Si quieres una foto mía, atrápame. Las cosas no son fáciles en la vida Sr. Suarez- grite mientras corría. En el parque había un pequeño lago, sin dudas un hermoso paisaje. Estoy segura que muchos atardeceres los aprecie junto a mi amado. Unos brazos impiden que siga corriendo, debido a que me agarro desprevenida me tambalee y nos caímos. Yo arriba de él. Mis ojos quedan justo en frente de los suyos, esos ojos que fueron la primera cosa que vi después del accidente, que me hipnotizan, que me hacen olvidar todo…

-Con que quiere conseguir las cosas a la fuerza Sr. Suarez- lo miro de una forma picara, ganándome una sonrisa por parte de él- muy mal Sr…- antes que pudiera decir algo, Arturo me hizo quedar debajo del. No dijimos nada, solo nos miramos. Y como si fuese que nos hubiéramos comunicado con las miradas, fijo su mirada en mis labios. Yo por mi parte acorte la distancia, si es que la había. Podía sentir su respiración, su perfume… intoxicante… esa era la palabra correcta para referirse a la exquisita mezcla de su aliento, su perfume, su todo… Dios, este hombre me puede…volver loca si se lo propone. El no saborear sus labios me estaba volviendo loca, era como si fuera que se le mostrara un dulce a un niño, y no se lo dejasen comer. Arturo se dio cuenta de esto, lo vi en su mirada.

-Las cosas no son fáciles en la vida Señorita Torreblanca-

-¿Entonces supongo que puedo hacer lo mismo que tú?- pregunte, mientras rodeaba su cuello con mis brazos.

-¿Qué cosa?-

-Tomar las cosas por la fuerza- acorte toda distancia, capture sus labios con los míos. Deliciosos. El beso empezó con toda la pasión que había estado acumulando, una danza de nuestras lenguas. Que nos estaba dejando sin aliento, poco importaba. Lo único que pasaba por mi mente era disfrutar, el dulce sabor de sus labios. Indescriptible, inconmensurable… no hay palabra que pueda describir, siquiera aproximarse para transcribir este momento. Único. Sin duda alguna. Aunque no me gustaba mucho la idea, finalice el beso. Era eso o morir, debido a la falta de aire. Aunque pensándolo bien… no estaría nada mal morir así ¿no?

Abrí mis ojos lentamente y encontré mi más preciado tesoro. Esos ojos zafiros, y una sonrisa que me derretía.

-Sammy…- se incorporo y se sentó a mi costado. Yo hice lo mismo. Me miro fijo a los ojos. Pareciera que algo le preocupaba.- Hay algo muy importante que te tengo que decir, pero no sé como lo vas a tomar. Es algo serio… prométeme que lo vas a tomar bien, y no te vas a enojar ¿sí?

-¿Es una mala noticia?- asintió- ya se… que te parece si me la dices otro día… no arruinemos este momento…- hice un puchero, nunca falla.

-Sammy yo…-

-Arturo, por favor… Te dejo que me saques todas las fotos que quieras ¿sí?- le hago mi carita de gato con botas de shrek- por favor…-

-Está bien…- agarro la cámara. Yo por mi parte, vi un diente de león al lado mío y lo agarre. Lo sople, esparciendo las semillas por el aire. Enseguida una lluvia de flashes se avecinaron.-

-Arturo, vas a acabar todo el rollo en mí-

-Estas bromeando… no es ningún desperdicio. El paisaje y la modelo son inigualables. Sin decir que son los mejores. A demás estas fotos serán un ensayo perfecto. Lo llamare “Mujer sin pasado”.

El sol caía como un enorme globo anaranjado rojizo tras los lejanos rascacielos de Tokio.

-Estás loco- le dije con una sonrisa.

-¿Te molesta?

-No. En lo absoluto. Pero… creo que se me ocurrió un titulo mejor para tu ensayo de fotografías.

-¿Cuál?- pregunto con curiosidad.

-“Mujer que desea que la besen” – dije. Viendo el lente de la cámara. Tomo la fotografía, y luego bajo la cámara.

-Me gusta- asintió. Y me rodeo con sus brazos y en las sombras largas del crepúsculo nos besamos.

Luego de la sesión de fotos en el parque, fuimos al departamento. Arturo no tenía muchas ganas de cocinar, así que llamo a una pizzería.

-40 minutos de demora ¿Qué hacemos?. ¿Vemos una película?- me pregunto Arturo desde la cocina, yo estaba en el sillón mirando TV. Ya me había cambiado me había puesto una camisa negra lisa, propiedad de Arturo. Estaba recostada en el sillón, con mi cabeza apoyada en una almohada.

-Se…- aunque no lo quise confesar en mi mente paso otra clase de entretenimiento. Al parecer hoy, Arturo no tiene todas las luces prendidas. Hoy sería una noche interesante… de eso me encargaría yo. Mientras estaba ideando mi plan maquiavélico, siento que Arturo se sienta al lado mío, pero antes levanto mis piernas y las apoya encima de sus piernas.

-¿Esta entretenida el canal del clima? Digo porque desde que me fui a llamar para pedir la pizza, esta ese canal.

-Ah, no es que… estaba pensando.- Para algunas cosas, si te avivas ¿no? Pensé en mis adentros.

-¿Y… en que estabas pensando?- dijo esto mientras empieza a acariciar mi pierna, empezando por la punta de los pies subiendo lentamente, cada roce, era como una descarga eléctrica. Estaba por llegar a la mitad del muslo de la pierna derecha, pero lo detuve.

-Parece que ahora si pensamos lo mismo ¿No Sr. Suarez?- dije mientras me subí a horcajadas en mi novio. Con mis ojos le transmití todo. El deseo, la necesidad de sentirlo, ya no me conformaba con castos besos, mi cuerpo exigía mas, era tanta la necesidad que dolía. Al parecer Arturo sentía exactamente lo mismo, ya que vi la misma lujuria en sus ojos.

-Por supuesto… mi reino, por un beso suyo… MI princesa…- dijo apretándome más hacia él, con sus manos en mi cintura.

-Vaya veo que es muy posesivo Sr. Suarez. No le enseñaron que hay que compartir…- me acerco más hacia él, apoyo mi frente a la suya. Nos miramos fijamente a los ojos, sin parpadear, no quiero interrumpir semejante espectáculo. Porque el ver semejantes ojos era sin dudas un espectáculo, Arturo al parecer comparte mi opinión.

-Si… porque esta princesa es MIA, SOLO MIA…- esboce una sonrisa parecía un nene chiquito con un juguete. A diferencia que en este caso el juguete era de carne y hueso, y con el pequeño detalle que era yo. Sin previo aviso, corta toda distancia y empieza a besarme. Con lujuria, pasión, fervor. No es un simple y casto beso, nos estamos devorando. Como si fuéramos caníbales. Muerdo el labio inferior, provocando un leve gemido de él. Parecíamos dos bestias, nos necesitábamos, de eso no hay dudas.

-¿con que estamos salvajes hoy?- dijo mientras me recostaba en el sillón, quedando el arriba. Abandono mis labios y se dirigió hacia mi cuello. Ladee mi cuello para que tuviera mejor acceso. Los besos seguían iguales de hambrientos. Besaba y mordisqueaba con pasión, no solo mi cuello sino también mi barbilla. Mientras me besaba, sus manos recorrían toda la extensión de mis piernas, luego mis caderas y como no mis pompas.

Placer. Es increíble como una simple caricia, puede hacer que todo mi cuerpo se estremezca.

El sonido del teléfono corta el ambiente, el cual era una mezcla de nuestras respiraciones entrecortadas y pequeños gemidos. Arturo hizo caso omiso al aparato. Yo rogaba para que el idiota que estuviera llamando, justo en este infortunio momento, desistiera. Pero al parecer el inoportuno no tenía en sus planes desistir. Estaba por optar la actitud de mi novio y dejar que el aparto sonara hasta que se cansara, quien sea quien fuese que estaba llamando. Pero un dejo de conciencia vino a mi mente. ¿Y si era mi papa?.

-Arturo… a-ten-de- dije entrecortada, Arturo había abandonado mi cuello para volver a mis labios. Mientras me besaba, sus manos recorrían toda la extensión de mis piernas, luego mis caderas.

-No… ya se-va-a-can-sar…- intente zafarme de él. Como pude me zafe de sus garras. Me incorpore, y me aleje un poco de él. A Arturo no le gusto nada, no solo emitió un pequeño gruñido en señal de desagrado, sino también me miro con confusión.

-¿Qué pasa?- dijo un poco consternado

-¿Y si es mi papa, o tu tía? Atiende amor…

-Después… – y se acercaba peligrosamente a mi-

-No- dije firme, me crucé de brazos y mire para otro lado, evitando su mirada. Mientras tanto el teléfono no paraba de sonar.

-Está bien…- se fue a la cocina, refunfuñando y de mala gana. Era gracioso. Él es la ser más serio, tímido, introvertido, algo distante también, maduro, hasta se podría decir que es la madurez en persona. Pero a veces se comporta tan infantil, o al menos esas son las dos facetas que me mostró hasta ahora. Con los demás es tan diferente, conmigo es él. Es él sin importar que… esté segura que eso fue lo que me gusto de él. Esa dicotomía. Cuando lo veía alejarse me recordó a los nenes cuando se los reta, esboce una sonrisa. Mire mi playera, la cual hace unos 10 o más minutos estaba perfectamente planchada, ahora se encontraba toda arrugada, no me quiero imaginar mi pelo.

A los… cuanto… ¿2 minutos? Arturo volvía con cara de pocos amigos.

-¿Quién era?- hubiera sido increíble que hubiese sido mi papa.¿ Acaso tenía un radar: NO TOQUEN A LA NENA, y se había dado cuenta de lo que su hija estaba a punto de hacer?. Mmm ¿o acaso tendría un sexto sentido…? O…

-EL ESTUPIDO DE ADRIAN- grita un tanto alterado Arturo, sacándome de mis pensamientos.

-¿Qué paso?¿qué dijo? Cálmate…- me acerco a él y agarro con mis mano su cara.

-Nada, quería contarme de cómo le fue con Mina. Nos interrumpió para eso!. No importa.- me acerca más a él, apoya sus brazos en mi cintura. Estamos prácticamente pegados. Frente con frente.- ¿en que estábamos?… Ah sí..- cierro mis ojos esperando el beso… pero…

El timbre de la puerta. MIERDA. ¿Hoy se complotearon todos?

-La pizza…- dijimos los dos, frustrados. ¿Qué iba a ser lo próximo? Un sismo, un meteorito, o peor visitas!!

Arturo se alejo y fue a buscar la plata. Yo fui a buscar los vasos y algo para tomar. Abrí la heladera- a ver… cerveza, gaseosa, jugo…¿Arturo que quieres de tomar?- grito un poco. Aparentemente ya había pagado la pizza.- hay cerveza, gaseosa, jugo…¿Qué quieres amor?-

No escucho respuesta. Bueno… cerveza. Saco la botella de la heladera. Llevo los dos vasos y la botella a la mesa. Arturo ya había abierto la caja y estaba separando las porciones, que ya venían cortadas.

-¿cerveza?- me pregunto mientras veía como servía la bebida en nuestros vasos.

-Sí, es que quiero emborracharte. Y así aprovecharme de ti… – dije mientras me llevaba una generosa porción de pizza.

-Jajá, no hace falta que me emborraches, yo me ofrezco gustoso a que te aproveches de mi.- deja su porción y se acerca a mí. – Ya sé cuáles son sus intenciones Sr. Suarez, pero te aconsejo que comas.- digo mientras pongo un dedo en su pecho, sirviéndome este para que no avanzara más- por qué vas a necesitar mucha energía,…- lo mire y vi como me corresponde la mirada picara que yo le estaba brindando.- porque no soy una persona muy fácil de satisfacer… aunque creo que ya lo sabes ¿no querido?- se atraganta con la cerveza. – Vamos Arturo, ¿como si fuera la primera vez que lo hacemos?- le pregunto al ver la cara colorada de mi novio.- espera… después de un año de novios ¿no lo hicimos?-dije un poco asombrada.

-No… claro que… lo hicimos…- dijo un poco nervioso. Después se tomo de una, el resto de la bebida.

-¿Y por qué te pones nervioso?- me acerque más a él y lo mire con una mirada inquisidora. Estábamos a 20 cm de distancia yo lo analizaba con la mirada meticulosamente, en la esquina de la mesa de la sala.

-Es que soy… un poco pudoroso… si, es eso… nada mas…- dijo llevándose la mano a la nuca y rascándose.

-Recién no eras pudoroso- lo mire extraña, hay algo… que no me cierra…

-jeje… entonces…- antes que pueda atinar a decir algo, Arturo se tiro arriba mío, caímos en el piso alfombrado, y los almohadones amortiguaron la caída. Mañana hay tiempo para averiguar, ahora solo quiero disfrutar… Don’t stop me now I’m having such a good time… resonaba esa frase en mi mente.

Ahora si… espero que no haya interrupciones. Ahora que lo pienso… es como tener mi primera vez de vuelta. ¿Mi primer hombre habrá sido Arturo?. ¿Habré tenido otros novios?. Bahhh… después hay tiempo para pensar en eso. Ahora solo quiero disfrutar.

No sé muy bien lo que tengo que hacer, solo me guió por mis instintos. Es tanta la necesidad que tengo de estar con él, de ser uno. Los besos siguen siendo tan o más apasionados de lo que eran antes. Acaricie la espalda de Arturo, pero al tener la playera  puesta, no me satisfacía. Quería sentir su piel… me separe un poco e introduje mis manos adentro de la playera. Era tan suave, puede sentir como los músculos de la espalda se contraían, sin dudas el hombre que esta encima de mí es un adonis. Su belleza, su perfección es digna de competir con los dioses del Olimpo. Estaba tan embebida en sentir cada sensación… de pronto sentí una oleada de placer y el de detuvo

 ¿Ahora qué?.

-Sammy… estás segura… Digo, como perdiste la memoria… capaz… quieres esperar… yo puedo esperar…- dijo mirándome a los ojos. Nos incorporamos los dos. Tome con mis manos su rostro.-

-Arturo, te necesito…- y sin decir más lo bese, con todas mis fuerzas, con toda esa pasión que mi cuerpo estaba acumulando. Esa pasión que si no desbordaba, sentía que iba a explotar. Ya no soportaba el estorbo de esa playera. Una vez más introduje mis manos, pero ahora como estábamos sentados, iba a ser más fácil quitar ese estorbo. Al parecer Alberto sentía lo mismo que yo con respecto mi ropa. Ya que una vez que yo le saque su playera, el hizo exactamente lo mismo con la mía.

-¿Tanga negra? Mi color favorito… me encantas- dijo con la voz llena de lujuria y mordiéndome el lóbulo de mí oreja derecha.

Para él el trabajo fue más fácil, ya que yo no me había puesto corpiño, ya que no duermo con corpiño. Me abrazo más fuerte, y profundizo el beso. Yo puede sentir como nuestras pieles se encontraban en contacto. De pronto el rompe el beso, y me recuesta nuevamente en los almohadones. Besa mi cuello, el lóbulo de la oreja. Yo por mi parte no pude emitir pequeños gemidos, indicándole que lo estaba haciendo bien, que bien… maravillosamente bien. Abandono mi cuello, ya sabía a dónde iba ahora: mis senos. Pero para mi sorpresa, se dirigió a mi vientre. Impredecible, me encanta. Empezó de abajo hacia arriba. Lamió, mordisqueo y beso a gusto y a placer. Yo por mi parte jugaba con su hermoso, sedoso y oscuro cabello negro, tenía mis manos en su nuca, su pelo, era como seda en mis manos. Subió y ahora si se dedico a brindarle atención a mis senos. Mientras agarro uno con una mano, con su boca le dedico atención al otro. Mordisqueaba mis pezones, los lamía como si fueran su alimento. Provocando que estos se endurecieran. Yo arqueaba mi espalda del placer… y apretaba su cabeza contra mi pecho. Si, Arturo Suarez es perfecto en todo, en cada caricia que brinda, en cada palabra que sale de su boca. ¿Sera humano? No. Sin dudas es un Dios. Y es solo mío, y solo mío. Yo me dedico a jugar con su pelo y acariciar su amplia espalda. Vuelve hacia mis labios, y otra vez empezamos la batalla de nuestras lenguas.

Pero la situación estaba desfavorable para mí, yo estaba vestida solamente con mi tanguita negra, el tenia puesto todavía los pantalones. Pero a mí no me gusta perder…

Rápidamente rompí el beso, Arturo me miro un poco confundido. Con una sonrisa picara, lo empuje, haciendo que se cayera  en los almohadones, y ahora  él era la presa y quien estaba abajo. Recorrí con mis manos ese fornido torso. Puse la yema de mis dedos en sus labios, luego baje delicadamente a su barbilla y seguí un recorrido derecho hasta mi objetivo: su cinturón. Desabroche el cinturón y quite los pantalones. Lo miro a los ojos y arqueo una ceja- ¿Bóxer negro?-lo imite- me encantas…- Tenia un pequeño bóxer negro, que resaltaba a la perfección su anatomía. Al parecer nuestro “jueguito” dio resultado, los cuales son visibles en su bóxer. Era injusto que en este “juego” yo sea la única que obtiene placer ¿no?. Mi boca recorre el mismo camino que había hecho con mis manos. Nada más que ahora deje besos húmedos por toda la extensión del abdomen de mi novio. Levante la mirada y vi  como involuntariamente cerró los ojos. Buen indicio. Vuelvo a sus labios, están rojos y un poco hinchados, supongo que los míos deben estar iguales. Me pongo encima de él, con una pierna a cada lado. Puedo sentir una opresión en la pelvis . Beso su cuello, su quijada, la punta de su nariz, el lóbulo de su oreja… mientras beso cada parte que se me apetece, nuestras pieles rozan, provocando mas descargas eléctricas a mi persona. Baje más y más al sur hasta llegar a su abdomen bajo. Con mis dos manos iba a bajarle la ropa interior. Pero…

-princesa… ¿qué te parece si vamos a nuestro humilde aposento?-

-Encantada.- y no sé cómo, en una milésima de segundo ya estaba en los brazos de Arturo. Me sujete de su cuello, me llevaba como si fuera un bebe. Cada segundo que mi boca no estaba con la suya parecía eterno… como habiendo leído mis pensamientos o por ser presa de la misma desesperación que yo, busco mis labios y me beso como si no hubiera mañana. Con pasión, devorándome, hambriento de mis labios, al igual que yo… Obviamente correspondí gustosa.

Ya en nuestro lecho…me recostó con sumo cuidado en la cama, como si fuera una muñeca de cristal. Aunque debía admitir que me gustaba que bese cada parta de mi cuerpo, lo necesitaba dentro de mí. Mi cuerpo pedía a gritos ser uno con él. Lo veía  contemplarme, con una mirada que además de lujuria y deseo, profesaba amor.

-Sammy eres tan hermosa… eres un ángel… no sé si te merezco…- lo dijo con un tono un poco triste. Me senté y lo sujete con mis manos su cara, lo cayó con un fugaz beso.-

-Shh… claro que me mereces… tonto, yo seré un ángel… pero tú eres mi Dios. Y esta noche quiero volver a ser tuya, Arturo no aguanto más… – lo bese, y en ese beso transmití toda la seguridad, que el necesitaba y todo mi deseo para que acabara con esta cruel, pero dulce… muy dulce tortura. Aparentemente disipe sus miedos, por que respondió con el mismo deseo. Con ese deseo de ser uno. Nos recostamos y otra vez Arturo  empezó a bajar, dejando un camino de fuego, cada beso que depositaba me estremecía más y más… aumentaba mi deseo, mi desesperación, mi excitación… Quito la ultima prenda que me cubría, abrí mis piernas esperando que acabara con esta tortura… pero no… en vez de sentir el miembro de Arturo, sentí su lengua moverse con agilidad y destreza en mi intimidad. Subió una de sus manos a uno de mis senos, mientras hacía maravillas con su lengua, apretaba con fuerza mis senos.

-Mmm… Ahh… Ar-turo…- lo único que podía decir. El único sonido que se escuchaba en ese momento en esta habitación eran mis gemidos. Apreté con mis manos su cabeza, y arquee mi espalda. Sentí como toda mi zona erógena se inunda de un líquido translucido. No sé, ni me interesa si tuve otro novio, o si estuve con otro hombre. Pero de lo que no hay duda, es que mi novio: Arturo Suarez es un experto y sabe qué hacer y cómo hacerlo, y no lo hace para nada mal. Las convulsiones se empezaron a hacer más frecuente. Sentí un ardor en mis mejillas, después de unos segundos llego al clímax. Pero sé que no iba a ser el primero de la noche. Abrí los ojos, que había cerrado debido a la excitación, y vi que Arturo me sonreía de forma picara… con esa sonrisa que me derrite…

-Ahora es su torno Sr. Suarez- digo y lo empujo para que se acomode. Quedando su cabeza donde deberían ir los pies

-Estamos al revés- me dijo Arturo mientras señala la cabecera.

-Ya lo sé. ¿Pero por qué tenemos que hacer las cosas como todo el mundo?

-jajá eres increíble. Espera… agarra el preservativo en ese cajón- me señala la mesita de luz. Lo agarre y  Arturo me extendió la mano para que se lo diera. Se lo di. Una vez puesta la protección, introduzco su miembro erecto en mi interior, provocando que ambos soltáramos un gemido de placer y de realización. Los movimientos empiezan lentos, pero a medida que transcurre el tiempo va subiendo más y más la intensidad. Las envestidas son más y más fuertes. Yo por mi parte oscilo mis caderas en forma circular. Necesito besarlo. Increíblemente el deseo lo mismo, ya que se incorporo. Me pregunto si lee mis pensamientos o si tenemos alguna clase de conexión. Pero que tonta soy, ya me debe conocer a la perfección y sabe mis gustos y mañas.

Me sujeto por las caderas y me ayudo con los movimientos, yo por mi parte entierre mi cabeza en el hueco entre su cuello y el hombro. Cerré  los ojos, es tanta la oleada de placer que siente mi cuerpo, diría que es un Tsunami. Clave mis uñas en su espalda. Desbordados por el éxtasis gritamos nuestros nombres…

-Arturo… -susurro en su oído, puedo sentir como con tan solo escuchar susurrar su nombre, él se estremece. Me fascina tener ese poder.

-Arturo… te amo…-le dije con la voz un tanto ronca. El clímax ya estaba cerca. Era cuestiones de segundos.

En efecto luego de decirle esto, los dos culminamos, nos quedamos así abrazados. Unidos. Arturo rompió el abrazo y me miro a los ojos. Me quito los mechones rebeldes que estaban en mi cara adheridos por la transpiración y me los puso detrás de la oreja.-

-Y yo a ti Samanta… Te amo tanto… y si algún día pasa algo…-

-Arturo…- reclame

-Escúchame si algún día pasa algo, ten en cuenta que Te Amo. Ahora y siempre- podía ver en esos ojos que tanto amaba la sinceridad de sus palabras.

-Arturo…- lo bese, pero esta vez no es con demencia, si no  con un profundo amor. Como cerrando con broche de oro, esta espectacular noche. Caímos  abrazados en la cama.

-Samanta Sammy mi Sammy… no importa… lo que pase, esto…- agarro mi mano y la condujo a su pecho, a su corazón. El cual todavía se estaba normalizando, al igual que nuestras respiraciones. –esto es y va a ser siempre tuyo. Es una promesa- me beso la mano.

Acostados con mi cabeza y mi mano en su pecho, su brazo debajo de mi cabeza y su mano arriba de mi estomago. Con nuestros cuerpos agitados, y con una promesa hecha. Cerré mis ojos, y me quede dormida escuchando el corazón de mi amado.

Arturo:

Abrí mis parpados. Esperando ver a mi ángel, pero para mi sorpresa no estaba. ¿Se fue? La desesperación empiezo a invadir mi ser. ¿Y si se acordó de su vida? Que es de la alta sociedad, que me ODIA. Que JAMÁS seria novia de un don nadie. DIOS me va a odiar, va a pensar que la utilice… Va a pensar que la utilice como a una prostituta. Va, va a…ni me lo quiero imaginar. Yo no quise llegar a este extremo, pero… mi cuerpo opinaba lo contrario. Pero, para mí no fue simplemente sexo. Eso no fue simplemente un acto carnal, hicimos el amor. Porque yo la AMO. Cuando se lo dije, lo dije desde el fondo de mi corazón. Desde el momento que la vi, supe que ella era para mí. Y desde que está aquí conmigo se fue adentrando más y más en mi corazón, en mí ser. Aislada de esa mascara, frívola y de típica nenita de papa, es, es… PERFECTA.

¿Acaso fue un sueño? No. Su perfume quedo impregnado en las sabanas, lo puedo sentir. Agarre la almohada que estaba al lado mío y puedo sentir su exquisito y embriagante perfume. La evoque, volví a revivir aquella maravillosa noche. Habían pasado solamente horas, desde que me volví el hombre más feliz del mundo.

Desde que ocurrió el accidente mi vida dio un giro completo. Pase de ser un simple estudiante de medicina, cuya vida sentimental era un tanto vacía. A lo largo de estos años salí con mujeres pero ninguna, absolutamente ninguna me provoco esta sensación que tengo. Esta nueva e inexplicable sensación, que me embargo todo el cuerpo. Los momentos que pase con ellas fueron buenos, divertidos… si pero ninguna me convirtió en lo que hizo ella. En un hombre que tan solo con una mirada de esos hermosos ojos azules, cayo rendido a sus pies. Ja, si alguien me escuchara, me preguntaría… ¿Qué hiciste con Arturo Suarez? El Arturo Suarez  que conozco JAMÁS diría toda esta cursilería. Pero aunque parezca irreal, este radical cambio lo provoco ella. Ella, mi ángel, mi princesa, mi todo.

-Arturo, Arturo.- ¿Samanta? Al parecer no se acuerda de nada, suspiro. Al menos tengo un día más. Me incorporo. Las finas sabanas blancas son mi única vestimenta.

-Arturooooo, DESPIERTATEEE!! QUIERO UNA TOALLA.- grita a todo pulmón mi princesa. En tan solo un segundo mi cara de velorio se transforma. Al parecer estaba en el baño. Me levanto lo más rápido que puedo. Como se nota lo despistada que es, hay un armario gigante con toallas y demás cosas del baño. Sin importarme mí desnudes, voy en busca de Samanta. El baño se encontraba enfrente de mi habitación. Apoyo mi mano sobre la manija y abro la puerta, inmediatamente el vapor y un exquisito aroma me invade y penetra en mi nariz.

-Uyyyyyyy, me las va a pagar…ARTUROOO!!!!- ella se encuentra en la bañera, la espuma tapa todo su cuerpo. Sus ojos están cerrados y su cabeza apoyada en la bañera.

Puedo ver como frunce el entrecejo. Y me maldice por lo bajo. Es tan hermosa, inclusive cuando se enoja.

-ARTUROO!!! GRRRR!!!.- suspira.- grr, este me las va a pagar. Ya se está enfriando el agua.-cierra el puño.-

Me acerco a ella y le tapo los ojos. Y provoco que se sobresalte.

-¿Con que me vas a castigar? ¿Que tienes en mente?

-Arturo, me asustaste.- retiro mis manos de sus ojos. Y como si fuese en cámara lenta, abre lentamente sus preciosos ojos. Me dedica una hermosa sonrisa.

-¿Qué te parece si nos bañamos juntos?- y antes que pueda responder, me meto en la bañera. Tenía razón el agua esta apenas tibia. Esto provoco que la piel se me erizara.

-Te lo dije se está enfriando.- me dice con una sonrisa burlona en sus labios.

-Así, entonces… calentémosla.- me arrojo a ella. Yo estaba enfrente de ella, una vez acortada la distancia, sin previo aviso empiezo a saborear su exquisito cuello. Lamo cada gota que había en el. Beso y mordisqueo. Beso con tanta presión, que estoy casi seguro que después se verán los efectos. No me importa, así cualquiera que la vea, va a saber que esa hermosa mujer tiene dueño, y ese soy yo… bueno prácticamente…

Se podían escuchar los leves gemidos de Samanta.

-Mmm…Arturo…- abandone su cuello y me dirijo a sus carnosos y lujuriosos labios. Y comenzamos nuevamente una danza de nuestras lenguas. Vuelvo a probar la calidez de su boca. Por más que intente, ella me domina. Nuestras cabezas se mueven acompañando los movimientos de nuestras lenguas. Jamás pensé que con tan solo un beso, podría estar en el cielo, en las nubes.

Rompe el beso y me mira a los ojos. El agua estaba cada vez más fría, los dos teníamos la piel erizada. Pero por adentro, la temperatura de mi cuerpo iba en aumento.

-Arturo…hoy por la mañana cuando me levante…estaba segura de que me encontraba en una cama tamaño King, llena de almohadones en color blanco y rosa. Supongo que es una de esas escenas retrospectivas.

-MM. Supongo que esto sucederá cada vez con mayor frecuencia.-MIERDA, MIERDA. Lo único que podía pensar. El tiempo estaba jugando en mi contra, y por lo visto la mente de Samanta también. Pero no puedo huir, le tengo que decir la verdad… pero…no quiero… no puedo…-

-Arturo, Arturo… tierra llamando a Arturo- mueve su mano, y hace que salga de mis pensamientos. –

-Eh, Ahh si. ¿Qué pasa?-

-¿Mi cama es así? ¿Es así mi cama en el pent-house?

-Eh, si…creo que si.- Suarez IDIOTA

 ¿No lo sabes?-

Suarez no te pongas incomodo, va a sospechar. Pero no puedo evitarlo, mierda!!!

-Bueno, es que…por Dios Sammy no la pasamos todo el tiempo en tu habitación. ¿Qué pasaría si llegase tu papa, y, y… bueno tú ya sabes… por eso siempre trato de no estar ahí. No hay que tentar a la suerte. Tu papa es un poco celoso- Hasta que pensé algo brillante. Todos los padres son así, espero que el de ella no sea una excepción.

-jeje, sí, creo que tienes razón. Después llamo a Monica y le pregunto. Pero cambiando de tema, ¿no tienes que trabajar hoy?

-¿Qué? NO, ¿cómo me pude olvidar?- me llevo las manos a la cabeza. Seguro que voy a llegar tarde y al señor Azuza no le gusta para nada. Que mierda, ahora voy a tener que trabajar horas extras.

-Amor, no te preocupes. No es tarde deben de ser las… Mmm 8.30, cuando me levante eran apenas las ocho, y no hace mucho que estoy acá. Ya se… mientras yo hago el desayuno,  te bañas. ¿Ándale?- y me dedico una sonrisa, de esas que me hacían tan feliz. Es increíble como una sonrisa, un gesto, detalles tan mínimos, me hacían sentir tan dichoso. Mientras se levanta y salía de la bañera puede observar su hermoso y perfecto cuerpo. Su espalda, tan perfecta. Esa piel tan blanca. Veo como las gotas caen y recorren su cuerpo. Su largo y dorado cabello, lo tiene en un costado. Sus perfectos pechos. Sus largas piernas, y por último, la parte que todos los hombre miramos, que deseamos. Su perfecto trasero, ella es un cúmulo de perfectos.

-Ah, ¿Dónde…?- se da vuelta y por la expresión de su cara se nota que se dio cuenta, la lujuria que había en mis ojos. –ARTURO SUAREZ, si no quieres llegar tarde es mejor que dejes de babosear. Deja de mirarme así, que me da vergüenza.- sus mejillas empiezan a tornarse de un color rojo, se ve tan tierna. Aunque lo intente no puedo evitar mirarla.

-Es que no puedo Sammy eres  tan hermosa. Mmm, ¿qué te parece si falto al trabajo, y… repetimos lo de anoche?-me levanto, el agua se escurre por mi cuerpo. Puede ver que Samanta se enrojo un poco más al verme desnudo, miro para un costado. Intente salir, pero cuando apenas subo un pie en la bañera, Samanta apoyo una mano en mi pecho. Y me mira a los ojos, parecía  enojada. Lo puedo ver claramente en su mirada.

-NO, si no te bañas en este mismo instante, sino te apuras para ir a trabajar, te juro que no me vas a volver a tocar un pelo. ¿Escuchaste? Olvídate de tener sexo por tiempo i-n-d-e–f-i-n-i-d o.- lo dice no solamente con cara de pocos amigos, sino también con los brazos cruzados. Y con el ceño fruncido. Parecía mi tía cuando se enojaba conmigo.

-Pero…- le hago puchero, pero ni así. No hay forma de convencerla. No tengo otra opción. –está bien…- digo de mala gana.

-¿Donde están las toallas?-

-Ahí- le señalo el armario en el cual se encontraban no solo las toallas sino también las cosas del baño.

Se dirigió al armario agarro una y se tapo el cuerpo, y con la otra se envolvió el pelo. Y salió del baño. Si no quería que “mama” Samanta me castigara tenía que apurarme. Desagote el agua, la cual ya estaba demasiado fría. Abrí la ducha y empecé a bañarme. En 10 minutos ya estaba listo. Salí de la bañera, y me dirigí al armario, agarre una toalla me seque y la ate a mi cintura, cubriéndome solamente de la cintura para abajo. Encamino para el espejo de mi baño, me cepillo los dientes. Hasta solo dos días había un cepillo, solo, como yo. Ahora había dos, entrelazados. El mío azul y el de ella rosa. Lo compre cuando fui con mi tía al supermercado. Se podría decir que estos dos elementos nos reflejaban a la perfección, los dos estábamos entrelazados, unidos… por ahora. Mi conciencia otra vez, aunque es verdad. Por ahora todo es color de rosa… pero cuando se acuerde de todo…

-Arturo, amor…- hablando de Roma.

-Si ya voy.- me peino un poco, pero…me arde la espalda… ¿qué será? Llevo mis manos a mi espalda baja, y puedo sentir como algo sobresale. Samanta. Me rasguño todo. Me las va a pagar, la venganza es dulce.

-Arturo por más que te la pases todo el día ahí no vas a poder arreglar lo inevitable. Naciste feo, ¿qué quieres? ¿Milagros?-

Salí del baño, y la encuentre sirviendo el café en la mesa del comedor. Había hecho tostadas, había un poco de mermelada y queso untable.

-hasta que saliste del baño, pensé que te habías caído. Me estaba empezando a preocupar, ¿quien se encargaría de mí? Tendría que buscarme otro novio, y… por ahora yo estoy bien con el que tengo. – dijo con una sonrisa picara en sus labios.

-¿Con que soy feo? No decías eso anoche, y por si fuera poco… mira mi espalda.- me doy vuelta para que pueda apreciar los daños colaterales de nuestra noche de pasión.

-Jajá eso te lo mereces. Mira mi cuello. Ahora voy a tener que maquillarme, menos mal que Monica me prestó una blusa cuello redondo, porque si no me tendría que maquillar todo el pecho. Me dejaste chupones por todos lados.-

-Bueno, bueno, estamos a mano. Pero no me contestaste mi pregunta, ¿con que soy feo?

-Sí, pero bueno… que voy a hacer. Es lo que hay. Ahora ya que te solucione la duda, porque no comes, se está haciendo tarde. –

-Mala, mala. Eres  muy mala.- dije mientras me sentaba para desayunar. –

-Si lo sé y me encanta.- dijo mientras se llevaba una tostada con queso a la boca.

-Te lo dejo pasar, aunque no se… quizás pueda conseguir a otra que crea que soy lindo. – tomo un poco de café, observo su reacción. Me dedica una mirada asesina.

-Sí, pero tú eres MI FEO, y no comparto. Dime egoísta, pero eres MÍO, y como típica hija única soy una egoísta. –

-Y narcisista, egocéntrica, y…- por segunda vez en menos de un minuto me dedico otra mirada asesina.

-Ya entendí, y tú eres un mentiroso porque yo no soy así. No sé quien me está presionando para que le diga que es hermoso. –

-bueno, bueno me rindo. Dime feo, mientras sea TU feo no me importa.-

-jajá, a esto quería llegar. Sr. Suárez te tengo comiendo de mi mano. –

-jajá, me estoy muriendo de la risa.-dije con ironía- Cambiando de tema ¿Qué hora es?

- Mmm, espera.- Se asoma y ve el reloj que estaba colgado en la cocina. – las 8.45 am., los segundos te los debo. –

-¿quieres ir a trabajar conmigo? Si no te vas a aburrir, a parte si vienes conmigo el señor Azuza no me va a retar.- doy una gran mordisco a la tostada con mermelada. –

-¿Con que me utilizas de chivo expiatorio? ¿Qué beneficio voy a tener?

-Y no se fíjate…- señalo mi cuerpo.- ¿Acaso no soy un muy, pero muy buen regalo?

-Y después yo soy la ególatra y narcisista. Está bien, acepto, pero a la noche quiero y exijo una recompensa.

-Como usted diga majestad. – Inclino mi cabeza en señal de cortesía.- sus deseos son ordenes para este humilde servidor.-

-déjate de tonterías.- me tira un almohadón que yo hábilmente logro esquivar. –

-eh agresión!!-

-Me voy a cambiar, tú deberías de hacer lo mismo. ¿A qué hora entras?

-A las nueve.-

-Entonces apúrate.- se fue a la habitación. Yo termine lo más rápido que puede el desayuno. Una vez terminado me voy rumbo a mi cuarto. Abro la puerta, y ¿Qué ven mis ojos? A Samanta peinándose vestida solamente con la ropa interior. Puedo ver sus pechos a través del espejo. Este conjunto estaba despertando todos mis instintos, y me estaba incitando a volver hacerle el amor. Un conjunto de encaje blanco. Se estaba haciendo ese peculiar peinado, el que tenía cuando la encontré, el día que pasó el accidente. Me acerque a ella y con mis brazos rodee su cintura. Nuestras pieles entraron en contacto, ya que yo solamente llevaba puesta la toalla en mi cintura, y ella su ropa interior.

-Arturo, cámbiate. Date prisa que ya es tarde.- dijo mirándome inquisitivamente a través del espejo.

-Si lo sé, pero hoy no me diste el beso de buenos días- mientras hablaba apoye mi cabeza en su hombro y la mire por el espejo.

-Ja, y lo del baño ¿que fue?-

-Mmm, digamos que no vale.- puedo ver en su cara un gesto de confusión.-

-¿Qué? Entonces porque… ¿Por qué no vale?

-Por que el beso de buenos días, se da diciendo buenos días y tu nunca lo hiciste.-

-¿Si lo hago te vas a cambiar? ¿Y me vas a dejar de romper las que no tengo?

-Absolutamente, pero esas no son formas de hablar para una señorita de la alta sociedad.

-Gracioso, te vas a quedar sin beso.-en su rostro se reflejaba claramente el enojo provocado por mi comentario.

La apreté más hacia mí. Estoy seguro que se dio cuenta de mi excitación, si no fuera por que tuviera que ir a trabajar, y que ese trabajo era indispensable para mis gastos, le haría el amor ahora mismo. Pude ver como abrió los ojos, en signo de sorpresa. Yo solamente pude esbozar una sonrisa picara en mis labios. Pero tenía que calmarme. ¿En qué momento me volví un adicto al sexo? No es que antes de conocerla a ella no lo hubiese hecho, pero desde que la conocí, me convertí en una fiera, involucione, retrocedí al ser primitivo. Al ser que no posee raciocinio, a un ser primitivo, a un ser salvaje. Muerto de hambre de cada parte de ella. Necesitado de su olor, de su sabor. Hambriento de ella. Sencillamente de ella. Mi mundo, tan complejo, llenos de números, de incógnitas, de nombres impronunciables para la mayoría de personas, un mundo tan complejo. En el cual el placer no se encontraba, no cabía posibilidad alguna de pensar en otra cosa que no sea este mundo complejo, este mundo que me iba a convertir en el mejor Doctor . Hasta unos días ese era mí mas anhelado sueño, el amor, era algo secundario. Desde que la conocí, desde que mis ojos se posaron en los suyos, desde que por primera vez mi piel toco la suya. Ese mundo tan frió, frígido, estático, se vio cambiado a uno total y absolutamente antagónico. En el cual no había complicaciones, bueno prácticamente hablando. No sé cuantas veces le agradecí a Dios por el accidente, al destino por ponerme ahí, justo en ese instante. Cuando la conocí, no la pude sacar de mi cabeza, ni por un minuto, pero preferí olvidar, era obvio que jamás me daría siquiera la hora. Pero ahora no solo la había besado, había disfrutado de la mejor noche de mi vida. Había probado cada parte de ese perfecto e incitador cuerpo. El solo hecho de recordar lo que hasta hace unas horas hicimos, los recuerdos, el aroma de aquella noche que todavía seguía impregnado en mi cuarto. El tener su tibio cuerpo junto al mío hacía crecer más y más mi excitación.

-Arturo, si sigues así parado mirándome, y haciendo NADA, vas a llegar tarde y acuérdate  de lo que te dije. Ahora déjame cambiar, y ve a hacer tú lo mismo. –

-Seee…-

Después de buscar mi ropa me cambie, trate de no mirarla. Dios si la miraba de nuevo estaba seguro que iba a perder la poca cordura que todavía tenía, la iba atar a la cama y hacerla mía una y otra, y otra vez, hasta que los dos no pudiéramos mas. El solo pensar en lo que podría pasar esta noche hacia que mi miembro reaccionara cada vez más a mis fantasías, era tanta la necesidad de cumplir mis pensamientos en realidad, que empezaba a doler. Tenía que calmarme, sino cuando saliera a la calle, me multarían por exhibicionismo o vaya a saber Dios que, es innegable no darse cuenta de mi excitación, estoy seguro que es visible a pesar del Jean que recién me acabo de poner.

-Amor, ¿Qué me tengo que poner? ¿Me puedo poner jeans?-

-No vamos a un lugar de lujo.- dije mientras me daba vuelta para así poder mirarla a la cara.- ponte lo que quieras.- Ya se había hecho ese peculiar peinado, una sonrisa se formo en mi rostro. La hacía verse más joven más inocente, parecía una niña. Pero no lo era, de eso estaba completamente seguro. Es toda una mujer, y que mujer. Y por ahora es mía, mi mujer. Suena tan bien, lástima que mi conciencia no deja de atormentarme ni por un maldito segundo y me recuerda que no es así. Me vuelve a recordar que ella no solamente no es mía, sino que me odia, y que cuando recupere la memoria me iba a odiar el doble. Pero eso no va a ocurrir, no señor. Tengo que ser optimista, cuando le cuente todo, capaz que se enoja, pero si le cuento la verdad. Quizás no me vaya a odiar ¿no?

-Bueno, quería estar segura. Pensaba que la gente trabajaba de traje y corbata, no con jeans y blusas. Pero bueno, al fin y al cabo no me acuerdo ni de mi papa, ¿Qué voy a saber yo?-

-Me gustan tus chongos.- dije mientras me acomodaba la camisa, algo sencillo. Jamás me gusto vestir de traje y corbata, tampoco me rehusaba a usarlos, solamente me gusta vestirme cómodo, elegante sport. Sobrio y casual, serian las palabras que me definirían a la hora de vestir. Una camisa de color verde militar y jeans rectos de un azul profundo. Quería cambiar de tema, el pasado de Samanta no me agradaba en lo más mínimo. Y supongo que mientras menos habláramos de él, más va a ser el tiempo que voy a ganar.

-Arturo. No los  llames así, no me gusta se llaman odangos.- era exactamente igual a una nena de escasos 4 años, a la cual la retaron. Esa pequeña nariz fruncida, al igual que sus pecaminosos labios. Eso más como estaba vestida, estaba haciéndome reconsiderar por enésima vez el faltar al trabajo.

Se encontraba con una expresión furiosa, con el corpiño y unos muy ajustados jeans rectos, podía ver su espalda y como no prestar atención a ese perfecto trasero, que gracias al espejo ubicado detrás de ella podía aprecia con todo su esplendor. Gracias a Dios que había comprado un espejo enterizo, podía apreciar esa perfecta manzana. Esta mujer me estaba conduciendo a la lujuria, a perder mi juicio. Si me hubiesen preguntado hasta hace dos días, cual era una de mis mejores cualidades, yo diría mi autocontrol. Pero desde que probé la dulzura y la calidez de la boca de mi princesa, el autocontrol se fue al carajo. No pasaba ni minuto que mi mente no jugara en mi contra y se imaginara miles de situaciones, las cuales todas tienen el mismo final. Ella y yo haciendo el amor.

-Jajajaja, está bien. Y por la ropa no te preocupes cuando conozcas al señor Azuza, vas a entender por qué no importa. –

Luego que nos cambiamos y estábamos listos, el reloj daba las 9 en punto. Nos dirigimos al negocio del Sr. Azuza, el cual estaba a unas escasas 10 cuadras. Tratamos de caminar lo más rápido posible. El clima estaba de lo más agradable, con mi chamarra  de Jean gastada y extremadamente lavada la leve brisa primaveral que golpeaba en mi cara era imperceptible. Samanta estaba igual de sencilla que yo. Jean, sweater blanco y sus all Star, las cuales son igual a las mías a diferencia del color. Las de ellas son blancas, y las mías negras. El camino lo sabía de memoria, así que en tan solo 10 minutos llegamos.

El local de fotografías, todavía estaba cerrado. Pero con solo abrir la puerta nos adentramos. La fotografía se podría decir, que era mi segunda pasión. Sentarme, contemplar paisajes, y poder capturarlos con mi cámara me hacían sentir tan bien. A mi madre le encantaba la fotografía, donde iba llevaba su cámara. Esa fue una de las razones por que tome este empleo, el Sr. Azuza me prestaba su laboratorio para revelar mis fotografías.

Una vez a dentro, pude ver como Samanta estudiaba cada rincón del lugar. Como observaba los estantes llenos de álbumes, por las paredes con diferentes propagandas y fotografías. En fin por todo el lugar como si fuera una inspectora. Yo solamente observaba como movía su cabeza y abría aun más sus preciosos ojos azules.

-Llegas tarde Suarez.- una voz demasiado conocía me saco de mi transe.-

-Lo sé, lo siento mucho, es que bueno… es que yo.- En este preciso instante envidiaba a Adrian, envidiaba la facilidad con que miente. Y otra vez mi conciencia se hizo presente. ¿Qué carajo estaba haciendo con Samanta entonces?-

-¿Quién esta hermosa señorita?- a pesar de los años el viejo no perdía su costado galante. –

-Bueno, ella es Samanta Torreblanca.-

-¿Torreblanca? ¿Tienen algo que ver con Lisandro?

-¿Conoce a mi papa?- dice Samanta, que hasta el momento se encontraba ajena de la conversación. Estudiando el aspecto del Sr. Azuza.

-¿Tu papa? Claro que lo conozco.-

-En serio ¿de dónde?-

Yo que me estaba manteniendo al margen de la conversación, no pude evitar sentir un escalofrió que empezó a recorrerme desde la nuca hasta punta de los pies. Si el Sr. Azuza conocía al padre de Samanta, quizás le podría contar algo que le hiciera recordar TODO. Mis manos empezaron a transpirar, podía sentir como pequeñas gotas de sudor se empezaba a formar en mi sien, y descendían por mi rostro.

-Lo conozco de…-

Samanta:

El entusiasmo irrumpió en mi interior, y el responsable era el hombre frente a mis ojos. Sentado detrás del mostrador se hallaba un señor muy anciano; tenía el rostro cansado por la edad y lleno de arrugas. Sobre sus ojos castaños y chispeantes asomaban unas tupidas cejas blancas; por asombroso que resultara, su cabellera canosa se conservaba igual de tupida. Se puso de pie y avanzo hacia nosotros, apoyando gran parte de su peso en un bastón de intricado tallado.

-Lo conozco hace bastante. Pero primero.- me tomo de la mano y la llevo a sus labios, y me saludo como lo hacían los caballeros de antaño.- Es un placer conocerte, Samanta.-expreso, mientras clavaba sus castaños ojos sobre los míos. Ahora que lo veía de pie, entendí la expresión de Arturo, al decirme que usara lo que quiera. Una sola palabra se me cruzo por la cabeza. Excéntrico. Este hombre le hacía competencia a Monica. Contaminación visual, sin lugar a dudas. Una camisa hawaiana roja, violeta y azul. Pantalones de Golf amarillos, botas de vaquero marrones, destruidas de tanto uso. Dios, tuve que reunir desesperadamente toda mi fuerza de voluntad y contener la risa. Pero estoy casi segura que una mueca se dibujo en mi cara. Una ganas de revolcarme por el piso, de reírme hasta que me dolieran los abdominales. Pero saque fuerza no sé de donde, mordí mi lengua. Y contuve las ganas de reírme de la cara del pobre Sr., sabía que si no lo hacía, Arturo se iba a enojar MUCHO. – este…mucho gusto Sr. Azuza.- dije conteniendo la risa.-

-En lo absoluto, el gusto es mío. No todos los días se estrecha la mano a un Torreblanca.-

- ¿De, de donde conoce a mi padre?- en mi voz se podía notar claramente la conmoción, cualquier dato, por mínimo que sea, era fundamental. Allí en el sitio menos esperado, había encontrado un nexo con mi pasado.

-¿Usted conoce al Sr. Torreblanca?- pregunto Arturo- no lo sabía.- Mire por el rabillo del ojo a Arturo, pude ver una expresión de shock en su rostro, y sentir como se tensaba.

El Sr. Azuza se dirigió a la puerta para dar vuelta el cartel, del lado de ABIERTO, luego regreso al asiento al lado del mostrador.

-Bueno – comenzó a acariciarse las patillas grises.- Tu padre nació en Queens. Yo seguí su carrera desde que se egreso de la secundaria. Es un buen hombre.

La decepción se apodero de mí. Por lo que sabía, mi papa y yo estábamos completamente solos en el mundo y nadie podía encontrarlo por ninguna parte. Hasta el momento me parecía un personaje de ficción. Con razón mi mente había decidido bloquear los recuerdos, era obvio que en mi pasado había mucho dolor enterrado. Pero, por lo menos la información que me había dado el Sr. Azuza explicaba porque me sentía tan a gusto en Queens. A pesar de mi amnesia, debí de haber sentido una afinidad natural por la ascendencia de mi papa.

-Gracias por haberme contado todas estas cosa, Sr. Azuza.- trague saliva, no quería que percibiera el temblor de mi llanto contenido.- Ahora siento que tengo una historia, una base para continuar.-

-Lo siento Sr. Azuza me olvide de contarle.- en los siguientes 5 o 6 minutos Arturo le contó mi situación actual a el Sr. Azuza. Acerca de mi amnesia, de que si podía quedarme con ellos, ya que si no me encontraría sola. Yo solo asentía, cada vez que el Sr. Azuza me miraba, como corroborando el relato de mi novio. –

Mientras tocaba con aire pensativo la parte curva de su bastón de madera.- todos deberían conocer su historia- anuncio con tono solemne -olvidar el pasado es peligroso… Nos conduce al dolor.-

La campanilla de la puerta sonó y así termino abruptamente la conversación. Entro una mujer joven, con dos rollos de fotografía en la mano.

-¿Para cuándo puede revelarme estas fotografías?- le pregunto al Sr. Azuza.-

El anciano tomo los rollos.

-Regrese a la hora de almorzar.- le dijo y se volvió a Arturo.- ya hemos charlado demasiado por esta mañana. Hora de trabajar.-

Arturo me hizo un gesto para que lo siguiera a la parte trasera de la tienda. Cuando entramos en el frió y sombrío laboratorio de revelado, oí que el Sr. Azuza reía con la joven clienta.

-Es todo un personaje, ¿no?- comento Arturo que iba de un lado a otro del cuarto, mientras encendía aparatos y vertía productos químicos en grandes recipientes de plástico.-

Me senté en un banco ubicado en un rincón, temerosa de romper algo si lo tocaba.

-Si es excéntrico, pero me cae bien.-

- A mi también. Me ha enseñado casi todo lo que se sobre las cámaras y revelación.-

-Entonces además de la medicina, ¿la fotografía es una de tus pasiones?- pregunte. Una vez más, me sentí en una situación en la que me veía obligada a preguntarle algo sobre lo que sin duda habríamos hablado miles de veces.

“Debe de estar harto de mi” pensé.

Paso la mano por el borde de la ampliadora de fotografías, de apariencia antigua, situada algo más allá de un equipo mucho más moderno.

-Se podría decir que sí, pero te olvidaste de una.- clavo su intensa mirada en mis ojos. Sus ojos de azul tan profundo como el océano, estaban consumidos por el deseo. No había que ser adivina para saber lo que pasaba por su cabeza, y aunque no lo reconociera, yo también deseaba lo mismo.- ¿Se te ocurre? ¿De qué te olvidas?.-dijo con un tono que denotaba lujuria.

DIOS. Con una mirada hizo que todo mi cuerpo se estremeciera, que se me enchinara la piel. Un calor inmenso embargo mi ser, a tal punto de asfixiarme. Pude sentir como involuntariamente mi cuerpo reacciono, a sus lascivas palabras. Mis senos se endurecieron, y el fuego incrementaba cada vez más. Pero NO. Tenía que controlarme, estábamos en pleno lugar de trabajo. Con un señor de ¿cuántos? 70, 80 años. No podíamos sucumbir a nuestros deseos, aunque… NO, no podemos… ¿o sí?

- ¿E e…Entonces tu, eres bueno?-aunque intente que mi voz saliera lo más natural posible, no pude. La respiración se me entrecorto, desde el momento que esos ojos me miraron, desde que su sensual y excitante voz despertó mis más profundos deseos.

-Espera a ver algunas de mis fotos y tú misma opinas. La fotografía se podría decir, que es mi segunda pasión. Sentarme, contemplar paisajes, y poder capturarlos con mi cámara me hace sentir tan bien. A mi madre le encantaba la fotografía, donde iba llevaba su cámara. Esa fue una de las razones por que tome este empleo, el Sr. Azuza me presta su laboratorio para revelar mis fotografías. –

En sus ojos había una expresión soñadora que me provoco celos. Me pregunte si su expresión sería tan tierna cuando hablaba de mí.

-Confió plenamente en ti. No necesito ver las fotografías para saber que son PERFECTAS. Arturo, haces TODO bien. No pareces humano… – era verdad, daría un premio a quien encontrara alguna cosa, por mínimo que fuera, en la cual Arturo no fuera  bueno. En la facultad por lo que me contaba era perfecto, todas notas sobresalientes. Después el hecho de que vivía en un departamento solo, y todo, absolutamente todo estaba ordenado, limpio, pulcro. Y el tema que me compete, a la hora de demostrar cómo se ama. El solo hecho de recordar todas las caricias, besos, sus embestidas. La exquisita sensación de su piel contra la mía, su transpiración confundiéndose con la mía, su aroma. Su sedoso pelo entre mis dedos, hacia que el fuego que estaba instalo en mi interior incrementase. Era malditamente perfecto en TODO. No hay nada que sea imposible para él.-

Se me acerco con la mirada intensa. Con suma dulzura, deslizo el dedo índice desde mi sien hasta el mentón. Me estremecí y olvide el agitado mundo de esa mañana de lunes que existía fuera de nuestra cueva oculta.

-Gracias, Sammy.- murmuro- Eso significa mucho para mí. Pero te olvidaste de algo.-

-Q-Que- la voz no salía de mi garganta. Apenas puede articular palabra. Estaba absorta, embobada con el cálido toque de sus manos, y con el hermoso e incomparable espectáculo que me brindaban sus luceros.

-Simplemente tu, tu eres mi principal y más importante pasión.-

En el momento que se inclino para besarme, el Sr. Azuza asomo la cabeza por la puerta.

-¡Vaya! ¿Van a quedarse haraganeando acá todo el día, o la Señorita Torreblanca dará más utilidad a su tiempo?

Arturo se rió y se aparto de mí.

-Será mejor que le hagamos caso, el es el que firma los cheques de pago.-

Me baje del banco.

-Estoy a sus ordenes Sr.- declare y guiñe un ojo a Arturo.-

-Bien, podes empezar con barrer la vereda.- Me entrego la escoba y cerro con firmeza la puerta del laboratorio detrás de mí.

Salí a la calle, bajo el radiante y cálido sol. La escoba se me hacia un elemento extraño entre mis manos. Por primera vez en la vida, era una trabajadora. Me sentí bien.

Llegado el mediodía, la novedad de barrer la vereda, lavar las ventanas y contemplar recibos ya era historia antigua. Estaba transpirada, hambrienta y aburrida de ver al Sr. Azuza detrás del mostrador. Al parecer su única ocupación consistía en conversar con los clientes y asegurarles que Arturo tendría las fotografías reveladas para cuando las necesitasen.

No obstante, debo admitir que hasta los clientes más rezongones salían con una sonrisa.

-Hora de comer.-anuncio el Sr. Azuza cuando la Señora joven que había venido a la mañana se retiraba con sus fotografías.

Yo estaba arrodillada en el piso, acomodando estantes de álbumes de fotografías. En ese momento me puse de pie masajeándome la espalda dolorida. Arturo salió del cuarto de atrás.

-¿Alguien menciono la palabra comida?- pregunto.

El viejo asintió con la cabeza, mientras daba la vuelta el cartel de la puerta.

-Si vuelvan a la una en punto.-

Arturo  tomo una bolsa grande de papel marrón de la pequeña heladera ubicada detrás del mostrador, y todos salimos a la calle. Esperamos que el señor Azuza cerrara con llave y luego lo contemplamos alejarse con paso lentos.

-¿Cierra la puerta al mediodía?- pregunte, incrédula.

-Sí. Todos sus clientes saben que no deben venir entre las 12 y la 1. Así es el sistema.-

Pensé que  en el centro de Queens, un sitio donde miles de personas almuerza encadenadas a sus escritorios y no salen de la oficina hasta que se oculta el sol. Tuve una repentina visión de mi papa, entrando en nuestro departamento, con su maletín en la mano. Mi corazón se encendió.

-¡Arturo! ¡Creo que acabo de tener otra imagen retrospectiva!- me puse a saltar como una loca, tomándome de sus hombros para darme más impulso.

-¿De verdad?- pregunto un tanto preocupado.

-Sí. Pude ver a mi papá. ¡Mi papá!- me detuve cuando recordé su rostro cansado en la imagen.- No parecía muy feliz.-

-Tal vez no fue una escena retrospectiva. ¿Sabes? Tal vez todo lo que te dijo el Sr. Azuza libero tu imaginación más de la cuenta. -

Lo mire furiosa.

-¿A qué te referís? ¿Me estás diciendo mentirosa? ¿Crees que lo estoy inventando? Te dije que vi a mi papa. Fin de la discusión. –

-De acuerdo, de acuerdo, no quise molestarte.- Busco mi mano y acepte que la tomara.-

Caminamos una cuadra en silencio. Luego volvió a hablar, con tono de disculpa.

-No fue mi intención dudar de tu palabra, Sammy. Solo quise decir que si tu papá no parecía feliz en esa imagen, entonces tal vez se a mejor que…-

Meneé la cabeza con firmeza.

-el pasado no va reinventarse según mi conveniencia, Arturo. Tarde o temprano voy a tener que enfrentarme a lo que venga.-

-Tienes razón.-

-Sí.- conteste, tratando de mostrarme despreocupada.- Bueno, ¿Qué hay en esa misteriosa bolsa marrón?-

Me llevo a un banco ubicado a la sombra de un árbol grande.

-Un almuerzo espectacular, hecho por mis propias manos.-

Me senté junto a él y espié el contenido de la bolsa.

-¿tengo que conformarme con mitades?-

-Creo que podríamos llegar a una especie de convenio. Digamos… un beso para mi, dos papas fritas para ti. ¿Qué te parece? O dos besos para mí y medio emparedado para ti…-

Le arrebate la bolsa.

-Matanga, primero lo primero. O sea, la comida. Más tarde negociaremos. –

La tensión había desaparecido por completo. Arturo y yo estábamos otra vez a tono…como debería ser.

La tarde transcurrió. Unos cuantos clientes dejaron sus rollos para revelar y vendí un álbum de fotos, pero en general la tienda estuvo casi desierta. El señor Azuza cabeceaba de vez en cuando, meciéndose hacia delante y hacia atrás en su banco. Cada vez que se despertaba, sobresaltado, me inventaba una nueva tarea. Deduje que esperaba que yo no hubiera advertido sus siestas, de modo que mantuve la boca cerrada y obedecí.

Como a las cuatro de la tarde, bostezo en forma estruendosa.

-Parece que esta tarde estoy un poco cansado. Supongo que todavía no me he adaptado a estos calores. –

Rocié con un producto de limpieza la superficie del mostrador.

-Por supuesto. En esta época del año Todo se hace muy pesado.-

Asintió.

-Cerraremos más temprano. Pondremos un cartel que diga:” SALÍ DE PESCA”- se echo a reír.- mis clientes de siempre lo entenderán.-

Guarde el paño con el que estaba limpiando, el producto para rociar y la escoba, sin tratar de disimular mi alegría…

-Voy a avisarle a Arturo.- anuncié.

Me encamine hacia el laboratorio, situado en la parte de atrás, pero el Sr. Azuza me detuvo.

-Espera un minuto, Samanta.-

-¿Por qué Sr.?- Su voz me pareció un poco brusca. Tal vez yo había violado alguna de las normas secretas de la buena conducta en el trabajo. Quizá no había limpiado bien los vidrios…

Abrió la caja registradora y extrajo dos billetes nuevos de 20 dólares. Se echo a reír cuando vio mi expresión de confusión.

-No abras pensado que te hice trabajar gratis, ¿Verdad?- pregunto, arqueando sus tupidas cejas.

Por supuesto que estaba convencida que había trabajado gratis, pero no iba a confesarlo.

-Claro que no- exprese, indiferente.- Esperaba más. Eso es todo.-

El señor Azuza seguía riéndose, cuando me dirigí al laboratorio. A medida que avanzaba la risa se hacía más débil. Cuando entre, observe a Arturo inmerso en su trabajo. Tal era el punto de su concentración que no me siento entrar. Aprovechando su distracción me coloque detrás de él y le tape los ojos.

-¿Quién soy?- era inútil preguntarlo, ya que era obvio que era yo.

-Samanta…-

El es mucho más alto que yo, por lo tanto quede a una cabeza de el. Apenas mis brazos podían cubrir su musculosa espalda. Lentamente baje mis manos, recorriendo ese macizo y musculoso torso. Arturo no hablaba, solo se rendía a mis caricias. Metí mis pequeñas manos adentro de la camisa. Pude sentir su delicada piel, y tocar sus perfectos abdominales. Sentí perfectamente cómo se tenso y su piel se encrespo. Mordí su espalda, aunque la camisa hacia molesta mi tarea. Arturo dejo de respirar por un segundo, cuando baje mis manos más al sur. Mucho más. Y las adentre en su pantalón. Rozando levemente su punto erógeno, su miembro. Escuche como largo el aire de golpe, y como se le estaba haciendo difícil respirar. Echo la cabeza para atrás y el apoyo en mi hombro, pude ver que había cerrado sus ojos. Disfrutando, del placer de mis caricias. Mientras con una mano acariciaba su musculoso estomago, con la otra acariciaba su miembro. Sentía perfectamente como poco a poco estaba despertando sus más bajos instintos, como despertaba sus deseos. Y su cuerpo, o mejor dicho su miembro era testigo. La respiración de Arturo se hacía cada vez más agitada y entrecortada.

-Sabes… el Sr. Azuza nos dejo…ir más temprano.-Rompí el silencio, y aprovechando que tenía su mejilla a mi alcance, le di pequeños besos. Siempre evitando sus labios. Estaba jugando con él, cada pequeño beso estaba dado estratégicamente, a una escasa distancia de sus labios. – Me pago, 40 dólares. Y como estaba pensando que era poco, después de todo, trabaje como una condenada. ¿O no?- emitió un leve gemido, para responderme.- Bueno estaba pensando, ya que es tu jefe, y si me quejo a quien pueden echar es a ti. Tenía en mente que me tendría que desquitar contigo. Y exigirte una recompensación. – Bese la comisura de sus labios.-

Abrió sus ojos, y otra vez me vi embobada por la preciosura de estos. Giro un poco la cabeza y me miro.

-Mmm, ¿Cuál es el precio que debo pagar?-

-Mmm, creo que lo habíamos estipulado esta mañana, ¿o me equivoco?-

-No. Entonces creo que estoy de acuerdo con su petición, y creo que es justa la remuneración.- se dio vuelta y coloco sus manos en mi cuello, empezó a acotar la distancia. Instintivamente cerré mis ojos, sentía su cálido y embriagante aliento en mi cara. Su calor, me estaba transportando a otro universo. Su fuerte y cálido cuerpo que me oprimía contra sus brazos. Apoyo sus carnosos labios en los míos. Pero…

Unos inoportunos golpes.

No dijimos nada, pero las palabras sobraban. Estoy absolutamente segura que los dos maldecimos al pobre Sr. Azuza, pero después de todo, estábamos en su negocio, en su laboratorio. En fin, en su propiedad.

Nos separamos en lo que el Sr. Azuza abría la puerta, estaba convencida que el viejo sabía lo que estábamos haciendo. Lo digo por la mirada que reflejaban sus ojos cuando entro.

-¿Piensan quedarse a vivir acá?- con una sonrisa en sus labios, nos miro de forma picara a los dos. Puede sentir como la vergüenza me invadía y los cachetes me empezaron a arder. Me puse colorada.

-Lo sentimos.- dijimos al unísono.-

-No se preocupen yo también, aunque no lo parezca tuve su edad.- nos guiño un ojo.-

Si estaba colorada, ahora estaba ROJA como un tomate. El ardor de mis mejillas era insoportable. Baje mi mirada y agache mi cabeza. Esperando, rogando, que mis mejillas pasaran desapercibidas.

Pero no. Escuche la risa del Sr. Azuza, y luego como Arturo se le unía.

-Esta jovencita es muy especial, Arturo. No se te ocurra hacer cualquier estupidez y perderla.-

Alce rápidamente mi cabeza para poder observar a Arturo expectante de su respuesta. Me sentí muy complacida con los elogios, pero el parecía muy serio.

-Tratare de no perderla, Sr. Azuza.-

-Lárguense ya de acá- dijo el anciano- Salgan a divertirse, como deben hacerlo dos jóvenes. Yo cerrare. –

No necesitamos que nos repitiera la orden. Nos fuimos del negocio, tomados de la mano. Mientras nos dirigíamos a su departamento, me felicite en silencio. En las últimas siete horas me había ganado el respeto del Sr. Azuza, había compartido momentos con mi novio, había recuperado algunos recuerdos y además había ganado 40 dólares. No estaba nada mal para un lunes.

Cuando nos subimos al ascensor pude ver en su mirada, que estaba tramando algo. Era evidente en su mirada y en su sonrisa picara, que algo estaba maquinando esa mente. En ningún momento desde que dejamos el negocio, me soltó la mano. Esa mano grande y cálida, que envolvía la mía, en signo de posesión. Una vez que salimos de aquel artefacto, puede ver como esa pequeña sonrisa se engrandecía. En cuestión de pasos, ya estábamos en la puerta de su departamento. El cual, por ahora, era mi hogar. Busco la llave en su bolsillo y abrió la gran puerta verde. Como todo un caballero, me dejo pasar a mi primero. Pero cuál fue mi sorpresa, al ver que ese gesto tenía una intención detrás. Aprovecho que no lo veía y me aprenso contra la pared del recibidor, mientras con el pie cerraba la puerta.

-Arturo…- musite.

-Creo que llego la hora de la recompensa.- dijo.

Yo estaba entre sus brazos y la pared, el departamento estaba en penumbras. El sol se filtraba por las cortinas, pero a pesar de la escasa luz, pude ver en sus preciosos ojos la lujuria y el fervor que contenían. Y no respondí, tan solo cerré mis ojos y me entregue a él.

Me entregue gustosa. Arturo bajo su cabeza a mi cuello, y beso con demencia, con hambre cada lugar de mi cuello. El calor iba en aumento, los gemidos inundaron el callado departamento. Yo deje que mis manos vagaran por su vigorosa espalda, otra vez las adentre por debajo de su ropa. Me besaba con tanto frenesí, con tanta fuerza, con la pasión contenida. A pesar de ser tan solo 7 horas, nuestros cuerpos parecían estar en agonía. En agonía de no estar de vuelta unidos, agonía de no sentir nuestros cuerpos en contacto. De no sentir su respiración entrecortada, de no sentirlo adentro mío. La ropa me estaba hartando, tenerlo tan cerca y no poder disfrutarlo como quería, empecé a subir su camisa, Arturo me ayudo.

-Se nota que estas impaciente por recibir tu recompensa.- dijo con una encantadora sonrisa.

-cállate- dije y me abalance a sus labios. Exquisitos. Durante todo el día, pensé en volver a sentir sus labios, los besos eran hechos con demencia, pasión, lujuria. Nuestras lenguas se acariciaban y recorrían la calidez de nuestras bocas, nuestra saliva se fundía, como nuestras bocas. Mi cuerpo era una vorágine de sentimientos, deseo, lujuria, pasión, amor, anhelo. Poco a poco las prendas, o mejor dicho estorbos, caían al piso. El dormitorio estaba muy lejos, y nosotros nos necesitábamos YA. Apenas vestidos con nuestra ropa interior, nos dirigimos al sillón. Me recostó lentamente, de vez en cuando abría mis ojos para verlo. Y vi la lujuria expresada en su rostro, en sus ojos. Cerré mis ojos para sentir con mayor vehemencia. Estaba embebida en el mar de pasión al que Arturo me estaba conduciendo, no sé cómo ni cuándo. Pero en cuestiones de segundos, los dos nos encontrábamos desnudos, bañados con la leve luz que se filtraba por las ventanas. Arturo beso, mordisqueo cada parte de mi cuerpo. Recorrió con su boca y lengua, mis piernas, mi estomago y se enfoco en mis pechos. Brindo placer a los dos. Yo solo disfrutaba sumisa de sus caricias. Después de todo, era mi recompensa. El placer era tal que hacía que arqueara mi espalda, rozando con mis pezones ya endurecidos de la excitación sus fornidos pectorales. Nuestra respiración se volvía cada vez más y más entrecortada. Mis gemidos reinaban en la morada. Nuestras pelvis se rozaban, pero con esos simples roces pude sentir perfectamente, que el miembro de Arturo ya estaba preparado para estar adentro mío, como tanto había anhelado, desde que cerró la puerta y me acorralo en la pared.

Y con una fuerte y violenta embestida, pude sentir a su órgano en mi interior. Llenándome. Completa. Así me sentía. Un fuerte gemido salió de mi boca, a la vez que arqueaba más mi espalda y entrelazaba con mis piernas la cintura de Arturo. Los movimientos empezaron lentos, pero no por eso menos satisfactorios. Con mis pies le indique que aumentara más el movimiento. Y así lo hizo. Se enterró en mis adentros con más violencia. Me sujetaba por su espalda, clavándole mis uñas, a medida que los movimientos se hacían más intensos, a medida que el orgasmo se hacía más venidero. Ahora yo no tenía el monopolio de los gemidos, el también gozaba y lo demostraba en los gemidos que emitía. Su varonil y melódica voz me llenaba tanto como lo hacía su miembro en mi interior. Los dos estábamos cubiertos por una capa de sudor, nuestros olores se mezclaban, formando un exquisito e inigualable aroma. Único. Y solo nuestros cuerpos ardían, nuestros alientos nos acariciaban, nuestra transpiración se mezclaba, nuestros aromas se fundían, y  estaban fusionados. Éramos uno. El orgasmo estaba cada vez más cerca, e inexorablemente llego. Derramando el cálido liquido de su semen en mi interior. Abrí mis ojos y vi al ser más hermoso, dedicándome una genuina sonrisa, llena de amor. Le respondí de la misma manera, no por compromiso, sino porque lo sentía así. Desde mi corazón, el cual estaba muy agitado, pero no por lo que acabábamos de hacer, sino por esa sola mirada. Esa mirada de esos incomparables ojos azules. Que pesar de todo no dejaba de hechizarme, de cautivarme. Se acerco y me beso con el inmenso amor que veía en su mirada, trasmitió todos esos sentimientos que reflejaban sus ojos, en ese cálido, suave y dulce beso. Todavía estábamos unidos. Y cabe decir, que me encanta esta sensación. El tenerlo así, de esta manera, me hacia sumamente dichosa. Corto el beso, se incorporo, y me miro.

-¿Te gusto tu recompensa?-

-S s si- dije con un hilo de voz. No solo sus ojos me cautivaban, su galante sonrisa no se quedaba atrás.

-Que bueno, porque recién empieza.- cuando finalizo de hablar, otra vez rodeo mis labios con los suyos. El beso que había empezado con delicadeza, se volvió más y más salvaje. Yo solo respondía, inmersa en esta alucinante sensación.

De fondo pude escuchar un sonido. El teléfono. No le dimos importancia y seguimos sumergidos en nuestras caricias. Cuando Arturo bajo hacia mi cuello, escuche que la contestadora automática emitía un mensaje.

-Arturo, espero que cuando escuches este mensaje vengas para mi casa con Samanta. Noticias relacionadas con padre. Besos Irma. –

Arturo:

El sonido de la voz de mi tía, me devolvió a la realidad. ¿Cuál es mi  realidad? Fácil. Acabo de hacer el amor con la mujer de mi vida, la cual estaba debajo de mí. En la cual todavía estaba adentro. Que a pesar del poco tiempo, hizo que me volviera adicto a ella. En todo sentido. No solamente su cuerpo, es lo que más añoro. Su sonrisa, su dulce y melodiosa voz. Sus delicadas caricias. Su sentido del humor. Todo. Absolutamente todo. Lo que más daño me hacía, es el hecho de que al mirar en sus ojos veía la felicidad. Y eso me hacia preguntar, cuando se entere de todo, cuando recupere la memoria. ¿No se va a enojar? ¿Me podrá amar, conociendo quién es? ¿Volverá a ser la persona que me dijo que era un don nadie? Miles de dudas, de preguntas me invadían.

Ese comportamiento no es digno de ti, Arturo. Las palabras de mi tía resonaban en mi cabeza. Cuan acertadas son. Soy una mierda… y merezco lo peor. Es que ella es tan, tan…es como un sueño, del cual no quiero despertar. El hecho de tenerla entre mis brazos, de sentir su tersa piel entre la mía. De sentir sus pechos en mi torso, su cálido interior rodeando mi miembro. Un aroma único e inexplicable a nuestro alrededor. Sus ojos oscuros del deseo. Las gotas de sudor en su tierna nariz, su pelo todo alborotado en el sillón. Sus piernas enredadas con las mías. El sabor de su cuello, el cual estoy saboreando en este instante. Dulce y salado. Cálido y húmedo. El exquisito sabor de rosas mezclado con la sal de su transpiración. Sublime. El solo hecho de tenerla entre mis brazos, el poder respirar su mismo aire, de sentir su aliento en mi cuerpo. Es como estar en el edén. Ningún paraíso se podría igualar con esto. Con el simple hecho de que mi princesa yazca en mis brazos.

-Ar….turo- el aliento de mi princesa rozo mi mejilla, su cálida voz retumbo en mi cabeza. Y enciendo aun más el fuego en mi interior.

-Mmm-

-Créeme me encantaría seguir esto, pero.-

Me incorpore y vi en sus hermosos ojos, vi una delgada capa de transpiración en su rostro. Algunos mechones rebeldes en su sien. Es tan hermosa.

-¿Pero qué?-

-Es importante para mi Arturo, en todo este tiempo no recibí noticias de mi papa. Apenas tengo un vago recuerdo de él. No sé quien soy…- unas pequeñas lagrimas empezaron a resbalar desde sus ojos.

-Shh… eres Samanta Torreblanca la mujer más hermosa que he conocido en mi vida. Con el corazón y la bondad que nadie nunca podrá igualar. Eres la mujer que me robo el corazón, y a la cual sin importar que pase, jamás podré olvidar. No sé cómo, ni porque. Pero todo en ti hace que me sienta en las nubes. El solo hecho de estar así, en este momento, me hace el hombre más feliz del mundo. – bese el recorrido de aquellas lagrimas, saboreando lo salado de ellas. Bese desde su mentón hasta sus ojos. Si supiera la verdad, si tan solo la supiera…

-Mejor nos vamos a bañar ¿Si?-

-gracias.- me da un tierno beso en los labios. Sus dulces labios. Más poderosos que cualquier droga, mas embriagantes que cualquier licor. Ambrosía. Suaves, delicados, cada curva de ellos es perfecta. Sus labios carnosos son mi perdición. En realidad ella lo es. Haría cualquier cosa por ella. Cualquiera. Si, como mentirle diciendo que soy  el novio. Ah y para variar, agrégale el hecho de que te acostaste con ella. ¿Cualquier cosa por ella, no? Creo que el hecho de mentirle, es algo que no le gustaría a nadie. Si, si lo sé. Soy una mierda. Pero… ¿Por qué carajo tenemos conciencia?

-Gracias por todo Arturo, si no fuera por ti estaría sola. Vaya a saber Dios donde. –

-Anda, vamos. No te preocupes por eso.- le di un beso en la punta de su delicada nariz, antes de salir de ella. Los dos emitimos un gemido. Dios se sentía tan bien, estar adentro suyo. Siento que algo me falta.

Nos dirigimos al baño. Y si de algo estaba seguro, es que este baño iba a ser el mejor baño de mi vida. Simplemente por que quien me bañaría seria ella. Me agarro de la mano, sin importarle nuestra desnudes me llevo al baño, contoneando sus caderas. Incitándome. Excitándome. Y algo era indudable, no sería un simple baño.

Cuando llegamos a la puerta, con su delicada mano abrió el picaporte. Giro su cabeza y me miro. Con una leve y picara sonrisa. Y con una mirada que denotaba lujuria.

-Está listo Sr. Suarez.-

-Eres insaciable, ¿no?-

-Teniéndote a ti… se hace difícil. Es como tener un dulce y no degustarlo.-

- Eres tremenda.-

-Anda que tengo hambre. Se me antoja un poco de…- se acerco y me susurro al oído, algo que no solo aumento la temperatura corporal de mi organismo. Provoco claros efectos en la parte baja de ni cuerpo. O si, este sería un muy, pero muy agradable baño.

Samanta no solo acaricio cada parte de mi cuerpo. Me condujo al mejor orgasmo de mi vida. Tiene una boca que hace magia, juro que cuando alcance el clímax vi las estrellas. El baño, que normalmente me tomo en 10 minutos duro 30. En los cuales recorrimos con nuestras manos cada parte de nuestra humanidad. Bebimos el agua que reposaba en nuestra piel, saboree cada parte del apetitoso cuerpo de ella. La habitación era una mezcla de nuestros gemidos con el constante sonido del agua de fondo.

Ahora estábamos camino a casa de mi tía. Aunque hubiera preferido quedarme en el departamento, enredado en las piernas de mi princesa. Ver su cara cuando gritaba mi nombre, en señal que llego al clímax. Entendí que el hecho de que hubiera noticias de su padre era muy importante para ella. Bueno para ella. Muy, pero muy malo para mí. Estaba considerando el hecho de secuestrarla, de decirle a su padre que la rapto un grupo de guerrilleros de quien sabe dónde. Sí, claro. Te casas con ella, tienes hijos. Y un día se levanta, se acuerda todo. Y te convertís en eunuco. Sin contar el hecho de que te puedes ir preso, por el simple hecho de ocultarla de su padre… y considerando quien es su padre. Pero si le cuento todo, la pierdo. Estoy soberanamente frito.

-Arturo ya llegamos ¿no?-

-Si princesa.- me dedica una sonrisa. Esta radiante. Con el pelo todavía mojado, lo tiene suelto. Como me gusta. Con jeans y una camisa blanca, la cual hace resaltar sus hermosos ojos y su fascinante pelo dorado. Su pálida piel. Todo en ella es tan perfecto, no la quiero perder. No le quiero contar nada, no quiero que recupere la memoria. Si ya se, soy un egoísta. Pero no me puedo imaginar estar un solo día sin ella. Toda mi vida la pase solo. Y ahora que encuentro a la persona que pudo suprimir toda mi soledad. Que con tan solo una sonrisa, una mirada, hace que mi cuerpo sucumba, que tiemble por completo. Estoy destinado a que me lo quiten. NO. Eso no va a pasar. Arturo tienes que ser más optimista. Le contaras todo, le dices que lo sientes, que las cosas se fueron de las manos. Que la amas con todo el corazón, cosa que es verdad. Si, y después me despierto. Es más probable que gane la lotería o que resulte electo presidente, antes de que Samanta lo tome así nomás. Si Arturo, gracias por encontrarme, salvarme la vida y acostarte conmigo. Sin obviar el hecho de que me dijiste que eras mi novio, por un año. POR UN AÑO. Acto seguido, soy atropellado, o degollado. Cualquier forma de acabar con mi vida va a estar justificada. Lo repito. ¿Por qué carajo tenemos conciencia? Si ya se, para no cometer actos estúpidos. Bueno te cuento, que estoy cometiendo el peor acto estúpido. Pero a la vez, gracias a él, ahora soy el hombre más feliz. Si tan solo pudiera dejar de pensar, en lo que me va a ocurrir cuando recupere la memoria.

Mientras debatía con mi conciencia, llegamos a la puerta de la casa de mi tía. Durante toda mi niñez y adolescencia viví con ella. Irma se podría decir que fue como una segunda madre. La casa pertenecía a mis padres. Pero cuando tuvieron el accidente, como yo era menor de edad y mi tía se hizo cargo de mí, los bienes y posesiones de ellos pasaron a mi tía. Y cuando cumpla 21 voy a ser el apoderado de todo. Cuando empecé la facultad me mude a mi actual departamento. El cual pertenecía a mi padre. La posición económica de ellos era media. Irma velo por Adrian y por mi, se aseguro que nada nos  faltara, si bien mis padres dejaron una suma considerable de dinero, ella nos educo. Se dedico por completo a nosotros. Hasta el día de hoy se lo agradezco. A pesar de su trabajo, el cual es muy demandante, ella siempre hizo un espacio y se dedico a nosotros.

Una vez que entramos, nos dirigimos a la entrada. Estaba bebiendo té helado, con unos expedientes, aparentemente del sanatorio donde trabaja.

-¿Qué es lo que dijeron de mi papa?- pregunto Samanta ni bien la vio.

Irma meneo la cabeza.

-Lastimosamente de tu papa no dijeron nada. Solo recibí otra llamada del servicio de respuestas telefónicas. Según parece, estaban mal informados respecto con el itinerario que seguiría. Cuando creían que se encontraba en Paris, en realidad estaba en Orleáns. Pero ahora ya lo han corregido. Supuestamente mañana tendríamos que recibir noticias suyas.

Se deprimió mucho. Después de la visión que había tenido de su padre unas horas antes, tal vez pensó que pasar un tiempo con el podría servir para refrescarle el pasado. Sin embargo, yo no pude evitar sentirme aliviado. Tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural para reprimir una sonrisa de felicidad y un suspiro de alivio. En el momento que había escuchado el teléfono sonar y el hecho de que mi tía dijese que había noticias relacionadas al padre de Samanta, mi cuerpo se petrifico. Vine hasta acá, ausente, ido. Ideando “las mil y unas formas de evitar que su novia lo mate”.

-¿Hay mas té helado adentro?-pregunte, ansioso de cambiar de tema.

Tía Irma arqueo una ceja en dirección a mí. Desde el sábado, las miradas que me había destinado eran, en su mayoría de desaprobación. Obviamente estaba segura de que había pasado un tiempo más que razonable para que yo le contara toda la verdad a Samanta.

-Una jarra entera.- dijo- Ah, y llamo Monica, para hablar con Samanta.

La noticia encendió el rostro de mi “novia”.

-¿Puedo usar el teléfono?

- Por supuesto. ¿Y cuando vuelvas podrías traer la jarra con dos vasos, por favor? El teléfono está en la cocina. Por este pasillo al fondo, la puerta de madera.

-Claro.- salió despedida hacia la cocina.

Ansioso por evitar la gélida mirada de mi tía, me agache para atarme los cordones de mis zapatos.

-Supongo que me consideras un verdadero idiota.- masculle.

-Es una forma de decirlo.-coincidió

Me senté a su lado y me apoye la cabeza sobre sus manos.

-La regué, tía. La regué. Complique todo. Esta situación es uno desastre, me supera. Ya no se qué hacer.-

-Tu broma no resulto tan bien como las había planeado ¿verdad?- Me apretó el hombro en un gesto condolerte que me hizo sentir mucho peor todavía.

-Tú eres mujer Imi… -asi llamaba a mi tía de cariño

-Gracias por haberte dado cuenta.-

-Con toda honestidad, ¿Qué crees que debo hacer?-

Irma bebió un poco de té helado y reflexiono sobre mi pregunta.

-Tú quieres mantener algún vestigio de tu amistad con Samanta, ¿no?-

Asentí con la cabeza, desconsolada, ya que sabía perfectamente cuál sería su respuesta.

-Entonces, tienes que decirle toda la verdad. Antes que se acuerde que eres el chico que la enfureció de tal modo, que decidió gritarte en medio de la fiesta de la universidad. Con todo un público para deleitarse con el espectáculo.-

-¡Pero va a odiarme!

-Te va a odiar mucho más si descubre la verdad por sus propios medios. Por lo menos, si se lo cuentas tú con tus palabras, vas a tener la oportunidad de explicarte… e implorarle que te perdone.

-Bueno, bueno. Le voy a contar todo.- accedí resignado al horrendo destino que yo mismo me había creado. –Pero tengo que elegir el momento adecuado…

Me quede callado, pensando. Imagine a Samanta en sus momentos más tiernos y supuse que había una posibilidad –pequeña, remota- de que si la tomaba por sorpresa en una de esas situaciones en la que se sentía generosa conmigo, tal vez, quizás lograra salir de todo aquello relativamente exonerado.

De pronto me levante de un salto, inspirado.

-Ya se tía. Voy a obsequiarle una noche que jamás olvidara.-

-¿Que vas a hacer?-

-Sorpresa, sorpresa.-

-Por cierto Arturo, ¿Qué casualidad que los vinieran con el pelo mojado, no?

-Eh bueno, este…-

-Si…-

-Arturo- me salvo la campana. O mejor dicho la voz de Samanta. Salí prácticamente corriendo, en busca de mi princesa.

-Si princesa, ¿Qué pasa?-

-Monica quiere hablar contigo.- me dijo Samanta cuando entre a la cocina.

-Bien- tome el auricular del teléfono que ella sostenía en la mano extendida.-  ¿quieres hacer algo especial esta noche?-

Me dirigió una gran sonrisa.

-SI ¿Que me pongo?

-Jeans no.- respondí.

La seguí con la mirada mientras se iba de la cocina

“Y no porque no te quedan espectaculares”, agregue mentalmente. Luego recordé a Monica que estaba esperándome pacientemente al otro lado de la línea.

-Hola, Monica.-

-Arturo- su voz era formal lo que acentuó aun más mi nerviosismo

-¿Pasa algo?- pregunte, con el corazón palpitante. Enrosque el cable del teléfono alrededor de mi dedo índice con tanta fuerza que se me corto la circulación.

-Dante esta como una fiera.-

Trague saliva.

-¿De verdad?-

-Sí. Me llamo hoy. Le invente una historia respecto que Samanta había terminado acompañando a su padre en la gira de conferencias. Pero no me creyó ni una sola palabra.-

Ajuste aun más el cable del teléfono alrededor de mi dedo.

-Gracias por cubrirme, Monica, o por lo menos intentado, al menos. -

-Arturo, le tenemos que contar la verdad a Samanta. Y pronto.-

-¿Qué está haciendo Dante? Me refiero a si ha tomado alguna medida para tratar de encontrarla. -

-¿Quién sabe?- grito Monica- Ese tipo está acostumbrado a tener lo que quiere, en el momento en que se le antoja. Es un cerdo, pero tienen recursos.-

-¿Crees que haya una remota posibilidad de que Samanta me dé una segunda oportunidad?-

Guardo silencio por un rato.

-Si estuviésemos hablando de la Samanta de antes, te aseguro que podrías considerarte dichoso si no te denuncia a la policía para que te arresten…-

-¿Pero?- contuve la respiración, rezando en silencio para que Monica me diera una mínima esperanza.

-Pero la nueva Samanta es una persona absolutamente diferente. Me refiero a que en serio quería quedarse en Queens… ¡En lugar de venir a mi departamento en la bahía!-

-Es un buen síntoma- dije con cautela.

-Cierto. Pero cuando recupere la memoria ¿Quién sabe en cuál de las dos Samantas se convertirá? Con suerte, las posibilidades son de un cincuenta y cincuenta.-

Monica tenía razón. No teníamos modo de saber si Samanta volvería a ser o no la antigua pedante en el preciso instante en el que recordase que era una niña rica y malcriada. E incluso en la suposición de que prevaleciera la transformación de su personalidad, tal vez no quisiera volver a verme. Aun así, tenía que arriesgarme; simplemente, no me quedaba otra alternativa.

-Le voy a contar todo, esta noche.- De pronto se soltó el cable del teléfono, dejando sus huellas sobre mi dedo.

-Bien.- dijo Monica suspirando- Ah, haz lo posible para convertirme en otra víctima de tu juego. No quiero que me vaya a odiarme a mí también.-

-Voy hacer lo que pueda, Monica. Lo prometo.-

-No te acobardes- Con esa frase, corto la comunicación.

Colgué el teléfono y fui en busca de mi princesa. Estaríamos un rato con Irma, antes de volver a mi departamento cambiarnos y dirigirnos a nuestra noche mágica. Y en cada segundo que pasaba me preparaba para enfrentar los fantasmas del pasado de Samanta.

-Mmm Delicioso.- Samanta mordió su segundo Hot dog.

En la última hora aprendió que, si bien detestaba Mc Donalds, le encantaba comer hot- dogs en el parque. Acompaño la comida con cerveza, bebiendo a media lata por vez.

Los dos estábamos sentados, con la luna llena de fondo. Dando pequeños matices de luz en nuestros rostros. Ella simplemente esta adorable. La luz de luna dándole un toque mágico, realzando su belleza. Brindándole un brillo especial en sus ojos. Su piel resplandece gracias al satélite. No pude evitar emitir un suspiro, ante tal espectáculo. Fascinante. Sublime. No hay palabra que pueda definirla, siquiera aproximarse para describir su belleza. Ella es sencillamente inconmensurable.

-Todavía no puedo creer que hayas preferido comer hot dogs en esta gran noche de paseo por la cuidad.

Se encogió de hombros.

-¿Y por qué tenemos que ir a un lugar y soportar a los farsantes camareros que detestan a los adolescentes? Y del costo mejor ni hablar.

Estuve totalmente de acuerdo (en especial en cuanto a la parte monetaria del asunto) y sentí una calidez que ya era familiar en mí cada vez que compartíamos una opinión.

-Bueno lo que pasa, es que estas tan hermosa que podríamos haber ido al lugar más elegante de toda la cuidad.

Samanta se había puesto un delicado vestido blanco. Con un importante, pero sutil escote en la parte de adelante como atrás. Demasiado sensual. Dejando ver su nívea piel. El vestido entallado en la cintura, y luego cayendo libremente hasta las rodillas. La tela se mueve al compás del viento. Al igual que algunos mechones rebeldes, que se desprendieron de su cabello recogido. Dándole un aire natural, relajado. Resaltando no solo su piel, sino sus hermosos ojos. Que al parecer hoy brillan con mayor intensidad. Proporcionándome unos de los mejores recuerdos, unos preciosos luceros tan azules, tan frescos y cálidos como un día de verano.

Cuando la vi salir de mi habitación, creí que el corazón se me desprendería del pecho.

-Lo mismo digo de usted, señor Suarez.- Arrugo el papel del hot dog, lo tiro en un cesto de basura cercano y bebió el resto de la cerveza.

Recién comenzaba a caer la tarde y en el parque todavía había gente suficiente como para que el sitio resultara seguro. Estábamos descansando en un sitio con césped, cerca del puesto donde se vendían los hot-dogs. Con bastante frecuencia pasaba junto a nosotros algún chico en bicicleta o patineta. Allí tendido sobre el pasto, con mi saco como manta, experimente una profunda dicha al observar el cielo. Cerré los ojos y desee poder quedarme así con ella para siempre.

-Haber venido a este lugar ha producido efectos extraños en mi memoria- comento Samanta. Se tendió de costado, apoyada en un codo. Cuando abrí los ojos, me estaba mirando fijo.

Abruptamente, con crueldad, el momento termino.

-¿De verdad? ¿Que por ejemplo?

-Es difícil de explicar. Sé que es obvio que ya estuve en este lugar antes, pero tengo la sensación de que debería acompañarme otra persona…

Trague con dificultada, e inmediatamente un nudo se formo en mi estomago.

-¿Quién?- No quería presionarla, pero tenía que hacerlo.

-No lo sé…-

-Bueno, piensa.- Una vez más, no podía creer que fuera mi voz la que hacia todas esas preguntas.

Meneo la cabeza y frunció la frente.

-Olvidemos el tema, Arturo.-

Me senté. Supe que había estado muy cerca. El tiempo me presionaba, y tenía que actuar.

-¿Lista para el gran suceso?- pregunte, de pronto nervioso.

-Lo estaría si me hubieras dicho que planea esa maliciosa mente que tienes. –

Le besé suavemente la frente, agradecida de que hubiera terminado ese momento de tristeza.

-Ya vas a ver. Lo vas a saber muy pronto.- Me puse de pie y busque su mano.

Me permitió que la ayudara a incorporarse y luego la conduje por un sendero que llevaba hacia el extremo sur del parque. El color del cielo iba profundizándose hasta convertirse en índigo y el aroma del perfume de rosas de Samanta nos envolvía. La noche se había hecho para el Romance, con mayúscula, y yo planeaba aprovechar en pleno la ventaja de la magia que ofrecía la cuidad.

Antes de que nos marcháramos de mi departamento, había retirado cien dólares de mi cuenta del cajero bancario automático. El dinero que llevaba en el bolsillo representaba la mitad de mis ahorros para comprar mi anhelada cámara digital, pero por primera vez en la vida no me importaba el dinero. Necesitaba demostrarme  que podía brindarle todo lo que le daba Dante. Bueno… por lo menos, alguna que otra vez.

Cuando llegamos al final del parque, vi lo que buscaba: una hilera de caballos y carruajes, con sus cocheros vestidos con atuendos antiguos. Los paseos, según tengo entendido, además de ser extremadamente románticos; tienen la fama de ablandar los corazones de las jóvenes.

-¡Ta-tan!- exclame, señalando los carruajes con una sonrisa.

-¡Un paseo en carruaje!- exclamo fascinada, y con los ojos brillantes. – Oh, Arturo, eres…eres un romántico sin remedio.

-Shh, es un secretito. No se lo digas nadie.- bromee.- Nunca podría superar los chistes de Adrian, y mis amigos de la facultad.

Deslizo un brazo por mi cintura y me abrazo.

-Puedes confiar en mí.-

“¿Pero tú podrás confiar en mí?, pensé en silencio.

Abrazados, nos acercamos en silencio a los carruajes. Cada vez que avanzábamos un paso, nuestras caderas se rozaban; un cosquilleo recorría mi espalada.

Cuando casi llegamos a la hilera de caballos, me aparte de ella y me aproxime a uno de los cocheros. Era un hombre alto y rubio. Peinado con una cola de caballo que le llegaba la mitad de la espalda. Sus ojos azules brillaron al ver a Samanta y luego a mí.

-¿Quieres impresionar a la dama esta noche?- pregunto.

-Absolutamente- respondí. Me sentí reconfortado ante esa compresión inherente que existe entre los hombres cada vez que se trata de mujeres.

-Basta de palabras.- Subió al carruaje y tomo las riendas.

Ni siquiera pensé en preguntar cuánto me costaría el paseo. Hizo un gesto a Samanta y la ayude a subir. Se acomodo sobre el asiento tapizado en terciopelo rojo y rió por la formalidad del momento. También subí y me senté lo más cerca de ella posible.

El cochero se levanto a medias en su asiento y se volvió hacia Serena.

-Buenas noches, señorita.- dijo con una reverencia.

-Buenas noches.-Me guiño un ojo, ya que obviamente disfrutaba del espectáculo.

-Avíseme si el paseo se pone muy incomodo para usted.-. Le dijo el hombre con un rostro que era la imagen misma de la galantería.

-Ah, claro.-. Respondió Samanta. Me codeo y yo me reí.

-Entonces, partamos ya.- Los caballos echaron a andar y el cochero se concentro en el camino.

A medida que íbamos avanzando, la respiración se me dificultaba cada vez más. Había llegado el momento de la verdad y yo todavía no conseguía encontrar las palabras ideales. Mientras tanto, Samanta admiraba el paisaje, ignorando el debate destructor que se libraba en mi mente.

-Que noche tan tranquila.- murmuro.- Tengo la sensación de que en cualquier momento a los caballos le van a crecer alas e iremos volando hacia el crepúsculo.

Los únicos sonidos que rompían el silencio, era el golpeteo de las patas de los caballos contra el pavimento y el jovial silbido del alegre cochero. Estábamos rodeados de césped, árboles y flores. A la distancia los gigantes edificios de la ciudad, se elevaban en el cielo.

Abrace a Samanta con todas mis fuerzas. Ella me correspondió y hundió el rostro en la curvatura de mi hombro. Estaba seguro que podía sentir los maniacos latidos en mi cuello, aunque no pudiera oírlos. Al fin se aparto.

-Arturo, no puedo respirar.- Se rió y me acaricio la nuca con su mano tibia. Ese contacto casi imperceptible con su piel me recordó que se nos iba el tiempo.

El paseo en el carruaje no iba a ser eterno… desgraciadamente.

Me acomode en el asiento, para poder mirarla directo a los ojos. Le tome ambas manos me las coloque sobre las piernas.

-Samanta hay algo que te debo decir. Algo sumamente importante.-

-Yo también haya algo que tengo que decirte.- dijo mirándome con sus preciosos ojos, y entre sus tupidas pestañas.

-¿Puedo hablar primero?-

“¡Hazlo ya! Dile todo, pero ¡YA!” Ordeno mi mente, furiosa.

Ella negó con la cabeza.

-No creo que lo que tú tengas que decirme sea más importante, de lo que yo tengo que decirte… A menos que sea lo mismo.

Una luz de esperanza se encendió como una llama. ¿Habría recuperado la memoria? Tal vez mientras estábamos comiendo y decidió que de todas maneras me amaba… una dicha delirante hinchaba mi corazón. Estaríamos juntos para siempre.

-Te amo, Arturo. – la otra noche, cuando lo dijo, supuse que presa de la excitación del frenesí, lo dijo por decir. Pero ahora, podía ver la franqueza de sus palabras en sus ojos. Y dichas palabras, no son producto de mi imaginación. Son dichas por ella. Con total y absoluta sinceridad. No menciono nada de su pasado, ni a Dante, el baile, el engaño. Solo esas palabras: te amo…

Un huracán de emociones se desato en mi interior. Por un lado, la dicha de saber que ella en realidad me amaba, y por el otro lo cruel de mi traición. Me paralizaba el temor de una confesión completa.

-¿Arturo? ¿No ibas a decirme algo?- pregunto. Su tono de voz fue sereno, pero detecte alguna incertidumbre de su parte.

Luche. Sinceramente luche contra mí mismo para decirle la verdad, pero no pude.

-Yo también te amo, Sammy. Desde el primer momento que te vi. Desde que escuche por primera vez tu voz. Desde la primera vez que pude saborear cada rincón de tu piel. Desde de siempre. Desde que saboree tus dulces y embriagantes labios. Samanta te amo. Como jamás pensé que amaría a alguien. Sé que puede sonar un poco trillado, pero estas palabras son totalmente sinceras. Y vienen de lo más hondo de mi corazón. Porque a pesar de todo, nunca te voy a olvidar. Si te vas, una parte de mi se va contigo. – más que una declaración, era una súplica.

-Arturo…-

Apoye las manos sobre sus delicados hombros, inclinando la cabeza para apoyarla contra la suya. Nariz con nariz. Aliento con aliento. Compartimos un momento de total armonía, y luego nuestros labios se encontraron.

Cuando nos besamos, Samanta toco el áspero genero de mi camisa con las manos y luego se dirigió a la sensible piel de mi cuello. Con una pasión intensa y a la vez tranquila me beso los labios, los parpados y por último el lóbulo de la oreja. Creí que perdería el conocimiento. Tome su cara entre mis manos y atraje su boca hacia la mía, para volver a besarla una y otra vez. Seguí besándola y todo lo demás cayó en el olvido.

-Te amo, te amo.- Repetía incansablemente.

-Samanta.- su nombre era mi único pensamiento, y ella es todo para mí.

-Arturo  voy al baño, ¿me sirves algo para tomar?- dijo Samanta cuando entramos a mi departamento. Luego de haber pasado tan mágica e inolvidable noche. Pero todavía no terminaba…

Mientras Samanta se fue al baño, me dirigí a mi habitación. Desparrame pétalos de rosas por todos lados. En la cama, en el piso. Prendí algunas velas. Luego me dirigí al baño. Y desparrame pétalos desde ahí hasta la cama. Indicándole el camino a mi princesa. El solo hecho de pensar en lo que pasaría en minutos, aumento considerablemente mi temperatura.

-Ar… ¿Que es…?-

Me acerque a ella, y con la rosa roja que se encontraba en mis manos, recorrí desde su sien hasta sus pómulos, su nariz, su cuello, su escote. Cerró sus ojos. Me acerque a ella, la alce y la conduje hacia nuestro lecho.

Su pelo recogido, ahora se encontraba con varios mechones rebeldes alrededor de su rostro. Su vestido blanco, que antes estaba perfectamente planchado, ahora tenía una que otra arruga. Su boca, que estaba ligeramente entreabierta, evidenciaba una clara invitación a mi persona. ¿Y para qué hacerla esperar? Me abalance sobre ella. Experimentando una vez más su dulce sabor. Jugando con la calidez de su lengua, saboreando la humedad de su boca. Tomándome el tiempo necesario para inmortalizar este exquisito beso. Mientras recorremos el interior de nuestras bocas, ella recorrió con sus finas manos mi espalda, yo por mi parte me deleite con  la suavidad de sus piernas. Desde sus rodillas hasta sus glúteos. Abandone sus labios, y descendiendo. Pase por su cuello, dejando una serie de húmedos besos. Su escote, degusto su lujuriosa y tersa piel. Con mi lengua, subo y bajo por su escote y cuello. Sintiendo como su pulso se acelera estrepitosamente. En ningún momento mis manos dejaron de tocarla. Baje aun mas, levante el vestido. Y vi su diminuta ropa interior blanca. Con mis manos, recorrí la cara interna de sus piernas. Rozando su intimidad. La cual ya estaba considerablemente húmeda. Quite aquella prenda con mis manos, de forma lenta, pausada, despacio.

Como recompensa, me gane unos cuantos gemidos de mi princesa. Que se relamía los labios. Y apretaba más y más sus ojos, los cuales estaban cerrados. Mi erección se estaba haciendo insoportable, mi cuerpo ya quería formar uno con ella. Pero me tenía que controlar. Le haría el amor, de la forma más dulce, más mágica, e inmemorablemente posible. Que pase lo que tenga que pasar, pero que me recuerde por que en cada caricia que le propicio, le profeso mi amor. Cuando al fin, me deshice de aquella prenda, pude contemplar mi tesoro. E inmediatamente me sumergí en él, y deleite la exquisitez de su interior. Saboree cada rincón de ella. Catando su único sabor, el cual se entremezclaba con lo salado de su organismo y el olor a perfume de rosas que es típico en ella. Su cálido y húmedo interior, penetraban en mi interior mareándome de placer. Samanta pronunciaba mi nombre, gimiendo de placer. Cuando llego al clímax, levante para mirar su rostro. Su pelo alborotado, su pequeño y delicado rostro con pequeñas y adorables gotas de sudor. Su pecho subía y bajaba, su respiración estaba entrecortada. Esboce una sonrisa de orgullo al contemplar su sonrisa en señal de agradecimiento. Pero esto no se quedaba acá… Otra vez la torture con mi lengua, la cual danzaba en la calidez de su interior. Y cuando llego al orgasmo, fue mucho más fuerte. Lo supe por el alarido que emitió, y por como sus piernas se retorcían del placer.

-Ar…turo…- volví a sus labios. Reclamándolos con la lujuria y pasión que recorrían mi interior. Mis sentidos explotaban con un simple toque de ella. Y al fundir los distintos sabores, creí que iba a morir. El sabor del interior de ella, fundido en nuestras bocas. Embriagante y único. Inexplicable.

La senté y saque su vestido. A pesar que tenia puesto el sostén, podía ver claramente que sus pezones estaban duros, y sus pechos también. Demasiada tentación. Dirigiendo mis manos hacia su espalda, desabroche dicho estorbo. Y concentre toda mi atención a sus senos. Saboreando la suave y deliciosa piel de sus senos. Recorriéndolos en toda su extensión, desde la base, hasta la arrugada piel de sus pezones. Jugando con mi lengua, y con mi autocontrol. Mi cuerpo necesitaba despojarse ya de mis ropas, y fundirse con ella. Pero esta noche de era de ella. Era gratificante ver la expresión de placer en su rostro. Sentir sus manos deslizarse en mi espalda, y como luego las enterraba en mi pelo. Sentir sus piernas subir y bajar sobre las mías. Apoyo sus manos en mis hombros y me obligo a incorporarme.

-¿Me parece que es injusto que yo solamente este desvestida, no?-

Y en cuestiones de segundos me despojo de mi camisa. Se sentó a horcajadas. Mi erección estaba justa en su intimidad, pero una barrera impedía que nos uniéramos. Mi ropa. Con su húmeda lengua recorrió el pabellón de mi oreja, mi cuello. Lamió mi quijada, la nuez de mi garganta. Bajo a mi pecho. Mordisqueo y relamió cada rincón de este. Con su aliento, que se encontraba ahora en mis abdominales inferiores, lograba que no solo toda mi piel se encrespase. Sino que provoco que el dolor de no enterrarme en su interior aumentara drásticamente.

Desabrocho el cinturón, y me despojo de toda ropa. Ni bien bajo dichos estorbos, mi miembro salió disparado. Samanta alzo una ceja y me dedico una sonrisa de lo mas picara y sensual. Acto seguido, envolvió con su boca a mi miembro. E hizo magia. Recorrió toda la longitud de mi miembro con su lengua. Dedico especial atención a las partes más sensibles. Mis gemidos cada vez se hacían más sonoros, la voz se hacía cada vez mas ronca. Sentía que flotaba, jamás ninguna mujer me hizo sentir de esta manera. Y sinceramente supe, que jamás podría sacarla de mi mente, de mi piel, de mi corazón.

Enterré mis manos en su sedoso pelo. Mis ojos se clavaron en los suyos. Mientras jugaba conmigo, pude ver la lujuria y sus ojos oscuros del deseo.

Aunque me encantaba lo que estaba haciendo, no soportaba mas el no tener su cálido y húmedo interior envolviendo a mi miembro.

Hice que se incorporara. Una vez que me puse la respectiva protección, la penetre. Con fuerza, con desesperación. Con su espalda apoyada en mi pecho. Con mis manos rodeando su cintura. Con mis piernas de soporte. Respirando sobre su nuca. Saboreando y deleitándome con la mezcla de gustos sobre su piel. Con la mezcla de olores. Lo salado de su piel, fundido con su perfume de rosas. El aroma de las velas, y el de nuestra transpiración le daban un toque fantástico a nuestro entorno. No solo besaba su nuca, sino también sus omoplatos, su barbilla. Recorrí con mi lengua su oreja, mientras la seguía envistiendo. Y con mis manos apretaba fuertemente sus pechos.

Nuestros gemidos reinan en la morada, combinándose con los sonidos del tráfico. Nuestros movimientos ahora estaban sincronizados. A medida que me acercaba al orgasmo, aumente mis movimientos. Samanta llego primero. Gritando con todas sus fuerzas mí nombre. Aumente más mis movimientos y la acompañe a la dicha que se siente dicho momento. Busque sus labios y los bese.

Samanta salió de nuestra unión, y se dio vuelta.

-Eso fue…- dijo con la voz entrecortada.

-Fantástico.- complete yo.

-Si.- tomo con sus manos mi cara y me miro a los ojos. Luego a los labios. – Arturo, te amo.-

-Y yo a ti princesa.-

Nos besamos. Condecorando aquel fascinador momento.

-¿Por qué tengo la impresión que esto todavía no termino?- dijo Samanta al ver que mi miembro ya empezaba a responder a no solamente su beso, sino al mero hecho de tenerla enfrente mío, desnuda. En todo su esplendor. Con el pelo alborotado, con los labios hinchados, con una delgada capa de transpiración bañándola. Y con algunas marcas de mis pasionales besos, distribuidos a lo largo de su cuerpo.

-Por que así es…-

Me lance sobre ella. Y me dispuse a amarla, como nadie en la vida lo hará jamás.

Samanta:

-Ar… Arturo mas, mas fuerte…- después de… ¿Cuánto? Tres horas, quizás más. Cada terminación nerviosa de mi piel, esta dolorosamente y a la vez dulcemente sensible. Con el mínimo roce, toque, por pequeño que sea el estimulo, la sensibilidad de mis nervios lo duplicaban. Mareándome en un océano de dolor, de placer. Una sensación única, inexplicable.

Con el fuerte, imponente cuerpo de Arturo, sobre mí. Con mis codos apoyados en las arrugadas y sedosas sabanas. Evidenciando, las horas de pasión. Sus manos me sujetan fuertemente las caderas, mientras me penetra con tanta fuerza…

Creo que no hay posición que no hayamos probado, no hay ningún lugar en nuestros cuerpos, que nuestras bocas no hayan examinado. Nuestros cuerpos sudorosos, se pegaban como imanes. Se inclino, y con su boca y lengua, atormento mi cuello y omoplatos. Qué bien se siente… Creo que en cualquier momento voy a morir del placer. Un cúmulo de sensaciones, que me llevaron a un terreno celestial. Los oídos me zumbaban, mi vista estaba nublada. Solo sentía. Y cada sensación estaba tan intensificada. Los toques eléctricos, recorrían mi cuerpo. Las palabras que me susurraba al oído, sus fuertes y poderosas embestidas. Su pene, entrando y saliendo. Sus manos… como olvidarme de ellas. Las cuales en estaban en este momento, atormentando mi clítoris y pechos. Mi cara estaba enterrada en un montículo de sabanas, el hecho de tener los ojos cerrados, aumentaba aun más, si es que cabe; mi excitación. Después de tantos orgasmos, de actividad física, creo que mañana no voy a despertar.

-Arturo…- exhalé con un hilo de voz, la cual se encontraba irreconocible. Ronca y grave. Mis huesos no aguantan mi peso, puede ver y sentir como todo da vueltas. Si no fuera por los brazos de Arturo, caería rendida y lánguida en la cama en estos momentos. Casi… el orgasmo es cada vez más venidero. Puede sentir, como se acercaba, como la sensibilidad de mi piel aumentaba a pasos agigantados. Su piel en mi espalda, su fuerte agarre, sus dedos atormentando mí hinchado clítoris, sus penetraciones cada vez mas aceleradas. Una combinación mortal, excitante, dulce.

-Mmm…- balbuceo. Se agacho más. Me encontraba indefensa, con su poderoso y fibroso cuerpo cubriendo el mío. Con la voz ronca y ensombrecida por la lujuria en la que se encentraba me susurro con su embriagante voz…-

-Te amo.- dijo con un fuerte rugido, pero a la vez dulce.

Su intoxicante voz, fue la gota que derramo  el vaso. Fue mi límite. Y grite, al mismo tiempo que él. Grite la dicha de alcanzar el máximo de placer. Pero también grite, por que dicho placer lo compartimos. Lo alcanzamos al mismo tiempo. No solamente nuestros cuerpos estaban conectados, fusionados. Nuestras almas también. Y el orgasmo inundo mi ser, como una tormenta arrolladora, que se lleva todo a su paso. Con los susurros de mi amado, con su aliento acariciando mi sudorosa y sensible piel. Con sus palabras de amor. Que las escuchaba a lo lejos, el orgasmo fue tan furioso, tan fuerte, que me encontré en una especie de transe, de tercera dimensión. Sacudió todo mi cuerpo, dejándome sin fuerzas.

Él estaba inmóvil, encima de mí. Con su miembro en mi interior. Relajado, después del orgasmo.

No sé de donde saco las fuerzas para moverse, salió de mi interior. Aunque me encantaba sentir toda la longitud de su cuerpo en mi piel, debo admitir, que me estaba aplastando. Se derrumbo al lado mío, yo estaba inerte. Sin fuerzas, relajada, pero a la vez absoluta y completamente feliz. Dichosa, llena, satisfecha. A pesar de tener los ojos cerrados, mi sonrisa, de par en par, delataba mi dicha. Me acerque a él, y me abrazo. Nos quedamos acurrucados, acoplados a la perfección, por 5 o 6 minutos. No hacía falta palabras. Hay veces que sobran. Cuando recupere un poco las fuerzas, me di vuelta. Su respiración se estaba normalizando. Sus ojos cerrados, una sonrisa, irradiaban su precioso y anguloso rostro. Su oscuro pelo, despeinado y mojado, producto de la transpiración. Había caprichosas gotitas en su hermosa cara. Cada facción, ángulo, era perfecta. Una obra de los mismos Dioses.

Sus finos, pero deliciosos labios. Curvados en una leve sonrisa. Suaves. Apetecibles. Deliciosos. Con mi pulgar los acaricie y pruebe con mi tacto aquella suavidad, aquellos labios que quedaron grabados en cada rincón de mi piel. Su sonrisa se intensifico, y con su boca, se apodera de mi pulgar. Lo saborea con su lengua. Y con su musculoso brazo me acerca más a él. Nuestras piernas entrelazadas, mis pezones rozando su atlético y fuerte pecho. Su mano recorriendo mi espalda.

Por fin abrió sus impactantes y fascinantes luceros. En los cuales, por más que no quisiera, siempre me perdía. Me quede entumecida. Perdida, por los exóticos e hipnotizaste de estos. Un azul tan profundo, oscuros y poderosos, misteriosos como la noche. Que resaltaban de su rostro. Su piel con un ligero tono dorado, su sedoso pelo negro. Sus ojos eran únicos. Al igual que él.

-No nos olvidemos nunca esta noche…- susurro, saboreando todavía mis dedos. Su saliva, su aliento, en mi pulgar, provoco que una onda eléctrica recorriera mi ser.

-Jamás…- a pesar de que transcurrieron algunos minutos, de que nuestro acto de amor finalizo; mi voz seguía un poco ronca.

-Hay… algunas cosas que necesito contarte…sobre mí, Samanta. Cosas que no te van a gustar. -

No podía imaginarme que hubiera algún aspecto de él que no me gustase. Y no quería que nada echara a perder la belleza de todo lo acontecido.

-Ahora no…- dije con la voz apagada por el cansancio.- mañana… no quiero hablar más.-

Me beso la frente, cerré mis ojos. Y en cuestión de segundos me quede dormida. En los brazos de mi amado, sintiendo su perfume, su calidez, su suavidad. Sencillamente, sintiéndolo.

-Anda a tu cuarto, Samanta- la voz de mi papa era suave, pero firme. Me llevaba por el pasillo de nuestro pent-house.

-¡NO!- grite- Quiero ver a mama.

-ella está muy enferma, querida. La vas a poder ver cuando este descansando en el hospital

-¡Quiero verla ahora!- mi propia voz retumbaba en mi mente. Corrí a mi papa a un lado para abrirme paso.

Cuando llegue a la mitad del pasillo me volví para mirarlo. Las lágrimas rodaban por su rostro y tenia los hombros caídos. El miedo se apodero de mí. Durante todos los meses que había durado la enfermedad de mi mama, él jamás me había exteriorizado su terror y desesperación. En ese momento me pareció vencido.

Mi mama estaba tendido en el sillón, consciente a medias. Me arrodille a su lado, sollozando después de unos minutos, sentí su mano sobre mi cabello y comenzó a acariciarme suavemente la cabeza.

-¿Te acuerdas de aquel día, en que jugamos a la peluquería y pintamos a tu papa, y lo dejamos como un payaso? – pregunto. Yo asentí con la cabeza. Sollozando todavía.

- ¿Y aquel día en el que jugamos en las playa? – volví a asentir. No podía hablar.

-Nunca olvides esos días, Samanta. Nunca olvides lo mucho que te quiero.- Su voz fue apenas un murmullo cuando volvió a hablar.- Quédate siempre con papa. Van a necesitarse mutuamente después de que…

-¡NO! – grite cuando por fin pude encontrar un hilo de voz.

A la distancia, alcance a oír el ominoso lamento de las sirenas y los pasos de mi papa que resonaban en el piso del pasillo.

-Ahora anda a tu cuarto, Samanta.-

Deje que me llevara, pero las sirenas cada vez ganaban más potencia…

Me senté en la cama, con el corazón galopante y el rostro húmedo por las lágrimas. Arturo no estaba, pero la puerta del baño se encontraba abierta; y podía ver como una delgada capa de vapor salía de dicho lugar. Poco a poco, los latidos de mi corazón comenzaron a normalizarse. Note que estaba bañada en sudor.

“Mama”

Ahora la recordaba; partes de ella. El sueño había sido real, estaba convencida. Mi mama había muerto al día siguiente, con papa y yo a su lado. No podía recordar el funeral, ni los horribles días que debieron de haber seguido. Pero percibí la soledad de los últimos cinco años y el abismo que se formo entre mi padre y yo. Y esa distancia explicaba como podía ser que él se ausentara de la cuidad por tres días sin saber donde se encontraba su hija… algo que había estado martirizándome en secreto desde el sábado.

Pero ya no recordé más fragmentos nítidos. Ni a Arturo, o la escuela, o el tiempo que pasaba con Monica. Lo único que podía ver era la fría alfombra azul celeste de nuestro pent-house y el corredor de cerámicos blancos del hospital. Estaba segura de que desde ese día, nunca más había pisado un hospital.

Me levante con una asombrosa sensación de paz. El recuerdo de mi mama había sido doloroso, pero poder volver a ver su rostro había servido para conectarme con mi pasado. Salvo por la historia que el señor Azuza me había contado sobre la vida de mi padre, era la primera vez, desde que me golpee la cabeza, que tenía la convicción de que sabía algo sobre mis padres. A su modo, mi mama había vuelto para ayudarme.

Con las sabanas deslizándose por mi cuerpo, me levante y me dirigí hacia el baño. Había que darle los buenos días a mi novio…

-¿Estás segura de que sabes cómo llegar?- pregunto Arturo.

-Por décima vez, si. No te preocupes mama pato, tu patito no se va a perder en la gran ciudad. – respondí sonriendo por su preocupación.

Monica y yo habíamos  quedado en vernos, y pasar el día… La idea de trabajar otro día en el negocio del Sr. Azuza sacudiendo polvo y lustrando muebles no me resultaba para nada atractiva. Arturo me había dado instrucciones específicas de cómo usar el subte.

-No va a ser lo mismo ir a trabajar sin ti. Me había acostumbrado a tenerte cerca.- Estábamos en la estación de subte, prologando nuestra despedida.

Me reí.

-Te la vas a arreglar. Además, el Sr. Azuza va a estar feliz de tenerte solo para él.

-Mmm, tal vez no deberías ir allá. O quizás yo tendría que llamar al Sr. Azuza para decirle que estoy enfermo y acompañarte… – Tenia la vista fija en el piso y me apretaba la mano con fuerza.

Aunque me emocionaba la intención de Arturo de querer estar conmigo, me llamo la atención la reticencia a perderme de vista aunque tan solo fuera por un minuto. Después de todo, él tenía una vida propia, ¿no?

-Arturo, debo aprender a ser independiente otra vez. Algún día voy a tener que volver a mi casa, y ambos nos vamos a tener que acostumbrar a vernos como antes. Esa es la realidad. -

Frunció el entrecejo.

-Se que tienes razón… pero me cuesta aceptarlo. –

Lo abrace.

-Esta tarde vuelvo, tonto. A la noche te recompenso. Aunque si seguimos así… no vamos a poder caminar mas, jajá.-

-Mmm, creo que merece la pena correr el riesgo.- dijo apretándome más contra él. Dio un pequeño beso, y acaricio con su lengua, el lóbulo de mi oreja. Nos separamos unos pocos centímetros.

-Dile  a Monica…-

-¿Qué?- pregunte. Pensé que tal vez, quería pedirle a mi amiga que me cuidara bien, o de lo contrario…

-Nada. No importa. Diviértete.- No parecía muy entusiasmado, pero al menos lo intentaba.

Me volví para bajar las escaleras rumbo a la estación, pero de pronto Arturo me abrazo. Me beso en la boca con tanto ardor, que sentí que cada vello, por diminuto que sea, se encrespó. Una carga eléctrica recorrió todo mi ser.

-Acuérdate de  que te amo.-

-Claro que si.-

Por fin nos separamos y yo baje las escaleras con una sonrisa a flor de labios.

“Me gusta que me besen a las nueve de la mañana” descubrí.

Si, decididamente era un ritual al cual me podría habituar con facilidad… siempre y cuando fuera Arturo el que me besara.

-No estaba segura de que vinieras.- dijo Monica cuando abrió la puerta del departamento de su familia…

-¿Qué? ¿Creíste que me iba a perder en las entrañas de la gran ciudad?- pregunte.

Pareció confundida un instante.

-No, pero Arturo…-

-Arturo se preocupa demasiado. Estoy bien…-

Monica estaba radiante.

-¿De verdad Samanta? Oh, estoy tan feliz de oírte hablar así. Anoche me quede levantada hasta tan tarde…- me abrazo y note lagrimas en sus ojos.

La seguí al interior del lujoso departamento y me senté en el suave sillón de cuero negro. Nada. Absolutamente ningún detalle me resultaba familiar.

-Por dios y la virgen santísima y todos los santos que quieras agregar. No fue más que un viaje en subte. Ustedes dos son más pesados que collar de sandias. Me refiero a que esta mañana Arturo estuvo a punto de esposarme a su muñeca.-

Monica arrugo su frente.

-Wat! ¿De qué estás hablando Wallis?-

-De perderme. Estaba seguro de que la ciudad me comería viva si él no estaba allí para protegerme, cual noble caballero. –

-Ah, sí- comento mientras se sentaba frente a mi.- Estaba… muy preocupado por ti. –

-Juro que hasta una foca bien entrenada podría viajar en subte. Solo tienes que mirar el mapa, subir al tren y ¡voila! Acá estoy. Toda enterita, frente a tus ojos. No vengo del más allá, –

Monica arqueo las cejas.

-Bueno, bueno. Jamás tomabas taxi, subtes, o nada. –

No podía imaginar que un chofer estuviera constantemente llevándome de un lado a otro de la cuidad o dependiendo de un taxista para que me trasladara al sitio que quería ir. Pero si Monica decía que era así, debía creerle.

-La gente cambia.-

Asintió.

-Ni lo dudes.-

-Tal vez te enseñe a viajar en subte.- le dije sonriente.-

- Puede ser, pero no esta mañana. Hoy nos pondremos al día. Y podemos ir caminando a todos lados.-

-¿De verdad? ¿A dónde vamos?

-¡De shopping!- Parecía tan entusiasmada que yo trate de mostrarme optimista. Pero con un capital de solo 40 dolores. No iba a poder comprar muchas cosas.

-Te voy a acompañar, pero en realidad el efectivo no me sobra.-

Monica revoleo los ojos.

-Vamos a comprar con la tarjeta de crédito, lo que se te antoje. Tu padre podrá devolverles el dinero a mis padres, cuando aparezca.-

La idea me incomodaba.

-No se… Tal vez no le guste que haga esto.-

-Samanta, eres rica. Y tu padre te deja comprar lo que quieras. Confía en mí. Puedes gastar todo lo que quieras.

Pensé en Arturo, que trabajaba en el negocio del Sr. Azuza para comprar una cámara digital. Recordé a Irma que escribía docenas de cartas solicitando dinero para el hospital. Y después imagine el absorto rostro de Arturo cuando me viera, hermosa, con un nuevo conjunto. Su cara gano la batalla. Saldría de compras con mi amiga.

-Te digo que te lo compres- Monica estaba sentada en una silla del probador, con una montaña de bolsas a su alrededor. Habíamos pasado las últimas horas desbastando los percheros de Bloomingdales´s una de las tiendas más famosas de Manhattan. Ni bien entramos, las imágenes y los olores me parecieron conocidas. Atravesamos una barricada de mujeres rubias que parecían de plástico y que nos rociaron con varios perfumes mientras nos prometían increíbles maravillas cosméticas con los productos que ofrecían.

-Me gusta mucho este lugar, ¿verdad?- le pregunte a Monica cuando nos aproximamos a la multitud que trataba de llegar a la escalera mecánica.

- Blomie es tu favorita.- me aseguro.

Hasta el momento Monica se había comprado toda clase de ropa. Botas, jeans, playeras. Todas con la misma excentricidad que la identifica. Yo no me había comprado absolutamente nada.

Iba de un lado a otro, examinando mi imagen en los espejos triples del vestidor.

-¡Pero cuesta 400 dólares!- exclame.

-Sí, pero te queda tan bien que parece que valiera un millón.

Cierto. El vestido de seda roja me llegaba arriba de las rodillas; el corte era sencillo, pero me ceñía la cintura, destacando las curvas de mi cuerpo. Tenía un escote pronunciado que revelaba la pálida piel de mis pechos, creando un claro contraste. El género era tan suave que me daba la impresión de estar desnuda. Una vez más, volví a imaginar el rostro de Arturo cuando me viera vestida así

-Lo compro- dije, sintiéndome repentinamente poderosa. Gastar grandes sumas de dinero resultaba embriagador… y tal vez, supuse, peligroso.

-¡Por fin! Ahora si reconozco a la Samanta Torreblanca de antes- exclamo Monica, aplaudiendo.

En ese momento la vendedora golpeo la puerta del cambiador.

-¿Cómo va todo, señoritas?- pregunto.

Abrí la puerta; la adrenalina recorría mis venas.

-Me llevo este vestido- declare, y percibí un cierto tono altanero en mi voz. –Necesitare unos zapatos que combinen. -

Una hora después con un vestido y dos pares de zapatos a mi haber, me desplome sobre una silla del pequeño café de Bloomingdales´s. Monica insistió que almorzáramos ahí, y yo me sentí más que cosmopolita al observar la sala abarrotada de gente.

-Adrian me gusta de verdad.- confeso mi amiga de repente.

-ah. Cuéntame  mas.- mordí mi medialuna rellena de jamón y queso. Podría parecer de lo más normal, pero con lo que respecta a la comida. A veces soy un poco… asquerosa. Es maravilloso tener una amiga intima.

-Me llamo anoche. ¡Y hablamos durante tres horas!

-¡Genial! Un verdadero record- espere a que masticara un bocado de su ensalada de camarones.

-Si hablamos de todo… En realidad, hablamos mucho de Arturo.-

Como Arturo era mi tema favorito de conversación, Monica se gano toda mi atención.

-¿Y?-

-Es un chico estupendo, Samanta. ¿Sabes? Ha tenido una vida muy dura: perdió a sus padres, tiene que trabajar no solamente en el negocio de fotografías también en el hospital. Su tía al ser doctora, no estuvo todo el tiempo con él, además se hizo cargo de Adrian quien era más pequeño que él cuando murieron sus padres

-Lo sé- no pude evitar la interrupción.- Anoche le dije que lo amaba. Seguramente se lo había dicho antes, pero… Monica…- no pude evitar esbozar una sonrisa de par en par, de felicidad.- no sabes, fue todo tan romántico, paseamos en un carruaje. Ah…- emití un suspiro soñador. Omitiendo también lo más importante. El hecho de que una vez que llegamos al departamento, nuestras bocas no se separaron, ni por un minuto. –

Monica pareció sorprendida.

-¿De verdad? ¿Y él que te dijo? –

Deje mi medialuna.

-Lo mismo… Varias veces…-

Monica tomo otro bocado de su ensalada de camarones y mastico con lentitud.

-Mira… este, ¿Cómo decirlo? Hay cosas del pasado que TENES que saber… sobre ti y Arturo.-

La frustración se apodero de mí.

-¿Por qué todo el mundo habla de lo mismo?- pregunte. De pronto, perdí el apetito.

-Por que es cierto. Bueno, Samanta. Mejor cierro la boca.-

-Gracias.-

-Y tal vez tengas razón. Quizás, esto… digo… no es tan importante.-

-¡Por fin! La señorita empieza a ver las cosas bajo mi misma óptica.- sonreí- ¿Cuándo vamos a volver a salir los cuatro juntos?-

Continué comiendo, ansiosa por hacer planes para Monica, Adrian, Arturo y yo. Estaba segura de que los cuatro pasaríamos un verano increíble.

Arturo:

Estaba buscando a tientas la cerradura de la puerta de mi departamento cuando el teléfono empezó a sonar. Una vez, dos veces, tres veces. Abrí la puerta de par en par y fui corriendo a la cocina.

-¿Hola?- deje caer mi mochila sobre la mesa, jadeante.

-¿Arturo Suarez?- una voz grave y autoritaria.

-Si- supe quien era quien llamaba desde que oí el primer timbrazo del teléfono.

-Habla Lisandro Torreblanca, el padre de Samanta-

-Hola Señor Torreblanca- respondí, esforzándome al máximo por hablar con amabilidad y seriedad.

-¿Qué es exactamente lo que está sucediendo ahí? Recibí un extraño mensaje que decía que mi hija se golpeo la cabeza y que nunca llego al campamento. ¿Es cierto? -

Bien. Analicemos la situación. ¿No se suponía que tenía que llamar a mi tía? Ahorrándome así el sufrimiento de este momento. ¿Acaso soy asmático y no me entere? No puedo respirar. Inhalo, exhalo. Vamos Arturo, vamos… momento, ni que estuviera pariendo.

Recapitulemos. Si él llamo acá, es porque mi tía no estaba en casa y… por lo tanto seguramente ella le brindo mi número. Gracias tía, gracias por hacerme vivir el mejor momento de mi vida. Bueno señor lo que pasa EXACTAMENTE es que su hija se golpeo la cabeza, yo cuan valiente caballero la recogí del duro y frió pavimento, y la resguarde de todo mal. Si, en mis sueños. Acá el único malo soy yo. Primero, me aproveche de su estado. Mentí, mentí, hasta el infinito y más allá. El humor no te va a sacar de esta situación. Concéntrate. Bien en que estábamos, así… en la paliza que me van a dar por lo que hice. Ya lo imagino… ¡¿Qué mi hija de tan solo 18 años, viviendo con un pobre infeliz de Queens?! Degenerado, pervertido, violador de menores, etcétera… La escena concluye con mi persona encerrada en una celda.

-Joven…- me interrumpe la autoritaria voz de mi “suegro”

-Sí, señor- inspire profundamente. –Pero se encuentra en óptimas condiciones de salud- ¿Por qué me tuvo que salir, como si fuera un soldadito por que el diminutivo porque me pregunto tantas estupideces? Ha si… para evadir la voz en el teléfono… bien, haciendo acopio de mi valentía. La escasa agregaría. Hola, volví. Mira pepe grillo, demasiado tengo con la culpa, como para que tu vuelvas. Está bien pinocho, pero si mientes no te va a crecer cierta parte de tu anatomía que desearías. Mira, mira eh, estoy más que satisfecho con lo que naturaleza me dio. See… ¿seguro?

-¿Estás seguro?- la voz del señor Torreblanca ya había perdido su tono sereno. Cada vez se parecía a un padre preocupado.

-Sí, salvo que…- Ignaguramos hasta  la sección de los ¿Cómo? explicarle que su hija no recordaba quien era su padre ¿Que no solo convivió, sino que durmió con un perfecto extraño?

Ah, y la frutilla del postre… ¡¡ese extraño se acostó con ella!! El veredicto del jurado CULPABLE. Arturo Suarez se lo condena por ser el idiota más grande del mundo.

-¿Salvo que?

-Bueno, padece de amnesia temporal. Pero el médico nos aseguro que recuperara la memoria por completo… cuando esté preparada.-

-Quiero hablar con mi hija inmediatamente- esta vez no formulo ninguna pregunta; me dio una orden, clara y concisa. Ese hombre tenía todo lo que quería, cada orden era acatada. Y un pobre infeliz como yo, no significaba nada. Con ese tono, me di cuenta de donde había sacado Samanta lo testaruda.

Haber pepe grillo, ayúdame. Cri, cri, cri. Brillas por tu ausencia. A ver si entiendes mi propósito. ¿Arruinarme la vida? Además… momento, mi tarea como conciencia es guiarte por el buen camino. El de la verdad, la sinceridad… Se, gracias por tu ayuda. Prefiero leer un libro de autoayuda, gracias por intentarlo. Ahora para el bien de mi salud mental, cállate. Bueno, pero cobro. Así que poniendo se ha dicho. ¡¡Eres mi conciencia!! ¿Y? De alguna manera tengo que sobrevivir, Walt Disney me exploto. ¿No viste The E true Holly Woods tory de mi vida? Soy un pobre grillito, pequeñito… desterrado de mi hogar. Disfrazado con esa galera fea, con F de foca. Recompensado con migajas. Dj, ponga el Cd de violines por favor. BASTA Arturo Suarez, el miedo, los nervios nos hacen desvariar pero de ahí, a esto. ¡Eh, no soy ninguna cosa! BASTA, bloqueo mental, quieres demandarme? sino. No te preocupes lo voy a hacer, por daños y perjuicios. ¡Te mando a los medios eh!!

-No está en casa en estos momentos- me sudaban las palmas de las manos y me sentí un tanto mareado. ¿Tía Irma, porque no le atendiste tu? Así le hacías ojitos, y se compadecía de mí. Claro genio ¿ojitos en el teléfono? Quiero verla intentarlo. Hash, paciencia… ¿por qué no viniste tú¡¡¡En vez de este actor frustrado!!! ¡¡Con mi carrera no eh!! BASTA conciencia, nos vemos en tribunales. Esto no se va a quedar así, me escuchaste Arturo Suarez. Sí, claro.

-¿Dónde diablos esta?-

-Esta con Monica Torreslanda. Fueron a pasar el día.-

El señor Torreblanca suspiro, en apariencia aliviado.

-¿Cuántos años tienes?-

-Veintiuno señor.-

-Bien ¿y tus padres?

Oh sí señor, ahora sí que tengo asegurado un pie en la comisaría. Lo que pasa señor que su hija está viviendo en mi casa. Como una pareja, común y corriente. Exceptuando el hecho de que ella no es mi novia… Jodido es poco, estoy con la soga en el cuello, haciendo malabares para no caerme del banco.

-Yo vivo con mi tía- mentí, si le decía que Samanta vivía conmigo. Estaba seguro que el Señor Torreblanca antes de reencontrarse con su hija se aseguraría de castrarme personalmente. Y si algo era seguro, lo haría de la forma más dolorosa posible. – Ella está trabajando, es Medico.- Recordé que por lo general los Médicos inspiran confianza a la gente. El señor Torreblanca se quedaría tranquilo si sabía que su hija estaba bien cuidada. Muy bien cuidada… agregue con una picara sonrisa en mi rostro.

Se oyó un suspiro del Señor Torreblanca.

-No quiero ser descortés contigo, Arturo. Lo que pasa es que estoy muy preocupado por mi hija. Creo que lo entiendes… -

-Por supuesto, pero le aseguro que se encuentra muy bien-

-Está bien. Voy a cancelar el resto de mis conferencias y tratare de volver lo más pronto posible.-

Trague saliva. Samanta se iba, mañana. Un día. Menos de 24 hs. Nada.

-Si Señor- respondí, con una voz muy fina. El rítmico compás del reloj de la cocina hacía eco en mis oídos. El tiempo se me estaba acabando.

Le di al Señor Torreblanca la dirección de la casa de mi tía, y volví a asegurarle que Samanta no padecía de ningún daño cerebral permanente. Era evidente que el hombre estaba muy avergonzado por su prolongada ausencia, que le había impedido enterarse antes de lo ocurrido a su hija.

-¿Arturo?- me hallaba a punto de cortar la comunicación, cuando lo oí nombrarme otra vez.

-¿Si? – Mis latidos se aceleraron. Estaba seguro que me acusaría de ser un farsante, un secuestrador y una persona del peor estrato social.

-¿Samanta… sabe lo de su madre?

-Si… se lo dije yo-

-Gracias. No creo que yo hubiera sido capaz de hacerlo.- de pronto me pareció cansado, como si esa conversación lo hubiera envejecido de golpe.

-No tiene por qué, Señor Torreblanca- hice una pausa y luego agregue- Haría cualquier cosa por ella.-

-Sí. Si. Por tu voz, ya me había dado cuenta. Adiós Arturo. –

Suspire, sintiendo como toda la tensión se fue con mi suspiro. Bien Arturo, plan de Acción. Como primera medida, pedir refuerzos. Tía Irma. Segunda medida, pedir un turno con el cardiólogo. Si, si no sufrí un ataque cardiaco, era porque Dios es grande.

-¿Bien?- pregunto Samanta ni bien abrí la puerta del departamento.

-Te llamo- respondí. Me permitió que tomara la bolsa de Bloomingdales’s que llevaba y que la acompañara hasta el sofá.

Deje la bolsa junto a la chimenea y me senté a su lado.

-Parecía muy preocupado por ti. Me hizo un millón de preguntas sobre tu salud. -

Ella asintió con un gesto.

-Supongo que regresare a casa. De vuelta a ese importante sitio en la bahía de Manhattan.-

La rodee con el brazo y ella se recostó contra mi cuerpo.

-Sí, pero será mañana. Todavía tenemos una noche más juntos…-

Samanta cerró los ojos, apretando el rostro contra mi pecho.

-Tengo miedo, Arturo.- Sus palabras casi no se oyeron pero me di cuenta que estaba al borde del llanto.

-Es tu padre, Sammy. Y creo que es un hombre maravilloso. Te sentirás en tu ambiente cuando estés en tu propia casa, en tu propio dormitorio… Seguro que recuperaras la memoria la primera noche.

-¿Pero por qué Demonios no llamo antes ¿Ni siquiera le importo lo que me pasaba?- Parecía enojada; me estremecí imaginando que podría usar ese mismo tono de voz contra mí.

Como en realidad no conocía al Señor Torreblanca, no podía responder a ninguna de las preguntas de Samanta. Yo había pensado lo mismo que ella, y sin duda Irma también. Sin embargo, lo único que me importaba era borrar el dolor de su mirada.

-Bueno no andaba de paseo por el Caribe, bailando la macarena y con un daiquiri en su mano.- le recordé- Salió de gira para dar conferencias… seguramente a un par de viejos decrépitos que olvidan encender sus micrófonos- vi como se asomo una sonrisa y continué- Pobre, está en Francia, soportando todas esas comidas raras, con el queso ese… con los clavos… el roquefort, el solo pensarlo me da nauseas. Anda a saber lo que tuvo que hacer para encontrar comida como la gente. Mi reino por un buen plato de comida.-

Empezó a reírse y se sentó erguida.

-Dudo que le haya pasado eso. Pero tienes razón en cuanto a su trabajo, es importante… Y yo he estado en buenas manos desde que él se fue.

-¿Sabes lo que necesitas?- le pregunte, sacándole una lagrima de la mejilla.

-¿Qué?

-Un gran helado a lo Arturo Suarez, con chispitas de chocolate y con todo. Cosa de que quedemos tirados en el piso. Una bomba.

-¿Y chocolate caliente?- pregunto.

-Y caramelo- le tome la mano y la lleve a la cocina.

Mientras me contaba como había pasado el día con Monica (nunca había entendido esa manía de las mujeres que tienen de ir de compras), prepare dos gigantes helados con chispas de chocolate, chocolate fundido. Y demás cosas que nos asegurarían una indigestión. O si no morir de lo empalago de dicho manjar. Era obvio que Monica no había abierto la boca respecto de nuestro engañó, así que pensé que luego tendría que agradecérselo… e implorarle perdón.

Samanta ataco su helado con sumo placer, como si pudiera enterrar todas sus ansias debajo de aquel montículo de prealineé y crema. La vi tan inocente, casi como una niña pequeña, que instintivamente tome mi cámara fotográfica. Estaba en mi mochila, debajo de un montón de papeles de muestra, pero la había cargado con un rollo blanco y negro, que eran mis favoritos para hacer retratos.

Comencé a desplazarme por la cocina, en busca del mejor ángulo. Samanta revoleo los ojos, pero ya había aprendido que era inútil protestar una vez que yo había decidido empezar a disparar. Siguió con su helado, estudiando el recipiente con el mismo esmero que yo la estudiaba a ella.

-Creo que estoy a punto de recuperar la memoria.-

-¿De verdad?- me lleve la cámara hacia el ojo y ajuste el foco.

-Es como… si el pasado estuviera esperando que lo reclame.-

Se llevo la cuchara a la boca y yo oprimí el botón.

-¿Entonces por qué no lo haces de una vez?- pregunte, aunque era lo último que quería en este mundo.-

Ella suspiro y meneo la cabeza.

-No lo sé, Arturo. Ojalá supiera cómo hacerlo.-

Clavo la cuchara en el helado en un ángulo muy precario; parecía como suspendida en el aire. Samanta la miro con ojos oscuros y pesados. Tome otra foto.

Recordé que, cuando murieron mis padres, evite entrar a su habitación por varios días. Tenía la sensación de que si no percibía su ausencia en su cuarto, todo sería como si no estuvieran realmente muertos. Pasaba las horas jugando básquet, leyendo mangas, comiendo pizza… cualquier cosa para evadirme de la realidad a la que me enfrentaba en la vida.

Cuando por fin entre en la habitación de mis padres y vi los libros a medio leer, las medias usadas, los cepillos para el cabello que habían quedado por ahí, pude aceptar la verdad de lo que me había ocurrido. Saque la polaroid que mi madre guardaba en su ropero y tome una fotografía del cuarto vació: la evidencia de la vida y la muerte que conservaría durante el resto de mi vida. A partir de ese instante me obsesiono la fotografía y canalice todas mis penas capturando los distintos acontecimientos en una película. Además mi madre era una amante de la fotografía, así que cada vez que tomo una foto, me acuerdo de ella.

Samanta también había tenido que cargar con la muerte de su madre, pero su amnesia derribo la fortaleza que había construido para defenderse y ahora tenía que enfrentar sus sentimientos en relación con su padre, que todavía seguía de duelo.

-Hay una pared- continuó, extrayendo la cuchara- No es una pared de ladrillos, sino de yeso. Y que con solo golpearla con el puño cerrado podría recordarlo todo.-

-Ya lo vas a lograr, Samanta- dije, aceptando el hecho de que el pasado  estaba cada vez más cerca de descubrirse.

Su rostro se ensombreció. Tome la ultima fotografía de mi rollo durante ese momento de tristeza. Parecía un presagio.

Luego sonrió.

-Esta derritiéndose su helado, señor Suarez.

Guarde la cámara y me senté. Por este día, al menos, me hallaba seguro detrás de la famosa pared de yeso.

Una vez finalizado nuestro aperitivo. Nos dirigimos a contemplar la vista de mi balcón. Los transeúntes pasaban por las calles. El cielo poco a poco se oscurecía, el ocaso reinaba el cielo. La puesta evidenciaba que mi tiempo era cada vez menos. Yo solo me limitaba a abrazarla, a llenarme con la dicha de tenerla en mis brazos. De inhalar su olor, su perfume… De sentir su diminuto cuerpo contra el mío. Tan frágil, no quería que se fuera de mis brazos. Anhelaba tenerla así… para siempre  Y no vivir con la incertidumbre si descubriría o no la verdad. Quería ser su verdadero novio, envidie a Dante. Quería presenciar más atardeceres con ella, pasar el resto de mi vida junto a ella. Llenándonos de nuestra presencia. Por un momento soñé despierto. Soñé con pasar el resto de mi vida con ella, ver crecer a nuestros hijos… pero era inútil. Era engañarme. Ella era demasiado para mi, inalcanzable. Jamás seria para mí…

Las luces se encendían, el sol se escondía. Mis esperanzas se desvanecían…

Como queriéndome aferrar a la poca esperanza que me quedaba, baje mi cabeza a su cuello e inhale su aroma. Apoye mis fríos labios, debido al helado, en su cuello. Sintiendo como se estremecía y su piel se encrespaba.

-Arturo…- murmuro. Suena tan bien mi nombre en sus labios… El sabor de su piel es único e inigualable. Y jamás lo podré olvidar… a ella tampoco. Jamás.

Se dio vuelta, embriagándome con la vista. Su boca, sus ojos, su pequeña nariz con esas adorables pecas. Que le brindaban un aire de inocencia… sus delicados brazos rodeándome, atrapándome. Sus finos dedos enterrándose en mi pelo. Como adoraba sentir sus dedos en mi nuca, revolviendo mí pelo. Y acortando la distancia, reclame sus labios. Quería aferrarme con todas mis fuerzas a estos últimos momentos de plena felicidad. Aunque por dentro mi conciencia me carcomía, el sabor de su boca, la suavidad de sus labios evaporaba mi conflicto interno. Olvidándome de todo, siendo consiente nada más de sentir. El dulce sabor de su boca almizclado con el sabor del chocolate. Fascinante. Nuestras bocas que hasta momentos estaban frías, iban recuperando la calidez. Explorando el interior de su boca con mi lengua, lamiendo sus labios. Jamás me voy a cansar de saborearlos, de sentirla contra mi cuerpo, de su sabor.

Ella es mi perdición, mi todo.

Apoyando su cuerpo en la baranda, baje mi cabeza hacia su cuello, llenando mis pulmones con su fragancia. Siempre tan exquisita. No sabría definir que parte de ella me gustaba más, ella es perfecta. Mientras que yo… Soy un mentiroso, mala persona, etcétera. Mientras mordía con mis colmillos la suave y delicada piel de su cuello, me propuse no pensar. Solo sentir. Ella recorría mi espalda con sus finas manos. Suspirando mi nombre entre gemidos, siendo música para mis oídos. El sonido de los autos, el de la gente, se vio eclipsado por la voz de mi princesa. El aire alrededor nuestro se iba enfriando cada vez más, evidenciando la llegada inminente de la noche. Nuestra última noche, me repetí.

El sonido del timbre rompió con este mágico momento. Irma, le había pedido que viniera  para cuando volviera  a llamar el padre de Samanta. Lo cual pasaría en cualquier momento.

Me incorpore, y vi a la ninfa dueña de mis sueños. Dueña de mi persona. Con sus ojos cerrados, con su apetecible boca entreabierta… -Es Irma- susurre, y deposite un breve beso en sus labios.

Fui a abrir la puerta, encontrándome con la gélida mirada de mi tía. La cual no aprobaba mi compartimiento, y el hecho de que todavía no le haya dicho la verdad. Todavía vestía su guardapolvo blanco, con su característico peinado. Un semi recogido, y con un semblante de cansancio.

-Café- propuse.

-Si por favor- extendí mis manos para agarrar su bolso. Y una vez dentro de mi departamento lo apoyé en la mesa. Samanta estaba todavía en el bacón, perdida en sus pensamientos en la infinidad de la noche.

Mientras prendía la maquina, y buscaba en la alacena el café. Escuche el ruido de la ventana cerrarse.

-Está nublado el cielo, no hay ninguna estrella. Ah hola Irma-

-Mañana va a llover- dije mientras ponía el café en el recipiente.

Mientras Samanta e Irma hablaban. Yo me preparaba mentalmente para la confesión que debía realizar. Mientras veía como las gotas de café, caían sobre la jarra, buscaba la mejor manera de salir airoso de mi confesión. La cual debía hacer inexorablemente, si quería que Samanta, al menos me dirigiese la palabra.

-¿Sammy quieres café?- pregunte mientras buscaba las tazas.

-No gracias. Si me disculpan, estoy muy cansada. Monica me tubo de acá para allá. Me parece que me voy a acostar.-

-Claro.- dijimos Irma y yo. Aunque en mi voz se notaba una frustración. Nuestra última noche… por lo visto mi confesión debía esperar…

Mientras bebíamos el café, hablamos de trivialidades. Y me reprocho el hecho de ser tan cobarde.

-Irma no eres la única persona que me dice lo mismo, únete a la fila. Pasen y golpeen a Arturo por su cobardía… -

-Arturo…- se llevo la taza a la boca.- sabias que este momento iba a llegar. Solo prolongaste la condena.

-Si…- antes que siguiera el teléfono sonó. Mi verdugo. El sonido del timbre del teléfono era como si fueran el augurio de mi ejecución, los cuervos, esperando alimentarse de mi cadáver…

Irma se levanto y atendió.

-Hola…- dijo ella.

A pesar de no ser yo quien hablaba con el padre de Samanta. La intriga de no saber que se decían me consumía por dentro. Podía sentir cada músculo de mi cuerpo tenso, como un tic nervioso en mi mandíbula surgía. La transpiración recorriendo mi espalda y sien. Mis manos húmedas de la transpiración.

-De verdad, Lisandro, es una chica maravillosa. Ha colaborado mucho conmigo en un proyecto de caridad en el que estoy trabajando.-

Momento. ¿Tan encerrado estaba en mis pensamientos, que me perdí gran parte de la conversación ¿Cómo hizo mi tía para dirige con tanta confianza al SEÑOR TORREBLANCA con su voz tan autoritaria ¿De donde salió tanta confianza?

-Sí, se llama Samanta Torreblanca. Si, también lavo los platos.

Tenía mis ojos totalmente abiertos. No podía creer que mi tía estuviera hablando con tanta naturalidad con el intimidante hombre con quien yo había intercambiado unas pocas palabras un rato antes.

Se fue rumbo a mi habitación con el teléfono inalámbrico. Igualmente podía escuchar su voz.

-Bueno la verdad es que parece un poco triste. Se siente comprometida con todo esto que le ha sucedido. Pero está bien, de hecho ahora la estoy viendo. Esta profundamente dormida. Hoy se fue con su amiga de paseo. Sí, estoy segura de que nos conoceremos. Que tenga un buen viaje.-

Sentado terminando de beber mi café, escuche los pasos de Irma que regresaban hacia acá. Apoyo el teléfono en la mesa y se sentó.

-Mañana. Ni bien te levantes, le cuentas todo.-

Asentí. Y le rogué con la mirada que no revolviera el puñal que ya sentía clavado en el centro de mi corazón.

-El Señor Torreblanca me pareció muy agradable. –

-A mi me asusto.-

Se hecho a reír, mientras se servía mas café.

-Se supone que el padre de tu novia tiene que darte miedo-

-Pero Samanta no es mi novia… realmente.-

-No te des por vencido, Arturo- apoyo la taza en la mesa.- El mundo es un sitio extraño y hermoso. Siempre debes esperar que suceda lo inesperado.

Mientras cambiaba de canal, las palabras de mi tía resonaban en mi mente. Sentado en el sillón ahogado en mi miseria. En cuestión de horas tenía que confesar todo. Mire el reloj, las 23.30. Irma ya se había ido hace 2 hs. Apague el televisor y me dispuse a ir a dormir. Mientras me cepillaba los dientes reviví cada momento que viví con ella, por pocos que fueron, me hicieron inmensamente feliz. Sus sonrisa… en fin, cada detalle, cada palabra, gesto, caricia que ella me proporciono… se quedaran en mi memoria, y lo más importante. En mi corazón. Para siempre.

Entre a mi habitación, la cual se encontraba en penumbras. Yacía en mi cama mi princesa, esperando el beso para despertar de su letargo. La contemple. Con los fulgores que brindaba la luna a su rostro, parecía un ser mágico provisto de su propia luz. Mi ninfa, mi princesa… Acaricie sus dorados cabellos, y corrí un mechón rebelde que no me permitía ver la majestuosidad de su rostro. La sedosidad de sus cabellos se veía empañado por la suave piel de su mejilla, la cual con mis dedos acaricie. Parecía de porcelana, tan frágil… Rodeada por la fina sábana blanca, simulando ser su piel. Me estremecí al recordar su piel, lo suave que se sentía a mi tacto. Aunque lo intentaran ningún género se igualaría a la suave y delicada piel de mi princesa.

Apoye mis labios en su frente y escuche un suspiro seguido de mi nombre. Produciéndome una inmensa felicidad, que surgió en el centro de mi pecho y se extendió en todo mi cuerpo. Soñaba conmigo… y por el hecho que no se levanto con ganas de matarme, el sueño no era de su pasado. Y la poca participación mía en este. Abrió sus grandes y preciosos luceros, con la cara somnolienta. Sus ojos brillaban con matices únicos que le brindaba la luna.

-Lo siento princesa, no era mi intención despertarte.- susurre y deposite un beso en su boca.- Quería darte las buenas noches- dije entre besos, y volví a reclamar sus labios.

-Está bien mi amor. Entonces buenas noches – me da un beso en los labios. Y se da vuelta, dándome la espalda. Yo estaba sentado en la cama, del lado donde ella dormía.

-Estem… – dije con tono apagado. Y me propuse a dormir con resignación. Pero ni bien cerré los ojos, sentí como ella se sentó a horcajadas en mi regazo. Abrí los ojos. Viéndola con una sonrisa picara en el medio de su rostro, con los ojos relucientes de diversión, con su largo pelo despeinado.

-jajá  Arturo… Te tendrías que haber escuchado, parecías un nene.-

-¿Hoy es el día de péguenle a Arturo? Primero tu papa, después pepe grillo, luego Tía Irma… y yo pensando que mi adorada novia me recibiría con los brazos abiertos, dispuesta a consolarme… No, juega con mis pobres sentimientos….- hice una mueca de dolor, seguida de un puchero. Aunque debo admitir, que no me salía igual que a ella.

-jajá pobre…Espera ¿Pepe Grillo?- pregunto, mientras acariciaba mis pecho, el cual estaba desnudo. Moviéndose peligrosamente, en una zona sensible al más ínfimo contacto.

-Nada… Seguí moviéndote así, y vas a despertar al lobo feroz…-

-Mmm… así… Juguemos en el bosque mientras el lobo no está…- se mecía en mi regazo, refregándose contra mi masculinidad. – ¿lobo esta?-

-Samanta… – mi cuerpo estaba cada vez más tenso, subía más la temperatura, y no era debido a que ella estaba encima de mí compartiendo su calor.

-No está…- simulaba que me cabalgaba Pero nuestra ropa interior, estorbaba la realización de dicho movimiento. – ¿lobo esta?-

-¡¡Acá ta!!- dije y me abalance sobre ella, quedando así entre mis brazos. –Señorita, ha despertado la furia del lobo feroz. Ahora… ¿qué parte comeré primero?-

-Mmm haber… mis piernas no… son muy flaquitas…-

-QUE, no. Son hermosas.- haciendo a un lado la sabana. Observe sus largas y níveas piernas. Perfectamente torneadas, suaves al contacto. Agarre su pie derecho y lo lleve a mi boca…- eres hermosa… te mires por donde te mires… Te conozco desde el pelo, hasta la punta de los pies… -le cante mientras besaba y saboreaba con mi lengua, la delicada piel de su empeine-

-Jajá  Arturo… Cántame otra, no me gusta Arjona.-

-Haber… espera que busco entre mi repertorio.- me aclaro la voz.- No acepto quejas eh!, esta canción esta en un tono que no me favorece. Pero  por ti … canto hasta en falsete. –

-Ja ja, payaso.-

-Voy a desnudar tu alma beso a beso hasta sentir que tu cuerpo se derrama como lluvia sobre mí.-

Con mis manos seguí el recorrido de sus piernas. Con mi boca probé el sabor de su piel, mi ninfa suspiraba. Yo me deleitaba con la suavidad de sus piernas, tan suaves como la seda. Mejor me arriesgaría a decir. El camino de mis besos llegaron a su centro, mi tesoro estaba guardado tras una fina capa de tela. Con mis dedos acaricie esa zona, a través del material. Bese sus caderas, y antes de subir apoye mi boca en su entrada, saboreando y llenándome de su aroma. Ella ya estaba húmeda, preparada para mí. Para mí. Qué bien suena…

Me incorpore y la mire. Me encantaba ser el dueño no solo de su cuerpo, de sus suspiros, el saber que era yo quien le proporcionaba placer.

-Arturo… hazme tuyo Arturo… Hazme el amor.-

-Si mi princesa, mía… solo mía… Por el borde de tu espalda voy a dibujar mi amor sin ocultar esta pasión – dije mientras saboreaba la piel de su abdomen. Sintiendo como se estremecía, como se contraían cada abdominal. Subí un poco más la tela de su blusa, adentrando mi mano derecha. Y acariciando con ella su seno izquierdo Atormentando con mi dedo, su tieso pezón.

-Arturo… deberías de dejar la medicina y dedicarte a la música. No se… algún cantando por un sueño o un American Idol, seguro que ganas, sin mucho esfuerzo.

-Jajá- me reí sobre su estomago.- ¿Qué te parece si nos olvidamos del pasado y el futuro ¿Y nos concentramos en el presente?

-Por mi encantada.-

Abandone su estomago, y me dirigí rumbo a sus labios. Para sellar nuestro pacto. Reclame hambriento dicha boca, en la cual cada vez que exploraba sentía que mi cabeza iba a explotar. Su sabor tan único, tan embriagador. Dulce…

-Te amo…- susurre entre besos- mi dulce princesa, mía…-

-Yo también mi príncipe- ronroneo mientras mordía mi barbilla. –Te Amo-

Mi cuerpo exigía calmar el hambre que me corroía, apaciguar el dolor de mi entrepierna. La constante pulsación de mi miembro. La obligue  sentarse, y retire la fastidiosa blusa, que no me permitía apreciar sus sabrosos senos.

-Eres  tan hermosa… y deliciosa…-

-Arturo…- dijo con pena. No solo por mi comentario, sino por mi lasciva mirada. Me parecía maravilloso, que a pesar de la intimidad compartida, todavía se sonrojaba.

-Jajá. Es la verdad princesa- Acaricie con mi dedo índice su mejilla caliente. Acune con mi mano izquierda su pecho derecho, como si lo estuviera estudiando.- Tu piel es suave, no solo hermosa a la vista, al tacto también. Como los pétalos de una rosa. Y el sabor de tu piel, tan femenino… dulce…- probé con mi boca el sabor de su pezón, mordí y lamí. La tiesa y arrugada piel de estos. Intercambiando mis caricias entre ambos senos, no solo dedicándole mi atención a sus pezones, sino también a la base de sus senos y al nacimiento de ellos. Ganándome no únicamente suspiros de mi princesa, sino el sentir sus finos dedos yendo y viniendo en mi espalda, para luego enterrarse en el pelo de nuca. Acercándome más, para que prosiga con mi labor. El pensamiento de que esta podría ser la última vez que probara su exquisita piel, sus dulces labios, me estremeció. Esta podría ser nuestra última noche, mi despedida en la vida de Samanta… Debería de ser valiente y contarle todo… pero no puedo.

-Arturo… -

Por unos segundos nos quedamos mirando, a los ojos. Contemplándonos. Gozando de ese momento de paz, de intimidad. Ese momento nuestro, solo nuestro. Que quedaría grabado para siempre en mi mente, en mi alma, en mi corazón… y pasara lo que pasara, siempre lo evocaría. Y me aferraría a él.

Interrumpiendo aquel momento ella se arrojo sobre mí, y probó con su boca mi piel. Marcando con su húmeda boca y con sus delicados labios la piel de mi quijada, de mi garganta, de mí oreja… Atormentándome con su aliento en donde dejo sus besos de fuego. Acariciando mis bíceps, mis abdominales con sus manos. Y bajando con su boca rumbo al sur.

-Tengo ganas de jugar con el lobo…- dijo mientras mordía la sensible piel de mi pezón, y como si fuera un felino, con sus uñas subía y bajaba por mi espalda.- o mejor ¿con el cantante?-

-¿Qué te parece jugar con Arturo Suarez?-

-Me parece perfecto- dijo mirándome a los ojos.

La estreche entre mis brazos, como si fuera lo más preciado en el mundo. En el mío lo es, es mi mayor tesoro. Quizás pretendía aferrarme a ella lo más que pudiera, pero el paso del tiempo, era algo que no podía detener. El mañana llegaría, y junto con ello… la partida de Samanta.

Sentir su frágil cuerpo, sus pechos aplastados en mi duro pecho. Sus pezones tensos, recordándome lo preparada que esta. Apoye mi boca en el hueco entre su cuello y hombro, deleitándome con el manjar que se hallaba en mis brazos, recorriendo con mis manos su espalda, sus caderas.

Caímos los dos, aun entrelazados. Nuestras bocas hambrientas no se separan. Nuestra piel en constante contacto, nuestras piernas entrelazadas. Con mi mano descendiendo suavemente, recorro un hermoso camino. El de su estomago y piernas, subiendo y bajando. Pero su ropa interior no me permitía deleitarme de ella, como tanto me gusta. Desnuda, siendo la luna su único abrigo. Siendo mis manos, quien le brindan calor y la abrigan del frió. Retirando dicha prenda, y recorriendo con mi mano sus largas piernas; mientras me dedicaba a dicha tarea.

-Mmm… ¿Qué tenemos acá?-

-¿La caja de Pandora?-

-No, no. Esta no tiene ningún mal. Solo el hecho de que me volví adicto… aunque pensándolo bien, eso es un mal ¿no?-

-Hay pecados que valen la pena, cometerlos…- dijo abriendo mas las piernas. Invitándome a probar dicho manjar.

-Entonces llámame pecador, Señor Papa excomúlgame… Porque voy derecho al infierno- podía sentir como mis papilas gustativas segregaban mas saliva, el sabor de ella era tan aditivo. Me volvía loco, una vez que lo probaba no quería abandonarlo. Enterrando mi cabeza en su vagina probé su inigualable sabor. Llenándome de él, sintiendo que mi cabeza explotaría. Lamiendo su clítoris, con mi lengua atormentándola. Subiendo y bajando, haciendo círculos con ella en el epicentro de su cuerpo. En el lugar más sensible de todo su cuerpo, introduje dos dedos en su interior, siendo ellos bañados por sus flujos. Imitaba con mis dedos, los movimientos que haría mi pene. Preparándola para lo que en instantes haríamos. Ella suspiraba y gemía mi nombre, con sus manos en mi cabeza me alentaba a que siguiera con mi labor. Apretándome más contra su vagina. A medida que se acercaba al orgasmo, sus manos abandonaron mi cabeza, para ser sustituidas por sus piernas. Entrelazadas en mi cabeza, exigiéndome que continuara. Pude sentir como se arqueaba, como su cuerpo se tenso. Y luego como empezaron las convulsiones, seguido de un fuerte gemido. Que decía mi nombre, separando las piernas de mi cabeza, mire con satisfacción a mi princesa. Se encontraba lánguida, con las manos en la cabecera de la mano, aferrándose a los tirantes. Con los ojos cerrados, bañada en transpiración. Con sus pezones erectos, recuperando la respiración. Sus pechos subían y bajaban. De manera acelerada, poco a poco empezaba a respirar con normalidad.

Me iba a sacar los bóxers, pero la mano de ella, me lo impidió.

-Dame la dicha de quitártelos a mi ¿sí?- dijo mordiéndose el labio inferior, con una mirada lasciva al bulto que sobresalía de mis ropa interior.

-Sammy… no voy aguantar mucho.-

-Solo un bocadito… por favor- dijo haciendo pucheros. Y antes que pudiera responder, con su mano en mi pecho me obligo a que me recostara. Lentamente retiro dicha prenda, y miro con los ojos oscuros de lujuria a mi miembro. Recostado con mis manos en mi nuca, observe como recorría con su lengua toda la longitud de mi pene. No despreciando ningún lugar, golpeteando con su lengua la punta de este, envolviéndolo con la calidez de su boca. Saboreándolo. Aunque me encantaba no solo lo que estaba haciendo, sino el placer que me estaba brindando. La vista de ella, jugando conmigo. Ya no podía esperar más, si lo hacía, en cuestión de segundos acabaría. Y eso no estaba en mis planes. Con mi mano le indique que parara, ella sabía que si continuaba en cualquier momento acabaría. Me incorpore, y busque la protección en mi mesa de luz, y me dedique unos segundos a observar a mi ninfa. Nunca me cansaría de hacerlo, de ver su pelo alborotado, de las gotitas de transpiración… de su sonrisa. Del azul de sus ojos, oscurecidos por la pasión. Recostada, esperándome con una sonrisa socarrona.

-Mírame… – dije cuando apoyé mi miembro en la entrada de su vagina. Sin penetrarla, todavía. Ella instintivamente había cerrado sus ojos.

-Arturo…- susurro, y abrió por completo los ojos. Aun mirándola, guié con mi mano mi pene. Y me adentre en su interior, siendo recibido por la calidez de este. Instintivamente ella entrelazo sus piernas en mis caderas, para penetrarla mejor y enterrarme en lo más profundo de su interior. Entrelace mi mano derecha con su mano, y empecé a mecerme lentamente. Conteniéndome, quería brindarle el mismo placer que ella me daba. Poco a poco aumente mis movimientos, en ningún momento dejamos de mirarnos. Con su boca besaba mi mentón, arrastrando con su lengua las gotas de transpiración que había en dicho lugar. Era tan excitante, el mirar a sus ojos mientras aceleraba más las embestidas. Viendo en su rostro el placer que le proporcionaba. Que YO le proporcionaba, por estos breves momentos, somos uno, y ella es mía. Sus pechos rozando mi abdomen acompañando los movimientos de mis embestidas, rozándome con sus pezones cada vez que salía y entraba. Con la mano que tenia libre acariciándome la espalda, acerco su boca a mi oreja. Primero lamió en mi carne y luego susurro.-

-Te amo mi príncipe…-

Acelerando más, los dos llegamos al orgasmo. Sintiendo como se retorcía su diminuto cuerpo contra el mío, como su interior ceñía a mi pene.

-Te amo mi princesa… – dije en un leve murmullo, mientras aun en su interior, depositaba besos en su mentón.

Por unos momentos me quede así. Unido con ella, con su mano acariciándome la espalda, su boca besando mi hombro. Con pereza salí de ella, y me acurruque a su lado. Atrayéndola hacia mí, besando la suave y delicada piel de su hombro. En completo silencio, solamente brindándonos calor. Compartiéndolo.

-Arturo…-

-Aja…-

-Es probable que esta noche sueñe contigo. Con nosotros. Parece que todas las noches tengo una visión retrospectiva distinta-

Y antes de que pudiera responder.

-Arturo… termina  la canción.-

-jaja…  claro mi princesa.

Cada latido de tu corazón 
cada suspiro tuyo 
me pertenecerá

Cuando seas mía, ya lo veras… 
todas las noches serán buenas para hacerte el amor 
Cuando seas mía en cada sueño voy a estar yo 
te voy a ser buscar, pedir, rogar mi calor. 

Oh… 

Voy a deshojar tus sueños 
como la más bella flor 
voy a vivir para siempre 
como esclavo de tu voz 

Desde el arco de tus cejas 
hasta tu dulce intimidad, 
caricias yo, voy a sembrar 

 
Cada latido de tu corazón…. 
 

Entrégate y yo te hare vibrar 
suplicara que te ame más 
en mis brazos volaras 
hasta el cielo llegaras 
no escaparas jamás. 

 

Susurraba en su oído, apretándola más contra mi cuerpo. Cuando sentí que se durmió, me reproche una vez más por ser tan cobarde. Y rezé por que no se acuerde d su pasado, ya que “nuestra historia” es algo que tengo que narrarla yo.

Samanta:

Abrí los ojos a las 6 de la mañana, totalmente despabilada. Durante un momento, los fragmentos de los sueños que había tenido se filtraron en mis pensamientos. Estaba segura de que esa visión de Monica y mía yendo en una limusina a un concierto de rock era un recuerdo. Y la cara de terror de mi padre cuando subí por primera vez en una bicicleta…

Pero las otras imágenes me resultaron menos claras. El conejo de peluche, había estado en los brazos de una niña pelirroja. Y había un muchacho… no Arturo. Otro. Meneé la cabeza y me froté los ojos.

“Ten paciencia- me dije- Estas progresando”

Arturo seguía durmiendo. Era temprano, todavía no tenía que ir a trabajar. Me levante y me puse su camisa. Olía a él. Con los pies descalzos en la alfombra, me dirigí a la ventana. Afuera, el aire estaba fresco y húmedo. La lluvia. Recordé que esa sería la última vez que podría mirar aquel paisaje por la mañana. A partir de ese día regresaría a el piso en la bahía  y miraría el mundo desde un punto muy alto, situado en algún frió edificio. La cuidad me había parecido tan pequeña desde las ventanas del departamento de Monica…

¿Acaso el transito, las tiendas y la gente parecerían tan insignificantes desde la ventana de mi cuarto? Ojala que no. a pesar que fueron pocos los días que compartimos, voy a extrañar levantarme y que sea Arturo lo primero que vea mis ojos. Con su pelo desordenado, con la boca entreabierta, su fuerte pecho subiendo y bajando. Y verlo despertar…

Agarre mi ropa. Algo sencillo, mis jeans- los cuales Monica me había criticado, por usarlos con tanta frecuencia- y busque una blusa y chamarra. Me fui al baño y me dispuse a tomar una ducha rápida. Quería sorprender a Arturo con un desayuno en la cama, antes de irme. Antes de que nuestro breve interludio finalizara. Agilice lo máximo mi tiempo en el baño. Arturo se tenía que levantar a las 8, así que tenía tiempo. Estaba ansiosa por darle a mi príncipe el beso de buenos días con una taza de café caliente en la mano. Pero cuando busque el recipiente con café, me di cuenta que no alcanzaba ni para una taza.

Con un suspiro me llevé la mano al bolsillo, para confirmar que mis cuarenta dólares seguían allí. Tome las llaves del departamento, que estaban colgadas en un gancho y salí. A solo dos calles había una tienda que permanecía abierta las 24 hs.

“También compraré algunas facturas- pensé- Las de dulce de leche que tanto le gustan a Arturo”

En la tienda solo estaban el hombre mayor que la atendía y una mujer de mediana edad, comprando leche.

-Hoy parece que vamos a tener un diluvio- anuncio el hombre desde atrás del mostrador.

-Sí, eso parece- Sentí la tensión del día que me aguardaba mientras contemplaba el tiempo. Por alguna razón, reencontrarme con mi padre en medio de una tormenta de verano no me pareció una perspectiva agradable.

Al salir tomé un ejemplar sin cargo del Angel´s News.

-Recuerda que no tener noticias significa buenas noticias- me dijo el hombre de la tienda, entre risas, cuando la puerta se cerró detrás de mí.

Todavía reinaba el silencio en el departamento. Tenía una hora para estar sola, juntando fuerzas para el inminente encuentro con mi pasado.

Había visto a Arturo prepara el café varias veces y supuse que la cafetera era un artefacto sencillo de usar. Cuando me serví la primera taza de café fuerte, me sentí orgullosa.

“No está nada mal para una chica rica y malcriada”, pensé. Me prometí que cualquiera fuera mi “nueva” vida, nunca olvidaría lo mucho que había aprendido en los últimos días.

Me senté y abrí el diario. Comencé a hojearlo, distraída. Cuando vi la sección “Personales”, deje la taza de café sobre la mesa y la tome entre ambas manos, para entibiármelas.

Enseguida me absorbió la lectura de docenas de avisos personales, publicados por personas que estaban- desesperadas, en mi opinión-buscando pareja. Los artículos eran mitad código, mitad palabras. No me llevo demasiado tiempo descifrar el significado de una cierta carta, y poco después me sorprendí leyendo aquella letra de hormiga como si fuera una profesional “Hombre blanco y divorciado busca mujer divorciada y blanca para caminar juntos y ver viejas películas. Me gustan los perros, los niños y comer frutillas en la cama. Relación a largo plazo posible”

Otra me hizo reír en voz alta: “Vieja loca busca jovencito capaz de convencerla de que la ama lo suficiente como para hacerla cambiar su testamento. Fumadores abstenerse, por favor”

Seguí leyendo la misma página “Hombre soltero busca mujer que sea capaz de mantenerlo a raya ¡Necesito que me castigues! Solo propuestas serias”

Seguí leyendo el resto de las columnas hasta que mis ojos se detuvieron en una titulada “Señales Cruzadas”. Los avisos eran para personas que buscaban a alguien a quien habían visto alguna vez (por lo general en el subte o en una cola de supermercado) y deseaban volver a verlo.

Sentí mucha pena por esas personas que sufrían de “señales cruzadas”. En una ciudad de millones de habitantes, encontrar a un individuo debía ser más improbable que encontrar una aguja en un pajar. Me estremecí. Eso mismo pudo haberme pasado a mí si hubiese estado sola cuando me golpeé la cabeza.

Entonces vi el último aviso de la sección. A medida que iba leyendo, la sangre se me congelaba en las venas.

SE BUSCA.

A Samanta Torreblanca.

Hermosa muchacha.

A quien su novio necesita desesperadamente.

¡No tarden! ¡Llamen ya a Dante!

(011) 4686-5468

Mis manos dejaron la taza y sentí que un escalofrió me recorría el cuerpo. Tenía la sensación que la cabeza me estallaría en cualquier momento.

Dante. Monica lo había mencionado el primer día que vino a casa de Arturo. El chico con el que soñé. Danta. Y tuve una visión retrospectiva con él cuando fui al parque con Arturo.

“Dante Lancafire”

¡Mi novio! Los hechos de toda mi vida emergieron y me abofetearon el rostro… Mi padre me había enviado al campamento. Porque a él no le agradaba Dante. Pero a mí sí. Y lo amaba. Todavía seguía amándolo.

Vi su rostro con claridad… su tersa piel bronceada, sus labios perfectamente esculpidos, las largas pestañas. Su risa burlona. La firmeza con que exigía la mejor mesa en los restaurantes. Y el conejo de peluche que me regalo justo antes de que partiera rumbo a la estación de tren. Todo el pasado volvió a mi memoria, como si viera toda una película en una sola toma.

¿Qué significa esto? ¿Quién era Arturo? No era mi novio, claro. Arturo Suarez. Su mirada fría y con desdén, esa mirada que decía “Mocosa rica y malcriada de papito” Arturo era un desconocido. Un individuo indeseable de Queens que tuvo el coraje de humillarme en el baile. Monica fue testigo de su perorata. Monica, mi mejor amiga.

Con profundo dolor, me di cuenta de que me había traicionado. Me dejo creer que Arturo era mi novio. ¡Permitió que me quedara en su casa! Increíble, pero cierto. ¿Por qué? Luego recordé a Adrian y lo mucho que lo había mirado y gustado en el baile.

Recordé que cuando desperté después de la caída, allí estaba Arturo, a mi lado, como un ángel.

“Como un diablo” razone.

Y me trajo a su casa dejándome creer que era su novia. Seguramente habrá estado muriéndose de risa a mis espaldas durante todos estos días. Y mientras yo lo besaba, lloraba sobre su hombro, le estrechaba la mano, y… hacíamos el amor. Error. El me traiciono de la peor manera, se rió de mí durante todo este tiempo, me uso de la manera más cruel y vil posible. Me uso. Y yo como una tonta confié en él. En todos ellos.

Me levante de la silla como un resorte, derramando el café sobre la página de avisos. Dejé todo como estaba. Me negaba a permanecer un solo segundo en este departamento de cuarta que hasta hacía unos instantes había considerado un segundo paraíso. Tenía que volver a mi hogar, a mi sitio… alejarme de esta broma cruel en la que se había convertido mi mundo desde el sábado.

Tome mi chamarra de uno de los percheros de la pared del vestíbulo y me fui, dando un fuerte portazo. Corrí hacia el ascensor, apretando el botón de llamado una y otra vez el botón, con el rostro lleno de lágrimas de ira, dolor y humillación.

Cuando llegue a mitad de la calle, me volví para mirar el edificio. Todo estaba muy tranquilo. Arturo seguía acostado, ignorando que yo ya sabía toda la verdad. Recordé mi conejito de peluche y mi vestido, que seguía en la bolsa de Bloomingdales’s. Me encogí de hombros. Dante me compraría otro peluche. Y Manhattan estaba lleno de tiendas. En ese departamento no había nada que valiera la pena como para justificar mi regreso. No había nada.

Me volví y me encaminé hacia la estación de subte. Caía una fina llovizna sobre mi cabeza. Comencé a correr por las calles, insultando en voz alta. Pocos segundos después, la lluvia se tornó más intensa. En unos minutos me quede empapada.

Por la calzada pasaba un taxi que salpico con el agua de los charcos, con el limpiaparabrisas funcionando a toda velocidad. Bajé de la acera y le hice una señal para detenerlo.

Yo soy Samanta Torreblanca. No tenía por costumbre tomar subterráneos.

-Que mal hemos empezado el día, ¿Verdad señorita?- el canoso taxista me miraba por el espejo retrovisor.

Ni siquiera me moleste en contestarle. Habíamos reducido la distancia y con la mirada devoraba ansiosa los enormes y hermosos edificios que aparecían a nuestro el paso. A pesar de la lluvia, Queens nunca me había parecido más bello.

Al pasar por el Edén Club, donde Arturo y yo… resoplé. El taxista volvió a mirarme.

-Tendría que estar allí- le explique, de mala gana. Asintió con la cabeza. Daba la impresión de estar acostumbrado a los murmullos de los pasajeros locos, medio dormidos, desde el asiento trasero de su taxi.

Dirigí la mirada hacia los carteles de las calles, mientras avanzábamos por la avenida principal, cada vez más cerca de casa. Todavía seguía lloviendo a cantaros cuando el conductor por fin se detuvo ante la entrada de mi edificio. Le entregué los 37 dólares que llevaba en el bolsillo (Se mostró contento, sin exageraciones de mi parte), porque quería entrar lo antes posible.

Subí corriendo las escalinatas de la entrada, hasta el toldillo protector de color azul. Sacudí mi larga cabellera, salpicando gotas de lluvia por doquier. Kai, uno de nuestros porteros, me miro en estado de shock.

-¡Señorita Torreblanca! ¿Qué hace usted aquí?-

Pasé a su lado con la máxima dignidad posible para ser una chica de 18 años que llevaba una pestilente chamarra empapada. Casi me abalance hacia el elevador.

-Si te lo contara, no me creería, Kai. Por favor, lléveme arriba.-

Me siguió al interior del elevador, cuyas paredes internas estaban revestidas con paneles de caoba oscura y espejos venecianos. Mientras subíamos al decimoséptimo piso, noté que me miraba al espejo.

-Sé que estoy hecha un asco. Tampoco tiene que mirarme como si hubiera salido de una cloaca- gruñí.

-Lo siento señorita Torreblanca- Durante el resto del ascenso tuvo los ojos pegados a los botones del ascensor.

- Por favor, avíseme cuando llegue mi padre- dije cuando bajé en mi piso. El hombre asintió con aire solemne y yo corrí hacia la puerta de nuestro pent-house.

En el interior, el departamento tenía el aspecto de un museo. El aire era un poco mustio y no había ni una sola cosa que no se hallara fuera de lugar. Noté que Lea, la mucama, había estado trabajando, porque todas las y cada una de las superficies que miraba relucían tanto que habrían podido pasar perfectamente la prueba del guate blanco. En contraste con el hogareño desorden en el que vivía Arturo, podría decirse que el orden impecable de mi casa era fantasmagórico.

Abrí las cortinas azules de nuestro living y contemplé Manhattan. Bajo el velo de la lluvia, la vasta cuidad parecía pequeña y dormida. La agitación del día recién comenzaba, y muy abajo alcancé a ver a los hombres de traje, mujeres con carritos y trabajadores con sombreros, ocupando las calles. Yo me hallaba por encima de todo eso, y me sentía tan alienada como si acabara de llegar de Marte.

En el horizonte. Queens parecía más bien una cuidad de juguete, en lugar del densamente poblado contado de Manhattan. Me pregunte si Arturo seguiría durmiendo… ¿Se habría dado cuenta ya de que me había ido? Cuando pensé en él, se me cerró el corazón como un puño. “Te amo” Esas fueron unas de las últimas palabras que me dijo. Nunca más volvería a dirigirle la palabra.

“Lo odio”, recordé.

Pero la dolorosa soledad no terminaría nunca. Por un instante, permití que mi mente repasara los hechos de los últimos días. Un cosquilleo me recorrió el cuerpo cuando recordé la primera vez que Arturo me besó (la primera vez de verdad), con mi espalda apoyada contra el tronco de un gigantesco árbol. Y nuestro paseo en carruaje… me había parecido la primera noche del resto de mi vida. Cuando hicimos el amor… la ternura, la pasión de sus besos. Siempre tan exquisitos. No quise, pero lo compare con Danta. Eran tan distintos, no solo en lo económico y en el estrato social. Dante era bueno, pero Arturo… Era increíble, no habría palabras para definir lo que me hacía sentir , con cada caricia, beso, que me brindaba. Rei con amargura. Todo ese escenario no fue más que una farsa. Y yo la incauta victima de cada una de sus bromas.

Cerré las cortinas y me dirigí a mi habitación. Todo se encontraba tal cual lo había dejado. Mi cama de dosel perfectamente hecha. Mis muñecos, mis libros, fotografías, el maquillaje, el teléfono. Todo mi pasado encerrado en casi 30 metros cuadrados de mi habitación.

Tomé una fotografía grande, en la que aparecíamos mi padre, mi madre y yo, el año anterior a su fallecimiento. En ella mi madre todavía lucia joven y feliz; el cáncer estaba escondido dentro de su ser. Pero los ojos de mi padre ya delataban su tristeza, anticipando el vació que dejaría en nuestras vidas cuando se marchara. Y la expresión de mis ojos era de miedo y fortaleza a la vez. “No me jodan con esa cámara” parecía decir.

Coloque el portarretrato de plata sobre la mesa de mi tocador y trate de no compararla con la foto que había visto de Arturo y sus padres. Una triste sonrisa se moldeo por voluntad propia en mis labios.

No despreciaría ni un solo segundo más de mi vida pensando en Arturo Suarez. Tenía toda una vida que reclamar, y empezaría a vivirla como si acabara de empezar en aquel momento. Me seque las últimas lágrimas que derramaría por él, y me quite la ropa mojada. Las cuales arroje sin ceremonia alguna al cesto de basura. Vestida solamente en ropa interior me dirigí al baño.

Mientras el agua caliente caía en forma de lluvia sobre mi cuerpo, inevitablemente las lágrimas cayeron. Por más que lo niegue, el tiempo que pase con Arturo fue mágico. Me hizo otra persona, otra mujer. Pero es muy grande el dolor, la traición. Yo amo a Dante… ¿Lo amo? ¡Maldije a Arturo! Puso patas para arriba mi mundo perfecto, con esa blanca y socarrona sonrisa, con aquellos luceros… Lo odio, me repite una y otra vez. Pero aunque tengo razones para odiarlo, no puedo…

Dante. Tenía que llamarlo. Cerré el grifo y salí de la bañera. Desnuda y con la piel mojada, me encamine hacia mi colosal ropero. Agarré una tanguita y vi un kimono de seda verde que no me había llevado al campamento porque me resultó muy poco práctico para acampar. Me lo puse y adoré la sensación que produjo la costosa seda sobre mi piel.

Luego tomé mi teléfono antiguo y me tendí sobre la cama. Él contesto a la primera llamada; el corazón me subió a la garganta. Había echado de menos el melodioso tono de su voz.

-Soy yo.- dije, casi sin aliento.

-Oh, Samanta. Qué alivio. Estaba como loco.-

Sonreí. Me sentía como siempre.

-No te preocupes nunca más nos volveremos a separar.-

-Te extrañe tanto, Samanta.

-Y yo a ti. Dante- Cerré los ojos, deseando que mis palabras fueran ciertas.

Estaba lista para encontrarme con Dante en una de nuestras confiterías predilectas, cuando oí la cerradura de la puerta de entrada. Mi padre estaba en casa.

Salí a su encuentro en la mitad del pasillo.

-Hola papá. Recupere la memoria- No sabía que otra cosa podía decirle.

Corrió hacia mí y luego me abrazó con fuerza, como si fuera un enorme oso.

-Samanta… Cuanto lamento no haber estado aquí para ayudarte. Gracias a Dios que estas bien.

“Estoy muy, pero muy lejos de encontrarme bien” pensé. Pero nunca revelaría a mi padre mis pensamientos íntimos. Lo abracé, pero fue para mí un gesto antinatural. Por lo general, mi padre no era un hombre afectuoso.

-Sí, estoy bien. Ahora voy a encontrarme con Dante.-

-¿Dante?- Su voz era seria, de reproche. En el transcurso de un minuto las cosas habían vuelto a la normalidad entre nosotros.

-Sí, Dante, mi novio, el que se ha vuelto loco buscándome todos estos días.

Parecía consternado, lleno de culpa.

-De acuerdo, Samanta, anda. Yo me quedo aquí, arreglando mis cosas.

Cuando había llegado a la puerta de entrada, me volví para mirarlo.

-No me vas a mandar de vuelta a ese campamento, ¿verdad?- En mi opinión, habría sido un destino más negro que mi propia muerte.

Suspiró.

-No, no te voy a obligar a ir ahí. Creo que nunca debía haberlo hecho. Ya eres una adulta, capaz de tomar tus propias decisiones. Si quieres seguí siendo la novia de Miss simpatía, ese personaje llamado Dante, hazlo.

Para mi padre, la insistencia había sido extensa. Sentí que el amor por él me enternecía y deseé por millonésima vez que las cosas fueran diferentes entre nosotros.

-Gracias papá. Y… me alegro de que hayas vuelto.-

Asintió con la cabeza.

-Tú y yo tenemos que hablar, Samanta. En realidad… no lo hemos hecho desde la muerte de tu madre- inspiro profundamente- Pero ahora ve y divertirte. Tenemos todo el tiempo del mundo.

Cuando volví a mirarlo, había lágrimas en mis ojos. Pero, por primera vez en el día, fueron lágrimas de felicidad.

 

Arturo:

Me moví dentro de la cama, en busca del calor de mi princesa, pero lo único que encontré fue que no estaba. Me incorpore abruptamente, pero de nuevo el pánico se instauro en mi ser. Me obligue a tranquilizarme, el hecho que no estuviera en la cama no significaba que se había ido. Que había recordado todo. Mi subconsciente no había ayudado mucho, durante la noche tuve sueños, o mejor dicho pesadillas de Samanta recordando todo y asiendo un buen uso de un cuchillo de cocina. Y precisamente no lo estaba usando para la cocina.

La habitación estaba en penumbras y el aire estaba un poco frió, podía escuchar el ruido de la lluvia golpeando contra el vidrio de mi ventana. Me levante y busque mi ropa interior, me obligue a pensar positivamente, pero lastimosamente mi mente imaginaba lo peor. Seguramente estaba en la cocina desayunando. Pensé en vano, cuando en realidad en el ambiente no se percibía ningún aroma proveniente de la cocina. La esperanza es lo último que se pierde, me recordé. El piso estaba frió, o quizás sea esta aflicción en mi estomago. Intente pensar en otra cosa, ensaye el discurso que le daría. La mejor manera, si es que la hay, de decirle la verdad. En realidad la mejor manera de poder decírselo y no morir en el intento.

Mi aspecto podría dar a entender que no sé nada del amor, nada de mujeres, que soy el típico nerds. Pero estuve con la cantidad de mujeres suficientes para darme cuenta que lo que siento por Samanta no es algo pasajero. Con las otras mujeres sentí… cariño. Podría afirmar que si tuviera que decidir entre algunas de ellas y mi carrera, sin dudarlo elegiría mi carrera. Pero con Samanta… ella me podría pedir lo que sea, yo lo haría con gusto. Solo con ella experimente el amor verdadero, se que suena cursi, pero es verdad. Solo con ella dije Te Amo, con el corazón, solo a ella le hice el amor. Con ella experimente sentimientos nuevos, inexplicables. Fue ella quien me hizo tocar el cielo con las manos, la que dio felicidad a mi vida. El solo pensamiento de perderla me producía un vació en mi estomago.

La casa estaba sumida en un gélido silencio. Positivo Arturo, positivo.

-Seguramente se fue a comprar algo.- dije en voz alta. Cuando vi que en el perchero al lado de la puerta no estaba su chamarra.

Fui a la cocina a preparar café para cuando regrese, seguramente lo necesitaría. Curiosamente el café ya estaba listo.

-Tal vez fue a comprar algo para comer- dije mientras me servía aquella bebida en mi taza favorita- ¿Adonde mas va ir?- susurre a mí mismo, mientras me daba vuelta y apoyaba mi taza de café en la isla de la cocina.

Cuando apoyé mi taza sobre el Angel´s News que estaba abierto, me di cuenta de que había café derramado sobre sus páginas. La mancha aún húmeda borroneaba la tinta negra. Luego vi la taza que Samanta usaba siempre, volcado junto al café derramado.

Se había ido. De verdad. Lo sabía con la misma certeza que confirmaba que afuera estaba lloviendo.

“Ya lo sabe”

La simple tristeza habría sido un sentimiento preferible en comparación con las emociones que experimente en los dos minutos siguientes. El café que acababa de beber me dio nauseas. Los pulmones se me contrajeron de tal modo que no podía respirar. Tenía el corazón destrozado. Estaba ahogado en un torrente de amargura y remordimientos, maldije mi existencia.

Luego vi el aviso del Angel´s News y la horrenda imagen de lo que debió haber ocurrido se desplegó frente a mis ojos. Él había logrado llegar a Samanta. Monica me había dicho que Dante era un sujeto con muchos recursos, pero jamás me había imaginado un ardid tan directo. Cuando ella leyó su nombre impreso y el pedido desesperado de Dante, rogando una llamada, el pasado debió haber vuelto a su mente como una ola violenta.

Y, sin duda, al enterarse de toda la verdad habrá querido huir de mí con tantas ansias que ni siquiera se molesto en recoger sus cosas. La imagine corriendo debajo de la lluvia, entre sollozos. O tal vez no lloro. Quizás solo se enojo y comenzó a maquinar una venganza contra el chico de Queens que la tomo por tonta ¿Seguirá amándome, aunque solo fuera un poco, cuando cerró la puerta? Ninguna de esas dos posibilidades me era muy alentadora, el solo hecho de hacerla llorar hacia que mi interior gritara en agonía. Me merecía lo peor, lo sé, pero aun así no podía hacerme la idea que me odie. El no tenerla de vuelta en mis brazos, el no poder escuchar de vuelta mi nombre en sus labios. El no escuchar Te Amo, en sus labios.

Paralizado por la angustia, hundí la cabeza entre mis manos. Por primera vez en años, me puse a llorar.

 

-Arturo, no podes quedarte en la oscuridad, mirando televisión por el resto de tus días- dijo Irma desde el desván.

-¿Por qué no? Es muy educativo- Clavé la vista en la pantalla, no deseaba encontrarme con la mirada de mi tía.

Avanzo hacia el televisor y lo apago. Se sentó junto a mí y supe que tendría que soportar uno de esos sermones típicos que los adultos suelen reservar en su memoria para ocasiones como esta y que comienza más o menos así: “Yo soy mayor que tu y como he vivido más…”. No estaba de humor para tolerar esa clase de conversaciones.

Cuando cedieron mis primeros ataques de desolación por lo de Samanta, llame a mi trabajo para avisar que no iría porque estaba enfermo. La autentica preocupación del Sr. Azuza por mi estado de salud me hizo sentir tan culpable que empecé a sentirme de verdad enfermo. Y no solo del corazón. Casi me arrastre hacia el sillón, con una bolsa de papas fritas, una botella de gaseosa de dos litros y el control remoto. Desde entonces, me había interesado mucho en un programa que trataba de un juicio; acaba de oír el testimonio de una mujer de Osaka que había asesinado a su esposo. En apariencia, ese desgraciado había sido tan traidor que el abogado de la esposa intentaba alegar defensa propia. Seguro que sería exonerada. Cerré los ojos e imagine a Samanta apuntando con un arma “Te lo mereces, Arturo Suarez”

Y era cierto.

-Mañana voy a ir a trabajar, tía Irma. Pero por ahora lo único que puedo hacer es quedarme sentado acá y pensar en los beneficios de la automutilación.-

Irma suspiro.

-Arturo, Samanta ha recibido un gran shock. Está furiosa contigo, y con todo el derecho del mundo. Pero podría volver.-

Menee la cabeza.

-Está enamorado de otro, además decir que está furiosa conmigo es un término que no abarca la magnitud de su enojo.-

-Corrección. “Estaba” enamorada de otro. No me interesa si se ha golpeado la cabeza o no; cualquiera que esté dentro de un radio de diez kilómetros podría darse cuenta que Samanta esta locamente enamorada de ti.-

-Ojala pudiera creerte, Ir. Pero tú no sabes cómo era Samanta antes de que perdiera la memoria. No me soportaba. Me despreciaba. Ni siquiera podía compartir el mismo aire que yo…-

-Arturo, no te pongas melodramático.-

Con el control remoto volví a encender el televisor.

-No lo soy, Ir. Lo juro.-

Me palmeo la rodilla y se levanto del sillón.

-Estas cosas llevan tiempo, Arturo. No creo que seas un joven destinado a vivir el resto de tu vida sentado en un sillón con una bolsa de papas fritas.-

Una vez que se fue, ya no pude concentrarme más en el televisor. Lo dejé sin sonido, me senté y tomé el teléfono. Tenía que intentarlo. Había memorizado el número de teléfono de Samanta desde el primer día que vino a quedarse en casa. Repetí los dígitos una y otra vez en mi mente, juntando el coraje para marcarlos de verdad. Finalmente, inspire hondo y marque el código de área; luego los primeros dígitos del numero. Pero cuando llegué al último, perdí el valor. Corte y me acosté.

Lo sé. Patético. ¿Qué podía decirle? ¿Qué lo lamentaba? Con esa frase no solucionaba nada. Y tal vez Dante esta con ella. Quizás estaban riéndose juntos, preguntándose si yo iba a ser tan patético como para atreverme a llamarla. Deje el teléfono en la mesa.

“No llamaré- pensé-. Por hoy, al menos”

Volví a subir el volumen de la televisión y empecé a revolver en las migajas de papas que estaban en la bolsa. Pero cuando el juez que aparecía en el televisor empezó a dar una perorata respecto de los detalles de la legislación sobre la defensa propia, mi mirada se posó en el teléfono. Cuando sonó, me sobresalte.

-¿Hola?- Atendí antes de que terminara de sonar la primera campanilla.

-You have seven days- dijo una voz muy conocida imitando a la película. Se me cayeron los hombros por la decepción.

-Adrian no estoy de humor- dije disimulando enfado.

-No estás de humor ni para vivir. Lo siento hermano, Monica me contó.- dijo sin rodeos.

Apague la TV. Ojala me hubiera resultado igualmente sencillo y posible “apagarme” yo también.

-¿Cómo se entero?- pregunte.

-El tal Dante la llamo. Se lo llevan los demonios. No te preocupes amigo, va a volver créeme lo que te digo. Además qué clase de hombre se puede llamar Dante y decir con pleno orgullo ¡soy hombre! Me suena a nombre de perro, de esos que usan las señoras adultas y gastan miles en esos canes. ¡Dios, están tan adornados que ni sabes de qué sexo son! ¿Entiendes mi punto?-

-Gracias  Adrian, por animarme- estaba tan devastado que no podía sonreír siquiera. Era como si Samanta se hubiera llevado no solo su presencia de mi vida, sino también al alegre y despreocupado Arturo Suarez. Que solo se preocupaba por sacarse dieses en la facultad, ganar el dinero suficiente para poder comprarse una cámara. Todo eso se fue con Samanta. Todo.-

-¿Samanta está enojada con Monica?-

Adrian resoplo.

-Es una manera suave de describir la situación.

-Que desastre. Ojala nunca hubiera conocido a esas chicas- Me acosté boca abajo y mire la pared blanca del desván. Nunca me había dado cuenta de que ese lugar parecía una cárcel.-

-¿De qué estás hablando Willis?- dijo imitando al actor. Y conociéndolo como lo conocía, me lo imaginando haciendo un puchero después de haber dicho la frase. A veces me pregunto, ¿por que soy hermano de Adrian? Por su sentido del humor, el cual en este momento estoy odiando con toda el alma. –Suarez, para empezar, las cosas entre Monica y yo no podían ir mejor. Y segundo sigo con mi teoría, Samanta y tú van a volver.-

-Adrian creo que la NASA se está perdiendo de una mente brillante como la tuya.- dije con sarcasmo, y el tono de mi voz sonaba bastante irritado. Hasta diría que pronuncie las palabras con un gruñido. El eterno optimismo de Adrian me dejaba sin palabras, pero en ocasiones me fastidiaba. Hoy era un día de esos. Aunque en realidad, todo me irritaba últimamente. El porqué no es muy difícil de saber.

-Adrian- me obligue a tranquilizarme, después de todo él no tenía la culpa. El único culpable soy yo.- Samanta y yo terminamos. Se fue sin despedirse siquiera. Ni se molesto en dejarme una nota, al menos.-

Noté que Adrian suspiraba, frustrado. Solía decirme que yo me daba por vencido muy rápidamente cuando las cosas salían mal.

-Arturo… ¿que querías que te escribiera? ¿Idiota con letras rojas? Ponte en su lugar, por un minuto. Seguramente la noticia la impacto, se enojo, estaba furiosa, decepcionada. Ahora ya paso un tiempo, habrá pensado mejor las cosas. No esta tan furiosa. Tienes que llamarla. Ahora mismo. Y esto amigo mío, no es un consejo es una orden. Tienes que replantear la situación. ¿Pasar el resto de tu vida lamentándote por Samanta? ¿O enfrentar la situación? No tienes nada que perder, el no ya lo tienes seguro. Hazlo.-

Oí un clic y luego el tono de la línea. Me quede con el articular suspendido entre las manos; no tenia energía suficiente como para ponerlo en su lugar.

-¿Por qué está pasando todo esto?- gemí, presionando el rostro sobre los suaves almohadones del sillón- ¿Por qué no me muero ahora mismo?-

Por fin me incorpore y colgué el teléfono. Una vez de pie, el mundo- o al menos ese ambiente- me pareció distinto. Tal vez Adrian tenía razón. Si a Monica le gustaba un chico de Queens, sin clase, sin saber arquear el meñique para tomar un té, sin saber absolutamente nada de aquellos rituales de la clase alta, ¿Por qué no a Samanta? Claro que, por otra parte, mi amigo no había inventado una horrenda historia con el pasado de Samanta. Y ella tampoco era una insoportable esnob como su amiga., por lo menos ya no. ese papel ahora le pertenecía por completo a Dante. Y, después de todo, sus orígenes eran de Queens. Al menos los de su padre. Además, todos los habitantes del mundo, excepto Samanta, claro un pequeño detalle sin importancia ¿no?, se habían dado cuenta que Danta era un reverendo idiota, o también- un chiste malo por cierto, y con perdón a su madre- un reverendo hijo de puta. Un estúpido repugnante, bueno creo que ya se entendió el concepto.

Los razonamientos fluían en mi mente, uno tras otro. Cada vez que se me ocurría una razón que explicara por qué el destino nos había unido, aparecía otra para contrarrestarla. A medida que crecía la lista, también aumentaba mi deseo de hablar con ella. Ya no toleraba el silencio.

Esta vez marqué el número de teléfono completo, decidido a luchar por ella. No ganaba nada quedándome cruzado de brazos, mirando televisión y comiendo papas fritas. Bueno en realidad ganaba grasas acumuladas, pero ¿a quién le importa, cuando tu corazón está roto en mil pedazos? A las mujeres se les daba por los chocolates, a mí las papas fritas. Como había dicho Adrian, no tenía nada que perder. El cartel de idiota ya lo tenía en la frente.

Samanta respondió a la tercera llamada.

-Samanta…-

Me corto antes de que pudiera decirle quien hablaba. Pero no me daría por vencido. Samanta  tenía que hablar conmigo. No me importaba que Dante estuviera o no con ella. Volví a llamar.

-Por favor no cuelgues- le implore cuando atendió a la primera llamada. Cuando me hablo, su voz fue tan fría como el hielo.

-No quiero volver a hablar contigo  nunca más en la vida.- enfatizo la última frase- Estoy segura que entenderás porque-

Tuve la sensación de que mi columna era de goma. Me eche sobre el sillón y apreté el articular con fuerza contra mi oreja

-Samanta, por favor…- rogué inútilmente.

-¿Acaso te hable en Ruso? -Pregunto con sarcasmo- Acabo de decir que no quiero volver a dirigirte la palabra, y eso incluye que tú tampoco debes dirigírmela a mí. Colgare ya mismo. –

El tono de la línea me pareció una marcha funeraria. Me llevé la mano al estomago. Creí que vomitaría todas las papas fritas allí mismo. Como un verdadero masoquista, volví a marcar el número de Samanta. El teléfono estaba ocupado.

Llamé cinco minutos después, con idéntico resultado. Luego diez minutos después. Y quince minutos después.

Obviamente lo había dejado descolgado, cerrándome así las puertas a su vida. Me quede acostado en el sillón, con las rodillas casi rozándome el mentón. Tuve la sensación de que Manhattan estaba en otro continente, no solo a unos minutos en tren. Mi estomago no mejoraba, me sentía vació. El nudo en mi estomago, y la aflicción en mi corazón no mejoraban. ¿Se puede morir de amor? Ojala que sí. Mi existencia hasta el momento era tan sencilla… Hasta que vino mi princesa. Samanta… ya no era más mi princesa. Ahora seguramente estaba con el estúpido de Dante. Pensar en eso me hizo sentir enfermo, no podía soportar la idea que la besara siquiera. Y menos todavía que la tocara y la viera de la misma manera que la vi yo.

Sedienta de mis caricias, sumisa a mis besos. Por más que él lo intentara jamás podría darle lo que yo le di. Porque para Dante no existe nada más que él.

Samanta Torreblanca y yo habíamos terminado… mucho antes de haber empezado.

 

Samanta:

El jueves por la mañana mi padre me estaba esperando en el comedor diario, frente a una taza de café, el Wall Street Journal y un plato con medialunas. Pero cuando lo vi tenia la vista perdida, como si hubiera olvidado su ritual matinal.

-Que suerte que ya te has levantado- dijo cuando me senté frente a él.

-Sí. Me pareció un tanto extraño despertarme en mi propia cama- me serví una taza de café, con cierta timidez.

-en las oficinas del ferrocarril me dijeron que devolverían tu equipaje esta tarde-

-Qué alivio- respondí, ausente. Me imaginaba a Arturo desayunando a la mesa de su casa.

“Aunque a esta hora debe de estar trabajando”, pensé

-¿Cómo te fue en tu reencuentro con Dante?- pregunto mi padre, note que trataba de ser cortes.

-Estupendo. Maravilloso-

“Extraño. Incomodo.”

Mi padre concentro la mirada en la tapa del periódico y yo comencé a repasar mentalmente la escena con Dante…

Lo vi no bien entre en el Café. Estaba en una pequeña mesa de mármol situada junto a la ventana de la entrada- la mejor del lugar-, bebiendo un café expreso.

Se puso de pie y abrió los brazos para recibirme. Como siempre, estaba impecable; llevaba un pulóver de algodón amarillo limón y unos jeans de marca. Sin duda era atractivo, educado y plenamente consciente de su condición de ciudadano acaudalado.

Recibí con agrado el abrazo, tratando de convencerme de que ese instante era el que había estado ansiando desde que me fui de mi departamento el sábado anterior.

-Samanta, gracias a Dios que estas acá.-

Sus labios buscaron los míos. Respondí a su beso, tratando de olvidar en vano la sensación de los besos de Arturo. Pero el contraste fue imponente. Los labios de él eran firmes y seguros; los de Dante, suaves y torpes. ¿Cómo nunca me di cuenta de ese detalle? Además, aun cuando murmuraba mi nombre y jugueteaba con mi cabello, parecía tan preocupado por sí mismo de que me daba la impresión ‑­

Que era el protagonista de alguna película, en lugar de un hombre enamorado. Por fin me separe de él, convenciéndome de que transitaba por un lógico periodo de readaptación.

-No vas a creer, las cosas por las que tuve que pasar.- comente. Me senté en una de las sillas de hierro, forjado dispuestas junto a la mesa de miniatura.

Dante hizo una señal al camarero para que trajera otra taza de expreso y se volvió hacia mí.

-Supe que Monica tramaba algo cuando hable con ella. Juro que no entiendo cómo puedes ser amiga de esa chica. No tiene clase.-

Recordé que Monica había ido corriendo a Queens ni bien se entero de mi caída. Y el paseo de compras. Y las cosas que me había contado sobre mi madre, cuando me sentí tan a la deriva por mi pasado. Luego también acudió a mi memoria su horrible traición.

-Bueno ya no somos amigas, así que no tienes por qué preocuparte.- conteste.

-Eso es algo rescatable de toda esta situación. Otra ventaja fue que no hayas tenido que ir a ese horrendo campamento- se le veía increíblemente complacido, como si hubiera orquestado lo de mi amnesia para salirse con la suya.

El camarero coloco el café frente a mí y bebí un sorbo para probarlo era fuerte y amargo.

-Pero ni siquiera te he contado lo que me sucedió.-

-Cuéntame, entonces. Aunque estoy seguro que no tendrá ni punto de comparación con la situación que yo pase. No puedes imaginártelo.-

Claroooo… tonta, tonta Samanta. El hecho que tu vida en el lapso de una semana, se haya puesto patas para arriba no significa nada. O que te hayas caído, sufrido de amnesia, haber sido secuestrada por, por… por el mejor espécimen de todo el mundo. ¡NO! Por una rata, traicionera, que me mintió y engaño. Suspire, Dante parecía mucho más preocupado por su propio sufrimiento y sus actos heroicos- levantar el teléfono y usar sus contactos para que me encontraran- que por el hecho de que mi vida se hallara trastornada por completo.

-Ni siquiera me preguntaste donde estuve en todos estos días.-

Dejo su taza sobre la mesa.

-Bien. ¿Dónde?-

-En Queens.- Espere que me preguntara con quien. No veía la hora de encontrar a alguien que sintiera por Arturo Suarez el mismo odio que yo.

Hizo una mueca.

‑­-¿Has estado viviendo en Queens todos estos días? ¡Santo Dios! Me sorprende que no te hayan asesinado.- meneo la cabeza.- pobre Samanta, debes de haberte sentido aterrada. –

Pensé en la acogedora casa de Rose, en los arboles verdes y en la gente simpática del vecindario. Recuerdos muy distantes de resultar aterradores.

-No es tan malo ¿Sabes? Mi padre creció allí. – Dante me tomo la mano, tenia los dedos fríos, un poco pegajosos y húmedos para mi gusto. En clara yuxtaposición con las cálidas manos de Arturo.

-Samanta, eso fue hace mucho tiempo. Él ya lo ha olvidado el pasado- Se estremeció- ni siquiera pensemos en eso.-

Aparte la mano. Dante parecía tan esnob y elitista que me sorprendió. ¿Siempre había sido así?

-Como quieras Dante.-

De repente no tuve ganas de contarle el engaño de Arturo. Quería bloquear esa experiencia de mi mente, y si le confesaba a Dante lo ocurrido, el no se detendría hasta vengarse. En cambio, me ahorraba los detalles de mis últimos días, podríamos reanudar nuestra relación donde la habíamos dejado. Todavía quedaba todo el verano por delante. ¿Qué sentido tenía amargarnos con el drama de mi amnesia?

-A propósito, ¿Con quién estuviste?-

-ah, con una amiga de Monica. No la conoces.- clave la vista en la taza de expreso.

-¿Qué amiga?- me pregunto, como si se diera cuenta que me callaba algo.

-Nadie importante.- respondí, recordaba los cálidos ojos zafiros de Arturo, sus fuertes brazos alrededor mío- ¿Por qué no me cuentas lo que hiciste?-

Dante se sintió satisfecho con la respuesta ya que su vida había retornado al orden habitual, o sea… él, él, y adivinen que mas… él. No quería pensar en las consecuencias complejas de lo vivido. Sonrió.

Durante la hora siguiente no hice otra cosa más que beber mi café y escuchar a Dante hablar de sí mismo.

“Como en los viejos y buenos tiempos”

Mi padre dio vuelta las páginas del periódico y me hizo regresar al presente.

-¿Samanta oíste lo que te dije?-

Menee la cabeza y tome una medialuna.

-Lo siento papá, pero tenía la mente en otro lado.

‑­

-¿Quién es el tal Arturo Suarez? Nunca te lo había oído mencionar antes.

Me miraba con curiosidad, no tenía ni idea que acaba de formular una pregunta muy peligrosa.

-Es… eh… un conocido, digamos que me encontró en la estación y me llevo a su casa.-

No podía tolerar decirle toda la verdad, el solo pensar en Arturo me hacia ruborizar. Tal como lo había hecho con Dante, los deje que los detalles cayeran en las grietas de mis historias.

-Bueno por el teléfono me pareció un joven muy agradable, y me gustaría agradecerle personalmente que te haya aceptado en su casa. –

-No es necesario, papa. ¿Podemos olvidar el tema, por favor?- Arranque un pedazo de medialuna, me lo introduje en la boca y lo mastique furiosa.

Mi padre arqueo las cejas.

-Claro, si crees que es lo mejor…-

-Créeme. Lo es.-

Asintió con la cabeza, pensativa.

-Igualmente, hay algunas cosas que debemos aclarar.- dejo el periódico a un lado.- tú y yo tenemos mucho tiempo que recuperar. Unos cinco años, según mis cálculos.-

Trague el duro nudo que se me había formado en la garganta.

-¿De qué estás hablando?- mi voz fue un chillido… nunca habíamos mantenido una conversación “personal”, y el proyecto me entusiasmaba.

-Tu madre, antes de morir, me hizo jurarle que no me ahogaría en mi propia pena. Quería que tuvieras una adolescencia normal y feliz, llena de amor… de risas… aunque ella no pudiera compartirlas contigo. – Hizo una pausa y cerró los ojos- Este último mes me di cuenta que no he cumplido con esa promesa. Te llene de tarjetas de crédito, te impuse horas limite de regreso a casa, te exigí con respecto a tus tareas, pero no llegue a conocerte verdaderamente como persona. Y este fin de semana pasado, por poco te perdí…

No sabía que decir. Por supuesto que durante años reproche que mi padre no pasara tiempo conmigo. Pero, en realidad, jamás pensé que estuviera dispuesto a admitir que cometía errores. Por primera vez me di cuenta de que era un ser humano de verdad… no solo un robot que me decepcionaba día tras día.

-No fue tu culpa que yo me golpeara la cabeza, papá.-

‑­

-claro que no tuve la culpa de que te golpearas la cabeza, pero sí de no haberme dado cuenta de que algo andaba mal mientras yo estaba de viaje, tu pudiste haber quedado abandonada en las calles, indefensa…-

Parecía tan desolado que quise reconfortarlo. Me asustaba la idea de verlo derrotado: el peñón de Gibraltar de pronto se desmoronaba.

-Bueno, en el campamento debieron haberte avisado que yo no había llegado…-

-Trataron de hacerlo. La propietaria por fin dio conmigo el mismo día que Arturo. La mujer estaba desesperada.-

-Pero todo salió bien. Ya estoy mejor, y además no tengo que ir a ese campamento- trate de mostrarme contenta, aunque sabía que las cosas distaban mucho de estar bien.

Mi padre siguió hablando, como si no me hubiera oído.

-Cuando hable por teléfono con Irma, me di cuenta de que ella te conocía, a ti, mi propia hija… mejor que yo.-

-No he sido una persona fácil de conocer- declaré. Por primera vez desde la muerte de mi madre, me veía a mi misma con más claridad- Después de que ella falleció quise protegerme contra posibles penas futuras… Ahora sé que es imposible- pensé en Arturo  y el dolor que me había causado- La vida no es así.

Mi padre se me acerco y me beso en la mejilla. Me abrazo.

-Has crecido de verdad, Samanta estoy orgulloso de ti.-

Se escapo una lagrima.

-Gracias, papá. Esto significa mucho para mí- Claro que había crecido ¿pero a qué precio?

Sonrió.

-¿Crees que poder darle otra oportunidad a tu padre? ¿Podríamos pasar el verano reconstruyendo lo que teníamos cuando eras niña?-

-Me gustaría mucho- conteste y le devolví la sonrisa.

Por un segundo fui feliz; Arturo, Danta y Monica se borraron de mi mente. Ahora iba a convertirme en una prioridad para mi padre, la esperanza secreta que había albergado en mi corazón durante años estaba a punto de tornarse realidad. Irónicamente, se lo debía a Arturo.

‑­

El sábado por la noche me puse un vestido largo de seda negra y unas sandalias también negras. Dante había organizado un paseo especial para mí y yo estaba segura de que aquella velada, nuestra relación volvería a ser como antes, y entonces se disolvería la depresión que me había quedado con respecto a Arturo.

En los últimos dos días había logrado esquivar con éxito todas las llamadas de Monica; mi ex mejor amiga encabezaba la lista de personas cuya existencia quería olvidar. Descolgué de las paredes de mi cuarto todas las fotografías que nos habíamos tomado juntas, y mientras lo hacía recordé a Arturo y su cámara de fotos. También me había comprado ropa de verano nueva, evitando a propósito ir a Bloomingdales’s.

Mi padre cumplía con su promesa de tratar de conocerme más a fondo. Trabajaba menos horas por día y hacia un esfuerzo por mostrarse amable con Dante; hasta lo había invitado a cenar el domingo. Mi vida era la que cualquier chica habría soñado… salvo un detalle: echaba de menos a Arturo e Irma. Y a Monica. Hasta a Adrian y al señor Sr. Azuza

A las ocho en punto Dante había llegado y me estaba esperando abajo.

-Ya bajo- grite por el conmutador- ¡Chau, pa!- lo salude y Salí muy apresurada del departamento, antes de darle oportunidad de imponerme un horario de regreso. Algunas cosas nunca cambian…

Dante me aguardaba en la entrada del edificio ignorando lisa y llanamente al portero.

-Hola, mi amor estas preciosa.

-Gracias, tu  también estas muy elegante- Con sus pantalones de vestir color tostado y una chaqueta azul marino, parecía un modelo publicitario.

Su beso fue automático, una formalidad.

-Hice reservaciones para que cenemos tarde en un restaurante nuevo, no es donde vamos siempre. Pero me dijeron que la comida es exquisita y está muy de moda. Pero antes- hizo una pausa- una sorpresa.-

Trate de mostrar cierto entusiasmo ante la perspectiva de cenar en seguramente uno de los restaurantes más refinados de todo Manhattan. Conociéndolo sabia que los gustos de Dante no bajaban de restaurantes de primera categoría, y seguro era un lugar para aquellos ciudadanos que tuvieran dinero para quemar. En otras palabras la antítesis de Hikari.

El taxi nos dejo en la base de un parque, extremadamente parecido al parque de mi cita con Arturo, pero cuando vi la hilera de carruajes que me habían parecido tan románticos unos días atrás, me empecé a asustar.

‑­

“Una coincidencia- me dije.- Una simple coincidencia”

Sin embargo, cuando vi a Dante dirigirse al más adornado de todos, supe que me hallaba en problemas.

-¡Un paseo en carruaje!- exclamo- Que sorpresa ¿no?

En ese momento tuve el profundo deseo de que me atropellara un camión con acoplado. ¿Cómo podía subirme a un carruaje con Dante? Considere la posibilidad de decirle que era alérgica a los caballos o que de pronto recordé que había dejado la plancha enchufada. Cualquier cosa para escaparme de esa conocida escena del caballo y el carruaje. Pero Dante ya me estaba haciendo señas. No me quedaba otra alternativa que aceptar su “sorpresa”.

-Vamos mi amor, el tiempo es dinero.- Me ayudo a subir y se sentó a mi lado.

-Buenas noches- dijo el conductor mientras se volvió para mirarme.

Cuando vi su rostro, me quise morir. ¡Era el mismo cochero que nos había llevado a Arturo y a mí! por la forma en que me guiño el ojo, me di cuenta de que me había reconocido, aunque por suerte no abrió la boca.

-Hola- balbucee, con el corazón palpitante.

Sin agregar ni una sola palabra más, hizo chasquear las riendas. Cuando comenzamos a avanzar, me dije que debía considerarme feliz. Mi paseo con Dante borraría los recuerdos de Arturo, en especial, el momento en que le dije que lo amaba. Cerré los ojos, bloqueando todo excepto a Dante.

Cuando entramos al parque, me atrajo hacia sí.

-Estaba esperando este momento, Samanta- susurro.

-Oh, Arturo…- me calle. No podía creer que acabe de pronunciar el nombre de ese idiota. Dante me miraba de forma muy extraña. Recuperada, trate de arreglar la situación para mi conveniencia- Oh, mi… ¡Ay! ¡Ay, ay! El tobillo. Se me durmió el tobillo. Pero creo que mejora… Si, si.-

Dante me tomo de los hombros con ambas manos y su boca se acerco a la mía. Sus labios se apretaron contra los míos con fuerza, casi con rabia. Le devolví el beso y luego se relajo. Después de unos minutos su respiración se torno agitada y me abrazo con más fuerza.

Pero lo único que yo sentía era frialdad. Ya no podía fingir que los besos de Dante me agradaran. Todo lo que había sentido por él era historia pasada. Odiaba a Arturo, pero Dante solo me inspiraba indiferencia. No podía seguir ‑­

Adelante con la farsa. Me aparte de él, desesperada por poner distancia entre los dos.

-Samanta, te am…-

-Dante, basta. Por favor- lo interrumpí. No quería oírlo pronunciar esas palabras; habrían resultado demasiado dolorosas.

-¿Por qué?- Parecía herido.

-No nos amamos de verdad. – cuando se lo dije, la banda de acero que me comprimía el cuello se aflojo. Ya estaba libre.

-¿De qué estás hablando? Formamos un equipo, somos la envidia de todos mis amigos. Somos lo mejor de la sociedad- se lo veía incrédulo.

Meneé la cabeza.

-Todo eso no es amor. El amor es algo… bueno, algo que te supera. No es eso lo que nos sucede a nosotros.

Entrecerró los ojos con suspicacia.

-¿Hay otro?- pregunto.

-En realidad, no… Absolutamente no. Pero tú y yo no podemos seguir saliendo. Simplemente, no corresponde.- Me sentí triste y aliviada a la vez. Había cortado las relaciones con otra persona más, mi último vinculo a la vida social. Pero no me arrepentí de la decisión ni por un segundo.

Dante se corrió al otro extremo del asiento

-¿Tienes  idea de cuantas mujeres serian capaces de matar por salir conmigo?- no hice caso a la manera como pronuncio la palabra mujeres, era obvio que me consideraba una simple mujer. Pero nada de lo que dijera me afectaría.

-Si Dante. Y todas ellas serian afortunadas de tenerte como novio. Pero tú y yo no vamos a ninguna parte- con cada palabra que decía me sentía más fuerte. Yo era Samanta Torreblanca, una mujer independiente.

-¿Es tu decisión definitiva?- pregunto

-Si- mire fijo hacia adelante.- Lo lamento-

-Cochero, llévenos de vuelta- dijo Dante abruptamente. Luego se volvió hacia mí. –La cena queda cancelada.

‑­

Punto final. Después de un año de haber salido, las últimas palabras de Dante en cuanto a nuestra relación solo se refirieron a la cancelación de las reservas para cenar.

“Adiós, Dante- pensé-. Que Dios te ayude”.

Arturo:

Una semana y un día después.

La bolsa de Bloomingdales’s me pesaba sobre el regazo, mientras me dirigía en el tren número cuatro rumbo a la casa de Samanta. Mis llamadas telefónicas no me sirvieron de nada; durante unos días insistí, pero las puertas no se abrieron. Es más pensé, llamarla y cantarla Perdóname… pero estaba seguro, que no se lo iba a tomar con humor, y que lo más factible, seria que empeorar las cosas. Así que me abstuve a seguir mi táctica- aunque inserviblemente- de auto humillación, y de olvidarme de mi orgullo. Ella siguió con su flamante vida, dejándome atrás en el polvo de Queens…

Durante toda la semana, de solo ver sus pertenencias me sentía caer en un abismo de depresión. Hasta llegue a dormir con su conejito de peluche. Patético. Aquella mañana me desperté con una urgente necesidad de limpiar la casa de la presencia de Samanta; ahora me encontraba en un tren subterráneo atestado de gente, rumbo al centro de la cuidad, decidido a restituirle las piezas que faltaban para completar su vida.

Cuando salí de la estación de subte, el aire estaba húmedo y pegajoso. Por lo general en la zona donde vive Samanta, era tranquilo los fines de semana, y ese domingo las calles me parecieron particularmente desiertas. Toda la gente adinerada había abandonado el horno de Manhattan en busca de seguramente playas y viento fresco.

Encontré el edificio de Samanta sin dificultades. La dirección estaba grabada sobre un toldo azul, con una tipografía tan grande que medio planeta podría haberla leído. Estire el cuello para alcanzar a ver el último piso. ¿Estaría allí arriba? ¿Mirando por la ventana en este momento?

Un solemne hombre de mediana edad me abrió la puerta.

-¿En qué puedo ayudarlo, señor?- pregunto, con cierta curiosidad.

Yo estaba indeciso. ¿Debería intentar verla? ¿O simplemente dejar la bolsa al portero?

-Eh… yo… vine a devolver algunas pertenencias a la señorita  Torreblanca- dije por fin.

Era evidente que le causaba gracia mi incomodidad.

“Se nota que nunca estuve en un edificio como este” pensé.

-La señorita Torreblanca fue a una conferencia con su padre- respondió el hombre-. No regresara hasta dentro de un par de días.

Me sentí aliviado como decepcionado.

-Bien ¿puedo dejarle esto, que es para ella?

-Por supuesto. Me encargare de que lo reciba.- Cuando extendió la mano para tomar la bolsa, tuvo que tironear de ella para que yo la soltara: una parte de mi quería recuperarla y llevarla de nuevo a Queens.

Me quede parado allí, con las manos muertas a los costados.

-Gracias. Dígale que, eh… que estuvo aquí Arturo.

-Sí, señor.- Abrió la puerta y espero a que saliera.

Fuera de aquel vestíbulo climatizado, el verano de Manhattan fue como una bofetada en medio de mi cara. Camine hasta la estación de subte como una nube. Sin querer, me lleve por delante a dos personas que pasaban y un poste de servicios públicos.

Cuando por fin llegue a interior de la estación, la imagen del edificio de Samanta me pareció un sueño.

En pocos minutos más me encontré en el tren subterráneo, camino a Queens, a una casa desierta.

-Arturo, si supiera como esta, te lo diría- dijo Monica, con voz de frustración.

-¿No tienes ninguna noticia? ¿Algún detalle que te hayas olvidado de contarme?- pregunte otra vez.

Monica, Adrian y yo, estábamos en el living de Adrian, mirando una película por televisión. Al menos ellos trataban de mirar; yo solo quería hablar de Serena.

-En caso de que te hayas olvidado, Samanta no me dirige la palabra. Juro que si vuelve a cortar el teléfono con tanta violencia, me hará estallar el tímpano.

No estaba dispuesto a rendirme.

-Pero… sabes que rompió con Dante.- Me levante del sillón y me acosté en el piso, con una almohada debajo de la cabeza.

-Sí, pero me entere porque me encontré por casualidad con él en Zarbar´s. Él me lo contó.- Se corrió hacia el sitio que yo había dejado libre en el sillón y apoyo los pies sobre el regazo de Adrian.

-¿Qué fue lo que dijo, exactamente?-

Monica revoleo los ojos.

-Dijo, palabras textuales “Samanta y yo hemos decidido terminar nuestra relación. Cada vez estábamos mas separados” fin de su frase. Eso fue todo.

Me senté y di un puñetazo a la almohada.

-¿Y no le preguntaste nada mas? ¿Por ejemplo, como se lleva Samanta con el padre? ¿O si todavía tiene dolores de cabeza?-

-No soporto a Dante. ¿Piensas que yo Monica Torres landa, se habría quedado todo el día en Zarbar’s hablando con él? nunca, por supuesto que no. No en esta vida, camarada.

Me pase la mano por el cabello. No podía creer que Monica no sintiera curiosidad por saber algo de Samanta, como yo. ¿No le importaba que su mejor amiga estuviera marchitándose en ese rascacielos?

-Bueno, Dante tampoco es uno de mis favoritos… Pero yo le habría preguntado- insistí.

La única alegría que experimente en esos grises días que siguieron a la partida de Samanta fue su ruptura con el tal Lancafire. O sea… el apellido, ya me es ¿desagradable? Si, si. Primero, no es de acá. ¿O se habrá querido dar aires de superioridad y ponerse un apellido yanqui? A parte… ¿Qué tipo de hombre se llama Dante? Bueno como decía, si bien mi vida sin Samanta apestaba, mucho peores fueron las pesadillas que tenia al imaginármela en los brazos de ese baboso.

-Arturo, no hay nada que yo pueda hacer. Recuerda que fuiste tú el que me puso en esta situación; no al revés.

-Bueno, las cosas no han salido tan mal para ti- señale. Ella y Adrian ya formaban pareja, y ese constante besuqueo y tomarse de las manos por la calle me daba nauseas.

Adrian carraspeo.

-Tienes que calmarte, Suarez- me aconsejo.- No empieces a acosar a Monica solo porque te sientes mal. Esto no es fácil para ella tampoco.

Perfecto. Ahora mi mejor amigo era más leal a su novia que a mí. Recordé lo que me había dicho poco después de conocer a Monica “el amor hace que la gente cometa locuras”. Por supuesto que tenía razón; no había ningún sentido en culparla  de nada. Yo, y solamente yo, había sido el culpable de provocar semejante situación.

-Lo siento chicos-dije- . Supongo que estos días debo de estar insoportable

Monica me palmeo el hombro.

-de todas maneras te queremos, ¿no es cierto, Adrian?

Mi hermano  se encogió de hombros.

-Claro. Pero todo este desastre podría aclararse así de fácil.- Chasqueo los dedos.

-¿Si? ¿Cómo, señor sabelotodo?

-Arrástrate  hasta ese edificio, ábrete paso entre esos porteros almidonados y dile que la amas.

-No tengo tus modales de cavernícola, Adrian.-

Monica rio.

-No lo sé. A mí me suena muy romántico.

Adrian la beso en la mejilla.

-Si alguna vez me dejas plantado, eso es lo que haré.

Monica empezó a besarlo, como si se encontraran  solos. Hice un ruido con la garganta para llamarles la atención.

-Por favor tengan la amabilidad de no contar dinero delante de los pobres. Yo estoy tratando de remendar mi destrozado corazón, y ustedes, con esa actitud, echan sal fina en mis heridas abiertas.- dije limpiándome una lagrima imaginaria.

-¡¡Oh, pobrecito!! Pero hijo perdido de Shakespeare, detesto tener que decirte que te lo advertí, pero no estarías acá, llorando tus penas, si le hubieras confesado toda la verdad cuando prometiste hacerlo.

Me frote los ojos y recordé la noche que intente confesarle la verdad. Aquella noche que salimos a pasear en carruaje.

-Exactamente en el momento en que estuve a punto de confesárselo ¡ella me dijo que me amaba!- grite- ¿Cómo pretendes que pensara con claridad después de eso?

-Tal vez… haya esperanzas después de todo.- dijo Monica, aunque no parecía convencida.

Meneé la cabeza.

-El amor no es para mí. Viviré el resto de mis días en soledad, observando un desfile de parejas jóvenes y felices torturándome con sus exhibiciones públicas de afecto.

Adrian resoplo.

-¡¡Dios, Arturo!! ¡¡Me das asco!! ¿Qué paso con el otro el Arturo Suarez que yo conocí? ¿Quién eres, y que hiciste con mi hermano? Tienes que recuperarla, ya no soporto más tus discursos sobre el amor.

No podía estar más de acuerdo con él, tenía que recuperar a mi chica.

Como no recibí noticias después de haber dejado la bolsa en el edificio, ni tampoco tenía las agallas para irrumpir al estilo Adrian, debí intentar otro curso de acción. Recurrí al único elemento que me había ayudado a superar los momentos más duros de la vida: mi cámara de fotos.

El miércoles por la noche volví a la tienda del Sr. Azuza a las nueve en punto, mucho después de que la tienda hubiera cerrado sus puertas al público. Entré con la llave que el señor Azuza me había dado, y con mucho cuidado desconecte el antiguo sistema de alarma.

El laboratorio fotográfico estaba frio y oscuro, un excelente cambio para aquella húmeda noche de junio. Detrás del laboratorio había un cuarto oscuro; no lo usábamos para revelar los rollos de los clientes, pero el señor Azuza me permitía trabajar allí, con los equipos y las sustancias químicas. Disponía de todo lo que necesitaba.

Manipulando con suma delicadeza los rollos blanco y negro que había usado con Samanta, como si tuviera entre mis manos un jarrón Ming, comencé el revelado. El familiar procedimiento me absorbió por completo y por primera vez en varios días me sentí como un ser humano.

-Debí hacer esto hace mucho tiempo- dije en voz alta, mientras esperaba que las hojas de prueba emergieran del papel revelado.

Enseguida tuve la sensación de que eran las mejores fotografías que había tomado en mi vida. Incluso en los diminutos cuadrados de las hojas de prueba pude comprobar que Samanta era el modelo perfecto. El modo en que inclinaba la cabeza, el ángulo de sus brazos, la forma de su boca… todo su ser aparecía en esas fotografías en blanco y negro.

Con un lápiz graso marqué las cinco mejores fotografías que había tomado, y luego me dirigí hacia la ampliadora. El tiempo paso volando mientras trabajaba; quería que las fotos salieran perfectas. Cuando terminara la noche, tendría una verdadera obra de arte que le transmitiría a Samanta Torreblanca lo mucho que la amaba.

Era pasada la medianoche cuando al final saque las cinco fotografías de los ganchos que las mantenían colgadas para que se secaran. Sobre un largo mostrador blanco, situado a un costado de la sala, las apoye una junto a la otra. Encendí la luz del techo y las contemplé un largo rato.

Quede complacido. Esas cinco tomas expresaban cinco estados de ánimo diferentes: se la veía feliz, triste, traviesa, pensativa y reticente. Tome un marcador indeleble y con lentitud comencé a titular cada una. El primer encabezado que se me ocurrió fue “Mujer que desea que la besen”

Sostuve la fotografía en que Samanta camina había mi cámara, muy cerca de mis ojos, absorbiendo su imagen.

-Oh, Samanta- murmuré- ¿Alguna vez querrás que vuelva a besarte?

No pude evitarlo. Suave, casi imperceptible, apoyé mis labios sobre la boca bidimensional de su fotografía. Supongo que no es necesario aclarar que besar un retrato es una horrenda sustitución de la realidad.

Si, era algo que sabia con toda seguridad. Mi corazón, siempre iba a estar de su lado. Algo tan simple, yo le pertenecía, era de ella. No era ningún tipo de enamoramiento efímero, lo que mi corazón siente, es amor. Y la única dueña de mi corazón, por más cursi que suene, es ella.

Samanta:

Tengo un atraso.

De una semana.

¡¿Por qué?! ¿Cómo, cuando, donde? Esto no me puede pasar a mí, no, definitivamente no. Es un sueño, es verdad ¡¡sí!! Bien, inconsciente, quiero despertar. ¡¡Ya!! Pero… un minuto, ¿no me había despertado ya? ¿No había soñado con un bebe con ojos azules del color de… A, ¡¡ALTO!! Esa palabra está prohibida, sí señor. De ese, mejor. Ese, me dejo embarazada. Enfrenta la realidad Samanta, el sueño solo te hizo abrir los ojos.

Ok, basta. ¿Por qué estoy hablando en tercera persona?

Situaciones extremas…

Ok, listo. Estoy enfocada, en tema, lo capto. Bien, bien, ¿¡Qué HAGO!! Todavía estoy peleando contra el acné, definitivamente no me puedo hacer cargo de un hijo.

-un hijo…- susurre. El solo pensamiento me golpeó, como si de una abofeteada se tratara.

Era regular como un maldito reloj, y tenía un atraso de una semana. ¿Pero Ar… ese (¡¡que no se te olvide lo que te hizo!!), no se había cuidado siempre? Ohhh… Ohhh, de solo acordarme las cosas que habíamos hecho, se me subían los colores. ¡Piensa Samanta, concéntrate!

Una vez no se cuido.

¿¡Pero… pero, pero Como?!Donde pone el ojo pone la bala? Solo uno… y ¡¡BAMG!!

Bien, plan de acción. Huida en aproximadamente 2 días. Si, definitivamente. Siento escalofríos de solo pensar las cosas que me diría mi padre… ¡¡El Congo!! Excelente lugar, si absolutamente. Un bronceado asegurado los 365 días del año, bananas todo el año, porque me encanta las bananas. ¡¡Y no piense mal!! No me vengan con el doble sentido, de que por gustarte tanto la banana estas así.

¿A quién le hablo?

Mi otro yo, si vamos… que no cunda el pánico.

-Señorita… le llego este sobre, ¿quiere que le traiga el desayuno?

-No quiero nada por ahora, tráeme eso.-

Cuando me trajo aquel sobre marrón, lo estuve mirando fijamente por un minuto. Ni siquiera le agradecí a Lila por habérmelo traído. Era un sobre marrón, grande, sin remitente. Las manos me temblaban tanto cuando la abrí que por poco se me cayó. De alguna manera sabia que encontraría en el interior. Había cinco, cada una más cuidadosamente trabajada que la anterior. Mientras miraba las fotografías, las lágrimas rodaban por mi cara.

Observar esas fotografías que Arturo me había tomado era como verme a través de sus ojos. ¿Cómo podría alguien que no estuviese enamorado tomar esas fotos? Había sabido captar mis expresiones más sutiles, poniendo en primer plano la esencia de mis ser.

En la primera yo aparecía soplando un diente de león. Tenía una expresión fresca y despreocupada. “Mujer sin pasado”, decía al pie. Con solo leer los fluidos trazos de la escritura de Arturo mi corazón sufría.

En la segunda, caminaba hacia él y el viento volaba mi cabello hacía atrás. Me costaba creer que esa chica que se reía fuera yo. Hacía días que no sonreía. Debajo había escrito el titulo que yo misma había creado: “Mujer que desea que la besen”.

Me reí con ganas al ver la tercera. Arturo me había captado mientras hacía morisquetas ante el espejo del living. Tenía los labios fruncidos, como si fuera la actriz de alguna película, y las cejas muy arqueadas. Denomino a esa toma “Mujer a solas con el espejo”.

La cuarta fotografía había sido tomada el día que me entere que mi padre regresaría a casa. Tenía el entrecejo fruncido, mientras observaba la cuchara clavada en el helado. Mis ojos denotaban ansiedad. “Mujer aterrada”, decía abajo.

La última me hizo sollozar. Había sido tomada la noche anterior a mi partida, varias horas después de haber comido los helados. Estaba sentada en las escaleras de la entrada del edificio donde vivía Arturo, con la cabeza apoyada en mis manos; mi rostro quedaba medio oculto, como evitando las lentes de la cámara. Por más que me concentraba, no lograba recordar en qué momento había sacado la cámara y sacado la fotografía. Me puse furiosa cuando leí el título: “Mujer a punto de destrozar el corazón del hombre que la ama”. Me tendí sobre la cama y me abrace a las fotografías. Cuando cerré los ojos, el rostro de Arturo se me represento con tanta nitidez que tuve la sensación de que estaba sentado a mi lado. Evoque cada detalle de nuestros días juntos, y la sangre galopo por mis venas cuando recordé nuestros besos, y bueno… todas las cosas que hicimos.

Recordar, sus manos en mi piel. Su sabor, su olor, el dormir pegada a su calor, el sentirme tan segura, tan… feliz en sus brazos. Tan adorada, tan amada.

Hoy era cuatro de Julio, hoy se celebraría el picnic para recaudar fondos, en Queens. ¿Arturo estaría ayudando a Irma a preparar las mesas? Desesperadamente, deseaba tomar el teléfono, pero me contuve. Ni siquiera me había mandado una nota con las fotos. Tal vez ya había dejado de pensar en mí y ese era su modo de borrarme de su vida. Ya había limpiado su casa deshaciéndose de mis pertenencias. El envió de esas fotos podría significar una manera de poner fin a la historia.

El día que regrese a casa, Lila rescato mi ropa mojada del cesto de basura. Dos días después la tuve limpia y planchada, sobre la cama. Me dirigí a mi guardarropa, donde había guardado la camisa de Arturo en la parte de atrás del estante superior.

La tome y volví a echarme sobre la cama. Dispuse las cinco fotografías a mi lado, como un relicario, y me lleve la suave camisa de algodón hacia el rostro, como una versión adolescente de la manta de un bebe. Entonces llore, sin molestarme siquiera en sofocar los ruidos ahogados de mis sollozos. Las lágrimas fueron una catarsis; cuando ya no me quedo ni una sola mas, me quede dormida.

-¿Samanta? ¿Puedo entrar?

La voz vacilante de Monica y los suaves golpes que dio en la puerta de mi cuarto me despertaron. Mire mi reloj digital y me di cuenta que había dormido casi una hora. Me sentía renovada, como si hubiera salido sana y salva al otro lado de un largo y oscuro túnel.

-Pasa- dije, mientras me sentaba en la cama. Me refregué los ojos para terminar de despabilarme y trate de peinarme con los dedos.

-Hola.- dijo Monica. Llevaba puestos unos indecentes pantalones cortos y una blusa con la espada descubierta, a cuadros rojos.

-Pensé en venir a saludarte antes de ir al picnic.

El enojo que había sentido durante días desapareció. Mire el rostro interrogante de Monica y sonreí.

-Me alegro.

Corrió hacia mí y me levante para corresponderle el abrazo.

-Oh Samanta ¿Algún día vas a perdonarme?- pregunto con la voz quebrada por las lagrimas-. Debo de ser la peor amiga del mundo.

-No solo la más descarriada- respondí, haciéndole un lugar en mi desordenada cama.

Se sentó.

-No fue mi intención herirte, Samanta. Lo juro. Solo pensé que Arturo y tu harían una pareja estupenda. Dante no es para ti, y Arturo te cuido tanto…

-Está bien, Monica. Sé que no heriste a propósito.- Una vez más recordé todas las cosas lindas que ella había hecho por mí cuando yo no tenía ni la remota idea de quién era.- Pero si alguna vez pierdes la memoria, ¡¡Cuídate!!-

Se echo a reír.

-Vi a Danta. Me dijo que lo de ustedes paso a la historia. No puedo decir que lo lamento.

Me encogí de hombros.

-Tú y papá tenían razón sobre él. Es un ególatra superficial

-¿Y Arturo?- pregunto con tono serio

-¿Qué pasa con él?- Escondí las fotografías debajo de mi almohada, porque no quise explicarle que significaban para mí.

-Está enamorado de tu y lo sabes. Desde que te marchaste de Queens, parece un cachorro enfermo.

De pronto me sentí mejor.

-¿De verdad?

Asintió con la cabeza.

-Cada vez que me ve me ametralla a preguntas para saber si se algo sobre ti.

Doble la camisa azul, considerando sus palabras.

-¿En serio que me echa de menos? Todo esto podría formar parte de ese plan que él y Adrian tramaron para humillarme.

Monica revoleo los ojos.

-Samanta, basta. Para empezar, Adrian está loco por mí. No haría nada que pusiera en peligro nuestra relación, y un ardid como ese destruiría lo nuestro en segundos.- Cuando hablaba de Adrian, sus ojos adoptaban una expresión de ensueño que nunca les había visto antes.

-Bueno, entonces fue solo Arturo quien tramo todo esto. Su plan macabro.- No quería ilusionarme con la posibilidad de una esperanza. No podía soportar, perderlo otra vez.

-Samanta, ese chico tiene el corazón destrozado. No come. No duerme. Todo lo que hace es mirar fijo la pared, deseando poder volver el tiempo atrás.

-Todo esto me confunde mucho- me levante, y me tape la cabeza con la camisa.- Simplemente, no sé qué hacer.

-¿Lo amas?- pregunto Monica. Me saco la camisa de la cabeza para mirarme a los ojos.

-Sí, estoy completa, loca e irrevocablemente enamorada de él.

Me sonrió de oreja a oreja.

-Entonces lo que tienes que hacer es muy simple. Ven al picnic conmigo. Luego le dices a Arturo que todavía lo amas, y todos seguiremos adelante nuestra vida.

-No lo sé, Monica… lo pensare.

-Bueno, no tardes un siglo pensando. No nos quedaremos allí para siempre- Se puso de pie y me abrazo por última vez.

-Gracias por haber venido- dije- Te necesitaba.

Parpadeo.

-¿Todavía somos intimas amigas?

Me reí.

-Sí, somos intimas amigas.

Cuando se fue, tome las fotografías. Me quede sentada en la cama durante un largo rato, pensando en lo que me había dicho. Si Arturo  todavía me amaba- si alguna vez me había amado- era justo que nuestra relación tuviera una segunda oportunidad. Tal vez la vieja Samanta Torreblanca se habría recluido en su pent-house, hundiendo su angustia debajo de la montaña de ropa nueva y una pésima actitud. Pero la nueva Samanta quería enfrentar los problemas de una vez por todas y aprovechar la ocasión que se le presentara para ser feliz… aunque implicara sufrir un poco en el camino.

Me levante de un salto de la cama y fui trotando al escritorio de mi padre.

-Papa, tienes quince minutos para prepararte. Iremos a un picnic en Queens.

-¿Si? ¿Dónde?

-En Queens, creo que por fin conocerás a los Suarez.-

Regrese a mi cuarto, destilando adrenalina. Solo tenía quince minutos para ponerme mi nuevo vestido rojo de Bloomingdales’s.

“Este lista o no, allá voy, Arturo”

-Vaya, parece que es todo un acontecimiento- exclamo mi padre.

Optamos por tomar el subterráneo, y mientras íbamos hacia donde se organizaba el picnic mi padre me conto anécdotas de su infancia en Queens. Estábamos ya al borde de un inmenso jardín que rodeaba el orfanato los fondos obtenidos iba a parar tanto para el orfanato como el hospital que trabajaba Irma, observando las multitudes de niños y adultos por todas partes.

-Yo ayude a organizar esto.- dije orgullosa.

-Irma me conto- respondió-. Me alegro de que por fin te hayas decidido a aventurarte fuera de nuestra torre de marfil.

Entonces vi a Arturo. En apariencia trataba de organizar un partido de futbol, pero unos cinco niños tironeaban de su camisa para llamarle la atención. De pronto se me seco la boca; me costaba respirar. El tiempo se detuvo cuando alzo la vista y nuestras miradas se encontraron. Permanecimos así, como en un trance magnético

-Samanta, me alegro mucho de que hayas venido- oí decir a Irma a mis espaldas.

Arranque la mirada de la Arturo y me volví para saludarla. Con un vestido floreado y alpargatas, se la veía joven y hermosa. La abrace y contuve las lagrimas.

-Hola, Irma. Te presento a mi padre, Lisandro Torreblanca.

-Irma es un placer- mi padre le estrecho la mano, radiante- Estaba esperando que se presentara la oportunidad de agradecerte personalmente.

Mientras ellos conversaban, mis ojos volvieron a buscar al dueño de mis suspiros. Había abandonado el partido de futbol y se hallaba de pie junto a un árbol inmenso, junto al edificio principal del orfanato. Me acerque a él flotando, porque ni siquiera sentí el contacto de mis pies con el suelo, contuve la respiración.

-Hola otra vez- dijo. Casi no tenía aliento para hablar, como si terminara de correr un maratón.

Todos los malos pensamientos que me habían quedado con respecto a él se desintegraron cuando vi aquella sonrisa de bienvenida y su mirada intensa. Yo también le sonreí y le tendía la mano para que me la estrechara.

-Empecemos de nuevo- propuse-. Me llamo Samanta Torreblanca y me complace mucho conocerte.

-El placer es todo mío- respondió, tomándome la mano entre las suyas-. Pero debo reconocer que tu cara me resulta conocida. ¿Estás segura que no nos hemos visto antes?

-Ahora que lo mencionas, creo que si.- Mientras hablaba, me acercaba a él, ya que quería cerrar toda distancia entre nosotros.- Creo que fue en una vida pasada.

Se rio.

-Qué curioso. Porque de pronto tuve la sensación de que hoy es el primer día del resto de mi vida. De verdad.

Asentí, y las risas se borraron cuando los labios de Arturo se acercaron a los míos. Cerré los ojos, consciente de cada sensación que se filtraba en mi cuerpo. Le rodee la cintura con los brazos, estrechándolo cada vez con más fuerza.

Después de varios minutos, sus labios se acercaron a mi oído.

-Te amo, Samanta. En el pasado, en el presente y en el futuro.

-Arturo…- murmure, y sus labios encontraron los míos otra vez. Y otra más. Y otra más.

Unas cuantas horas después, estábamos sentados sobre una manta junto a Monica y Adrian. Los niños jugaban con cohetes reían y se corrían los unos a los otros. Creo que nunca fui tan feliz como en ese momento.

Arturo estaba acostado, con la cabeza apoyada en mi falda.

-Nunca más volveré a mentirte- dijo, mirándome a los ojos.

-Y yo nunca más volveré a gritarte “Don nadie” en un lugar público- respondí, delineando sus labios con las yemas de mis dedos.

-Y yo nunca más pasare toda una semana sin bañarme.- comento Adrian desde el otro extremo de la manta.

-¡Adrian! ¡Asqueroso!- grito Monica, y todos nos echamos a reír con esa clase de carcajadas que solo los íntimos amigos comparten.

Arturo se sentó y miro a los jardines.

-¿Dónde está Irma?- pregunto, entrecerrando los ojos para poder ver a pesar de la oscuridad.

Mire alrededor y de pronto me di cuenta que había olvidado por completo la presencia de mi padre desde que le había presentado a Arturo, hacia dos horas. Luego lo vi sentado en una manta con Irma. Cada uno tenía un plato de comida y había una botella de vino entre ambos.

Los señale con el dedo.

Darién abrió mucho los ojos.

-¡Vaya! Nunca he visto a mi tía Irma sentada tan cerca de alguien, mi madre siempre decía que la capacidad de mi tía para el romance se había esfumado con su ex novio, quince años atrás.

-Hacen una linda pareja… – comento Monica, pensativa.

Reí,

-Otra vez a la carga. El trabajo de casamenteros nunca termina.- bromee.

Pero por dentro me sentí dichosa al imaginar a mi padre y a Irma reencontrándose con el amor, después de tantos años de soledad. Si se casaban… todos podríamos vivir en Queens, el barrio donde encontré al verdadero amor de mi vida.

De pronto, Arturo se hecho a reír.

-¿Qué pasa?- le pregunte, entrelazando mis dedos con los suyos.

-Acabo de recordad algo que me dijo Irma “El mundo es un sitio extraño y hermoso. Siempre debes esperar que suceda lo inesperado”.

Volví a mirar en dirección a mi padre y e Irma, que parecían estar a escasos milímetros de distancia en aquella manta. Luego contemple a Arturo, que dibujaba un corazón con el dedo sobre mi pierna desnuda.

-Si- murmure-. Un sitio extraño y hermoso.

Agarre su mano y la puse sobre mi estomago donde podía estar creciendo una nueva vida. Al principio Arturo no lo entendió, pero al mirar mi rostro y al encontrarse nuestras miradas, lo supo.

-Un atraso Arturo… de una semana.-

Arturo:

-¡¡Papi!! ¿Estás grabando?

-Si bebe, anda habla.

-¿Qué quieres que te cuente?

-No sé, ¿Cómo te fue hoy en el jardín?

-Bien, papi, ¿sabías qué? La miss nos hizo jugar a la casita, hay una cocinita, y yo y pepota, jugamos.

-Cuéntame  quien es pepota?.

-Pepota es la muñeca que me regalo mi tía Moni, cuando era muy chiquita ¿no papi?

-Si bebe.

-Papi, ya no soy más una bebe, yo ya soy adulta tengo cinco años. ¿Sabías que papi? Mami dijo que mi hermanito va a nacer pronto, y ahora voy a hacer la hermana mayor. Y, y, y ¿Cómo había dicho mami?

-¿Qué cosa?

-Que iba a tener… re, rezponzabipilidadez.

-Responsabilidades.

-Eso, papi siempre sabe lo que quiero decir, papi es muy inteligente.

-¿Y mami?

-Mami también

-¿Qué es lo que hace mami?

-Mami tiene una oficina muy muy grande, y deja que juegue y dibuje, y me deja pasear por el edificio y visitar a mi belito que trabaja cerca de Mami, pero como el belito es muy grande y no puede trabajar tanto, ayuda a mami con sus rezponzabipilidadez.

-Es verdad, además quiere pasar más tiempo cuidando de tu tío Santos.

-Sí, el tío Santos es muy bueno, ¿sabías papi? Juega conmigo, y me cuenta cuentos, porque el tío Santos sabe leer. Y me deja jugar en la compu.

- Y ¿Toni?

-Tony no es mi tío, además es malo. No me presta sus juegos, papi. Yo le dije al tío Adrian pero Toni no le hace caso, dice que él es más grande y por eso esos juegos no son para mí. Dice que yo voy a romperlos. ¿O no que es mentira papi?

-Claro que no bebe, tú eres incapaz.

-¿Qué es incapaz?

-Que no puedes bebes.

-Ahh, yo sabía que papi es inteligente. Siempre dice palabras raras, ¿Papi sabes lo que voy a hacer cuando sea grande?

-¿Qué?

-Voy a hacer médico como tú. Voy a curar a la gente, aunque… también me gusta el trabajo de Mami. Se ve tan guay en el escritorio, ¿te cuento un secreto papi?

-¿Cuál tesoro?

-Ella pide cualquier cosa, y van corriendo y se la traen. Es re guay.

-¿Qué es guay?

-Me lo enseño Nico.

-¿Quién es Nico?

-Nico es…

-¿Quién es? ¿Y porque te pones colorada? ¿Es tu… novio?

-¡¡Nooo papi!! Yo no voy a tener novio hasta los… los, cuando sea muy grande. Yo siempre voy a hacer de papi.

-Uff, mi corazón vuelve a latir.

-¿Qué dijiste papi?

-Nada, bebe.-

-¡¡Mami!!-

Doy vuelta para ver a mi flamante y hermosa esposa. Con 7 meses y medio de embarazo esta radiante, hace 7 años que nos casamos. Aquel día en el picnic en Queens, cuando Samanta me había dicho que tenía un atraso… bueno, no hace falta decirlo. Experimente tanta dicha, pero al enterarnos que solo era una falsa alarma, si bien nos desilusionamos, sabíamos que teníamos más oportunidades. Decidimos que ni bien Samanta terminara los estudios nos íbamos a casar, y en efecto. Era mi esposa el día después de obtener su diploma. Samanta seguía el negocio familiar, yo era uno de los mejores cirujanos de Nueva York. Ya habían pasado 11 años desde que la vi por primera vez, 11 largos y maravillosos años. Que fui bendecido con la presencia de mi princesa cada día de mi vida. Para adorarla y amarla. La pequeña Satina no tardo en llegar, y ahora estaba en camino el pequeño Mauricio.

Samanta tan hermosa como siempre, se acerco a donde estábamos y se sentó al lado de nuestra preciosa hija, una copia exacta de ella. Con el mismo pelo, los mismos ojos, y la misma sonrisa. Sin duda iba a ser una rompecorazones, si… papa Arturo iba a sufrir mucho.

-¿Qué están haciendo mis dos amores?

-Estamos grabando una peli, mami.

-Oh, ¿y quiénes son los protagonistas?

-La fantástica Satina y el fabuloso Arturo Suarez.-

-Ohhh, ¿Con que Fabuloso eh? ¿Quién es Arturo Suarez?

-El hombre con más suerte en el mundo, amor.

-Eso no lo dudes nunca.

Y sin decir más, apague la cámara y me dispuse a disfrutar del tesoro que la vida me brindo…

Si definitivamente, era el hombre más afortunado del mundo.

 

PERSONAJES:

Samanta Torreblanca

Arturo Suarez

Monica Torres landa

Adrian Suarez

Irma Suarez

Lisandro Torreblanca

Satina de Torreblanca

Dante Lancafire

PERSONAJES SECUNDARIOS:

Santos Torreblanca Suarez

Toni Suarez Torres landa

Satina Suarez Torreblanca

Mauricio Suarez Torreblanca

Published in: on junio 20, 2013 at 7:17 pm  Dejar un comentario  
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Nada es lo que parece

Personajes en parejas:

Leonardo Mendizabal y Valentina Togil

Armando Cervantes y Mariann Robles

Javier Togil y Malena Brito

Ricardo Montes y Azul Brito

Alan Villaseñor y Haydee Montero

Miguel Cisneros y Ángeles Montebello

Daniel Valencia y Alejandra Ortiz 

Sergio Mendoza y Karen Torres

Extras:

Santiago Mendizabal

Sharon Mendoza Torres

Eduardo Cisneros Montebello

Ángel Togil Brito

Liza Villaseñor Montero

Mellizos;Samuel y Samanta Valencia Ortiz

Dante Montero Brito

Renata Mendizabal Togil

Luca Mendizabal Togil

Luz Mendizabal Togil

Diana Reyes

Una hermosa gatita negra llamada Luna

Era un día hermoso, los pájaros cantaban alegremente, el sol brillaba con todo esplendor.

En una cama podía verse un muchacho, quien iba despertando lentamente, se paro y se dispuso a irse al baño a tomar una ducha…

Él era Leonardo Mendizabal, tenía 25 años, era apuesto, tenía el cabello negro, y unos ojos brillantes  azules, estaba a cargo de su hermano Santiago, o “Santi”, como les gustaban llamarlo a todos, ya que sus padres habían muerto en un accidente de avión, era el dueño más joven de una de las haciendas más grandes de Monterrey, llamada “Rayo  de Plata”.

A pesar de ser el “jefe”, de todo ese inmensa hacienda, le encantaba hacerse cargo de algunas partes de las tierras el mismo, por lo que aquel trabajo le había dejado un esplendido cuerpo bien marcado.

Luego de bañarse se dirigió a las caballerizas, montó su caballo y se dispuso a comenzar con su trabajo matutino del día, el cual consistía primeramente en ir al establo sur, guiar a las vacas y llevarlas  al nuevo establo este, que tenia mayor capacidad.

Mientras en ese momento, precisamente en el sur del “Rayo de Plata”, una chica rubia  de unos 22 años caía arrodillada al suelo, buscando entre sus cosas desesperada mente, “algo”, y repetía…

-¿Dónde está? Sé que lo tenía por aquí! , Demonios, ¿dónde está? No puede ser, tengo que calmarme, eso calmarme!

Tras unos segundos…

-No, no puedo hacerlo sola, lo necesito ¿dónde está? si lo puse aquí…

-Aquí esta, espero que no sea demasiado tarde. (Mientras pensaba) Vamos, vamos ya detente, por favor

En ese instante un viento fuerte comenzó a soplar en torno a ella. Quien apretaba entre sus manos con todas sus fuerzas un medallon.

-Vamos, detente!

El viento comenzó a detenerse lentamente pero las piedras que volaban a su alrededor no habían parado de girar, y la golpeaban dejándola herida por varias partes de su cuerpo.

Ella solo gritaba y seguía sosteniendo aquel medallon con fuerza.

Cuando Leonardo guiado por el sonido del viento, se acercaba cada vez más al remolino  que éste había formado; desmonto y ato su caballo en un tronco, se fue acercando a aquel extraño viento, cuando vio que en medio de este, una especie de sombra, que parecía ser humana se encontraba allí. Y esquivando las piedras se dirigió hacia aquella persona para ayudarla.

Al llegar hasta este le pregunto.

-¿Estas bien? Debemos salir de aquí es muy peligroso.

-Estoy bien, ya pasara.

-¿Qué?

Entonces el viento se detuvo por completo. Leonardo giro para ver a la persona de cerca, cuando noto que era una chica.

-¿Estás bien?

-Si

-Pero, si estas herida!

-Entonces si me vez así para que preguntas

-Que grosera eres yo solo quería ayudar

-Pues el grosero eres tú! Quien te dijo que necesito tu ayuda!

-Pues no hace falta que me respondas así, cabeza de chorlito!

La chica lo miro furiosamente y le dijo

-Oye tu ¿quién te crees que…

Pero no llego a terminar de decir esto puesto que se desmayo, pero por suerte Leonardo  la sostuvo antes de que cayera al suelo.

La tomo en sus brazos y la llevo hacia la casa principal. Al llegar allí hizo llamar a su nana para que ayudase a curar las heridas de la chica, mientras él iba en busca de un doctor.

La nana llamada Diana  curaba sus heridas y con ayuda de una criada despojaban a la chica de su ropa ya que estaba demasiado maltratada y llena de sangre.

Leonardo llego con el doctor, quien de inmediato hizo salir a Leonardo y a la criada, dejando solo a Diana a su lado en caso que necesitara algo.

Veinte minutos más tarde el doctor salió de la habitación en donde estaba, y se dirigió a Leonardo

-Está bien, solo está un poco mareada, por la cantidad de golpes que recibió.

-¿Esta despierta?

-Sí, ya despertó pero no quiere hablar con nadie. Le pregunte que le había pasado, pero no quiso contestar a ninguna de mis preguntas. Solo necesita descansar un poco

-Bueno doctor, se lo agradezco mucho

-Leo te dije que no me llames doctor, somos amigos ¿o no?, llámame solo Alan

-Ya lo sé pero es la costumbre

-Nos vemos Leo

-Adiós “DOCTOR ALAN”

Con una media sonrisa de ambas partes se despidieron.

En ese momento Diana salía de la habitación

-Leo, la chica pide por el dueño del lugar.

-Ah, ¿hablo?

-No, me hizo señas y cuando le entregue un papel y lápiz escribió esto.

Y mostrando un papel leyó

Quiero hablar con el dueño de este lugar y solo con el “dueño”, no hablare con otra persona.

-Que directa! Está bien Diana, yo me encargo del resto

Y con estas palabras Diana se retiro y entro Leonardo al cuarto donde se encontraba la chica.

-Hola, veo que ya te encuentras mejor.

La chica levanto su mirada y dijo…

-Ah, eres tú!

-Si soy yo!

-Yo dije que hablaría solo con el dueño de este lugar, no contigo!

-Y por que no puedes hablar conmigo. Cuando me insultabas no tenias problemas en dirigirme la palabra, cabeza de chorlito!

-Oye tu pedazo de…

Pero no llego a terminar la frase ya que se estaba por pararse  pero, no se acordó que no llevaba ropa, solo la cubría una sabana.

En ese momento Leonardo pudo ver el principio de lo que parecía dos montañas con una parte rosada en sus puntas. La chica levanto la sabana y se volvió a acostar sonrojada.

-¿Quien fue el idiota que se le ocurrió desvestirme?

Leonardo solo se quedo perplejo por aquella hermosa figura que estuvo a punto de ver en todo sus esplendor

La chica lo miro pero pensando que Leonardo era un pervertido, que el de la idea había sido él, y ya que todos se habían retirado, el podría aprovecharse de ella.

-N-n-no m-m-me digas que fuiste tú el de la brillante idea. Eres un hombre desagradable!

-Yo –yo

Pero en ese instante la chica se disponía a gritar y con un rápido movimiento de Leonardo logro agarrarla y taparle la boca

-Ssshh. No es lo que piensas yo solo te traje para que te curaran y quería saber como estabas. Eso es todo. Pero no grites

En ese momento la chica luchaba contra Leonardo para que la dejara, el pregunto…

-Te soltare, solo si prometes no gritar

Al contrario de lo que pensaba, la chica negó con su cabeza

-¿Qué? Entonces no te soltare

Entre las manos de Leonardo la chica pudo basilar

-De acuerdo

En ese instante Leonardo fue impulsado hacia la puerta por una fuerza “invisible”

-¿Que fue eso?

-Nada que te importe. Y será mejor que llames al dueño, quiero hablar solo con él.

Leonardo se quedo ahí parado no podía creer lo que había pasado

-¿Qué esperas, que lo haga de nuevo?

-¿Ósea que fuiste tú?

-Eso no interesa!

En ese instante la chica hizo una mueca de dolor y ante los ojos de Leonardo, en la mejilla de la chica como por arte de magia apareció una herida y una gota de sangre salió de ella.

-¿Estás bien?

-Ya te lo dije antes, no es de tu incumbencia. Y ve a por el dueño de una vez!

El solo se quedo parado y dijo

-No puedo

-¿Qué? ¿que no puedes? Ja  ¿que quieres que te mate? Por lo que viste, sabes que puedo hacerlo. Así que has lo que te dije, pero ya!

-Que no puedo.

Tras ese comentario las chica se levanto de la cama no sin antes taparse, con una mano sostenía la sabana y con la otra tomaba el rostro de Leonardo

-¿Estás seguro de lo que dices?

Leonardo sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero atribuyó esto a la adrenalina del momento

-Veras, es que yo soy el dueño

-¿Qué?, no es cierto, crees que te creería esa mentira? Se que solo encubres al dueño

-Que tengo yo, que no crees que yo sea el dueño?

-Bueno el dueño, tiene que ser seguramente un hombre viejo, y no un joven tan guapo como tú

Esto último la rubia pensó que no le había escuchado ya que lo dijo en voz baja, pero Leonardo tenia un buen oído se ve, porque si lo escucho…

-En primer lugar. Gracias por lo de hombre guapo

Esto hizo que la chica se sonrojara más aun…

-y en segundo lugar que te parece si comenzamos de cero?

-De acuerdo

-Me presentare soy Leonardo Mendizabal el dueño más joven de esta hacienda que se llama “Rayo de Plata”

-Yo soy Valentina Togil  y solo estaba de paso por tus tierras

-De paso? No tienes casa?

-No, de hecho viajo de un lugar a otro, no suelo permanecer por mucho tiempo en el mismo lugar

-¿Qué eres? Prófuga de la justicia o algo así?

-ja, muy gracioso! No solo que no puedo estar por mucho tiempo en el mismo lugar

-Quisiera saber por que, si es que quieres contarme

-Está bien pero en parte ya lo sabes

-¿Cómo?

-Si, tu viste el pequeño accidente de esta mañana

-Accidente?

-Si solo fue un accidente, me puse nerviosa eso es todo

-Wow, espera un segundo… Me estas diciendo que tu provocaste aquel remolino de viento?

-En cierta forma sí. Veras yo nací con un “Don” o “maldición” como le digo yo, por el cual hay veces en que mi poder se desborda y no puedo controlarlo, a menos no sola, sino con este medallon que me ayuda a calmarme, pero últimamente ya no me esta sirviendo, puesto que lo llevo conmigo a todos lados pero ya no surge el mismo efecto que antes.

-Y que tipo de poderes tienes?

-No me gusta hablar mucho de esos “poderes”, son bastantes y muy “raros” podría decir, pero te aseguro que pueden causar muchos estragos si no se lo sabe controlar.

De pronto en la habitación hubo un silencio

-Y que fue es esa herida que te apareció en tu rostro hace instantes

-Ah eso, bueno como no se controlar mis poderes aun, cuando los utilizo termino siendo lastimada  al usarlos

-O sea que si me hubieses matado, tu también saldrías herida?

-Quieres comprobarlo?

-Bueno, yo solo…

, mentira, pero respondiendo a tu pregunta, tu hubieras muerto, pero yo seguiría viva

-Ah. Que bueno (eso creo)

-Y para que querías hablar conmigo?

-Solo quería pedirte permiso para quedarme unos días en tus tierras

-Por mi no hay problema, pero no seria peligroso?, digo no es que te tenga miedo, solo que protejo a mi gente.

-Es por eso que estoy entrenando

-Aja, y por lo que veo, no te esta saliendo muy bien eso de entrenar, verdad?

-Ja,ja muy gracioso. Para tu información eso se debió a que…

Pero Valentina se detuvo un momento

-Hay ocasiones en que mis sentimientos influyen en mis poderes

-No te entiendo

-Es que me vi involucrada en un hecho muy triste y eso provocó ese “desborde” de poder

-Haber si entendí, cuando estas muy feliz, o muy triste se produce esto

-Si es una manera de decirlo, y para eso entreno en lugares apartados, lejos de personas a las cuales pueda dañar

-Ah, comprendo, por mi te puedes quedar todo el tiempo que quieras, eres bienvenida.

-Realmente te lo agradezco, y te puedo pedir otro favor?

-Sí, cual?

-Podrías darme algo de ropa?

-A creo que con eso vamos a tener un pequeño problema

-Porque?

-Como te explico, las mujeres que viven aquí son un poco avanzadas de edad

-Avanzadas de edad, te refieres a ancianas?

En ese momento apareció Diana

-Anciana? Quien es una anciana?

-Yo no quise decir eso Diana, es que-es que, además yo no lo dije-pensó Leonardo

-Si me imagino, veras niña-continuo Diana

-Valentina puede llamarme Valentina

-Valentina, las mujeres de aquí somos como dijo Leo somos viejas

-Oye yo no dije eso-mirando acusador a Valentina quien le devolvió una mirada fulminante

-Pero lo pensaste! ¬¬

Leonardo cayo – 

-Y no creo que te queden nuestras ropas, además de nosotras hay niñas pero no superan los 9 años y no creo que su ropa te quede

-Entonces?

-Un momento tengo una solución, provisional pero solución al fin, ya vuelvo

Y dicho esto Leonardo se retiro, pero al cabo de 5 minutos regreso con ropa entre sus manos y unas botas

-Fíjate, si esto te queda

Leonardo entrego la ropa a las manos de Valentina

-Está bien, gracias

Leonardo se quedo ahí parado

-Si, Gracias

Repitió Valentina

-Acaso no piensas salir de la habitación o piensas quedarte ahí parado todo el día?- dijo  Diana

-Ah si perdón ya salgo

Y después de esto Leonardo se retiro con un leve rubor en sus mejillas

-Lo tienes bien embobado-dijo  Diana

-Perdón?

-Nada, nada, será mejor que te vistas antes de que pesques un resfriado

-Está bien

Valentina  comenzó a vestirse, luego de unos minutos Diana  salió de la habitación seguida por Valentina  y se dirigieron al living

Leonardo quien estaba allí las vio venir pero su mirada se perdió en Valentina

-Ya estamos aquí

Valentina  vestía una camisa color celeste, la cual bailaban graciosamente en sus cuerpo, un jean azul y unas botas marrones

-Que haces parada se supone que tienes que descansar

-Yo le dije lo mismo pero dijo que no puede descansar ahora

-Así es, tengo que seguir entrenando

-Bueno, pero no creo que pase nada si te retrasas un poco verdad?

-Y por que tendría que retrasarme?

-Porque vamos a ir de compras

-De compras?

-Sí, vamos a comprar te ropa. O piensas quedarte con esa? Aunque debo admitir que se te ve mejor a ti que a mi

Los tres rieron

-Bueno Diana   nos  vamos, te dejo a cargo, y encárgate de todo. OK?

-Claro vayan tranquilos

Y Valentina y Leonardo  salieron al exterior

-Bien, princesa por aquí

Era una especie de casa al lado de la mansión principal, Leonardo  corrió la puerta, y para sorpresa de Valentina  pudo ver una bonita camioneta 4×4 azul. La rubia quedo boquiabierta

-Que sucede? Creíste que iríamos a caballo?

-Bueno si

-Nosotros somos modernos, princesa

Leonardo  abrió la puerta del acompañante y Valentina  subió, luego Leonardo subió a la camioneta y se dirigieron hacia el pueblo. Allí bajaron frente a una tienda de ropas y aunque no parecía una tienda bastante grande tenia de todo ropa, calzado, y hasta ropa intima, todo lo que lo necesitaba

Los recibió una vendedora y les dio la bienvenida

-Oh Señor Mendizabal  veo que trae compañía

-Así es

-Por favor pase por aquí-dirigiéndose a Valentina

Los minutos eran horas para Leonardo, sabía que las mujeres pasaban horas eligiendo ropa, pero eso ya era demasiado, ya no sabia que hacer, estuvo sentado, luego recorrió la tienda, estuvo “admirando” la lencería, pero luego pudo vencer su instinto caníbal, y se sentó de nuevo, pero ya no sabía en que posición ponerse. Hasta que se paro nuevamente en dirección a la lencería, pensó que lo había vencido ese bajo instinto, pero ver esas ropas diminutas lo entretenían más que estar sentado y cruzado de brazos. Pero luego pensó que pensarían que es un pervertido, y al escuchar un poco de movimiento, salió disparado hacia donde se encontraba el sillón, sin embargo, no noto que había una persona cerca del, y con aquel movimiento, choco contra esta haciéndola caer al suelo

-Disculpe, no la vi

-Ves porque te dije que eras un hombre desagradable?

-Que?

Pero al levantar aquella persona, noto que era…

-Valentina!

-Yo solo estaba…

Pero las palabras parecían no querer salir de su boca

-No me digas nada. Estabas escogiendo mi ropa interior?

Leonardo  bajo la mirada y se sonrojo, pero al levantarla pudo apreciar mejor la ropa que llevaba Valentina.

Llevaba una camisa blanca, con una chaqueta color rojo con un conejito bordado en su bolsillo, un jean azul y botas rojas

Leonardo  solo la miraba embobado,mientras que Valentina  elegía la ropa intima, parecía que el hecho de que Leonardo  no dejaba de mirarla, no le daba la más mínima vergüenza. Valentina  desapareció de la vista de Leonardo quien seguía en su misma posición. Hasta que tanto la vendedora como Valentina  salieron de la tienda con varias bolsas en las manos

-Bueno creo que ya estoy

-Em?

-Tierra llamando a Leo!

-Ja, muy graciosa. Estas lista?

-Si. Vamonos

-Sabes ahora que te veo así creo que te falta algo

-Que cosa?

-Espérame aquí un segundo

Pero antes de Valentina  pudiera decir algo Leonardo  ya había abandonado la tienda. Al cabo de unos minutos el volvió frente a Valentina  con una cajita en mano

-Toma

-Qué es?

-No vas a saberlo si no lo abres

Cuando Valentina  abrió esa pequeña cajita vio una hermosa cadena con un pequeño conejo

-Creo que se te ve bien los conejos

-Si, me encanta, gracias

Leonardo  caballerosamente se dispuso a ayudar a ponérselo, entonces Valentina  levanto su cabello y se puso de espaldas a él. Leonardo  pudo apreciar un exquisito perfume a rosas. Lo que hizo que se quedara por unos instantes sumiso a ese aroma.

-mm que rico perfume. Se parece al de…

-Diana, si ella me lo puso, dijo que una mujer no puede andar por ahí sin estar bien arreglada

Luego se dirigieron de vuelta a la casa principal. Al llegar Valentina  le dijo

-Leonardo  yo esto te juro que te lo voy a pagar

-Pero considéralo, un regalo por parte mía

-No, no puedo, de ser necesario trabajare para pagarte todo

-No no es necesario

-No no puedo aceptarlo. Mi orgullo me dice que tengo que pagártelo como sea

-Bueno, pero luego vemos como, eso si el colgante es un regalo, y no se diga mas

Y viendo que a Valentina  le tomaría varios años poder pagarle aquella cadena acepto, digamos por conveniencia

-Está bien

Al bajar una mujer venia corriendo hacia ellos y al llegar a Leonardo  lo estrecho entre sus brazos

-Mi querido Leo  cuanto tiempo sin vernos!

-Hola Ángeles  pero si apenas pasaron 2 semanas. Puedes soltarme quiero respirar, gracias

Valentina  se quedo inmóvil viendo como aquella mujer se abalanzaba sobre Leonardo

Separándose dijo

-Ups, lo siento. Pero es que estar lejos de ti para mí es una eternidad

-cof-cof -Tosió Valentina

-Y ella quien es?

-Ella es Valentina Togil  y va a pasar unos días con nosotros, es mi invitada

Y ambas mujeres estrecharon sus manos pero Ángeles  lanzaba una mirada de desprecio hacia Valentina. Y apropósito volvió a abrazar con fuerza a Leonardo.

-Si me disculpan voy a adentro necesito un poco de agua

Valentina  con las bolsas en mano se dispuso a entrar

-Valentina quieres que te ayude con eso?-dijo Leonardo

-No, gracias no necesito “tu” ayuda

-Me parece a mí o se puso celosa?

-Que dices, desde que la conozco siempre fue así de tosca

-Pues a mí no me pareció

-Por cierto puedes soltarme ya

-UH lo siento

-Y que haces aquí? Se suponía que vendrías la próxima semana?

-Ah, si es que el trato con los Phillips fue todo un éxito y volví antes de lo provisto

Mientras Valentina  entraba a la casa y buscando la cocina con cara de poco amigos, se topa con Diana

-Veo que ya han regresado?

-Si… disculpa podrías decirme donde esta la cocina?

-Si, claro por aquí, sígueme

Llegaron a la cocina, y luego Diana  noto algo de molestia en el rostro de Valentina

-Que sucede Valentina? Te duele algo?

-Mm? No por que?

-Tu rostro se ve diferente, como si algo te molestara

-O alguien- murmuro Valentina

-Qué?

-Nada, nada. Es solo que creo que tengo algo en mis botas por eso la molestia.

Valentina  se saca una bota  para disimular y en eso…

Ángeles  entra en ese instante a la cocina

-Mira Diana, aquí esta la causante de mi molestia

Diana  mira a Ángeles  y esta a Valentina. Diana  con cara sorprendida  y Ángeles con cara extremadamente furiosa.

En eso Valentina saca una piedrita de su bota y dice

-Esta pequeña piedra

Diana  solo ríe, Ángeles  se retira dando un portazo, sabía que Valentina  no culpaba a la piedra, sino a ella

-Que le pasa?

-Nada siempre es así, con cualquier persona, agria y amarga, solo es dulce con Leo

-Si ya lo vi. Quien es la novia de Leonardo?

-Brincos daría la Señorita  Ángeles Monte bello  de ser  novia de Leo, siempre le estuvo revoloteando alrededor del, pero nunca le da bola.

-Pues a él no parece molestarle que ella este, como perro en celo, por el, en lo mas mínimo

-Es que ya se resigno, el hablo claramente con ella sobre sus sentimientos, pero ella no parece entender, además de que no puede librarse de ella ya que es su socia.

-Socia?

-Si, ella se encarga de lo relacionado con los negocios, le deja la mayor parte de esto a ella, el solo pone la firma digamos y a veces revisa algún que otro contrato

-Le tiene mucha confianza

-Si es que se conocen de pequeños, por eso no puede echarla

-Echarla?

-Si, lamentablemente ella vive aquí, salió por unas semanas a arreglar unos acuerdos, y por lo visto ya termino

-Tan terrible es que la querías lejos de aquí?

-Es mala con cualquier persona, pero lo es más con quien se le intenta acercar a Leo, es por eso que no duro mucho la ultima novia que tuvo.

-Pero cuando yo lo vi tenia la ropa sucia, como si hubiese trabajado en el campo

-Si es que le encanta trabajar de esa forma, a simple vista parece un empleado más pero no lo es, se dedica más al campo que a los negocios

-Bueno si me disculpas, tengo que preparar la comida

-Ah, sí, lo siento, no pretendía molestarte

Valentina sale de la cocina olvidándose totalmente del agua que “presuntamente” quería tomar. Se dirige hacia las afueras de la casa, cuando ve que un pequeño de unos  5 años pasa corriendo con un caballo de juguete en las manos, pero tropieza con una piedra y cae. El niño comienza a llorar. Valentina  se acerca y le dice…

-Tranquilo, no paso nada

El niño entre llantos le dice…

-Es que-es que me dolió mucho, buaaaaaaaaaaaaa!

Y Valentina  levantándolo le dice…

-Los hombres no lloran

-Pero yo no soy un hombre

-Y que eres una niña?

-No, soy un niño

-Ah ya, y por lo que veo un niño llorón

En ese momento el niño la mira y le saca la lengua y le dice…

-No es cierto :

Ella no quedándose atrás lo mira y le dice…

-Si es cierto :

Luego le saca ella la lengua, parecían dos   niños chiquitos peleando

-Mira esas lagrimas, ves que si eres llorón

El niño se limpia las lagrimas con su  camisa y dice…

-No estaba llorando solo me entro tierra en los ojos

En ese instante el niño hizo un paso hacia Valentina pero con una mueca de dolor

Valentina  se arrodillo y vio que tenía una rapadura en su pierna y lo alzo y dijo…

-Ven vamos a curar esa pierna

-Está bien

En ese instante Leonardo  llego corriendo ya que había escuchado llorar al niño

-Que sucedió?

-Nada, solo un pequeño tropezón, nada grave

Y tomo al niño en brazos

-Lo llevaba para curarlo

-Curarlo? Esta sangrando? Donde se lastimo?

-No, seas exagerado Leonardo solo es una raspadura

-Sí y ella me lo va a curar

El hizo señas para que lo alzara Valentina, la cual lo tomo de inmediato en sus brazos

-Bueno vamos a por el botiquín-Dijo Leonardo

Los 3 se dirigieron a un cuarto, el cual era hermoso y sobre todo amplio. Valentina  se sentó con el niño en brazos, mientras a Leonardo  iba por la caja de primeros auxilios, y al llegar saco el alcohol y un poco de algodón. El niño al verlo dijo…

-No, tu no, ella me va a curar

Valentina  lo dejo sobre un sillón y embebió el alcohol en el algodón y cuando estaba por curarlo el niño dijo…

-Eso va a doler? verdad?

-Solo un poquito- dijo Leonardo

-No, entonces no quiero

-Pero te soplo para que no duela

-No, no, no quiero!

Y pequeñas lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas

-Oye Santi, Valentina  lo va a ser despacito para que no duela

-Valentina?-dijo el niño

-Si yo me llamo Valentina, y te juro que no va a dolerte

-No, no quiero, cuando me caí la otra vez me pusieron lo mismo y si que dolió!

-Santi-reprimió Leonardo  pero el niño lloraba cada vez mas y repetía

-No quiero, no quiero buaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Leonardo  lo tomo de los brazos en el preciso momento en el que intento huir y  grito

-Santiago Mendizabal, ya basta!

En ese instante Leonardo  lo soltó dado que no lloraba mas, pero salió corriendo a los brazos de Valentina y comenzó a llorar nuevamente. Valentina ahora lo reprendió

-Leonardo  que bruto eres!

Leonardo  quedo mirando como diciendo ah, ahora yo tengo la culpa!

En ese momento Valentina  trataba de consolar al niño,

-Santi tranquilo, y si hubiera otra manera de curarte y que no duela, me dejarías curarte?

El niño seso su llanto y dijo…

-No va a dolerme

-No te juro que no duele

-Está bien

-Pero prométanme los 2 que este va a ser nuestro secreto?-dijo Valentina

Tanto Leonardo  como Santi  asintieron con la cabeza. Entonces Valentina  dejo a Santi en el sillón, se arrodillo y coloco sus manos en la rodilla de Santi , luego dijo unas palabras extrañas y su mano se iluminaron, cuando las quito de Santi  no tenías ningún raspón. De forma inmediata Valentina  trato de disimular una sonrisa pero se notaba un signo de dolor en su rostro. Leonardo  solo la miraba inmóvil, un poco por lo que había visto y otro poco porque sabía que algo le sucedía a Valentina  ya que coloco la mano izquierda en la muñeca derecha. Luego ella se paro.

En ese momento llegaba Diana  para avisar que la comida ya estaba lista.

Leonardo ordeno a Santi  que se fuera  a lavar las manos con Diana  antes de comer. Santi se paro y dijo…

-Gracias Valentina, de veras no dolió

Y en voz baja dijo…

-Descuida yo no contare nada

Y se retiro junto a Diana  sin antes darle un tierno beso en la mejilla a Valentina

-Bueno creo que es hora de comer- dijo Valentina

Leonardo se paro y dijo…

-Espera un segundo

-¿Qué?

Leonardo tomo su mano derecha y vio como de la muñeca de Valentina  salían pequeñas gotas de sangre

-Estas sangrando

-Ah sí parece que si

-Este es uno de tus tantos poderes?

-Sí, pero creo que me salió mal, se suponía que no tendría que salir lastimada, ves que si necesito entrenar?

-Pero porque lo hiciste?

-No puedo ver un niño llorar. Sé que es una estupidez solo era un raspón, pero no puedo evitarlo.

-Gracias

-De nada. Ahora ve a comer yo enseguida voy

-No, nada de eso, te curo y después vamos

Leonardo  tomo el algodón, lo embebió en alcohol y en ese instante Valentina dijo…

-Un momento, eso va a doler?

-No me digas que eres una niña llorona?

-No, yo no

Leonardo  tomo la mano de Valentina  y le limpio la herida

-Auch, eso duele

En ese momento Leonardo  comenzó a soplar para que le doliera menos

Gesto que enterneció a Valentina  que parecía sumergida en los ojos azules de Leonardo.

Luego Leonardo  le coloco una venda en su muñeca y después le dijo…

-Listo

Y moviendo una mano frente a Valentina  le dijo…

-Ey Valentina!

-Mm!

-Donde estabas en la luna?

-Ja,ja. Mejor vamos a comer

-OK

Y así pasaron algunos meses; entre los celos de Ángeles  cada vez que Valentina  se acercaba a Leonardo, y Valentina  misma hacia Ángeles  cada vez que la veía abrazar tan cariñosamente a Leonardo, y si, aunque no lo admitiera su cara cambiaba de aspecto ante esto, y alguna que otra pelea de Valentina con Santi, ya que Valentina  tenia aspecto de mujer, pero sus actitudes a veces eran de una niña, incluso mas pequeña que Santi, pero aunque se pelearan Santi  ya quería mucho a Valentina.

Una noche cuando todos se encontraban durmiendo, a excepción de Leonardo que estaba revisando unos contratos, en el cuarto del niño se podía ver como transpiraba y gotas de sudor frío recorrían su cuerpo, de repente se levanto asustado, corrió al cuarto de Valentina  y golpeo la puerta…

-Valentina! Valentina!

Pero nadie le contesto…

Abrió la puerta y la llamo de nuevo…

-Valentina!

Ante este nuevo llamado Valentina  abrió los ojos y encendió la luz de la mesita que estaba junto a su cama…

-Santi? Que sucede?

Pero Santi  no contestaba

-Tuviste una pesadilla?

Santi solo movió la cabeza en forma afirmativa

-Ven aquí

Y Santi  fue hacia ella

-No tengas miedo solo fue una pesadilla

-Es que era horrible

-A ver, cuéntame que soñaste?

-Estaba jugando en el campo con mi caballito Troy  cuando escuche un ruido a mi espalda, y cuando vi me perseguía un dragón que tenia 6 patas, y tenía la cara de Ángeles

-Enojada?

-No era su misma cara

Valentina no pudo evitar reírse cosa que Santi imito luego de unos minutos

-Bueno no tengas miedo era solo una pesadilla, nada malo va a pasarte, y ahora vamos a tu cuarto así te acuestas

-No puedo dormir acá?

-Sabes que Leonardo se enoja cuando no duermes en tu cama

-Si lo sé, pero te podrías quedar hasta que me duerma?

-Sí, claro

Y con esto se dirigieron al cuarto de Santi. Valentina lo arropo y lo abrazo para que no tuviera miedo. Finalmente Santi se quedo dormido y Valentina se quedo dormida también.

Mientras Leonardo  había terminado de revisar los últimos detalles del contrato, se baño y se dirigió a su cuarto, pero cuando estaba caminando vio luz en el cuarto de Santi y fue a investigar. Al abrir la puerta vio una escena que lo conmovió. Valentina abrazaba cariñosamente a Santi. Se quedo mirándola por unos cuantos segundos, hasta que una voz a sus espaldas lo hizo reaccionar…

-Va a ser una buena madre…

Cuando Leonardo volteo vio a Diana  tras de si.

Leonardo solo suspiro y dijo…

-Si, tienes razón

Luego Leonardo  tomo una manta que estaba en un armario y la tendió sobre la cama tapándolos tanto a Valentina como a  Santi, ya que estaba refrescando.

2 años pasaron volando, un día Valentina  encontró a Santi  sentado en el pasto, serio, se acerco y le pregunto…

-Que pasa Santi? En que estas pensando?

-Nada, solo estoy aburrido

-Aburrido?

-Si estoy aburrido, quiero salir a la feria que  hay en en pueblo pero Leo  no quiere llevarme.

-Por que?

-Dice que tiene muchas cosas que hacer y no puede llevarme

-No te preocupes ya veras que convensemos  a tu hermano para que te lleve a esa feria

-En serio Vale?

-Claro confía en mi, déja  a ese cabezota de tu hermano en mis manos, jajaja

-Gracias Vale

-Bueno levántate

Y Valentina  ayuda a Santi a levantarse, en eso ve que Santi  tiene una mancha de tierra en su rostro…

-Un momento

Saca un pañuelo de su bolsillo y le limpia esa mancha de tierra

-Listo

-Vale  puedo decirte algo?

-Si, que pasa?

-Nada, solo que quería agradecerte lo que haces  por mi, sabes a veces pienso que mi mama te mando para que cuides de mi y de mi hermano, eres como la mama que perdí, te quiero mucho Vale

Valentina  no puede contener las lagrimas de la emoción, aquellas palabras le llegaron al corazón…

-Vale? Dije algo malo?

-No, no es nada, yo también te quiero mucho, y te considero mi hijo de corazón

-Te molesta si de ahora te digo mama?

Como negar aquello al niño, su madre había muerto cuando el era un bebe de meses, es decir el nunca había dicho a alguien “mama”

-Esta bien, puedes decirme así, y ahora ve a jugar con los niños

-De acuerdo

Y Santi  salió corriendo

Mientras Valentina  se dispuso a entrenar, ella se dirigía al lugar mas apartado para que si algo salía mal, no lastimaría a nadie.

Luego de un trabajo arduo, tanto Valentina  como Leonardo  se dirigían a la casa principal para cenar, al llegar Valentina  vio a Santi jugando afuera…

-Santi, vamos adentro que esta haciendo frió y ya va a ser hora de cenar

-Nooo quiero seguir jugando- protesto

-Nada de seguir jugando tienes que bañarte y comer, dime ya hiciste tu tarea?

-No, es que hay una cosa que no entiendo

-Bueno después de comer lo resolvemos juntos, ahora vamos que tengo que bañarte antes que este la cena

-Pero mama, yo ya soy un chico grande tengo 8 años

-Oh! 8 años me habia olvidado que ya eres todo un adulto, jajaja

-No, te burles de mi puedo bañarme solo

-Esta bien báñate solo, así me baño yo también, estoy agotada

-Eso quiere decir que no vamos a hacer la tarea?

-No, no jovencito  la tarea la hacemos igual

-Uff!

Valentina y Santi  se van a bañar, y a los 20 minutos llega Leonardo dispuesto a bañarse

-Hola  Diana!

-Hola Leo! Como te ha ido el día de hoy?

-Como todos los días muy agotador, pero voy a bañarme. Y Santi?

-Se esta bañando arriba

-Seguro Vale esta con el bañándolo

-Supongo que si

En eso Leonardo se prepara para bañarse en el baño de la planta baja.

En el baño Valentina  esta terminando de bañarse, pero se quedo sumida en pensamientos recordando su pasado, y como eran muy dolorosos decidió sumergirse bajo el agua para distenderse un poco.

En ese instante Leonardo  entro al baño y comenzó a quitarse la ropa, hasta quedar desnudo

Valentina  no lo escucho entrar, ella tenia una gran resistencia bajo el agua, entonces pensó “ya esta”, salió de un golpe de la tina y se levanto,Leonardo al escuchar ruidos, se dio vuelta y vio lo mas hermoso que había visto sus ojos, un cuerpo perfecto, con unas hermosas curvas, el agua escurría por su cuerpo. Leonardo  se quedo ahí , inmóvil, pero sus ojos no podían apartar su mirada de aquella mujer, miles de pensamientos pasaron por su mente. Que se sentiría abrazar ese cuerpo majestuoso? Besar eso labios y perderse en ellos?

En tanto Valentina  abre sus ojos y para su sorpresa, ve que Leonardo  estaba como Dios lo trajo al mundo frente a ella, y pensaba que hermosos pectorales que tenia, el ardo trabajo en el campo había dado sus frutos, recorrió su cuerpo de arriba abajo sin musitar palabra alguna.

Valentina  lo único que pudo hacer es pegar un enorme grito que retumbo en toda la casa

Leonardo  se dio la vuelta y se coloco su pantalón

Valentina  salto de vuelta a la ducha sumergiéndose en el agua, sin perder de vista la parte trasera de Leonardo,la cual también estaba bien trabajada

-Vale, lo siento no sabia que estabas bañándote , lo siento y sin mas salio

Más tarde tanto Valentina salio  del baño, se dirige a su habitación se viste, se peina y baja para cenar.

-“Que no me lo encuentre, que no me lo encuentre”-pensaba una y otra vez Valentina-“Como no me lo voy a encontrar, esta es su casa después de todo -_-

“Que vergüenza tengo, nunca había visto a un hombre desnudo, y mucho menos me había desnudado frente a uno, y tenía que ser Leo, ay! Que vergüenza!”

“Pero debo de admitir que tiene un cuerpo que UF!”

Y entre pensamientos llego al comedor donde se sentó. En ese momento llego Diana  con la comida

-Te sentó bien el baño?

Pero Valentina  no respondía

-Vale! Dije si te sentó bien el baño! VA-LE!

-Mm? Si  Diana. Santi esta en el baño todavía

-Qué? Yo no te pregunte eso

-Ah no?

-Que te pasa Vale?

-A mi nada. –mientras reía-

-Tu siempre en la Luna

En eso llega Santi y Leonardo

-Mm que rico que huele! Espaguetis mis preferidos-dijo Santi y se sentó en una silla

El ambiente estaba tenso

-Hola- dijo Leonardo

-Hola- dijo Valentina  pero sin mirarlo a los ojos, no podía

Comieron normalmente, si se podía decir así!

-Santi, no te olvides que tenemos que revisar los deberes

-UFF!

-Nada de UFF! Trae los útiles que empezamos

Y así un desganado Santi se iba para buscar los útiles dejando a Leonardo y Valentina solos, ya que Diana  se había retirado a la cocina…

Los segundos parecían eternos para Valentina, finalmente Leonardo decidió cortarlo

-Vale

-Mm?

-Yo quería pedirte disculpas por lo de hace un momento, fue mi intención, fue un accidente

Mientras a Valentina  se le aceleraba el corazón, sin ninguna razón aparente, ella dedujo que era por la vergüenza que tenía…

-No tienes por que disculparte fue un accidente como dijiste, pero la próxima vez golpea y asegúrate que no haya nada dentro

-Hagamos de cuenta que nada paso

-Quien pudiera olvidar- dijo la rubia muy bajito

-Qué?

En ese momento llega  Santi, y se convierte en su salvador -

Santi  se sienta y comienzan a realizar la tarea junto a Valentina , y Leonardo  lee el periódico, así estuvieron una hora aproximadamente. Luego se detienen en un ejercicio que Valentina  no recordaba y por ende no podía resolver

-Qué pasa?- pregunta Santi

-Es que no me acuerdo como resolver esto

-Que cosa?- dice Leonardo y se coloca por detrás de Valentina  estando a escasos centímetro de ella. Otra vez comienza a latir muy rápido el corazón a Valentina

-Veamos… ya se tienes que multiplicarlo x3 y al resultado restarle 54

Mientras Valentina  se perdía en esos ojos azules profundos, quien mirara a Valentina  diría que tomo alguna sustancia extraña, ya que su cara tenía una cara de tontina total

-Entendiste Vale? Valentina?

En ese momentos el nota su cara totalmente despistada, pero no puede evitar perderse en los ojos celestes de ella. Ambos se miran fijamente a los ojos, por un algunos segundos el mundo no existe para ellos, Leonardo  tomo dulcemente la mejilla de ella, estando así a menor distancia. Cuando ambos estaban por rosar sus labios…

-Cof, cof

Ambos se separan al instante

-Perdón interrumpo algo?- decía Diana con una bandeja con jugo de naranja en la mano

-No, no es que Vale  tenía una basurita en los ojos y se lo estaba sacando

-Si-si –decía Valentina  y pestañeaba el ojo izquierdo para disimular- ya esta, gracia Leo  ahora si veo bien

-Entendiste como se hace Santi?

-Si Leo, gracias

Y sin más Santi se retira

-Yo- yo también me voy, voy a leer un poco en mi cuarto

-Hasta mañana

-Hasta mañana- responden al unísono Diana y Leonardo

-Se puede saber porque me miras así?

-En serio tenía una basura en el ojo?

-Si ya te dije que si

-Si claro, y ahora me vas a decir que la basurita se movió hasta sus labios y para no lastimarlos decidiste sacarlo con los tuyos

-Mejor me voy, no hay quien te haga cambiar de opinión cuando te pones así

-Así como? Me suena a excusa! Me parece que a alguien no le gusta que le digan la verdad. No hay duda de lo que estaban por hacer, admítelo

-Adiós Diana, hasta mañana

Y así se despidió de Diana sin responder a lo obvio

Dos días más tarde Leonardo, Santi  y Valentina  se van a un día de campo, el cual fue propuesto por Valentina  para que los hermanos pasaran más tiempo juntos, que mas que una proposición fue una orden para Leonardo, cosa que acepto de inmediato al ver la cara de pocos amigos que había puesto Valentina cuando le estaba por decir que no podía ir, acepto con una condición; que Valentina  también viniera.

-Llegamos!-dijo Leonardo

-Hurra!-dijo Santi y salió corriendo de la camioneta con una pelota de fútbol.

Leonardo  ayudo a bajar a Valentina  y se dispuso a armar todo para el día de camping.

-Listo!-dijo Valentina  cuando estaba todo ya preparado

-Leo! Vamos a jugar!-dijo el niño

-No, nada de eso primero hay que comer, después hagan lo que quieran-dijo joven la rubia

-Si mamá-respondió Santi  sin ganas y con la cabeza baja, al parecer los planes de juego serian aplazados por un tiempo.

Leonardo  quedaba perplejo, lo había escuchado a Santi  llamar “mamá” a Valentina  hace varios meses, pero todavía no se acostumbraba.

Los tres estaban sentados en el suelo, sobre un mantel celeste, y sobre este, había una canasta con varios bocadillos.

Al terminar de comer Santi se puso de pie

-Ahora si vamos a jugar?-poniendo su mejor cara de pena, abatiendo sus pestañas y con sus manos entrelazadas

-Está bien vamos-dijo Leonardo

-Alto ahí! Un segundo-dijo la rubia, saco una servilleta de la canasta, se acerco a Leonardo, tomo su barbilla y le limpio unas migajas que tenía en su rostro.

Leonardo  quedo enternecido ante aquel gesto, parecía increíble que aquella joven que había encontrado aquel día  arrogante y testaruda, fuera la misma; con el tiempo comprobó que era muy amable y cariñosa, y muy protectora, sobre todo con Santi.

-Oye, porque a Santi  no le haces lo mismo?-pregunto Leonardo

-Porque Santi  si sabe comer, no sé como le haces, pero tú siempre tienes comida en el rostro, pareces un bebé!

Ante esto Santi comenzó una carcajada bastante sonora

-Be-be! : dijo el niño

-Y tu de que te ríes, e-na-no!-el sabia que Santi  odiaba que no llamen así

Valentina  solo rodeo los ojos

-Aquí va otra vez!-dijo la rubia

-Yo no soy ningún enano!

-No parece!

-Que no lo soy!

-A ver demuéstralo! Si me metes un gol ya no te diré enano, sino te diré siempre ENANO!

-De acuerdo, pero que Vale…digo mamá Vale  sea la juez!

-Juez?

-No será arbitro? Dijo su hermano

-Bueno si lo que sea! ¬¬

-De acuerdo-dijo Valentina

Iban empatados, 5 a 5, Leonardo  parecía un niño, no dejaba que gane Santi. 20 minutos más tarde y seguían igual, Santi  ya comenzaba a cansarse. Valentina vio su carita cansada, pero no se iba a rendir, no hasta que uno de los dos salga ganador, los dos eran igual de testarudos.

-Tiempo!-grito Valentina-descanso para tomar agua

Santi salió a paso de tortuga a buscar agua. En tanto Valentina se acerco a Leonardo

-Podrías dejarlo ganar de una vez, no?, ya está muy cansado

-No, no quiero, tiene que aprender que no siempre se gana

-Por favor Leo cuantos años crees que tiene? 60?

-Tiene 6!

-Tiene 7 ! Por Dios!

-Ya te dije que no quiero y no lo voy a hacer!

“Con que esas tenemos”-pensó Valentina. “Ya verás”

Valentina  tomo un helado de la pequeña heladera portátil que estaba en la camioneta

-Helado! Yo quiero!-grito Santi

-No señor primero lo primero, después de saber quien gana podrás comer helado, refuto Leonardo.

-UFF!

Todo el clima era de suspenso total, los minutos parecían más lentos, todo estaba en cámara lenta;Leonardo  estaba en la portería, Santi  estaba frente a la pelota analizando la situación, Valentina  estaba tras de él abriendo su helado, una mosca abatía sus alas lentamente. Volviendo a Leonardo, este se limpiaba las gotas de sudor del rostro, Santi suspiraba y tomaba aire nuevamente, otra mosca se limpiaba la cara como Leonardo, parecía que lo imitaba, o al revés, el helado de Valentina  comenzaba a derretirse por el intenso calor, en ese instante el tiempo pareció detenerse, Santi  patio la pelota con gran fuerza, la primer mosca se apoyo en el tronco donde estaba la segunda mosca, en ese preciso momento Valentina comenzó a comer el helado seductoramente, demasiado podría decirse, Leonardo  la vio y trago saliva, y puso una cara de tonto que Valentina  creyo haber triunfado, “Si” pensó Valentina, su trabajo estaba hecho. Por escasos segundos  Leonardo  reacciono, mirandola con desagrado pues se dio cuenta de que ella estaba juagando sucio a favor de Santi.  Cuando la pelota pasaba por el lado izquierdo de Leonardo, este se impulso con todas sus fuerzas, pero no alcanzó a detener la pelota

-Gol!-grito Santi

Pero Leonardo  no pudo evitar estrellarse contra un árbol, golpeando su cabeza en él, y luego lo hizo contra unas piedras que estaban bajo el. Las moscas llevaron sus patas delanteras hacia su frente como diciendo UUUHHHH!. Valentina  soltó su helado y se dirigió donde estaba Leonardo.

-Leo! Leonardo!-le grito y sacudía pero él no reaccionaba, entonces al tomar su cabeza con cuidado noto que había sangre. Santi  se mantuvo estático donde estaba.

-LEO! Responde!- seguía gritando sin ninguna respuesta la pobre rubia

-Por favor, no me hagas esto-las lagrimas salían sin cesar de los ojos celeste de Valentina-despierta! En ese momento lo tomo en brazos y lo abrazo con todas sus fuerzas-no me dejes, no te alejes de mí, porque todas las personas que quiero terminan lastimados?-y seguía llorando-pareciera que no merezco ser querida! Tan mala soy!-grito con todas sus fuerzas.

Tomo la mano derecha de Leonardo, cerró los ojos e hizo lo mismo que había hecho varias veces, cuando Santi se cortaba, una cortada bastante grande apareció en su muñeca, cortando sus venas. Sin embargo, Leonardo seguía sin despertar, “Demonios”-pensó Valentina  si pudiera controlar mejor sus poderes;Leonardo  ya habría despertado: Pero el hecho era de que ella se esforzaba demasiado en sus entrenamientos pero avanzaba muy poco.

Continuaron abrazados por algunos segundo más cuando a su alrededor comenzaba a azotar un viento suave pero que lentamente se iba acrecentando.

En ese momento un joven ojiazul despertaba abriendo sus ojos

-AUCH! Me dolió!-dijo  Leonardo

-LEO! Estas bien! Gracias a Dios!-y lo apretaba con sus pequeños brazos

-Auch dije! me duele Vale, serias tan amable de soltarme un poco-pidió el joven

-Ah sí lo siento-dijo la rubia y se paro al instante, continuando sollozando

Los vientos comenzaban a hacerse más fuertes y violentos

-Leo que sucede?-pregunto Santi apuntando con su dedo al círculo de viento que los azotaba

Leonardo  miro a su alrededor y vio a Valentina  que tenia ambas manos en su rostro

-No!-grito Valentina

-Mama que sucede?- y se quiso cercar a Valentina, pero esta la detuvo

-No! No se acerquen!-y sin más se alejo corriendo de su lado, no permitía lastimarlos, no de nuevo, no a las personas que más quería.

Leonardo  dejo al niño pidiéndole que subiera a la camioneta y lo esperara que iba a buscar a Valentina, que no pasaría nada malo, que se quedara tranquilo.

El joven de cabellos negros salió corriendo a toda prisa como alma que lleva el diablo, en busca de su joven rubia. Y la encontró en medio de los arboles que movían sus hojas de forma brusca, se acerco lentamente, pero Valentina  lo vio.

-Vete! Aléjate de mi Leo! No quiero dañarte, no me lo perdonaría

-Pero Vale, no me puedo ir y dejarte así, en ese estado, dime que puedo hacer para ayudarte!

-No, vete, déjame sola!

-No lo voy a hacer y sabes lo obstinado que me pongo cuando me lo propongo!

Leonardo se acerco más y la tomo en brazos. Entonces noto aquel medallon que Valentina, traía consigo siempre el que calmaba sus “accidentes”.

-Qué hago?-pregunto el joven de cabellos negros

-Nada quédate así un rato, a ver si me pasa

Pero para desgracia de ambos el viento no aminoraba, es mas estaban empeorando

-No hay caso-dijo Valentina  y aparto sus brazos de Leonardo-esto ya no funciona. Sera mejor que te lleves a Santi  lejos de aquí, vete!

-No te voy a dejar sola en eso ya te lo dije!-luego pensó-y si hacemos lo mismo que tú me hiciste!

-Que cosa!

-Distracción!

-Distracción? El viento te está afectando! Te dije que te vayas!

-No me entiendes, te lo explicaría pero no hay tiempo! Confías en mi?

Valentina  no dudo

SI!

Leonardo  tomo la barbilla de Valentina  con delicadeza y la acerco a su rostro

“Que piensa hacer?”-pensó Valentina

Y con un solo movimiento sus labios estuvieron en contacto, un suave pero delicado beso, tan tierno, el primer beso de Valentina, tan memorable recuerdo no se borraría jamás de su mente. No porque ella no quisiera, antes ella hubiese querido besar a un chico especial, que conoció varios años antes, pero era algo que tenía prohibido, ella sabia las consecuencias de ese beso, por eso había decidido que aquello tan bello no lo podrían sentir jamás, por el bien de todos.

El joven mas experto que la chica fue moviendo sus labios de forma lenta y delicada a la vez, ya no se podía alejar de ella, sus besos eran como una droga, ya los había probado una vez, no se sentía capaz de dejarlos nunca más, siempre queriendo otro más, y más.

Miles de mariposas revoloteaban por los estómagos de ambos, incapaces de detenerse.

Hasta que Leonardo  con otro movimiento pareció pedir permiso, para entrar en la boca de Valentina, cosa que accedió gustosa. Ambos batallaban una lucha interna, pero nadie parecía ganar. Hasta que por falta de aire separaron sus rostros. Pero ambos seguían en un trance  con sus ojos mirando el uno al otro. Hasta que un queja los saco de ese mundo.

-Guacala!-dijo Santi

Los dos se giraron para ver a Santi  sacando la lengua con cara de asco

-Con razón que querían estar solos, era para eso? Guacala! Como pueden hacer eso?-sacudió su cabeza como si eso borrara las imágenes antes vistas-

-Eh-dijo Leonardo  rascándose la cabeza

-No me respondas, prefiero no saber, ya decía yo que tenía que obedecer a mis mayores y quedarme en la camioneta como dijo Leo, quien me manda a mí a espiar?-y Santi  se va en dirección al vehículo renegando

Valentina  se sonrojo y Leonardo  también

-Ah, eh veo que funciono tu plan-dijo la rubia apartándose de los brazos del joven, ya que no se habían aun separado. El se puso una mano detrás de su cabeza

-Sí, ves tenía razón, ya todo pasó:

Valentina  se acerco a Leonardo, y le toco la frente donde se había golpeado

-Te duele?

-No, solo me duelen un poco los músculos pero nada serio-se toco la frente y noto que tenía sangre pero que ya no sangraba-

Valentina  sintió un leve mareo pero no dijo nada

-Vale

-Mm si?-contesto la ojiceleste  y se dio vuelta ya que estaban yendo hacia la camioneta-

-Porque tengo sangre, pero no ya está seca?

-Eso te lo debieron explicar en la primaria Leo, verás cuando la sangre entra en contacto con el aire se coagula, es decir se seca…contento?-al decir esto se dio media vuelta para seguir caminando, pero un fuerte brazo la detuvo

-No me refiero a eso!

-A no? Entonces no entiendo.

-Vale!

-Qué?

La miro de arriba abajo

-Que sucede?

-Estoy buscando algo

-Que cosa? Si se puede saber

-La primera vez que te vi usar tus poderes te lastimaste al querer ayudar a Santi y siempre que lo usas sucede lo mismo. Y estoy seguro que hoy no fue la excepción, estabas fuera de control

-Y? –Valentina  empezó a tener un mareo un poco mayor pero lo disimuló con una sonrisa fingida.

-Que es eso que tienes en tus manos?

-Sangre, pero es tuya

-Segura?

-Ssi-arrastro las palabras, ya no podía disimular el mareo era mayor, se tomo la cabeza con una mano. En ese momento se desmayo, pero Leonardo logro agarrarla antes de que llegara al suelo

-Vale! Valentina  reacciona-ahora era él quien la zarandeaba, en eso ve el corte que tiene en su muñeca, a falta de alcohol pego una cachetada para que reaccione

-Auch como… te..Atreves!-dijo la rubia, pero gracias a eso, reacciono

-Tonta!

Leonardo  la toma en brazos se dirigió a la 4×4, le dice a Santi  que se suba, toma una toallita que Valentina  tenía para secarse las manos y la envuelve en la muñeca de la joven. Luego coloca a Valentina  al lado de él, ella apoya su cabeza en su hombro, pero se ve débil.

Cuando estira el brazo para cerrar la puerta esta se cierra sola… “Que extraño”-prenso-por un momento queda pensando pero dada las circunstancias no le da mayor importancia, junto a ellos se encontraba  Santi realmente preocupado. Él le habla de cosas triviales para que no se desvanezca nuevamente.

-Leo, que le pasa a Mama

-Se corto, pero estará bien, solo que está cansada por el partido es todo, por eso vamos a que le curen al hospital, pero todo está bien

-Bueno-dijo el niño no muy convencido

Al llegar al hospital el ojiazul deja a la joven en una camilla, rápidamente es llevada para ser atendida.

Tres horas más tarde un médico informa a Leonardo, que Valentina  se encuentra fuera de peligro, que solo necesita mucho reposo y que ya le han suministrado sangre para reponer la que perdió.

Leonardo  entró lentamente a la habitación, en ella la joven rubia descansaba. La vio un poco pálida, pero era normal, en su muñeca izquierda se encontraba un vendaje que era donde se encontraba aquella cortada que provocó el haberlo curado, y en su brazo derecho se encontraba una aguja que transportaba sangre para recomponer a sus venas.

Se sentó a su lado y tomo su mano. Pasaron 2 horas más cuando, la ojiceleste comenzó a abrir los ojos.

-Hola –dice Leonardo

-Hola- susurró débilmente  Valentina

-Como te sientes?

-Bien. Y Santi?

-Está en casa, lo he mandado de regreso esta con Diana

-Está bien? Digo como esta, seguro que está asustado por lo que paso-dijo la rubia cabizbaja.

-No, no está asustado-la calmo-o mejor dicho si-Valentina  lo miro confundida-Está asustado, te vio tan débil que está sumamente preocupado, tuve que amenazarlo para que se fuera  con Diana, el no quería irse hasta que tu despertaras.

-Pobre-Dijo entrecerrando los ojos

-Necesitas algo?

-Sí, tengo sed, quiero jugo de manzana

-Marcha un jugo de manzana entonces, ya vengo, no te vayas a ir sin mi-se burlo

Valentina  solo le saco la lengua

30 minutos más tarde llegaba Leonardo  con una botella de jugo de manzana

-Te tardaste!-le reprocho la joven

-Pero si no hace mucho que me fui

-Pensé que te fuiste a exprimir las manzanas tu  mismo y por eso tardabas

-Oye! Bueno-hizo una pausa-la verdad es que me perdí

-Que tonto!  solo a ti se te ocurre perderte en un hospital.

-Que te pusieron aparte de sangre? Algún tipo de sustancia mágica del país del chiste?

-Ja,ja, como me rió se burlo-mejor confesa que estabas haciendo que te perdiste?

-Yo nada, solo fui a por la máquina de refrescos pero al regresar me perdí un poquito…

-Si me imagino, el perfecto Leonardo Mendizabal  se pierde en un hospital, me imagino que habrás visto algo o mejor dicho alguien interesante en el pasillo y cuando te diste cuenta te habías perdido-contraatacó la joven con astucia

Leonardo  cayó, quería ver la reacción de la joven, quien de forma inmediata se le borró la sonrisa de la cara al ver que el no negaba.

-Tú qué crees?

-Lo que yo crea no tiene importancia, es tu vida y puedes hacer lo que quieras con ella-respondió fríamente

-Vamos era una broma solamente. Acaso no estarás ce-lo-sa!

-Celosa yo! Ja, ya quisieras que este celosa

-No sé a mí nadie me quita que tu actitud es de una mujer celosa!

-Celosa!-repitió- yo no podría estar celosa de un hombre tan desagradable, el cual eres

-Con que hombre desagradable, he?-el chico recordó que cuando la conoció le había dicho así-ya me habías dicho eso antes, pero primero dijiste que era un hombre guapo

Ahora era ella la que callaba, con un leve rubor en sus mejillas. Hubo un silencio, hasta que la joven lo interrumpió.

-El jugo?-desvió el tema

-Ah, aquí lo tienes-y se lo entrego en la mano-recuerdas que es lo que paso?

-Sí, te golpeaste la cabeza y como no reaccionabas use mis poderes, y luego tardaste bastante en reaccionar, y cuando lo hiciste con ello mis poderes se desbocaron

-Si-siguió el, el relato- luego llegue dónde estabas y juntos pudimos “calmar” tus poderes desbocados.-Al momento ambos recordaron el beso tan intenso que se habían dado y se pusieron colorados ambas partes por igual.

-Por qué no me dijiste que te habías lastimado?

-Es que me daba, vergüenza, cuantos años han pasado y yo sigo sin poder dominar mis poderes por completo, ya a estas alturas debería de poder curar sin recibir ningún revote.

-Sí, pero mira si morías desangrada, siempre lo mismo, nunca quieres mostrar tus heridas y  mucho menos recibir ayuda

-Pero es que así te… se-corrigió- preocuparían menos

-No seas tonta, que sea la última vez que haces eso!

-Está bien-admitió y bajo su cabeza en señal de vergüenza

Luego levanto la mirada hacia esos ojos azules tan profundos

-Lo que me recuerda…Leo-lo miro y pestañeo sus ojos-podrías dar la vuelta y ponerte del otro lado?

-Qué?

-Que si podrías ponerte del otro lado-repitió

Así el mayor de los Mendizabal obedeció y se coloco del lado izquierdo

-Bueno y ahora?

-Ven acércate- le suplico

Dudando Leonardo  se acerco a ella, que pensaba hacer?

-Y ahora?

Con un movimiento Valentina  le estampo una cachetada a Leonardo  en la mejilla, quien se sobo su cachete sorprendido por la actitud de la rubia

-Que te pasa?

-Lo siento, pero me lo debías

Al instante el joven recordó que para que reaccionara él le había tenido que pegar una cachetada

-Ah sí ya me acorde-dijo  Leonardo

-Estamos a mano-dejo la chica-Oye Leo

-Qué? No me digas que me quieres dar otra cachetada, no dijiste que ya estábamos a mano?

-No tonto, no es eso, yo te…quería…hablar del beso…esto últimos lo susurro cosa que Leonardo  no entendió-

-De que cosa habla más claro!

-Del Beso-susurró nuevamente

-Que no te entiendo mujer, habla más alto!

-HABLO DEL BESO TONTO!-grito provocando un enrojecimiento en sus mejillas

-Ha eso-dijo nervioso. Que…pasa…con eso-y desvió la mirada

-Es que tengo que hablarte del beso-dijo nerviosa también

-Si te escucho

-Bueno lo que pasa es que me tomaste por sorpresa y no tuve tiempo de avisarte o advertirte mejor dicho que no me podías besar-soltó de una vez

-Qué? Como esta eso de que no te podía besar?

-Bueno es una de las prohibiciones que tengo

-Prohibiciones?

-Sí, yo no podía besar a nadie porque a la primer persona besada recibe lo que se llama “haenma als”, lo que significa que comparto algunos de mis poderes con aquella persona por unos cuantos días, y-se detuvo

-Y?

-Y también adquiero un “vínculo especial” que me hace no poder apartarme físicamente de esa persona por un cierto tiempo.

-Guau!-exclamo-a ver si entendí, a la primera persona que besaras recibiría tus poderes

-Solo algunos-corrigió

-Solo algunos de tus poderes?

-Sí, eso dije, no te paso nada extraño todo este tiempo?

El joven se rascaba la cabeza pensando hasta que…

-Cuando te desmayaste, te subí a la camioneta y cuando quise tomar el picaporte de la puerta para cerrarlo, esta se cerró sola-confeso

-Ahí está, esa es la prueba de que es verdad!

-Y los otros poderes? Cuales serian?

En ese momento Valentina  agarro la mano de Leonardo, comenzaba a sentirse mal.

-No lo sé, pero es mejor no averiguar, no vaya a ser que no lo sepas controlar, podría ocurrir una accidente

Leonardo  estaba asombrado, no podía pensar con claridad, el contacto con  la piel de  Valentina  le producía ciertas chispas que no eran de asco o aborrecimiento, es mas el quería que lo hicieran mas de seguido, sentirla cerca de el. Se sacudió la cabeza alejando malos pensamientos, que se introducían en su cabeza y siguió hablando

-Ti-tienes razón, es lo mejor, y que hay de eso de “vinculo especial”?

-Veras, por unos días no voy a poder alejarme de ti, no por mucho tiempo, voy a depender de ti, de tu…compañía

-Sigo sin entender

-Que no voy a poder estar físicamente lejos de ti!-soltó

-O sea que me vas a estar en contacto permanente con…migo?

-Si, básicamente es eso

-Por eso lo de…-y con la mano libre señalo las manos unidas de ambos-

Si, es por eso, me estaba empezando a sentir mal, pero no te preocupes, cada día  que pase va a ir disminuyendo y va a llegar un día en que no te necesitare tan cerca mio.

-Y esto por cuanto es?

-Días, meses… quién sabe?, qué? te molesta?

-No, para nada solo quisiera saber cómo le vamos a hacer?

-Por ahora no va a pasar nada mientras estemos en el hospital, vamos a decir que soy tu hermana adoptiva y no sospecharán nada

A Leonardo  esto no le molestaba pero quisiera que hubiera dado otro tipo de parentesco, pero ya estaba decidido,y así se paso la tarde volando, cuando se dieron cuenta ya era de noche.

Leonardo  estaba incomodo, hacía varios días que estaba en la clínica y no se había y no se podía separar de Valentina , más que para ir al baño y comer rápidamente. Valentina  lo vio incomodo  mientras intentaba dormir

-Leo-lo llamo suavemente

-Mm?

-Quieres dormir aquí?

-Qué?-levanto la cara donde minutos antes la tenia incómodamente en el colchón donde estaba acostada  Valentina

-Vamos, ven te hago lugar, te va a agarrar tortícolis si seguís así

Leonardo  estaba tan agotado  y cansado que no discutió en absoluto. Valentina  se hizo a un lado, permitiendo a Leonardo  acostarse a un lado, él la rodeo con sus brazos, tratando de no tocar el suero que tenía en su brazo derecho, finalmente Valentina  coloco su cabeza en el pecho del joven aspirando su aroma característico en él un muy rico  aroma por cierto, le parecía oler el aire puro del campo. La rubia noto como la respiración de Leonardo  era más pausada por lo que supuso que se había quedado dormido, se lo debía, era una manera de pagar todo lo que él le había ofrecido sin interés alguno, y entre pensamientos se quedo dormida.

Unas voces se escuchaban a lo lejos…

-Mírenlos se ven tan tiernos! Quien pensaría que dos años más tarde Leo encontraría su alma gemela?

-Pero no puedo creer que Leo  se haya olvidado de Malena. Tanto amor que decía quererla  y ya le encontró reemplazo!

-Marian  no seas así, esto puede tener una explicación

-Así Azul, dime que tipo de explicación podría tener esto-dijo señalando a los jóvenes abrazados y durmiendo sobre la cama-

-Bueno, pues eso habrá que preguntárselo a él, no?

-Que quieren preguntarme?-dijo  Leo

-Leo!-dijo una bella mujer rubia-perdónanos no queríamos interrumpir, solo vinimos a verte, cuando llegamos a la hacienda, no dijeron que estarías aquí y vinimos a visitarte.

-No, no interrumpen nada-dijo el joven

-Seguro?-pregunto la rubia

-Marian!-la reto una hermosa joven con el cabello corto y azulado.

Marian  solo hizo un gesto con la mano como si su boca tuviese un sierre.

Leonardo  se levanto lentamente de la cama, tratando de no despertar a Valentina.

-Vamos-les dijo a las tres chicas que allí se encontraban-por aquí cerca hay una cafetería donde podremos hablar con más tranquilidad-dijo Leonardo  mirando su reloj para calcular cuanto tiempo tendría para volver, saco cuentas, aproximadamente tendría media hora para hablar con sus amigas.

Cuando llegaron a la cafetería se sentaron en una mesa y comenzaron a charlar.

-Bueno, ustedes dirán, en que soy bueno- dijo  Leonardo

-Porque supones que queremos algo, nos ofendes Leo-dijo la rubia con el ceño fruncido.

-No, finjas Marian, ustedes son mis amigas, las conozco bastante bien para saber, que si hubieran venido a visitarme me hubieran avisado antes, y no se aparecerían de buenas a primeras aquí, o al menos me esperarían en casa.

-Ven, les dije que era mejor que lo esperáramos allá-dijo la joven alta de cabellos ondulados negros y con ojos verdes intensos.

-Bueno, al hecho pecho…Leo sabes porque hemos venido verdad?-dijo Marian

-No, por eso pregunto.

-Es… es sobre Malena-dijo tímidamente Azul

-Que tengo que ver yo con Malena? Por si no lo recuerdan fue ella la que me dejo y se marcho.

-Sí, lo sabemos pero es que está mal, en estos años ha cambiado, antes era alegre y siempre estaba llena de vida; ahora está siempre  triste… parece como si algo  dentro de ella algo se hubiera apagado-dijo Marian con la cabeza baja.

-Y he de suponer que eso ocurrió desde que se fue-masculló Leonardo

-Si, así es, pensamos, que a lo mejor podríamos hablar contigo para que volvieran las cosas como era antes-dijo  Haydee

-Y que creen, que voy a ir a buscarla y que viviremos como si no hubiese ocurrido nada! Lo siento pero no puedo.

-Sé que es difícil Leo, pero al menos habla con ella

-Hablar de qué? Ella me dijo todo lo que tenía que decirme el día que se marcho! Lo dejo todo muy claro!

-Se que no podemos obligarte a que lo hagas-dijo con coraje Azul-pero al menos, prométenos que hablaras con ella. Mi hermana me  dijo que siente remordimientos por lo que hizo y creo que la culpa la esta carcomiendo por dentro. Entiende no puede seguir así. Nosotros intentamos que recapacite, pero se ha negado, tú eres el único que la hace entrar en razón y lo sabes…

Leonardo  lo pensó por algunos segundos

-Está bien les prometo que hablare con ella-dijo con resignación- y cambiando de tema… -dijo no quería pelear con sus amigas-que hay de ustedes… algún cambio en sus vidas?

-No,Leo  siempre lo mismo-dijo Haydee  con una sonrisa y con una mano detrás de la cabeza

-A si y que hay de Alan?-dijo la rubia quien codeo a su amiga Y esta se puso colorada

-Un momento Alan? Que paso con mi amigo?-dijo Leonardo  sorprendido

-Solo que…-dijo Haydee  pero fue interrumpida

-Haydee  y Alan  son novios!-dijo Marian

-Queee?-dijo Leonardo

-Hay no te hagas Leo, que tu ya sabias que entre ellos había algo-dijo Marian

-Bueno en verdad si esas miradas no pasaban inadvertidas para nadie, pero hace cuanto que salen?

-1 mes –dijo una apenada Haydee

-Y eso no es todo, la más tímida de tus amigas también tienes novio!

-Marian!-reprendió Azul

-Te delataste sola Azul -dijo y soltó una carcajada Leonardo-pero dime, quien es el afortunado?

-Bueno… él se llama, Ricardo Montes  y es mi novio hace 4 meses-dijo tímidamente Azul

-Y tu Marian, encontraste a alguien?

-Bueno…la verdad…es que yo-dijo  Marian

-No me vas a decir que la favorita de cupido , no tiene novio?

-Bueno no lo sé-dijo Marian  jugando con sus dedos, signos de nerviosismo

-Como que no lo sabes?

-Es que todavía estamos viendo, no es algo que todavía no hemos charlado

-Y quien es, si se puede saber?

-Tú la conoces, es… es Armado-dijo en un susurro

-Armando! Volviste con Armando!-grito Leonardo

-Ssshh! No grites tanto, podrían escucharte!-dijo Marian

-Quien? Marian  si aquí no te conocen!

-Pues si Armando no resulta ser mi príncipe azul, el verdadero podría escuchar, no crees?-dijo Marian

Todos: Hay Marian  nunca cambias!

-Y tu Leo  que nos cuentas? Quien es esa chica que estaba contigo?

-Quien? Valentina? Ella… es solo una amiga, eso es todo-dijo  Leonardo

-Con que una amiga? Eh? Y con una amiga se duerme así abrazaditos-decía Marian mientras se abrazaba a Haydee

-Ya basta Marian-reprendió Azul-deja que nos explique

-No, hay nada que explicar Azul, Valentina  es solo una amiga que tuvo un accidente y como le tiene terror a los hospitales me quede haciéndole compañía

-Sí, si claro-dijo con ironía Marian

-Bueno si no tienen más preguntas, me retiro si Valentina  se despierta, se va aponer nerviosa, será mejor que vaya con ella, ustedes pueden ir a el Rayo de Plata, a mas tardar mañana a la mañana vamos a estar ahí, me dijo el doctor que mañana le dan el alta a Valentina.

-Bueno nos vemos Leo-se despidió Azul

-Cuídate-le siguió  Haydee

-No hagan travesuras, recuerden que esto es un hospital-dijo Marian  echando a correr ya que Leonardo  se le aventaba encima para castigarla.

5 minutos antes…

La joven de ojos celestes y cabello rubio comenzaba a moverse intranquila en la cama, cerca de ella podía escuchar voces…

Todos: Hay Marian nunca cambias!

-Y tu Leo que nos cuentas? Quien es esa chica que estaba contigo?

-Quien? Valentina? Ella… es solo una amiga, eso es todo

Lentamente abre los ojos

-Leo!-dice la chica, lo busca con la mirada pero no lo encuentra y supone que fue a comprar algo para comer o tal vez beber-que sueño extraño?-se queda pensando varios minutos , pero luego le resta importancia- espero que Leo no se tarde demasiado, ni que el muy idiota se pierda!

-Quien es el idiota?-pregunta Leonardo  quien entra con 2 botellas de jugo de manzana en mano

-Nada, estaba hablando de otro idiota! –le dice sacando la lengua

-Con que así me pagas que te haya traído jugo, malagradecida-dice Leonardo, quien comienza a hacerle cosquillas a Valentina

-Ja, ja ,ja- se ríe Valentina  sin parar-para Leo  ja, ja… esta… está bien lo siento

-Así me gusta!

Valentina  solo le saca la lengua nuevamente y toma la botella y la bebe

-Y sabes cuándo voy a salir de aquí? Me esta dando claustrofobia  de tanto estar encerrada

-Pero si solo fueron dos días!

-Soy de naturaleza libre-dice la rubia

Leonardo  ante estas palabras recuerda lo sucedido 2 años y unos meses antes de la llegada de  Valentina…

FLASH BACK

-Pero es que no te entiendo!-gritó Leonardo

-Que es lo que no entiendes, no puedo casarme contigo, lo siento, pero no puedo…-dice una joven morocha con lágrimas en sus ojos.

-Pero por que Malena, si hasta hace unos días estaba todo bien…

-Es que no estoy preparada para dar un paso tan grande, pensé que podía, pero no puedo, soy LIBRE  Leo, me gusta ir por la vida sin compromisos…sin nadie que me reclame…

-Que quieres, tiempo?, te lo doy…

-No es eso, es solo que no puedo casarme contigo ya te lo dije

-Entonces, para ti ya esta, me dices que no puedes casarte conmigo y ya, crees que con eso solucionas todo?

-No. Ya lo sé, pero no quería irme sin decirte…

-Irte, a donde vas a ir?

-A España, me ofrecieron un trabajo allá, tal vez es eso lo que necesito, como dijiste…tiempo. Nos hará bien separarnos por un tiempo. Estaré en contacto, te lo prometo…

Pero lo cierto era que aquella vez, fue el único contacto que tuvo con Malena, no volvió a hablar con ella, claro está, que las chicas le informaban sobre su estado , era la única manera de saber que aun seguía con vida…

FIN DEL FLASH BACK

Una mano de la rubia pasaba por el hombro de Leonardo…

-Leo! IUJU! Te estoy hablando!-grito

-Eh! Ah! Perdona estaba en otra…

-Si ya veo

En ese momento llego Alan y les informo que a la mañana siguiente seria le daría el tan esperado alta,Leo dio una palmada en el hombro al doctor-En hora buena,te felicito por lo tuyo con Haydee-lo mismo digo-contesto Alan mirando a Valentina,saliendo de la habitación sin dar pie para que Leonardo contestara

A la mañana siguiente, Valentina  llegaba a su nuevo hogar, junto con Leonardo en la camioneta 4×4.

-Leo!, mi querido Leo!-gritando  una joven de cabellos rojos, colgándose del cuello de susodicho apenas había cerrado la puerta de la camioneta

-Hola Ángeles!-dijo el joven resignado

-Hola Ángeles!-dijo la rubia

-Hola querida!-dijo la joven simulando una sonrisa

Las chicas salieron afuera donde saludaron tanto a Leonardo como a Valentina.

-Bueno chicas, déjeme presentarlas oficialmente, ella es Valentina Togil, una amiga mía.

-Mucho gusto -dijeron todas al unísono

-Bueno, Leo yo me voy a descansar un poco.

-Si claro, adelante.

Así pasaron los días hasta que como había prometido Leonardo  llamo al celular de Malena, para hablar un poco con ella…

Tres pitidos después…

-Hola

-Hola

-Leonardo?-dijo con temor la joven receptora del llamado

-Sí, soy yo…quería saber como estabas, han pasado años desde la ultima vez que hablamos…

-Sí, yo…estoy bien…trabajando ya sabes

-Ha, bueno, yo en realidad…quería invitarte a que pases unos días en mi casa…

-No, puedo, el trabajo, ya sabes…

-Vamos que te va hacer si tomas un poco de descanso, conociéndote como te conozco, seguro que hace rato no te tomas un descanso…

-Es verdad, pero es que…no puedo volver nosotros…

-Olvida lo que paso, solo te estoy ofreciendo unas mini vacaciones, descansa un poco, estás muy agotada…

-Como sabes eso?-dijo la morocha, pero luego lo pensó-“las chicas”, recuérdeme matarlas cuando lleguen

-No, tienes porque esperar ven aquí y matarlas personalmente-dijo el joven acompañado por unas carcajadas

-Pero es que…

-No lo pienses mas solo ven, descansa un rato, y luego te vas. Yo no te voy a molestar con ciertos asuntos, te pido que vengas unos días nada mas, Santi  te extraña mucho…

-Los chantajes no son validos…pero está bien mañana tomo un vuelo para allá, nos vemos. Solo te pido, que guardes tus armas, soy muy joven para morir.

-No, te voy a matar…por ahora…no, enserio, además sabes que no tengo armas son un hombre de paz.

-Sí, ya lo sé, bueno, nos vemos.

-Nos vemos

Y culminó la llamada

A la mañana siguiente una joven morocha llegaba a la hacienda Rayo Azul, luego de unas presentaciones, Valentina  se fue a entrenar y las chicas fueron de paseo junto a Leonardo.

Pasaron varios días, Valentina  investigaba a Malena, la nueva invitada del joven heredero, había averiguado que ella era la ex-prometida de Leonardo, y otras cosas aparte de lo obvio como que era hermosa, a la vista saltaba eso, de cabellos azabache, levemente ondulados, ojos negros y profundos, era alegre y buena persona, jugaba con Santi  y le contaba historias de jóvenes princesas que eran rescatadas por apuestos príncipes. Una vez le había dicho a este, que ella había  encontrado a su príncipe azul pero este no era para ella, y este obvio era Leonardo . Aunque era un poco temperamental, cosa que hizo que los hombres se alejaran de ella.  Leonardo era el único que podía soportarla.

Se conocían desde niños, eran los mejores amigos, Leonardo  había tenido varias novias, Malena  solo estaba ahí junto a Leonardo, sufriendo en silencio, “su amor imposible”, decía.

Pero un día su suerte cambio; se encontró con él una noche, había ido a visitarla, el estaba borracho, decía que estaba cansado de ser engañado, quería encontrar a una chica que no estuviera con el por su dinero, la aceptaría tal cual fuera su apariencia, solo quería que sea una persona honesta con él, también le había dicho que si no la encontraba se volvería gay. Ella le había contestado  que quizás la persona que buscaba estuviera más cerca de lo que pensaba, pero si no la encontraba, ella estaría ahí siempre cerca de él.

Desde ese día Leonardo ya no la miraba como una amiga, la miraba como una mujer, una que siempre estuvo a su lado, tanto en las buenas como en las malas. Leonardo  había juntado valor para contarle sus sentimientos, los cuales fueron felizmente correspondidos. Así fueron pasando los días, luego años, y finalmente le había propuesto matrimonio. Pero entonces, porque de un día par a otro decide suspender su boda, y se muda a España ?

Debería averiguar si todavía se seguían amando, cosa que no era difícil de adivinar, los ojos de ambos cambiaban cuando estaban cerca. Es por eso que se puso de acuerdo con las chicas para que limenaran asperezas.

Había sido una velada perfecta, en la cual Leonardo y Malena  habían decidido dejar todo atrás y volver a ser amigos, luego verían que pasaría.

Valentina  se excusó, para ir al baño, le dolía el pecho, se recargo sobre el lavabo, cuando de repente comenzó a escupir sangre. Ella sabía que era por la des conexión de Leonardo , ya que no pasaba tanto tiempo cerca de él, pero no iba a decírselo. Necesitaba terminar con esa conexión, eso significaba que tendría que investigar en los antiguos libros de la familia, lo cual también significaba que tendría que hablar con ellos de nuevo.

A la mañana siguiente, Valentina  tomo el celular que Leonardo  le había regalado meses atrás, “toma, te lo regalo, piensa que podrías necesitarlo algún día” le dijo y ella lo acepto, pero solo porque tenía razón.

Marco un número que sabía de memoria, solo esperaba que no hubiera cambiado de numero.

En una esquina estaba Leonardo  que observaba a Valentina , cosa que ella no sabía.

Tres pitidos después…

-Hola-dijo una voz de un hombre al otro lado del teléfono.

-Hola-dijo tímidamente  Valentina

Leonardo  no podía creerlo escuchaba claramente su conversación como si estuviera ahí mismo, al lado de  Valentina

-Sí. Quién habla?

-No me digas que ya no me reconoces?-dijo haciendo un puchero

-No, si no me dices…

-Adivina…

-Mira quien quiera que seas, no estoy para juegos

-No te hubiera llamado malagradecido

-Espera un segundo…Valentina?

-Si, soy yo

-Princesa, hasta que te dignaste en dar señales de vida

-Si. Me tarde un poco…

-un poco, fueron dos  años, todavía estoy enojado contigo. Porque te fuiste así, de la nada…

-Sabes muy bien porque me fui, no quiero lastimarte, no de nuevo, todavía no me perdono lo que te hice…

-Pero peque , fue un accidente, tu no tenias, ni tienes la culpa, además no paso nada grave…

-Y si pasaba, y si te mataba-dijo comenzando a llorar.

-No llores, sabes que no me gusta verte llorar

-Javier, esto es una llamada, como podrías verme-dijo la joven secándose sus lagrimas

-Bueno, verte, oírte, es lo mismo no quiero que llores.

-Está bien…y dime como estas?

-Pues aquí, extrañando a mi pequeña y muy muy querida princesa. Dime tu donde estas?

-Con un amigo, en un campo, en  Monterrey, México  en una hacienda llamada “Rayo Azul”

-Nombre estas bien cera eh -dijo un hombre de cabellos oscuros y ojos azules brillantes como el diamante

-Sí, y que paso, digo…porque después de dos años, decides llamarme ahora?-fingió enojo

-Como crees que necesito algo, que no puedo, simplemente estar preocupada por ti y llamarte, para saber como estas…-fingió enojo también

-Te conozco, sé que no te arriesgarías a que te encuentre, porque sabes que te traería devuelta a casa, aunque sea por las malas…

-Bueno la verdad, si necesito, algo un pequeño favor, me podrías mandar por encomienda el “Rastalre”

-Ese libro viejo y inútil?

-Oye, que tú no lo entiendas no significa que no sirva…

-Pero es que es enorme-se quejo

-Pero si es un poco más grande de lo normal, tampoco es taaan grande

-No sé, no sé, tengo que pensarlo

-Vamos, tu puedes hacerlo solo tienes que dejarlo en la mensajería y ya…

-Pero debes prometerme que vendrás a verme

-Está bien te lo prometo

-Está bien

-Y…que es de tu vida…sigues entrenando?

-Si, como siempre! Y debo decirte que he mejorado bastante

-Tendrás que demostrármelo cuando vengas, espero con ansias ese día todavía me debes unas cuantas…

-Que te debo? Si mal no recuerdo, tú eres el que me debe

-No no hablo de eso, hablo de lo que hacíamos siempre

-Te refieres…a…si ya lo recuerdo, pero tú también lo hacías

-Pero la última vez me tocaba a mí despertarte

-Sí, pero tu te pasabas mira que despertarme con ese ruido, siempre pensé que me matarías de un susto.

-Y tu  tirándome agua fría, yo pensé que moriría de frió-rieron al unísono

Quien era ese tipo? Se preguntaba Leonardo, y porque tanta confianza, se notaba que la conocía de hace años, sería su…novio? Al se estremeció dentro de Leonardo, y se alejo de ahí, por una extraña razón no quería seguir escuchando.

-Bueno y para qué quieres  el libro…

-Tengo problema y pensé que ahí podría estar la solución.

-Y el problema es…-dejo la oración inconclusa para que Valentina  la completara

-Muy complicado, solo mándame el libro y ya…

-Bueno, me pasas la dirección por mensaje

-Listo luego te la paso

-Estarás consciente de que ahora que se como encontrarte no te voy a dejar en paz no…?

-Si-suspiro-lo sé, pero no me importa yo también te extrañaba y te extraño mucho, mucho

Para mala suerte de Leonardo, el seguía escuchando la conversación, claro, involuntariamente, y se estaba empezando a enojar.

-Bueno, te tengo que dejar peque, pero me alegra que me llamaras, nos hablamos luego…te quiero!

-Nos vemos…yo también te quiero-dijo y luego colgó el aparato. Luego se dirigió al despacho de Leonardo , para informarle que en unos días debería ir a la terminal para buscar “cierto paquete”. Golpeo la puerta pero nadie respondió, entonces paso.

-Leo-dijo la rubia

Pero Leonardo, estaba concentrado en la pantalla de la notebook con la cara fruncida.

-Leo!-repitió Valentina

Que quieres!-dijo con cierto enojo y levantando un poco la voz

-Nada, solo quería avisarte que posiblemente mañana necesite ir a la terminal a buscar un encargo que voy a recibir

-Y para eso, necesitas hacer tanto escándalo…

-No, yo solo…que te pasa ahora conmigo porque me hablas así

-Yo hablo como se me da la gana!

-Si ya veo!

-Bueno, soy así y si no te gusta, pues bien podrías irte…- Con tu novio pensó Leonardo

-Bueno si tanto quieres eso, pues no te molesto más me voy de aquí!-grito la rubia y azoto fuertemente la puerta.

-BIEN!-Grito Leonardo  luego solamente agacho su cabeza y puso sus manos entre sus cabellos, pero se quedo ahí sentado.

Valentina  fue rápidamente a su cuarto, busco una mochila y empezó a colocar ropa en ella. Las chicas que habían escuchado la pelea subieron al cuarto de Valentina.

Dos golpes en la puerta resonaron segundos después.

-Podemos pasar?-dijo Marian  pero ya estaba adentro cuando lo dijo, típico de ella

-Sí, claro-dijo Valentina

Tras de Marian  aparecieron las demás.

-Malena , se sentó en la cama viendo como Valentina  iba y venía con ropa y la repartía entre una mochila roja y un bolso de viaje color negro

-Vale  que sucedio?-preguntó Haydee

-Nada, por?-respondió la joven sin dejar de guardar cosas

-Nada?-dijo Marian -Vamos Vale, los escuchamos discutir, creo que se escucho hasta Japón

-No, paso nada chicas, solo que me voy, esto tarde o temprano iba a ocurrir

-De que hablas?-pregunto Azul

-Es que estoy acostumbrada a no permanecer mucho tiempo en el mismo lugar, pero creo que esta vez batí mi propio récord…fueron dos años-suspiro

-Por qué dices eso?-se animo a pregunta Malena

-Bueno, digamos, que la del problema soy yo, solo eso les puedo decir

-Pero te vas a ir así nomas?-dijo Haydee

En ese momento Valentina tomo su celular y tecleo

Javier,´´ olvídate del encargo, necesito que me vengas a buscar a la terminal de Monterrey, te espero ahí, no paso nada, solo te espero  ahi…´´Te quiero. Valentina

-Vale? Que haces?-dijo Haydee

En tanto Leonardo salía de su la casa y se dirigía al campo un poco de aire puro tranquilizaría su mal humor.

En la habitación de Valentina…

-Nada ultimo detalles-dijo Valentina  mientras escribía una carta. Cuando terminó les dijo-Me harían el enorme favor de entregarle esto a Leonardo dijo Señalando a la carta y el celular que le había regalado.

-Si claro. Pero enserio te vas a ir? A dónde vas?-dijo Azul

-No se preocupen, puedo cuidarme sola

-No te vas a arrepentir luego?-dijo Malena

-No, no creo. Lo tenía pensado hacer de todos modos-mintió

Escribió otra carta pero esta vez dirigida a otra persona

-Y esta entréguenla a Santi-les dijo la rubia

-Pero te vas a ir sin despedirte?-dijo Marian

-No me gustan las dependidas-dijo Valentina

Ayudaron a Valentina  con la maleta

-Y como piensas ir a la terminal? Caminando?-dijo Marian

-Eh?-dijo Valentina, estaba distraída no quería encontrarse con Leonardo, ella también estaba muy enojada

-Vale, que como te vas a ir?-repitió Marian

-Ah, eso, muy fácil-dijo-esperen ya vengo

Al regresar venia montada en un caballo

-Cuando aprendiste a montar?-pregunto Azul

-Leo me enseño-afirmo orgullosa

Mientras las chicas la ayudaban a cargar el equipaje en el lomo del animal

-Y cómo vas a regresar el caballo?-dijo Haydee

-Regresara se los aseguro

-Ya, solo?-pregunto dijo Marian

-Sí, sólo, se los aseguro, bueno chicas, fue un placer haberlas conocido. Adiós

-Adiós-dijeron al unísono todas las chicas

Cuando faltaba poco para llegar a la terminal, Valentina, se bajo del caballo, y con ella la maleta, acaricio la cabeza del caballo, cerró los ojos y se concentro, las manos se le iluminaron por un instante…

-Ahora sé un buen caballo, y regresa a casa, y gracias-dijo-el caballo resopló en respuesta y dio la media vuelta de regreso por donde vino.

Se quedo esperando varios minutos, luego pasaron horas.

En la hacienda Leonardo  trabajaba con el ganado, lo había decidido así, ya que no podía apartar su enojo. Porque Valentina  no le había dicho que tenia novio? Claro, el tampoco había preguntado, pero le hubiera gustado saber. Seguramente se había marchado porque no quería lastimarlo. Por eso entrenaba, para regresar a su lado…

Mientras más pensaba mas se enojaba. Así que decidió dejar de pensar, y solo trabajar.

Finalmente un joven de cabellos cortos, negros, delgado, de 1.80 aproximadamente de estatura, ojos azules y se paró a unos metros de Valentina.

-Valeeee!-grito

Instantáneamente Valentina  se paró y buscó la fuente de esa voz, hasta que la encontró. Lagrimas se agolpaban en su rostro, estaba como lo recordaba, aunque un poco más alto. Corrió a todo lo que sus pies le daban y lo abrazo con fuerza. Finalmente las lagrimas resbalaron de sus ojos.

-Hey, que paso? Hasta hace horas no querías que venga aquí.

-No, nada de importancia-dijo pasando sus dedos por sus ojos para secar sus lágrimas

-Dime que paso, ese “amigo” tuyo hizo algo malo? Porque si es así voy y le parto la cara,te aseguro que  va a quedar irreconocible…

-Nada paso, ya te dije, solo que te extrañaba demasiado y no me aguante, pero si quieres me voy-dijo la rubia se volteo pero fue agarrada por unos brazos

-Tonta, …bueno, si no quieres hablar ya hablaremos luego. Ahora vamonos  el avión nos espera.

Ella solo asintió, el tomo su maleta y se dirigieron al avión privado que lo esperaba.

Eran las  siete de la tarde cuando Leonardo  regreso, entro en la caza, se baño, se vistió y se dirigió al cuarto de Valentina. Golpeo la puerta pero nadie respondió. Luego de unos minutos entro, asomo la cabeza por la puerta, pero no había señales de Valentina. Donde estaba? Seguro que estaba abajo, aunque estuviera enojada no dejaría de comer, era su parte favorita del día.

Cuando bajo todos estaban sentados en la mesa esperando para comer.

-Donde has estado? Te hemos estado buscando?-dijo  Malena

-Trabajando-respondió el ojiazul-para que me buscaban?

Malena   se levanto y le entrego la carta y el celular rosa con un  colgante  de un conejito en un extremo

-Vale  dijo que te diéramos eso-dijo Malena

-Que significa esto?

-Tu sabrás-dijo Marian  con el rostro fruncido

Dejo el celular en la mesa, abrió el sobre y comenzó a leerlo…

Leonardo:

Cuando leas esto ya voy a estar lejos de aquí, no me busques, no te preocupes voy a estar bien. Te agradezco de todo corazón todo lo que hiciste por mí. Estaré eternamente agradecida. Pero como te dije cuando te conocí, te voy a devolver todo lo que me prestaste. La he pasado bien estos años, me ayudo bastante, siempre he estado sola viajando, ya sabes porque. Pero esto algún día tenía que pasar, no te guardo rencor. Al fin y al cabo tienes razón, esta no es mi casa, no tengo nada que hacer aquí. Lamento haberte importunado, si lo hice, te ruego disculpas.

Espero que sea feliz, en serio…

Te guardare en mi corazón como el gran amigo que fuiste.

PD: No te preocupes por el dinero, me encargare de devolvértelo…

Sinceramente

Valentina Togil

-Se…fue-dijo sin ánimo

-Perdón? Creo recordar que tú la echaste-grito Marian

-Marian!-dijo Azul

-Lo siento pero no puedo evitarlo eres un estúpido Leonardo-dijo Marian

-En serio, que es lo que te hizo para que le grites de esa manera, escuchamos todo-dijo Malena

-Nada, solo… estaba enojado, y me desquite con ella

En eso ve que en el sobre todavía tenía algo, era la cadenita con el conejo que le había regalado cuando la conoció.

-Y ahora que vas a hacer, te vas a quedar de brazos cruzados?-dijo Haydee

-Pero no se que hacer?

-Piensa Mendizabal-dijo Haydee

En el despacho de Leonardo…

El joven pelinegro caminaba por el lugar, con sus manos en su cabello. Hacía más de veinte  minutos que recorría la misma distancia, una y otra vez.

-Podrías quedarte quieto, me pones nerviosa!-grito Marian

-No puedo, no entiendes, se fue, dejo todo aquí, ¿cómo se supone que voy a encontrarla?-expreso el joven.

Entonces recordó las charlas que tenia Valentina  con ese “amigo”, tomo el celular que estaba en la mesa, lo tecleo, busco llamada recientes recibidas, y llamo al último registrado un tal “Javier”.

Mientras Javier  y Valentina estaban sentados en un avión privado.

-¿Cuánto tardaremos en llegar a casa?-pregunto una joven rubia impaciente.

-En una hora más o menos, dependiendo del tráfico-dijo un joven chico

-Ja,ja mira como me rió.

-Bueno por lo menos te saque una sonrisa

-Es fingida  Javier-le dijo rodeando sus ojos

-Como sea es sonrisa al fin y al cabo…mejor dime, ¿porque quisiste irte de donde sea que estabas tan rápido?

-Solo quería verte ya te dije.

-Si, como no, y yo soy Di Caprio.

En ese momento suena el teléfono de  Javier

-¿Que no sabes que no se puede tener el celular prendido en un vuelo?

-No sabía que estaba prendido, se me olvido…-dijo encogiéndose de hombros.

-Pues apágalo o contesta antes de que despeguemos, Di Caprio-le dijo con ironía.

Javier  sonrió, pero luego puso su cara seria

-¿Sucede algo?

-O estas usando tus poderes o no entiendo nada-dijo rascándose la cabeza

-¡Pues contesta de una vez!

-¿Hola?

-Hola soy Leonardo  un…amigo de Valentina, quería saber si ella esta contigo.

-¿Valentina?, ella esta…-pero fue interrumpido por una mirada de Valentina, quien preguntaba ¿quién era?

-Veras Leonardo,Valentina…-fue interrumpido nuevamente pero esta ver ella le indicaba con la mano que no quería hablar con él.

-Si-dijo un impaciente Leonardo

-Ella no está conmigo, pero te aviso cuando la vea, ¿paso algo malo?

-No, solo quería hablar con ella, eso es todo.

-Pues cualquier cosa, te aviso. Adiós.

-Adiós.

-Me puedes explicar ahora que paso Valentina!-le dijo Javier con una cara de pocos amigos

-No nada

-¡Nada! Y porque no quieres hablar con tu “amigo” Leonardo . No me digas ¿que te…toco? Si es así ya mismo paro este avión, y lo mato, te lo juro…

-Cálmate el no…me toco…ni un pelo-dijo mientras se sonrojaba

-¿Y porque estas roja como un tomate?…no me digas que…lo mato te juro que lo mato

-No me hizo nada…solo me…beso-dijo en un susurro.

-TE BESO, TE BESO! Por Dios Valentina, sabias que no podías.

-Sí, pero él no sabía, solo quería ayudarme, me descontrole y con ese…Beso todo pasó.

-Y ahora tienes la conexión con el verdad?

-Si-asistió.

-Y ¿luego que paso? No espera un segundo…tal vez no quiero saberlo-dijo rascándose la cabeza.

-¡Javier! No paso nada mas te lo aseguro.

-Y entonces porque no quieres ni verlo ni hablar con él, ¿qué paso después?

-Nada, solo peleamos y me fui de su casa.

-¿Y no piensas hablar con él?

-Por lo pronto no, quiero aprovechar el tiempo para estar contigo, ¿acaso no quieres?-le dijo con puchero

-Y aquí está la señorita evade problemas, ¿porque siempre tienes que huir cuando tienes problemas?

En ese momento Valentina se sintió mal tosió sangre, y sus piernas parecían gelatina

-Vale…¿te encuentras bien?

-No, me siento mal-confeso

-Estas sangrando!¿Qué sucede? ¿Esto es por la des conexión?

-Sí, creo que si

-Tonta! ¿qué pasa si esto empeora? Hace cuanto que estas así?

-Unos meses

-Unos meses!, ahora mismo nos vamos donde esta ese amigo tuyo.

-No, ya se pasara, dentro de unos minutos se me pasa.

Pero nuevamente tosió y escupió sangre

-Suficiente Valentina, quieras o no nos volvemos.

Valentina  no tuvo tiempo de replicar ya que se había desmayado. El avión privado dio media la vuelta y regreso a la pista. A pesar de que reanimaban a Valentina , no reaccionaba. Javier  cargo a su hermana en brazos y se dirigió a la hacienda el “Rayo Azul”.

Luego de cuarenta y cinco  minutos estuvieron en la hacienda, Javier  bajo con Valentina en brazos y pidió por el dueño de la casa. Al cabo de unos instantes Leonardo apareció frente a sus ojos.

Leonardo vio a Valentina, desmayada sobre la cama de invitados con sangre en su camisa, eso lo impresiono demasiado, y no dudo un solo instante en acercarse a ella y tomar su mano. Fue entonces cuando se percato del chico que se encontraba en la misma habitación.

-Hola-dijo Javier

-Hola-dijo Leonardo-¿qué le sucedió?

-En resumen…se desmayo

-¿Y esta sangre?

-Bueno-se rasco su cabeza como si eso sacara respuesta lógica-hace cuanto que no están…juntos

Leonardo  se puso colorado

-¿Juntos? No te entiendo

-El primer beso, conexión especial te suena

-¿Quién eres? ¿Y cómo sabes eso?

-Yo soy Javier Togil, el hermano de Valentina.

-Su…su hermano, no sabía que tenía hermano.

-Hay muchas cosas que no sabes de ella, te lo aseguro

Genial Leonardo todo este tiempo estuviste  celoso del hermano de Valentina-pensó Leonardo.

-Tú sabes que yo…-lo corto.

-Si sé que la besaste, me lo contó antes de desmayarse,…¿no notaste que estos días estaba cansada o lucia diferente?

-No, la verdad no me di cuenta

-Que no te dijo que la des conexión puede ser peligroso!-le grito

-Bueno  la verdad, ella me dijo que pasaría, que cada día me necesitaría menos.

-En teoría sí, pero al parecer no.

-Pero como hacemos para que despierte

-Mira, muy a mi pesar vas a tener que estar muy cerca de ella para que vuelva en sí, así que no pierdas más tiempo.

Leonardo  sin esperar más se acostó junto a Valentina  y el rodeo con sus brazos.

-Puedes dormir en la habitación de al lado si quieres descansar

-De acuerdo-dijo Javier -pero solo una cosa te digo, no metas mano mas de lo debido  voy a estar atento a cualquier sonido, y que  conste que te permito estar cerca de ella por ahora-lo amenazó y se marcho de la habitación

Leonardo  sonrió ante la actitud de Javier, acaricio el cabello de Valentina, quien de inmediato se movió para quedar acostada con la cara en el pecho de Leonardo

-¿Vale  estas despierta?-pregunto pero no obtuvo respuesta

-No te vayas Leo

-No lo haré y tampoco permitiré que te alejes de mi de nuevo-luego beso su frente y así terminaron dormidos los dos.

VALENTINA

Abrí los ojos lentamente, vi como era rodeada por unos fuertes brazos, su aroma inundo mis sentido, ese hermoso olor lo conocía perfectamente.

-Leo-pude pronunciar, gire mi rostro y vi que estaba despierto.

-Hola bella durmiente-me dijo y yo me tense levemente, supe disimularlo.

-¿Que hago aquí?-estaba desconcertada, lo último que recordaba era estar con mi hermano  Javier en un avión rumbo .

-Te trajo tu hermano… al parecer te desmayaste y no te podía hacer reaccionar-me dijo serio, pero sin soltarme.

-Ah-solté tímidamente y gire mi rostro mirando a otra parte, creía saber lo que vendría.

-Vale-me dijo mientras giraba mi rostro con su mano para que lo mirara.

-Qué?-dije apenas.

-Porque no me dijiste que lo de la des conexión, me dijiste que ya no era necesario que este junto a ti-vi que fruncía el ceño, señalando su enojo.

-Bueno…la verdad es…-titubeé-que no quería molestarte…tú tienes cosas que hacer y no puedes vivir pendiente de mi-le dije con sinceridad.

-¿Pero no vez lo lejos que has llegado?-me dijo y finalmente me soltó, sentándose en la cama- estabas sangrando Valentina, tu hermano me lo dijo y por la sangre de tu camisa, veo que es verdad-en ese momento mire mi camisa, estaba efectivamente manchada de sangre.

-Yo…lo sien-no puede terminar ya que puso un dedo en mis labios

-No hay nada que perdonar, aunque debo admitir que estoy un poco enojado

-¿Y cómo puedo cambiar eso?-le dije mirándolo de frente

-¿Tú dirás?-me dijo y levanto una ceja.

Inmediatamente le comencé a hacer cosquillas, hasta que rogó piedad.

-No vale, eso no era lo que yo quería-me dijo con haciendo un puchero

-¿Y qué es lo que querías?-le dije coqueteando

-¿Pues…un beso es mucho pedir?-me dijo nerviosamente

Tome su mejilla, me acerque lentamente, el cerró los ojos y deposite un beso en su mejilla.

Rápidamente abrió los ojos sorprendido, y frunció nuevamente el ceño

-Eres mala, no me refería en la mejilla-me dijo y yo no pude evitar sonrojarme

-Tú no dijiste donde!-lo increpe

-Eres una…-dijo se posiciono frente a mí y me empezó a hacer cosquillas desarmándose completamente. Yo luchaba para que para. Cuando lo hizo nuestras miradas se encontraran, y nos perdimos, flotábamos en quien sabe que mundo. Se acercaba cada vez más a mí, y yo que trataba de normalizar mi respiración agitada a causa de la sesión de cosquillas que me había dado. Se acercaba cada vez más y más, hasta que nuestros labios hicieron contacto, parecía que quería grabar cada rincón de mis labios, los movía en una esplendida danza y yo lo acompañaba. Estábamos tan armonizados, hasta el sonido de la puerta al abrirse nos hizo separarnos al instante. Pero me lleve una sorpresa al ver a aquella persona frente a mí.

-Javier -susurre, Leonardo  se separo de mi y se paro al instante. Yo no pude evitar sonrojarme.

-Oye, oye, está bien que tenías que estar cerca de mi peque, pero no  tanto-dijo con ironía

-Javier!-volví a repetir esta vez con una voz un poco más elevada de lo normal

-¿Te sientes mejor?-dijo con preocupación y sentándose a mi lado, toco mi mejilla con sus dedos

-Estoy mejor gracias, y perdón…por preocuparte-le dije y baje mi cabeza

-No te preocupes, no es tu culpa,  desde un principio, si no te hubieran besado-dijo acusando a Leonardo con la mirada

-Javier!-dije-no fue solo su culpa, fue mía también.

-Bueno, lo importante es que vamos hacer ahora, ¿no habrá algún método para romper esta conexión?

-Eso estaba por ver, por eso te pedí que me trajeras el libro, será necesario ir a buscarlo.

-No, hay problema, lo tengo en la habitación, lo estaba leyendo-me sorprendí cuando escuche eso

-¿Pero si tu no lo puedes leer?

-Ya lo sé, pero no perdía nada intentando-no pude evitar reír

-Enseguida vuelvo-dijo Javier -oye tu-le dijo refiriéndose a Leonardo -no hagas nada que yo no haría, te tengo vigilado-lo amenazo, yo por mi parte le pegue un codazo, y así se fue de la habitación.

-Mientras-Leonardo  se aclaro la garganta-¿quieres desayunar?

-Si tengo mucha hambre-le confesé sin mirarlo a los ojos.

-Perfecto haré que te suban el desayuno

-Puedo caminar-le dije y me pare para demostrárselo. Tremendo error sentí un mareo, pero fui sostenida por sus brazos.

-Valentina, no seas cabeza dura aun estas débil-me recrimino y me sentó en la cama

-Está bien, pero primero quiero bañarme.

-Le pediré a Malena  que te preste ropa,…ah solo para informarte, Marian, Haydee y Azul  tuvieron que volver a España a sus trabajos, Malena  se está tomando las vacaciones atrasadas que tenia, por eso se quedo-me informo

-Que lastima quería verlas de nuevo-me entristecí

-Las volverás a ver, te lo aseguro

Me ayudo a levantarme y me dejo en la puerta del baño, me dijo que le diría a Diana  que me trajera lo necesario para cambiarme.

Unos leves golpes en la puerta, me sacaron de mis pensamientos, era Diana  que me informaba que mi ropa y la toalla se encontraban afuera sobre la mesita de luz.

Me puse la ropa, que no era más que un piyama, parecía que Leonardo  pensaba dejarme todo el día descansando en la cama.

Me vestí, y me acosté, no proteste aun me sentía cansada, al instante llego Leonardo  con una bandeja repleta de tostadas, mermelada, leche y café, se sentó a mi lado, mi estómago le dio la bienvenida con un sonoro rugido, el me sonrió con su hermosa sonrisa

-No te rías-le advertí y fruncí mi ceño.

-Parece que era verdad que tenias hambre-me dijo riendo a carcajadas.

Yo solo le saque la lengua tome un poco de mermelada y se lo unte en la nariz.

-Eso es para que aprendas a no reírte de una persona convaleciente-le dije, el tomo la mermelada que tenía en su nariz y se la comió y me sonrió, lo que hizo sonrojarme.

-¿Café con o sin leche?-me pregunto.

-Con leche-le respondí tímidamente, el se sirvió una taza sin leche y disfrutamos de un rico desayuno. Luego vino Diana  a retirar la bandeja. Me dedico una encantadora sonrisa y me dijo que le alegraba que hubiera vuelto.

Javier  pasó la mañana conmigo, o mejor dicho pegado a mí,mas tarde pidió permiso a Leonardo para conocer la hacienda

Yo me quede sola de nuevo, Malena  me había venido a visitar  luego se fue con Santi, quien se alegro igualmente que yo al verme.

Mientras  yo me dedicaba buscar la solución a mi problema,mire el lado izquierdo de la cama, extrañaba tener esa sensación que tenia al sentir sus brazos estrechándome, el se había tenido que ir, pero dijo que eran por unas horas nada mas, pero a mí me parecieron eternas.

En las afueras de la casa,estaba Javier de lo mas entretenido viendo a los caballos a el le encantaban pero tenia pavor de montarlos,tan distraído estaba que no se percato de la presencia de una hermosa morocha de ojos negros que se acercaba .

Hola -le dijo eres el hermano de Valentina

Hola -Contesto Javier sin perder de vista esos ojos que al parecer lo cautivaron,Si Javier Togil mucho gusto

igualmente Malena Brito-contesto Malena-Veo que te gustan los caballos

Si,pero no se montar-dijo Javier 

Si quieres yo te puedo enseñar se montar muy bien-dijo orgullosa Malena

Claro-dijo entusiasmado

Malena ensillo un caballo y pidió a Javier que la ayudara a montar,pero Malena no piso bien el estribo y se resbalo cayendo en brazos de Javier,quienes por un momento se olvidaron del caballo y se perdieron en ese mágico momento

¿Estas bien?-dijo Javier quien logro reaccionar

¿Eh? ah si,si gracias-contesto Malena un poco confundida.

Que estaba pasando con ellos, pues Javier nunca se había dado tiempo de sentir algo por nadie siempre estaba ocupado con los  negocios de la familia y Malena supuestamente seguía enamorada de Leonardo.

A las tres de la tarde  regreso Leonardo con el rostro cansado

-¿Cansado?-le pregunte, mientras se sentaba a mi lado y me abrazaba

-Un poco, por eso vengo a descansar un poco, ¿leyendo?-me pregunto

-Sí, un poco, ya sabes buscando soluciones

-A la des conexión-me pregunto, yo asentí

-¿En ese libro puede estar la solución?

-Sí…si existe tiene que estar aquí-le dije

El tomo el libro en las manos y leyó el título del libro “Rastalre” leyó, luego miro el contenido del mismo y me dijo -¿en qué idioma esta esto?-con una ceja levantada

-En una muy antigua

-¿Puedes leer lo que dice aquí?, yo veo puros símbolos

-Estás seguro-le dije y me miro confundido-cierra los ojos-el obedeció al instante, estuve tentada a besarle  se veía tan lindo, hice fuerza de mi auto control y dije unas palabras-puedes abrirlos, ahora mira el libro-lo hizo y una cara de asombro se formo en su cara

-¿Cómo?-lo corte

-Beneficios de la conexión-le dije encogiéndome de hombros

-¿Puedo ver?-me pregunto yo asentí y un bostezo escapo de mis labios

-¿Tienes sueño? Duerme un poco-asentí nuevamente, el se quedo leyendo mientras yo apoye mi cara en su pecho y al instante me quede dormida.

Dos horas después me desperté y él seguía leyendo el libro

-Hola-me dijo

-Hola, ¿entretenido?-le dije señalando el libro

-Bastante, encontré dos cosas muy interesantes-me dijo y vi cierta sonrisa traviesa en sus labios, podría jurar que tramaba algo.

-¿Qué cosas?

-La primera, mira –dijo señalando un vaso en la mesita de luz-se concentro y el vaso literalmente voló hacia nosotros

-Veo que aprendiste a usar la levitación- dije tomado un poco el contenido del vaso y devolviéndolo con mis poderes-¿y lo segundo?

-No estoy seguro que deba mostrártelo-se puso serio

-¿Y porque no?

-¿En serio lo quieres ver?-yo asentí-que te conste que tu quisiste- me soltó, se puso frente a mí y abrió el libro en una página, cuando estaba por terminar de pronunciar una frase, puede reconocerla, quise detenerlo en vano. Ya lo había dicho. Rápidamente le estampe un beso, involuntario, claro está, pero no podía separarme de él, sabía que el hechizo no lo permitiría. El pareció sonreír por encima de mis labios. Sin otro remedio subí mis brazos y los envolví en su cuello, el por su parte me tomo de la cintura y me acerco mas a él, tomo prisionero mi labio inferior chupándolo, luego introdujo levemente su lengua en mi boca. Yo en respuesta entreabrí mi boca, dándole acceso libre. Nuestras lenguas batallaban en una pelea sin fin. Era exquisito su sabor mezclado con el mío. Tuvimos que separarnos por falta de aire.

-Tramposo!-le dije dándole un puño a en su hombro y levemente sonrojada.

-Auch!, oye tu quisiste saber

-Muy gracioso, pero yo también sé algunas cositas-le dije, susurre unas palabras para que el no las oyera.

Lentamente me fui acercando a él, lo tire a la cama de un solo golpe, el quedo de tirado con su espalda sobre el colchón, con una mirada de sorpresa. Me fui subiendo a gatas sobre él, hasta que darme encima. Capture su lóbulo y jugué con él, lo lamia y lo movía. El dejo salir un gruñido de sus labios. Continúe camino por su cuello dejando besos marcados en el. Otro gruñido salió expulsado de sus labios. Su cara de sorpresa fue reemplazada por una de lujuria. Tomo mi rostro en sus manos y me beso. De inmediato nuestras lenguas batallaron, pero no había ningún ganador. Separo un poco nuestros labios.

-Eres tan hermosa-me dijo con voz ronca y me volvió a besar…

Leonardo

No podía creer lo que estaba frente a mí, la mujer más hermosa que había visto, me besaba sin contemplación. Admito que me sorprendió en un principio, no pensé que fuera tan atrevida.

-Eres hermosa-le dije con mi voz ronca

De inmediato me pareció escuchar mi nombre a lo lejos, luego fue más cerca y más y más.

-Leo!-escuche que Valentina  me llamaba. La vi esfumarse delante de mis ojos, parpadee un poco y luego la vi a unos cuantos pasos de la cama. Como demonio había llegado hasta ahí?-pensé

-¿Qué…?-fue lo único que pude decir

-Y que te pareció? ¿Donde fuiste o que es lo que hiciste?-me pregunto, en ese momento me vi que estaba de pie y no encima de mi cama.

-¿Qué paso?-pregunte aun sorprendido

-Nada, solo es otro de mis poderes, “alucionum”, es como si…-pensó un segundo-un sueño se te volviera realidad, temporalmente… el individuo-me señalo a mi-ve lo que desea-me dijo con simpleza-tu…que es lo que deseabas?-me pregunto tímidamente.

De inmediato note que con aquel “sueño”, me había excitado ya que sentía mis pantalones tirantes.

-Yo…yo-titubeé y sin querer mis mejillas se tiñeron de rojo, por suerte mi teléfono sonó, agradecía a quien sea que me salvo de algo tan bochornoso, me excuse para atender la llamada y salí corriendo de allí. Cuando termine de hablar me dirigí al baño de la primer planta, y me bañe con agua helada, por así decirlo.Saliendo de bañarme fui a la cocina por un vaso de agua y encontré a Javier y Malena platicando animosamente y agarrados de la mano

VALENTINA

Vi a Leonardo  salir corriendo de la habitación, me preguntaba, cual había sido sueño, se veía feliz, en cierto modo. Solo esperaba que no se hubiera ofendido.

Me cambie, por suerte mi hermano me había mandado a traer mi bolso con toda mi ropa. Desayune y luego decidí caminar un poco. El encierro no me gustaba para nada, además necesitaba pensar en los últimos acontecimientos. Tome prestado un caballo y galope hacia el bosque. Cuando vi el lugar ideal para pensar, baje del caballo y lo amarre a un árbol. Me senté en una roca y mis pensamientos empezaron a surgir.

En ellos recordaba lo ocurrido hace unas horas solamente…ese beso…exquisito…delicioso. Tenía que pensar, ¿qué era lo que sentía por Leonardo Mendizabal? Acaso era…amor-puf-finalmente lo dije o mejor dicho lo pensé…estaba innegablemente enamorada de él. Pero con esa afirmación, una pregunta surcaba mi cabeza… ¿Leonardo  seguiría enamorado de Malena?

Y como por arte de magia Malena  apareció frente a mí con el rostro preocupado y agitándome levemente.

-Vale! ¿Me estas escuchando?

-Mm!-pude a penas pronunciar

-¿Dónde estabas? ¿En la luna? Hace rato que estoy llamándote…-me dijo con el seño fruncido

-Perdona Malena  estaba…-pero me corto

-Pensando…lo note, pero me asustaste cuando te llamaba y no me contestabas-se sinceró

-Perdón-dije en un susurro y baje mi cabeza.

-¿Se puede saber en que estabas pensando?-me pregunto

Un absoluto silencio se formo, como decirle… Nada…solo me preguntaba si Leonardo  todavía te ama, y así ver si tengo chances con el-pensé

-Nada, solo pensaba, cosas sin importancia-mentí y solté un suspiro

-Vale -me llamo y se sentó a mi lado, yo le hice lugar en mi cómoda -roca-sabes que en estos meses que han pasado, he llegado a considerarte una amiga-me dijo y me conmovió

-Si…yo también te quiero como una amiga.

-¿Y bien?-me dijo interrogante

-¿Y bien qué?-le respondí como si nada

-¿Cuál es la razón por la que estás tan pensativa?

-Nada, ya te dije

-Nada-repitió con ironía-y ese nada es alto de 1.70 aproximadamente, tiene ojos azules intensos, y se llama Leonardo Mendizabal?-eso me descoloco, y me sorprendió pero desvié la mirada para que no lo notara.

-¿Te caíste del caballo o algo te sucedió que te arruino el cerebro y te hace alucinar cosas?-le dije a modo de chiste para que no siga preguntando…yo no quería hablar de eso , y menos con ella.

-Ja,ja- fingió una sonrisa-mira voy a ser sincera. He visto como se miran, Leo tiene otra mirada cuando está contigo y tú no te quedas atrás amiga…pareces una completa tonta…-suspiro-todos lo saben

-¿Qué, enserio?…o que diga…enserio no te golpeaste recientemente-dije mientras me paraba y evitaba su mirada a toda costa.

-De hecho si me caí de un caballo cuando tenía 13, obviamente  nada  grave paso, solo tuve magulladuras

-Debió ser una caída fuerte-dije cambiando de tema

-Vale  no intentes cambiar de tema-me descubrió “rayos” pensé, ella me tomo del brazo y me hizo sentarme nuevamente-vamos cuéntame-me insistió

-No sé de qué quieres que hable

-Bien-bufo-dime…que sientes por Leo

Hubo un silencio, solo se escuchaban los caballos y las hojas moverse con el viento.

-Yo…-tome mucho aire-lo…-suspire largando todo el aire contenido-Leo  es mi amigo y lo quiero mucho.

-¿Segura que solo lo quieres? No es otro sentimiento que tienes por él?

Hice un ademan de pararme, más que eso quería huir de allí.

-No te voy a dejar, dime de una vez o no nos vamos a ir de aquí nunca.

-Yo…yo-titubeé-no suelo hablar de esto, nunca, es difícil para mí-le dije con la cabeza  baja.

-Eso seguramente viene de familia no?,al parecer a tu hermano tampoco le es fácil hablar de sus sentimientos.pero para eso están las amigas-dijo y pude notar un brillo y tristeza en sus ojos al hablar de Javier

-¿Javier?-le dije intentando cambiar la conversación.

Si Javier ¿o tienes otro hermano?,pero no estamos hablando de el si  no de tus sentimientos por Leo-dijo tajante al darse cuente de que me quería salir por la tangente

No solo somos Javier y yo-dije aun tratando de desviar la conversación

-Vamos dime ya lo que sientes por Leo-dijo sin quitar el dedo del renglon

Leo  ha sido una persona que me ayudo cuando más lo necesitaba, por eso estará siempre en mi corazón -dije resignada esperando que con eso me dejara en paz

-Entonces tu…lo amas-finalmente lo dijo CARAJO Y MAS CARAJO, pensé

-Yo…yo-Agr! odiaba tartamudear-yo aunque lo amara, y no estoy reconociendo nada-le advertí-no podría…no puedo…el está enamorado de otra persona

-¿Alguna vez se lo has preguntado?

-No, pero…-me corto

-Vale…tu sabes lo que paso entre nosotros…Verdad, yo solo pude asentir-te explico para que no te queden dudas, lo que paso fue que un día me di cuenta que Leo  no me ama, es solo que me tiene mucho cariño pero no me ama, le pedí perdón, le invente una excusa tonta y le dije que no podíamos casarnos, hace unas semanas aclaramos todo…y-suspiro-decidimos ser amigos de nuevo y ahora me doy cuenta de que fue lo mejor.

-Aja-le dije como nuca quería huir, en realidad siempre lo hacía huí cuando un problema me sobrepasaba, comencé a jugar con mis dedos nerviosamente.

-Yo te aconsejo que hables con él y le cuentes sobre tus sentimientos…me alegraría que los dos fueran felices, yo no conozco tu historia pero se ve que sufriste mucho… .

-Pero y si…el todavía…te-no podía seguir más, así que calle.

-No sea terca Vale , pregúntale tu misma y te sacas la duda. Pero te seguro que el esta perdidamente enamorado de ti-por otro lado como amigas que ya somos debo confesarte que al conocer a tu hermano-dijo nerviosa -creo que Leo para mi paso a otro plano jajaja

-¿Mi hermano?,bueno pues como amigas que somos permiteme darte un consejo …si te gusta Javier lo mejor sera que tu tomes la iniciativa de lo contrario esperaras sentada porque si yo soy complicada en amores mi hermano de plano ni idea tiene que cupido existe -dije e inmediatamente me levante  

¿a dónde vas?-dijo Malena

-Me voy a la hacienda necesito, pensar…a solas, por favor-le suplique

-Está bien, te dejo tranquila…pero prométeme que hablaras con el-me dijo con un dedo apuntándome

-Está bien, te lo prometo y tu haz lo mismo -le dije mientras montaba el caballo

Malena  se despidió con la mano y me decido una sonrisa, realmente se había enamorado de mi hermano o solo lo decía para que no sintiera pena y me lanzara con todo .

Me dolía la cabeza, había pensado tanto que mi cerebro estaba a punto de colapsar. Pero había tomado una decisión…hablaría con Leonardo.

Cuando llegue a la hacienda, desmonte y guarde el caballo, le di un poco de azúcar en recompensa por haberme llevado. Me encantaban los animales. Cuando era niña nunca quise acercarme a ningún animal, por el simple miedo de dañarlos…pero hora todo habia cambiado con Leo me sentia mas segura, mas protegida

No quise cenar, no me sentía de ánimos para eso, me excuse y me retire a mi habitación. Me cambie, me puse un piyama y comencé a leer el libro familiar, leía sin leerlo realmente. Mi mente divagaba, hasta que la puerta se abrió de par en par, mostrando a un Leonardo  enojado y su mirada acusatoria tenía un objetivo fijo…yo.

-¿Dónde estabas?-me dijo con un tono bastante elevado de lo normal

-Por ahí-me encogí de hombros- fui a caminar-le respondí y mi jaqueca comenzaba a agravarse por el tono de su voz

-Por ahí!-repitió gritando-no podías al menos avisar que ibas a ir POR AHÍ A CAMINAR!

-Leonardo, te repito, solo fui a caminar, no a la guerra-le grite también, no iba a dejar que el solo gritara

-Claro, porque la señorita puede h acer lo que se le da la gana

-Tienes razón, yo puedo hacer lo que a mí-recalque “mi”-se me da la gana!

-Pues mientras estés bajo mi techo, vas a hacer lo que YO! Te diga-recalco “yo”-mi poca paciencia que tenia se había esfumado

-Leonardo, por si no lo has notado es mi vida, no la tuya

-Pues si no te gusta, de esta forma puedes…-lo corte

-Irme de aquí no es cierto?!-grite parándome y enfrentándolo con la mirada, él callo al instante-si tanto te molesta lo que haga o dejo de hacer , no te molestaré mas…dímelo y me voy para siempre de tu vida…escuchaste para siempre!-grite a todo lo que me daban mis pulmones.

-No puedes…si no estás cerca de mi tu…-titubeó-no vas a poder estar mucho tiempo lejos de mi

“Lo que me faltaba, que piense que mi vida giraba en torno de él, en cierto modo lo era, pero no iba aceptarlo.”

-Si tanto te incomoda eso, lo hacemos mas sencillo, en cuanto rompamos la conexión, estarás libre de mi, ya no te voy a molestar mas…así podrás imponer tus reglas  a otra persona!-le dije realmente enojada-pero escúchame bien  Mendizabal-su rostro cambio, yo nunca lo llamaba así-en cuanto la conexión se haya roto, no te quiero ver más en mi vida, ¿entiendes? Y no te preocupes, no voy a salir de aquí hasta no encontrar la solución, luego, todo será como antes…

El solo se quedo estático.

-Ahora si no te molesta, podrías irte y dejarme sola?-le dije evitando mirarlo y señalando la puerta

-Pero Vale, yo…-lo interrumpí ni jaqueca era insoportable-pero-volvió a decir-con una movimiento él fue expulsado por una ola de viento producto de mi creación, cuando estuvo afuera, la puerta se azotó con el mismo viento.

Lágrimas surgían de mi rostro. ¿Porque era así conmigo?, esa forma de hablarme me dolía, el sabía que no podía estar lejos de él y se aprovechaba.

No sabía que era más doloroso, sus palabras o el fuerte dolor de cabeza, que con el llanto no disminuían, todo lo contrario, la empeoraban.

Llore toda la noche de ira e impotencia, esas actitudes que tenia me hacían recapacitar. Quizás lo mejor sería que no le contase nada…simplemente tenía que romper la conexión y largarme de ahí para siempre he intentar borrarlo de mi corazón.

Así me quede dormida, con lágrimas aún corriendo por mi rostro

En la planta baja se armaba otra batalla Diana y Malena intentaban por todos los medios evitar que Javier subiera pero por mas que lo intentaban el era demasiado fuerte y Diana termino por soltarlo , así que Malena hizo lo mismo

Javier…te amo-dijo Malena

Diana opto por retirarse a la cocina pues bien sabia que tanto en declaraciones como en discusiones de parejas lo mejor era no estar cerca

Javier quedo estico sin moverse ala mitad de la escalera sin poder decir una sola palabra…Malena solo atino a agrandar sus ojos y subir corriendo a su habitacion,no sabia si era el momento pero por lo menos logroo su cometido evitar que javier interviniera entre Leonardo y Valentina

LEONARDO

Cuando llegue de trabajar esperaba verla todavía acostada, como cuando la deje ahí. Pero no, no estaba, simplemente se había esfumado, aun en su estado, cuando la vi por última vez podía ver lo pálido de su rostro y una leves ojeras bajo sus ojos. ¿Dónde demonios estaba? Todavía estaba convaleciente. Ella siempre era así, le no le importaba para nada su salud, sino me hubiera dicho que tan mal estaba, pero no, ella callo, igual que lo hacía cuando Santi  se lastimaba, ella lo curaba y recibía algún corte y simplemente se lo callaba.

Esto me tenia preocupado, que pasaba si se desmayaba…y si le pasaba algo…lo que sea.

Salí a buscarla pero no la encontré, al regresar Diana me dijo que estaba en su cuarto.

Peleamos como nunca hasta que me dijo que solucionaría todo y se iría para siempre. Eso me hizo caer en lo que había dicho…yo no quería que ella se fuera. Solo estaba muy preocupado por ella.

Una ráfaga de viento me obligo a salir de la habitación, y de inmediato se cerró la puerta.

Puse mi oído en la puerta, desde allí pude oírla llorar…eso me partía el alma…yo un reverendo estúpido la hice llorar.

La llame varias veces pero no me respondió. Finalmente me fui a mi habitación.

Tres golpes me sacaron de la cama donde estaba acostado

-Pase-dije, de inmediato Malena  se acercó a mí, tenía una cara indescifrable, luego sentí un dolor en mi cabeza, ella me había propinado un golpe como lo hacía cuando estaba realmente enojada.

-Tonto!-mascullo entre dientes-¿se puede saber que carajos hiciste?

-Yo…-intente contarle pero me interrumpió

-Descuida no hace falta que me cuentes, todo el mudo escucho su pleito,es mas Diana y yo tuvimos que detener a Javier que estaba a punto de subir furioso-dijo en tono de reclamo

-Estaba muy preocupado-dije como excusándome por mi actitud

-Y por eso, tuviste que gritarle de esa forma!-me grito

-No…pero me exasperé…cuando vine y no estaba, creí que se había ido-bufe-de nuevo o que algo malo le había pasado-le dije lo más calmado

-¿Y no podías decirle eso de esta forma?

-Si…lo sé, me puse como loco…pero es que si le pasaba algo…yo no me lo perdonaría

-¿La amas?-me soltó de golpe y me sorprendió un poco, ya que ella me conocía bien

-Sí, con toda mi alma-confesé

-Bueno, entonces mañana te disculpas a primera hora y le confiesas que te tiene loquito de amor-me dijo con sus manos unidas y pestañeando sin parar.

-Está bien. Eso pensaba hacer de todas maneras.

-Bueno te dejo, hasta mañana.

-Hasta mañana y gracias por evitar mi muerte prematura-me despedí

-Ja ja de nada de cualquier modo ya tenias suficiente con un Togil para encima lidiar con otro-dijo con ironia

Sin embargo no tenia sueño, se me había esfumado. Fui hasta la habitación de Valentina, al pasar a un costado de éste vi unas rosas que adornaban el lugar. Tome una e intente abrir la puerta. Para mi suerte estaba abierta. Camine hacia su cama, la luz de la luna iluminaba el lugar, como negándose a caer en la completa obscuridad. Me senté junto a ella.

Corrí un mechón de pelo que tenía en su rostro, de inmediato vi que las lagrimas todavía asomaban su rostro, me maldije internamente, seque con mis dedos los restos de acuosas lagrimas que se rehusaban a abandonar su bello rostro.

-Lo siento-le dije y bese su frente

VALENTINA

-Escuche medio lejos las palabras…

-Lo siento-seguidas de un tierno beso en mi frente.

Lentamente abrí mis ojos. Ahí estaba el, sentado a mi lado con una expresión de niño que han sido descubierto haciendo una travesura y lo han regañado.

-Solo quería pedirte perdón, yo no quería gritarte, estaba muy asustado…pensé que te había pasado lo peor…realmente lo siento-me dijo con su cabeza baja.

Me incorpore y lo quede viendo.

-Lo siento-volvió a repetir y me extendió una rosa, la tome entre mis manos-lo vi dudar como si esperara que le tirase la rosa en la cara, la olí.

-Huele rico-dije pero no pude evitar sonar con una voz sufrida.

Se me abalanzo sobre mí y me estrecho entre sus brazos. Que hermoso se sentía, como si me sintiera protegida con esos grandes brazos.

-Lo siento pequeña-me dijo contra mi oído, lo que hizo que un escalofrió recorriera mi cuerpo, pero él lo tomo como otra cosa

-¿Tienes frió -me pregunto y me abrazo mas fuerte como si eso calmara mi escalofrío.

Lo sentí aclararse la garganta

-Vale…yo tengo que decirte algo.

-Si son disculpas, no hace falta…te perdono-le dije con mi rostro enterrado en su pecho

-No, no es eso-me dijo con una risita, luego me aparto para que lo mirara a los ojos-veras…yo me he dado cuenta…que me-enamore-de-ti-me dijo y vi como se sonrojaba y no pude evitar imitarlo.

-Ah!-dije y agache mi mirada, finalmente el momento había llegado, debía decirle la verdad, el se separo aun más y me obligo a mirarlo a los ojos, pero yo desvié la mirada.

-Yo entiendo si tu no lo estas, enamorada de mi solo quería que supieras, nada más-dijo levantándose de la cama-en cuanto todo esté en orden podrás irte, siempre y cuando no peligre tu salud-dijo con voz lastimera  evitando mis ojos.

Tome coraje y pronuncie unas palabras en voz alta, el al reconocerla se volteo rápidamente. Segundos después le estampe un beso como la vez pasada, a causa de ese del hechizo. Sin eso no hubiese tenido el coraje de hacerlo.

Yo estaba arrodillada encima de la cama, el estaba parado frente a mí, lo rodee con mis brazos y el hizo lo mismo.

Nuestros labios jugaban entre ellos, lentamente los acompañaron nuestras lenguas. Estábamos absortos de lo que pasaba a nuestro alrededor. El mundo podía detenerse y nosotros no nos daríamos cuenta. Nos separamos para tomar aire, el maldito aire, si fuera por mí no respiraría más, pero mi cuerpo y el de Leonardo  pensaban distinto.

Coloque mi cabeza contra su pecho.

-Te amo-susurre, el me tomo de mi barbilla y me miraba con sus ojos iluminados

-¿Qué dijiste?-me dijo

-Lo que escuchaste-dije desviando la mirada

-Repítelo. Quiero escucharlo de nuevo.

Mis mejillas se tiñeron de rojo, tome una gran bocanada de aire…

-Yo…yo…-aclare mi garganta, pero esta se seco al instante-¿porque me obligas a repetirlo?

-¿Acaso no es verdad?-me pregunto como si le estuviese mintiendo

-No es eso es…que me da vergüenza. Yo nunca le dije a alguien…eso

-Vamos concédeme ese deseo, mi preciosa  joya

-Bueno…-volví a tomar aire-yo…yo-te-amo-solté de una vez

-No sabes lo feliz, que me haces. Yo también te amo-me dijo mientras besaba mi frente y todo mi rostro y lo repartía una y otra vez-te amo, te amo, te amo.

A la mañana siguiente, después del desayuno,Santi se fue a la escuela,Leonardo a trabajar,solo estábamos en la hacienda Malena,Diana,Javier y yo…Mientras Diana y Malena lavaban los platos yo salia a buscar a Javier quien después de  terminar su desayuno salio como bala de la cocina como si quisiera evitar a Malena, reacción que me pareció extraña pues desde que se conocieron parecían estar muy cómodos el uno con el otro.

Salí de la casa en busca de Javier al cual encontré muy pensativo en el estanque de los patos,me acerque sin hacer ruido

-Javier que te pasa-dije provocando que saltara del susto

-Ay  Vale me asustaste-dijo quejándose

-Así haz de tener la conciencia hermanito-dije sonriendo

-Muy graciosa.pero no me pasa nada ¿porque lo preguntas,alguien te ha dicho algo?-dijo nervioso

-No,nadie me ha dicho nada,¿ tendrían que decirme algo,que pasa dime?-dije presionando aun mas notando su nerviosismo

-No nada.nadie,no pasa nada-dijo mas nervioso aun ya que jugueteaba con sus dedos

-Vamos hermanito te conozco que pasa,dime tu que si no me obligaras a usar el hechizo de la verdad-dije amenazante

-Nooo ni se te ocurra que después termino pidiendo  perdón por travesuras que ni me acuerdo-dijo en tono temeroso

-Es que…..anoche cuando escuche como te gritaba ese tarado de Leonardo quise subir a partirle la cara…..pero tanto Diana como Malena me lo impedían-lo corte-No me digas que lastimaste a Diana o Malena-le dije temerosa por ellas

-Nooo Vale me conoces y sabes que contra una mujer jamas levantaría las manos-dijo aclarando-pero tan terco estaba y tiraba con tanta fuerza que Diana me tuvo que soltar y a Malena no le quedo otra opción que hacer lo mismo,cuando iba a media escalera Malena me grito que….que ..este 

-¿Queee te grito Malena?-dije exasperada

-Que me ama.me ama-dijo alzando un poco la voz para calmarme

-Wow veo que siguió mi consejo-dije sorprendida

-¿Como tu lo sabias acaso eres mi enemiga?-dijo fingiendo enojo

-Jajaja no soy tu hermana por cierto que te adora y conociéndote nunca te animarías así que le dije a Malena que tomara la iniciativa-dije sacando le le lengua-¿pero que le contestaste,ya tengo cuñada?

-Nooo como crees, no supe que hacer ni decir me quede como estatua en la escalera y ahora no se como hablarle así que  hago lo que mejor hacemos los Togil.evadir lo mas que se pueda no?-dijo en tono irónico

-Un momento Javier si yo evito tener relaciones amorosas es por mi Don pero tu no tienes justificación mas que el miedo que te provoca sentirte amado-dije efusiva pues su actitud era estresante

-Te equivocas Valentina no tengo el Don que me hace descontrolarme pero si tengo premoniciones y es por ello que me da miedo acercarme a Malena porque con ella no presiento nada.no puedo leer sus pensamientos ni sentimientos nada,no se como actuara y por lo tanto no se como actuar-dijo intentando defenderse 

-¿Javier no haz pensado que tal vez llego el momento de dejar de sentir miedo por lo que somos y empezar a arriesgarnos un poco mas como seres normales?-dije tratando de razonar con su cabezota 

-Y me lo dices tu que siempre sales huyendo de tus propios sentimientos?-dijo levantando una ceja en señal de asombro

-Siii te lo digo yo que en este lugar he encontrado la paz que en ninguno otro y creo que es porque he dejado de preocuparme por dominar mis poderes y estoy dejando que los domine mi corazón lo mismo te digo  a ti no tenemos por que estar solos-dije con los ojos un poco húmedos

-Hay hermanita tu siempre tan sensible pero que te digo-dijo

-Solo dime que lo pensaras y mas aun que lo harás-dije tajante

-Esta bien Valentina lo haré cuando te pones así no puedo negarte nada-dijo abrazándome

Ambos nos retiramos comenzaba a correr aire parecía que se avecinaba una tormenta, así que me retire a mi habitación a seguir buscando respuestas en el libro de mi familia.

Javier entro a la cocina ahí solo estaba Diana pregunto por Malena,esta le dijo que estaba en el estudio que había ido a buscar un libro…….se dirigió al estudio toco la puerta.

Toco tres veces toc toc toc

-Adelante-dijo Malena y entro Javier

-Hola,podemos hablar-dijo Javier

-Hola.claro de que-dijo Malena haciéndose la olvidadiza

-Por dios no me lo hagas mas difícil-pensó Javier….Bueno de lo que paso ayer 

-¿Ayer no se de que hablas?-dijo Malena poniendo en aprietos a Javier

-De lo que paso entre el pleito,los jalones y la escalera-dijo Javier tratando de darse a entender y evidentemente nervioso

-Jajaja perdona que me ria pero es que la manera en que lo dices pareciera pecado-dijo Malena entre risas que lograron que Javier se riera también y bajara un poco su tensión

-Lo siento no pude contestar nada me tomaste por sorpresa y se me fueron las palabras-dijo Javier

-No te disculpes por no sentir lo mismo que yo siento por ti he aprendido en la vida que el corazón es el que manda y contra el no hay lucha ganada-dijo con la cabeza baja para que Javier no pudiera ver que las lagrimas comenzaban a agolparse en sus ojos

-No digas eso yo..yo..-dijo con la garganta seca y tratando de aclararla

-No el que no debe decir nada mas eres tu no te das cuenta que tratando de consolarme solo me lastimas mas -dijo levantando la cara permitiendo que Javier mirara sus hermosos ojos llenos de lagrimas que ya no pudo contener,quiso salir corriendo del estudio pero Javier se lo impidió tomándola del brazo

-No te vayas por favor escúchame y entiéndeme,nunca en mi vida había sentido esto me paralizo,desde que mis padres murieron yo me propuse cuidar a mi hermana aunque estuviera lejos mas tarde cuando crecí tome el mando de los negocios familiares impidiendo que el corazón sintiera mas sentimientos que los que tengo hacia mi hermana,pero eso cambio el día que te conocí desde ese día una cálida sensación se adentraba en mi cada que veía tus ojos y escuchaba tu voz…Si Malena yo también te amo y siento mucho no haber podido decírtelo desde el principio,por favor te pido disculpes a este cabeza hueca que da consejos pero no sabe recibirlos

-No hay nada que disculpar,si en este momento tus palabras me hacen la mujer mas feliz del mundo-dijo Malena abalanzándose a los brazos de Javier quien la tomo y beso apasionadamente.

Las horas pasaron rápidamente y cuando menos sentimos ya era hora  de cenar,Diana se encargo de llamarnos para cenar.

Leonardo subió por mi hasta mi habitación ya que estaba tan concentrada en el libro que no escuche a Diana llamar,Santi se encargo de buscar a Malena y Javier quienes estaban en el estudio muy calladitos cuando Santi los encontró ambos nerviosos se despegaron uno del otro.

Una vez que cenamos Javier pidió permiso para tomar la palabra,aunque Leonardo y yo estábamos ansiosos por contarle que ya eramos novios concedimos el turno a Javier,

-Bueno Leonardo espero y no te moleste te informo que tu hacienda se ha convertido en el hogar de cupido pues en este lugar vine a encontrar el amor de mi vida-dijo tomando a Malena de la mano-si hermanita seguí tu consejo y te presento a tu cuñada.

-Siiiiii dije abrazando a Malena 

-Pero por supuesto que no me molesta es mas me alegra mucho que tanto  tu como Malena se encontraran uno al otro-dijo sonriendo y abrazando a ambos

-De hecho espero que el que no se enoje seas tu Javier pues tenemos que decirte algo que solo Dios sabe si te gustara-dijo Leonardo tomando mi mano

-Leonardo y yo ya somos novios-dije abrazando a Leonardo

-Pues felicidades ya se habían tardado no?-dijo riendo y dejándome totalmente asombrada-solo te pido que la cuides mucho

-No necesitas ni decirlo Javier Vale lo es todo para mi-dijo dedicándome una sonrisa

-Bueno,bueno y que planes tienen Javier y tu Malena-dije guiñando un ojo 

-Bueno en una semana Javier tiene que regresar a España y yo haré lo mismo a diferencia de que yo venderé mi departamento y me mudare con Javier-dijo conteniendo una risa pues miro la cara de sorpresa que teníamos Leonardo y yo

-Así es Vale y Leo,ni Malena ni yo pensamos vivir ni un minuto mas separados-dijo convencido de lo que decía.

Diana se acerco a felicitarnos a ambas pareja y a decir que Santi ya estaba dormido, ahí nos percatamos de lo noche que era nos despedimos y cada quien se retiro a su habitación

Una semana después, Javier y Malena se fueron a España   y de nuevo nos quedamos solos en la hacienda ,bueno no tan solos pues estaba Santi y Diana.gracias al cielo Ángeles había viajado al D,F a concretar un negocio

Leonardo  todos los días me regalaba flores, o chocolates y se la pasaba diciendo lo mucho que me amaba. Nunca lo hubiera creído si me hubiera dicho que era tan romántico,  Por mi parte yo trababa de decirle lo mucho que yo también lo amaba, pero no podía dejar de sonrojarme al decirlo. Me estaba acostumbrando.

Todos  en la casa se pusieron contentos cuando anunciamos nuestro noviazgo.Solo Ángeles puso cara de mal gusto cuando se entero

Todo iba de mil maravillas hasta el día que fuimos a la fiesta del pueblo.

Estábamos jugando como niños por los juegos.Santi  se había ido a jugar con Diana a otros juegos lejos de nosotros, ya que cuando Leonardo  y yo no besábamos ponía cara de asco y decía que eso dañaría sus pequeños ojos, aunque en el fondo estaba feliz.

Estábamos en el típico juego donde hay que dispara a los patos. Leonardo tomo el rifle en sus manos, tomo aire y apunto…

Desafortunadamente para él,fallo los 3 tiros, yo estalle en carcajadas.

-No te rías-me advirtió medio simulando uno enojo con un dedo apuntándome.

-Lo siento-dije tapándome la boca por carcajadas que querían salir de ella.

-Otra por favor-pidió otro turno para jugar por, veamos, a mi cuenta…era la decimoctava vez.

Pero otra vez volvió a fallar, en ese momento se me escapo una carcajada, Leonardo me miro ceñudo.

-A ver si tanto te ríes, inténtalo tú-me dijo desafiándome.

-Esto será pan comido-le dije mientras me remangaba mis mangas invisibles, luego tome el rifle en mis manos…

Desafortunadamente falle mi primer tiro, ahora era su turno de estallar en carcajada.

-No, te rías-le dije mientras le pegaba en su brazo-fue…tiro de práctica-le dije encogiéndome de hombros.

-Sí, claro-dijo con ironía

-Ya veras, solo observa-le indique

Tome nuevamente el rifle…me concentré, apreté el gatillo, y el perdigón tiro no uno, sino todos los patos de un solo golpe. Agradecí que no hubiera gente alrededor mirando, hubiese sido todo un escándalo. El señor que atendía el puesto me miro con la boca en el suelo de la impresión, en cambio Leonardo frunció su ceño.

-Con trampas no vale-me dijo mientras tomaba mi barbilla y depositaba un leve beso sobre mis labios.

-Yo no hice nada-le dije pestañeando mis ojos

-Elija su…su…premio-pudo decir finalmente el señor de la tienda.

Yo elegí un tierno oso que sostenía una rosa en sus manos.

-Te lo regalo-le dije ofreciendo tímidamente el oso a Leonardo

-¿No se supone que en una pareja común el chico debe regalarle cosas a la chica?-me dijo sin embargo tomo el oso en sus manos.

-No somos una pareja normal, además si no lo quieres…-dije ofendida y sujete el peluche en mis manos.

-No, no, olvídalo…-se retractó-te dije que me encanta cuando te enojas-dijo pasando un dedo sobre mis frente, luego me beso, cuando me soltó no pude evitar sonrojarme…otra vez.

Cuando regresamos Santi estaba profundamente dormido en mi regazo, Leonardo conducía y Diana estaba profundamente dormida en la parte de atrás.

-Parece que dejo agotada a la pobre Diana-le dije mirando hacia atrás.

-Tienes razón-me dijo mirando por el espejo retrovisor observándola-¿estás muy cansada?-me pregunto de repente.

-Un poco-le conteste, era muy leve el cansancio ya que me pasaba todo el día sin hacer nada ya que Leonardo  no me lo permitía, esto era motivo de pequeñas peleas entre nosotros, pero decidí rendirme y hacerle caso a su lado extremadamente protector.

-Ah!-musito algo quedito, sospechaba que quería decirme algo.

-¿Sucede algo?-le pregunte preocupada

-No, nada…solo me preguntaba si no…querías ver algunas películas conmigo-me dijo algo apenado.

-Si quiero-dije sin duda y su rostro se ilumino de alegría, parecía que quería pasar el mayor tiempo conmigo, y claro yo no me negaba, yo también lo deseaba.

Santi  se removió entre mis brazos, diciendo algo incoherente como “yo tiemble  me pareció escuchar, signo de que estaba dormido ya que las palabras no coordinaban con su mente.

Al bajar para mi sorpresa Santi  despertó y salió corriendo adentro, ni bien Leonardo estaciono la camioneta. Diana se despidió para ir a descansar, lo buscamos y lo encontramos poniendo la película “Happy Feet” en el reproductor de DVD.

De inmediato Leonardo cambio su semblante a unos enojado…

-Santi, ¿Qué haces?-le pregunte aunque la respuesta fuera obvia.

-Poniendo una película-dijo encogiéndose de hombros-así lo vemos los tres.

-Enano! no era que estabas dormido?

-Ya me desperté-dijo Santi y Leonardo  mascullo bajito, lo que supuse que no eran halagos hacia su hermano.

-Pero ya es hora de que vayas a la cama-intente persuadir…en vano

-Pero mama, estoy de vacaciones y además mañana es domingo.

Yo mire a Leonardo  quien al ver que me asentía  frunció mucho más el ceño.

-¿No vas a decirle nada más?-me increpo  como diciendo que invente alguna excusa para librarnos del pobre de Santi.

-¿Qué quieres que diga?… tiene razón-le conteste-pero mañana te quiero temprano en la cama… ¿de acuerdo?-le amenacé a Santi, el se acomodo entre mis brazos usándome de sillón.

Con la mirada trate de que Leonardo  se calmara un poco, en cambio lo escuche bufar y salir hacia la puerta. Quince minutos después regreso con palomitas y con gaseosas, y con la mirada más calmada. Se sentó y mientras yo abrazaba a Santi, el abrazaba el pote de palomitas.

Cuando faltaban diez minutos para que termine la película, note como la respiración de Santi se armonizaba…si, estaba dormido.

-Leo-lo llame suavemente, mientras Leonardo  lanzaba una de las palomitas a lo alto y lo atrapaba con su boca, signo de que ya estaba horrendamente aburrido.

De inmediato Leonardo  tomo el pote de palomitas y lo coloco sobre la mesita. Tomo con cuidado a Santi, en brazos, y se retiró para acostarlo en cama. Yo por mi parte, estaba ordenando todo, poniendo el DVD en su lugar, apagando el home theater, la tele, y juntando algún que otra palomita que había caída al suelo.

Cuando fui rodeada por unos fuertes brazos.

-¿Qué haces?-me dijo tomándome por la espalda y colocando su mentón en mi hombro.

-Guardando todo-le conteste normalmente.

-Tu madre nunca te canto la canción…”A guardar, a guardar cada cosa en su lugar”-le cante

Él soltó una leve carcajada.

-¿No íbamos a ver una película?-me pregunto

-¿A esta hora?-le dije mirando mi reloj, eran la una de la madrugada.

-¿Qué tiene?-me dijo haciendo un puchero

-Mañana tienes que trabajar-intente que razonara.

-Puedo faltar… son los beneficios de ser el jefe-me dijo mientras me volteaba y me apretaba más hacia él.

-Pero si no, te vas a retrasar-intente que cambiara de opinión nuevamente.

-Sí, no quieres ver la película, solo dímelo…la veré solo de todos modos-me dijo soltándome y prendiendo todo de nuevo. Lo note molesto, a veces parecía un niño por lo berrinches que hacía. Antes de que termine de encender todo, tome una película de la repisa llamada “Nothing Hill”, lo abrasé por detrás y puse delante de sus narices.

-Ten, pon esta, me encanta-le dije y luego me pare en puntitas de pie y bese su cuello, una sonrisa surco sus labios.

Luego me acomode en el sillón. Puse play, y la película comenzó. Leonardo  se sentó finalmente en el sillón y me acorruco en sus brazos.

Desde que comenzó la película se la pasó haciéndome cariñosos mimos, me besaba el tope de mi frente, besaba mi cuello o acomodaba algún que otro mechón suelto, de mi cabello detrás de mi oreja.

Yo ya sabía que lo que estaba por suceder, algún día sucedería. Pero como explicarle a Leonardo, que entendiera que no era culpa mía, ni de nadie. Así comencé a ponerme nerviosa.

-Amor-lo llame cariñosamente, él despego su cara de mi cuello, en efecto no le importaba nada la película.

-¿Qué?

-Nece-ssito ir al ba-baño-le dije arrastrando las palabras y tartamudeando, maldito tartamudeo!

-Claro-dijo y puso pause a la película- perdona-me dijo soltándome para que pudiera levantarme.

Huí de allí, porque no había otra descripción para ello. Era una cobarde, una maldita cobarde.

Me apoye sobre el lavabo, suspire largamente, y me moje mi rostro. Allí noté una pequeña marca en mi cuello…no era otra cosa que un chupón creado por Leonardo Mendizabal.

-Vamos Valentina  debes decirle-dije en voz alta para mí misma y luego me seque la cara.

Me dirigí lentamente hacia la habitación donde estaba Leonardo, no sin antes largar un gran suspiro. Gire el pomo de la puerta y esbocé una media sonrisa. Él seguía con el juego de las palomitas catapultadas hacia su boca. Me senté al lado de él y Leonardo  abrió sus brazos para que me acomode allí. Yo me quede estática mirando la televisión. Apretó el botón de play y la película continuo. Y volvimos a lo de antes… Leonardo , besando mi cuello, en mi opinión, ya tenía titulo de vampiro.

Cuando la película transcurrió en la parte donde William le dice que no puede estar con Ana, por el simple hecho de vivir en diferentes mundos…fue mi pie exacto para darle rienda suelta a las lágrimas que asomaban desde el momento que regrese del baño. Mi llanto no era solo por la película, me dolía el hecho de lo que iba a suceder, lo sabía, lo presentía…

Leonardo  me consolaba acariciando mis brazos, había dejado su labor de vampiro de lado. Pero al notar que mi llanto no cesaba y cada vez era más fuerte… detuvo la película, hizo que me girara y me tomo de la barbilla.

-Amor-me dijo suavemente-es solo una película…no sabía que eras tan sensible…digo sé que las mujeres lloran en las partes románticas…pero creo que nunca vi a alguien llorar así por una película.

Yo no lograba detenerme, intente hablar pero solo decía cosas ineludibles.

Leonardo  me abrazo con sus fuertes brazos, y yo no pude más que llorar aun más…

-Tranquila…tranquila-me repetía mientras hacía círculos con sus manos sobre mi espalda-si no quieres no seguimos viendo esta película…vemos…otra. ¿Qué dices?…-me pregunto, pero yo solo calle.

Estuvimos así por un rato hasta que me calme. Me separo un poco de él y seco mis lágrimas que habían quedado con su dedo.

-Te amo-me dijo y me planto un beso suavemente sobre mis labios. Y así comenzamos una armoniosa danza entre nuestras lenguas, reconociéndose una contra la otra. Paulatinamente sus manos descendieron sobre mi cintura, con este movimiento me acerco más a él. Yo puse mis manos en su cuello, profundizando así más el beso.

De repente sus manos descendieron de mi rostro hasta situarse en mi cintura, acercándome mucho mas a él. Lentamente me fue recostando sobre el sillón, hasta quedar encima de mí.

Me seguía besando fervorosamente   Mi respiración era estrangulada y errática, al igual que la suya.

Sin ninguna objeción departe mía, sus manos comenzaron a recorrer mis costados, hasta perderse debajo de mi camiseta en donde acariciaba mi vientre de manera delicada.

Entonces recordé una conversación que tuve con mi madre, mientras aún vivía.

FLASH BACK

-Mama, te digo que entre Miguel  y yo no pasa nada…solo somos amigos-le repartía a mi madre por enésima vez.

-Pero Vale  hija, yo veo como te ve…y tu ya no eres una niña, has crecido-refuto mi madre

-Ya te dije que ya le aclare que yo lo quiero mucho pero no lo amo, y él me dijo que me entendía, que estaría cerca de mi siempre…como piensas que entre nosotros puede haber…algo. Yo no me acuesto con cualquiera-dije en modo de chiste, pero mi madre no lo entendió, salto de la silla donde estaba y con su rostro sorprendido.

-Hija…no me digas que…ya…-la corte

-Claro que no mama, tranquila…sabes que no puedo ni besar a un chico, como haría…Esso-arrastre las palabras nerviosa y con un tono carmesí en mis mejillas.

-Sé que es difícil hija, pero no puedes acercarte a ningún chico…si alguna vez alguno quiere algo más de ti, aléjate de él.

-Sí, mamá ya lo sé-dije un tanto enojada. Me molestaba que las pocas amigas que había conseguido en mi vida “normal”, me contaran lo rico que se sentía un beso, o como sus novios la tocaban, o…quien sabe cuantas cosas más que hacían juntos. Y yo simplemente “no podía”. Y sin más me retire a mi habitación. Cerré la puerta y me oville apoyada en ella, llorando como siempre. La ilusión de conocer a mi príncipe azul era lejana…

FIN DE FLASH BACK

Sin darme cuenta volví a la realidad, Leonardo  estaba tomando uno de mis pechos por encima de la ropa y lo apretaba, logrando que mi pezón se endureciera. Me seguía besando, mientras su otra mano intentaba desabrochar los botones de mis pantalones. De inmediato comencé a forcejear intentando alejarlo, al mismo tiempo que un “NO!”, salía de mi boca.

El paso de besarme, pero sin quitarse  de encima.

-Detente, por favor-dije poniendo una mano en su pecho, cuando estaba intentando besarme de nuevo.

-¿Qué sucede?-me pregunto preocupado.

-Déjame levantarme, por favor- volví a rogar.

El se preocupo aún más

-Princesa… ¿qué sucede? Dime-me dijo con voz ronca, mientras tomaba mi barbilla para que lo mirara a los ojos

-Es-es…que…no puedo-dije susurrando y con mi voz agitada.

De inmediato se aparto de mí.

-Lo siento, no quise incomodarte-me dijo mientras se acuclillaba en el piso, y entrelazaba sus manos con las mías.

-No es eso…es que no…no puedo hacerlo…y nunca voy a poder-finalicé mientras me levantaba y lágrimas caían como ríos…otra vez. Corrí directo a mi habitación, no podía con este dolor en el pecho, me culpaba el no poder demostrar con hechos cuanto amaba a  Leonardo.

LEONARDO

Últimamente me sentía distinto. Me molestaba cualquier cosa, el simple hecho de ver a Valentina  con cualquier de los empleados me ponía furioso, aunque trataba de disimularlo delante de ella, muchas veces se daba cuenta de mis celos.

Saber que Valentina  estaba la mayor parte del tiempo adentro de la casa me ponía más tranquilo. Su recuperación fue la excusa perfecta para ello.

También note, que…como decirlo, de cierto modo el tener a Valentina cerca era motivo de excitación, su rico perfume a fresas inundaba mis sentidos y me descontrolaba mis hormonas. Si bien era cierto que hace rato teníamos besos bastantes apasionados, no habíamos llegado más que eso. Simples besos. Y no era que yo no quisiera avanzar, solo que le estaba dando tiempo a Valentina. Ella no había avanzado, y yo no iba a obligarla. Pero cada día se me hacia mas difícil.

Cuando estábamos viendo “Nothing Hill”, poco y nada me importo la película, la quería solo  para  mí. Comencé dándole pequeñas caricias inocentes, sin darme cuenta, obvio, ya que siempre tenía ese detalle cuando estábamos solos. Luego mis labios cayeron hasta su cuello, allí comencé a deleitarme con su aroma embriagador y el sabor mismo de ella, mientras Valentina  se “entretenía” con la película. Todo transcurrió normal, hasta que se excuso para ir al baño, luego regreso con una extraña media sonrisa, fingida, a mi parecer. Después se quedo estática sentada unos segundos. No le di importancia y puse play a la película para que continuase. Abrí mis brazos para que se acomodase en ellos. Cuando finalmente lo hizo, mis labios automáticamente llegaron de nuevo a su objetivo anterior…su cuello. Seguí con mi trabajo hasta que la escuche llorar. Al sentir que su llanto no cesaba y se empeoraba detuve mi trabajo. Levante mi cara de su cuellos, puse pausa a la película, la hice que se girara y delicadamente tome su mentón.

-Amor-susurre suavemente-es solo una película…no sabía que eras tan sensible…digo sé que las mujeres lloran en las partes románticas…pero creo que nunca vi a alguien llorar así por una película.

Ella no detenía su llanto, quiso hablar pero no entendí lo que quiso decir. La abrase y ella lloro más. Ahí me desespero un poco.

-Tranquila…tranquila-le repetía mientras hacía círculos con mis manos sobre su espalda-si no quieres no seguimos viendo esta película…vemos…otra. ¿Qué dices?…-le pregunte, pero no obtuve respuesta.

Estuvimos así por un rato hasta que logro calmarse. La separe un poco de mi y seque sus lágrimas que habían quedado con mi dedo.

-Te amo-le dije y le estampe un beso suavemente sobre sus labios. Quería calmarla no había lo que le pasaba, demostrarle que yo estaba con ella siempre, demostrarle mi amor. Así comenzamos una armoniosa danza entre nuestras lenguas, reconociéndose una contra la otra. Paulatinamente mis manos descendieron sobre su cintura, con este movimiento la acerco más a mí. Puso sus manos en mi cuello, profundizando así más el beso.

Sin darme cuenta mis manos descendieron de su rostro hasta situarse en su cintura, acercándola mucho mas a mi. Lentamente la fui recostando sobre el sillón, hasta lograr situarme encima de ella.

Nos seguíamos besando fervorosamente  Mi respiración era estrangulada y errática, al igual que la suya.

Viendo que no se oponía, con mis manos recorrí sus costados, hasta perderse debajo de su camiseta en donde acariciaba su hermoso vientre de manera delicada.

Mi erección empezaba a ser dolorosa, pero decidí ir despacio. Comencé a estimularla, tome su pecho izquierdo y lo apretuje levemente. Ella soltó un quejido y al instante sentí su pezón erecto atreves de la tela.

Con mi otra mano intente desabrochar su pantalón, mientras la seguía besando, hasta que escuche un NO! Salir de sus labios. Me detuve al instante y me moví de encima de ella. Me extraño bastante esa actitud. Acaso no lo estaba disfrutando como yo?

-Detente, por favor-la escuche decir, yo intente besarle para que se calmara, tal vez estaba nerviosa, pero para mi sorpresa puso una mano impidiéndomelo.

-¿Qué sucede?-le pregunte preocupado.

-Déjame levantarme, por favor- volvió a pedir

Me preocupe más si aun se podía

-Princesa… ¿qué sucede? Dime-le dijo con voz ronca, mientras tomaba su barbilla para que me mirara a los ojos

-Es-es…que…no puedo-dijo susurrando y con su voz agitada.

De inmediato la libere, si no quería no iba a obligarla.

-Lo siento, no quise incomodarte-le dije mientras me acuclillaba en el piso, y entrelacé sus manos con las mías.

-No es eso…es que no…no puedo hacerlo…y nunca voy a poder-me soltó de repente mientras la veía ahora yo estático. No entendí una palabra de lo que me quiso decir.

Mi evidente erección no me dejaba pensar. Fui directo al baño y me duche con agua fría, así despejar mi mente un rato.

Cuando termine de vestirme, me dirigí a su habitación. Toque la puerta, varias veces, quise abrir pero estaba cerrado. Intente llamarla pero no obtuve respuesta. No me quedaba otra, mañana hablaría con ella, por ahora solo me quedaba dormir…o intentarlo al menos.

Las semanas siguientes no fueron mejores, Valentina  huía todo el tiempo de mí, no lograba estar a solas para hablar. ¿Qué había pasado?… ¿Acaso hice algo malo?, eran las preguntas que me atormentaban.

Yo sabía que todo esto era nuevo para Valentina. Ella nunca me lo dijo con las palabras exactas “soy virgen”, pero al no haber sido besada nunca, eso era de esperarse. Pero entonces ¿Por qué tenia tanto miedo?

Encontré mi oportunidad cuando la vi dirigirse hacia los establos. Allí estaba sola hablando con un caballo. Siempre hablaba con los caballos, mientras los cepillaba.

Me fui acercando lentamente a ella. Cuando me vio, soltó el cepillo con el cual estaba cepillando al caballo y dio un paso hacia atrás.

-Tenemos que hablar Vale-le dije con calma

-Yo…yo-titubeó-lo sé.

-Pues bien, vamos a mi despacho-le dije, ella asintió con la mirada.

Caminamos hacia mi despacho, luego cerré la puerta. Viendo que ella no hablaba, comencé yo…

-Yo entiendo si aún no estás preparada para dar un paso más en nuestra relación, yo…te esperaré no importa cuanto tiempo pase-me confesé viéndola de frente y tomando su mano.

-No es eso…yo…si quiero, pero no puedo-dijo con los ojos llorosos

-¿Por qué?-exclame sorprendido

-Te acuerdas de lo del primer beso?-yo asentí-bueno-suspiro-también hay algo respecto a mi…virginidad y mis poderes

-Te escucho-le dije apretando sus manos para darle fuerza

-Es que cuando…deje de ser…virgen …-se pauso-mis poderes se incrementarán el triple, y si no llegara a controlarlos sería catastrófico, solo imagina si me descontrolo…o acabaría destruyéndolo todo o me mataría yo misma-me dijo con la cabeza baja-si algo malo les pasa yo…-comenzó a hipar.

-Entiendo-le dije para calmarla-y… ¿de dónde sacaste eso?

-Me lo dijo un día mi madre, cuando tenía 15, me explico todo… yo no voy a poder tener nunca una vida normal…eso ya lo asumí…ppor eso-arrastro las palabras-he decidido tomar una decisión

-¿Cuál es?-le dije impaciente.

-Te dejo el camino libre Leo, de ahora en adelante ya no somos nada

-Vale  que…-no puede terminar ya que salió corriendo de la habitación, no me importaba lo que me dijera, la amaba y la amo y no me separaría de ella nunca…

Entonces corrí hasta donde supuse que estaba ella…su cuarto.

Al llegar la vi haciendo las maletas…

-¿Qué haces Vale?-le dije mientras me acercaba a ella

-Me voy…ya no puedo vivir aquí-me dijo con su voz entrecortada.

-¿Por qué? No entiendo…

-No puedo vivir así haciéndote  esperar

-No entiendes amor-le dije mientras tomaba sus manos entre las mías-te amo y nunca te voy a dejar, aunque no quieras no voy a permitir que te vayas de mi lado. No habrá alguna…solución…-dije un poco esperanzado.

-“el libro”-dijimos los dos al unísono.

-Mira, yo no dudo de la palabra de tu madre, no, pero y si fuera mentira

-Si es verdad tiene que estar detallado en el libro y si no…-se pauso.

-¿Y si no?-dije un tanto nervioso.

-Significa que mis padres me han mentido todos estos años…

-No es que sea un desesperado…-dije algo aún nervioso-pero… ¿donde está el libro?

Valentina saco debajo de su cama una caja y en ella estaba mi salvación o mi perdición…el dichoso libro familiar.

Nos acostamos abrazados en la cama para empezar a leerlo, pero rápidamente caímos en los brazos de Morfeo.

Los días pasaban y Valentina  no se despegaba un segundo del libro, buscando algún tipo de información.

Mientras tanto Ángeles regresaba de cerrar un negocio y Por una extraña razón, ella comenzó a insinuarse  digo siempre estaba pegaba de mi cuello, pero últimamente tenia gestos seductores hacia mi persona.

Al principio la ignoraba, pero luego el instinto de macho calenturiento me estaba ganando. Aun así había tomado la decisión de serle fiel a Valentina, pero eso no evitaba que fuera al baño con frecuencia para calmar mi libido.

Un día me harté de las actitudes de Ángeles  la estampé contra la pared, tome sus brazos con fuerza y la amenacé que me dejara en paz. Pero ella era terca como una mula, de inmediato se zafó de mi agarre. Dio unos pasos en dirección a la puerta, y yo iba a ir en dirección contraria, pensé que iba a irse, pero pego un salto y se colgó de mi cuello besándome . El brusco movimiento me hizo  caer encima de ella sobre el  sillón, que estaba al lado de nosotros.

De inmediato enredo sus brazos alrededor de mi cuello, yo intentaba pararme pero no lo lograba. En ese instante escuche un sollozo, desde la puerta. Levante mi vista, y ahí estaba ella, con sus ojos totalmente llorosos. De inmediato Ángeles  me soltó.

-Oh! Ya viene la metiche a interrumpirnos… ¿acaso no tienes otra cosa que hacer que interrumpir a la gente?-dijo la muy perra.

-Cállate Ángeles -le grite-amor, se que suena a excusa barata…pero no es lo que parece. Ángeles  dile la verdad-increpé a Ángeles  para que confesara.

-¿Que tengo que aclarar…creo que vio todo no?-dijo la muy desgraciada.

Valentina paso frente mío corriendo. Yo la seguí, y antes de que cierre la puerta puse un pie en la puerta y entre. Ella se tiro en la cama, su rostro estaba totalmente cubierta por la almohada. La escuche llorar, eso me partía el alma, yo el muy idiota caí en la trampa de Ángeles . Cerré la puerta para darnos intimidad.

-Amor-la llame cariñosamente-escúchame por favor-rogué, trate de tocar su hombro pero se alejo-solo te pido que me escuches-le dije y al ver que no respondía proseguí- hace unos días…-no sabias como decirlo- Ángeles se puso más cariñosa de lo normal, yo le decía que se apartara de mi pero…ella no entiende, hoy fue la gota que derramo  el vaso… le grite, le exigí que me dejara en paz, cuando pensé que se iba, me salto de golpe e hizo que me desequilibrara y cayera al sillón…

Valentina  por fin se sentó en la cama pero me daba la espalda.

-Me beso a la fuerza…yo no quería te lo juro…debes creerme, yo te dije que te esperaría y eso es lo que estoy haciendo-le dije.

Ella hipo, y yo no resistí y la abrasé por detrás. Ella me aparto un poco y para mi sorpresa me estrecho entre sus brazos y lloro más fuerte. Yo hacía círculos con mis manos sobre su espalda para calmarla.

Cuando finalmente lo hizo, la aparte, tome su barbilla para que me mirara y le seque los restos de lágrimas que habían quedado.

-¿Me…crees?-pude animarme a preguntar

VALENTINA

Cuando vi al amor de mi vida en brazos de Ángeles  y besándose, mi corazón se partió en dos. No escuche lo que Leonardo dijo, mi mente no estaba allí. Corrí en dirección a mi dormitorio. Cuando intente cerrar la puerta Leonardo  me interrumpió y entro en ella. Me tire sobre la cama con mi rostro sobre la almohada, y comencé a llorar.

-Amor-me llamo cariñosamente-escúchame por favor-rogó, trato de tocar mi hombro pero me aleje al instante-solo te pido que me escuches-me dijo- hace unos días … Ángeles  se puso más cariñosa de lo normal, yo le decía que se apartara  de mi pero…ella no entiende, hoy fue la gota que derramo  el vaso… le grite, le exigí que me dejara en paz, cuando pensé que se iba, me salto de golpe e hizo que me desequilibrara y cayera al sillón…

Por extraño que parecía le creía, sabía que Ángeles  haría hasta lo imposible para separarnos. Además varias veces la vi insinuarse  y el simplemente se alejaba de ella, me abrazaba con mas fervor de lo normal, como queriendo que la alejara de él, y aparte de que quería que Ángeles  entendiera de una vez que no quería nada con ella. Sin embargo, era hombre, era normal que cayera  ante los juegos de ella, pero no lo creía capaz.

-Me beso a la fuerza…yo no quería te lo juro…debes creerme, yo te dije que te esperaría y eso es lo que estoy haciendo-me dijo

Me senté en la cama pero le di la espalda.

Hipé me dolía todo por lo que teníamos que pasar, de pronto sentí que me abrazaba por detrás. Me aparte un poco y vi que se sorprendió cuando lo estreche entre mis brazos. No soporte y saque toda mi furia en lágrimas. Sentí que hacia círculos con sus manos sobre mí, logrando calmarme.

Cuando finalmente lo hice, me aparto, tomo mi barbilla para que lo mirara y me seco los restos de lágrimas que habían quedado.

-¿Me…crees?-me pregunto

Yo lo mire aun con los ojos llorosos.

-Sí, te creo-dije con mi voz dolida- a la que no le creo nada es a Ángeles -le dije mientras me acercaba cada vez más a él.

Le di un beso fugas en los labios.

-Gracias!-me dijo con una sonrisa de oreja a oreja-gracias por confiar en mi…

Yo lo bese como nunca lo había besado de manera salvaje. Podía sentir muestras salivas mezclarse, nuestras lenguas luchar y armonizarse a la vez. Lo tome del cuello y lo acerque más a mí para profundizar más aun el beso. Lentamente me tumbo en la cama, hasta quedar sobre mí. Comenzó a besar mi cuello, mientras yo recorría con mis manos su espalda. Leonardo  me rozo un pecho con sus manos, pero luego lo aparto y se detuvo.

-Lo siento-me dijo apartándose un poco.

-¿Sabes que he notado que te disculpas demasiado?-le dije de manera sugerente-además no hay nada que perdonar-le dije mientras tocaba su pecho con un dedo he hacia dibujos en el.

Me pregunto con la mirada si podía continuar y yo asentí con la cabeza. Comenzó a desabotonar mi camisa y yo hacía lo mismo con la de él, pero mis dedos eran torpes por naturaleza, ya que mientras él había terminado, yo seguía luchando con la mitad de los malditos botones.

-¿Te ayudo?-me dijo con una media sonrisa

-No, te rías-le dije mientras fingía enojo.

Nuestras camisas cayeron en alguna parte de la habitación. Luego le siguieron nuestros calzados, y pantalones. Ambos quedamos en ropa interior. Mi vista se desvió a la parte baja de su abdomen, y vi con sorpresa que el ya estaba bastante excitado.

Me quito el sonten que termino en el suelo, y yo no pude evitar ponerme roja de vergüenza.

-Tranquila, voy a ir lento-me calmo a lo que yo asentí, pero no podía lograr borrar ese color de mi rostro.

Tomo mi lóbulo derecho en su boca, lo lamia y jugaba con él, no pude evitar que un gemido saliera de mis labios. Se sentía tan bien.

Luego fue dejando pequeñas marcas con sus besos por todo mi cuello, hasta que llego a uno de mis pechos. Tomo una entre sus manos y lo acariciaba. Sentí la humedad de su lengua en mi pezón derecho.

Leonardo  lo rozaba, lo chupaba y mordía. Mas gemidos salieron de mi boca y comencé a curvar mi espalda. Después le dedicó el mismo trabajo al otro pezón intercambiando labores, logrando ponérmelo a ambos duros de excitación.

Mi respiración era bastante agitada y podía sentir mi humedad entre mis piernas.

Mis pantaletas  fue lanzada junto con las otras ropas, y así quede desnuda frente a él.

-Pídeme que pare, yo ya no puedo-me dijo con una voz ronca que por momentos me asusto.

-No, no…quiero que pares…hazme el amor Leonardo Mendizabal-le pedí.

Me dio un exquisito beso, mientras separaba mis piernas. Sus besos recorrieron el mismo camino que antes, solo que esta vez llego hasta mi abdomen.

Sentí su lengua en mi botón de placer. Miles de sensaciones me recorrían, me sentía extraña, pero era una hermosa sensación. Hizo lo mismo que había hecho con mis pezones, lo chupo, lo mordió y jugó con él. Estaba sintiendo que me corría hasta que sucedió y yo no pude más que tomar las sabanas con fuerza.

Un ronquido salió de sus labios, se saco su  bóxer  mostrando su gran miembro erecto, a mi parecer.

-¿Estás segura?-me pregunto con su voz ronca

-Segura-le dije sin titubeos.

-Si te lastimo, dímelo

-Es mi primera vez, es seguro que va a doler

Volvió a separar mis piernas, entrelazo nuestras manos, mientras sentía su miembro rosar mi intimidad. Lentamente lo introdujo. Sentí un dolor, después se topo con una pared, de una estocada entro en mi por completo. Nunca había sentido tanto dolor, no era como cuando me cortaba, por lo general dolían poco y nada. Pero no era comparado con este dolor. Un quejido salió con fuerza de mis labios, acompañados por lágrimas. El se quedo muy quieto  para que mi cuerpo se acostumbrara al nuevo intruso.

Sentí que el dolor lentamente se iba, y era reemplazado por olas de placer. Comencé a moverme y el entendió que todo había pasado. Comenzó a embestirme  mientras tomaba mis caderas para hacerlo más profundo. Yo rodee su espalda con mis piernas logrando una mayor penetración.

En la habitación empezaron a ser audibles los gemidos así que decidí morder mi labio para amortiguarlos, el también hizo lo mismo. Las embestidas comenzaron a ser más fuertes. Estaba tocando el cielo con las manos.

Sentí mis paredes estrecharse dentro de mí, presionando su miembro.

-Ah! Leo sigue así, mas fuerte-pedí

-Estas…tan estrecha…esto es…esplendido-dijo

Con un último enviste nos corrimos juntos, diciendo nuestros nombres y sentí como desparramaba su semilla en mi.

Me beso en el tope de mi cabeza…

-Te amo-ahora si eres mia solo mia-me dijo

-Te amo solo tuya para siempre –le respondí

Él se tumbo exhausto en la cama y yo apoye mi cabeza en su pecho.Leonardo me rodeo con sus brazos y cubrió nuestros cuerpos desnudos con la sabana, y fuimos a los brazos de Morfeo al mismo tiempo.

LEONARDO

Cuando desperté, sentí un cálido calor en mi pecho. Así es, mi princesa estaba dormida sobre mi. La mire por unos instantes. Era tan hermosa, pero me gustaba más cuando estaba dormida, tenía una pequeña sonrisa en sus labios. “tal parece que anoche la paso bien”-me dijo mi voz interior, bastante arrogante, por cierto.

Intente despertarla dándole suaves besos por todo su rostro, pero no lograba mi cometido.

-Amor-susurre-despierta que ya amareció-volví a intentar, finalmente desistí, nada malo le pasaría si descansaba más de la cuenta.

La acomode en la cama. La vi por última vez, antes de vestirme y salí de su habitación. No sin antes besarle el tope de su cabeza.

Estaba desayunando, hoy no iría a trabajar.

Eso pensaba yo porque el destino dijo otra cosa. De repente sonó mi celular, lo tome y atendí la llamada.

-Hola, Leonardo Mendizabal

-Hola, Señor Mendizabal, soy Mateo Ledesma-me dijo, no era otro que uno de mis abogados.

-¿Si, que necesita?

-Vera, necesito que venga a mi oficina para cerrar un contrato con el señor Phillips.

-¿No estaba todo acordado ya?, ¿qué sucedió ahora?- pregunte.

-Dice que tiene unas dudas con el contrato, pero dice que desea hablar con usted personalmente.

-¿Pero usted no le despejo esas dudas?-le dije algo enojado.

-Como ya le dije quiere hablar con usted en persona, he intentado persuadir lo…-lo corte

-Pero al parecer no lo ha logrado!-suspire-está bien, entreténgalo, dígale que en media hora estoy ahí-dije resignado.

-De acuerdo. Nos vemos-me dijo Mateo.

-Nos vemos-y con otro suspiro corte, al parecer tendría que ir a trabajar.

Termine de desayunar y me dirigí a la camioneta para ir al encuentro con el bendito Señor Phillips, en ocasiones ese hombre podía ser molesto, y  hoy era una de esas ocasiones.

Cuando regrese aproximadamente a las 5 de la tarde, vine bastante cansado. Sin embargo eso no me quitaba mi enorme sonrisa que traía desde la mañana.

Salude a Diana.

-Hola querida Dianita -le dije mientras le plantaba un beso en sus mejillas

-Vaya, al parecer estas de muy buen humor hoy-me dijo con una ceja alzada- ¿Quien es la persona responsable de tan tamaña sonrisa?-me pregunto aunque ella sabía la respuesta… “mi princesa”.

- Y Vale  ¿Dónde está?-le cambie de tema.

-Sí, si esquiva la pregunta.

-Te preguntare otra vez… querida Dianita  ¿dónde esta Vale?

Ella bufo- No lo sé, en su cuarto tal vez, hoy no la he visto.

-¿Se siente mal?-le pregunte preocupado.

-No creo, Santi paso por su cuarto y dijo que estaba dormida. Así que supongo que se le pegaron las sabanas, solo eso.

Me despedí de Diana, con mi rostro notablemente preocupado. Ya era tarde para que se le hayan pegado tanto las sabanas, como Diana dijo.

Subí hasta la segunda planta, toque su puerta, la llame pero nadie respondió, asome mi cabeza por el cuarto…y la vi, allí estaba ella en la misma posición donde la deje.

Me acerque, la llame, pero como en la mañana no me contesto, al no haber respuesta me preocupe aun más. La agite suavemente y luego un poco más fuerte. Me acerque a su boca, su respiración era pausada, como si estuviese dormida.

Me pare, tome mi celular de mi bolsillo y marque a mi amigo Alan.

Tres tonos después…

-Hola ¿ Alan ?

-Si soy yo… ¿cuánto hace que no escucho esa dulce voz tuya, hermano?-me dijo con toda tranquilidad, yo no estaba para eso.

-Mira Alan, disculpa pero no tengo tiempo que perder

-¿Qué sucede?

-Es Valentina… ella no despierta.

-¿Cómo?-me dijo sorprendido.

-Así es anoche-hice una pausa- se durmió, todo normal hasta ahí, pero yo regrese hasta hace unos minutos y me dijo Diana  que durmió todo el día, y ahora quiero despertarla y no reacciona.

-¿Intentaste con alcohol?-“rayos” pensé se me había olvidado eso.

-No-respondí.

-Bueno ve por él y pónselo cerca de su nariz, te espero en la línea-si decir más deje el celular en la cama, corrí al baño, tome el alcohol, lo destape y lo embebí en un poco de algodón. Me acerque a Valentina  coloque el algodón debajo de su nariz…y nada paso. Entonces tome el celular de nuevo.

-Alan , no reacciona-dije aun más preocupado y un poco exaltado.

-Tranquilízate primero, voy en camino.

-Te espero-dije y colgué. Me senté al lado de ella y tome su mano.

Cuando note un pequeño detalle. Ella estaba desnuda en la cama, una un tanto desarreglada y había ropa tirada en el suelo. Sabía que Alan  era médico, el veía mujeres desnudas a menudo, eso creo, pero se daría cuenta de que era lo que había pasado en la noche. Igualmente no me iba a gustar que Alan  destapase la sábana que cubría a Valentina  y la viera desnuda.

Fue así que me pare, tome un piyama de dos piezas de su armario, y la vestí. Pero al quitarle la sabana note la mancha de sangre signo de su virginidad perdida. La tome en brazos y la acomode en el sillón que había en la pieza. Verla así inconsciente me provocaba una opresión en el pecho.

Saque la sabana y el cubre camas y los reemplacé por otros limpios. Luego la acosté y la tape nuevamente con la sábana. Levante del suelo la ropa que había quedado desparramada de la noche anterior y la lleve al lavadero junto con la sabana y el cubre cama. Regrese y me senté a su lado y entrelacé nuestras manos..

20 minutos después llego Alan , le reviso el pulso, comprobó sus reflejos, y otras cosas más que no entendí.

-¿Se golpeo? ¿O algo por el estilo?-me pregunto Alan.

-No anoche cuando me despedí estaba bien, pero cuando quise despertarla ya no reaccionaba.-medio mentí.

-Es extraño, veras…ella está en coma-me soltó de golpe.

-¿Qué? No puede ser-dije tomándome la cabeza y caminando de un lado para otro en la habitación.

-Cálmate Leo , la situación no mejorara si te pones así-intento calmarme.

-Está bien-suspire-¿ahora qué se puede hacer?

-Nada solo queda esperar que despierte. Lo lamento pero no queda otra opción.

-Lo entiendo y gracias.

Cuando Alan se fue de inmediato busque en la agenda el numero que Javier me había dado en España para avisarle cualquier cosa que pasara con Valentina, así que la tome y marque….

Tres pitidos después…

-Hola-contesto Malena

-Hola Malena como estas?,esta Javier?-dije tranquilo para no asustarla

-Hola Leo,si esta en un momento te lo comunico-dijo sin preguntar nada mas pues noto apuro en mi saludo

-Bueno Leo ¿pasa algo con mi hermana?-dijo como adivinando el motivo de mi llamada

-Bueno.bueno si Javier desde ayer no despierta-dije un tanto nervioso

-Pero como que paso?¿haz llamado ya el medico?¿que le has hecho Mendizabal habla-dijo gritando y alcance a escuchar que Malena le decía tranquilo deja que Leo te explique

-Ya he llamado al medico la reviso sus signos vitales están bien,el medico dijo que Valentina estaba en coma y que no podíamos hacer mas que esperar,si te llamo es por que tu mismo lo pediste cuando te fuiste-dije aclarando que no iba a permitir que me tratara como un idiota

-Lo siento Leo no fue mi intención ofenderte pero entiende es mi hermana y si por mi fuera ya estaría allá pero no puedo dejar el trabajo,estas seguro que ella   solo duerme?-pregunto aun un poco inquieto

-Si Javier dijo el medico que el estado de coma en el que esta no pone en riesgo su vida que solo nos queda esperar-dije tranquilizando la situación

-Dime una cosa Leonardo tu y mi hermana no han….-se rasco la cabeza y bajo un poco la voz para que Malena no escuchara-estado juntos vamos íntimamente o si?-dijo Javier

-Por dios como lo supo pensó Leonardo-este eh si-dijo tragando saliva

-UFF que alivio por un momento pensé que podía haber sido mas grave-dijo riendo desconcertando a Leonardo 

-¿Que dices como que, que alivio… no es nada grave pero Valentina esta en coma..te das cuenta lo que te digo?-dijo Leonardo enojado aunque no sabia bien por que

Tranquilo Leo lo que pasa es que mi hermana solo esta descansando , retomando su energía eso es todo veras que pronto despierta y te agradezco me mantengas informado, hasta luego y tranquilo-dijo colgando y dejando a Leonardo mas tranquilo.

Estaba por pasar una semana desde que Valentina  había entrado en estado de coma. Yo no sabía qué hacer, pero no me quedaba otra cosa que esperar, pero eso me desesperaba aún más. Así que decidí trabajar para despejar mi mente. Diana me avisaría cualquier cambio que ocurriera.

VALENTINA

Abrí mis ojos lentamente, sentí como si hubiese dormido por días. Me levante, y tuve un pequeño dolor en donde nuca pensé que me podía doler. De pensar lo que había pasado me puse colorada. Me fui al baño y me cepille los dientes. Ahí note un pequeño detalle. Cuando me quede dormida la noche anterior, no estaba así vestida…es más, no estaba vestida.

Otra vez me sonroje poniéndome más colorada. ¿Acaso Leo  me había vestido?

Sacudí mi cabeza, como queriendo que eso no hubiese pasado. Posteriormente decidí darme un baño. Cuando estaba por terminar de peinar mi cabello, la puerta del baño se abrió de par en par.

La persona que la abrió no era otro que mi príncipe, mi amor…Leonardo. Tenía una cara de ¿sorpresa? ¿Por qué? El corrió rápidamente y me estrecho en sus brazos.

-Parece que hoy estamos muy cariñosos -le dije correspondiendo a su abrazo.

El coloco su rostro en mi hombro. De inmediato lo sentí húmedos mis hombros y lo escuche llorar. Luego escuche susurrar mi nombre. En ese momento me asuste, tome su rostro en mis manos y tenía una cara de dolor que me partía en dos.

-Hey, ¿qué sucede amor?-le dije con ternura- no me asustes-le dije, el sólo me abrazo, y yo hacía círculos con mis manos sobre su espalda para calmarlo. Nunca lo había visto así. Cuando finalmente se calmo, se seco las lágrimas y comenzó a hablar.

-Tú fuiste la que me asustaste a mí…y a todos-me dijo y yo me sorprendí.

-¿Qué?- solo pude prenunciar.

-Princesa, tu estuviste en…coma por casi una semana-me dijo de repente asustándome aún más.

Salí del baño y tome mi celular de la mesita de luz. Decía: Domingo.

-Te golpeaste la cabeza o algo así y estas alucinando. Es Domingo amor-le dije a modo de burla.

-¿Te fijaste de que fecha?

Yo me fije la fecha domingo 15 de agosto.

-15 de Agosto!-grite, efectivamente había pasado una semana después de que Leo  y yo…ya saben.

Aparte de ese pequeño, accidente ¬¬ por así decirlo   no volví a sufrir ningún otro problema, hasta el momento, por lo menos. Estos días se habían convertido en los más felices hasta ahora.

Pero como dice el dicho; “Después de la calma, viene la tormenta” y tenía razón

Desde hace unos días mi vida era perfecta, vivía con gente que me quería y además tenía junto a mí al hombre de mis sueños, mi único amor, no podía pedir más a la vida.  Todo era perfecto, aparte del hecho de que no había vuelto a ver a Ángeles , ya que Leonardo  la había echado de su casa.

Estaba paseando en caballo con Santi. Habíamos decidido pasar el día fuera. Yo estaba sentada junto a unas rocas, mientras Santi  jugaba con la pelota.

Estaba viendo el cielo, pensando si había una persona más feliz que yo, hasta que una voz me saco de mis pensamientos.

-Veo que estas disfrutando…pues disfruta mientras puedas-dijo una mujer, al voltearme comprobé que no era otra más que  Ángeles.

-¿Qué haces aquí?-pregunte.

-Vine de hablar unos asuntos con Leonardo, no olvides que aunque me haya echado de su casa, aun soy su socia.

-Lamentablemente-respondí.

-Vengo a advertirte que esto no quedara así.

-¿A qué te refieres?

-A Leonardo, por su puesto…si él no es mío, mucho menos será tuyo, antes muerto…

-¿Qué estás diciendo?, ¿acaso me estas amenazando?

-Pues claro, que no lo notaste…

-No te tengo miedo Ángeles.

-Pues deberías. Nunca se sabe lo que pueda ocurrir mañana, ¿no?-dijo la muy desdichada, antes de marcharse.

Cuando volví estaba distraída y preocupada. ¿A qué extremo llegaría Ángeles con sus amenazas? Estaba tan concentrada que no note que había alguien en la cocina hasta que lo sentí cerca de mí. Yo en ese momento estaba por tomar un té de manzanilla, que había recién hecho para calmarme un poco. Por ende este estaba aun caliente.

-Amor-me llamo Leo, pero por la proximidad solté la taza que tenía en mis manos, haciéndola  volcarse sobre una de estas.

Grite del susto mezclado con dolor que sufrí al quemarme.

-Lo siento, princesa, no quise asustarte-me dijo  preocupado Leonardo.

-No te preocupes-dije con voz lastimera-no fue tu culpa…estaba distraída

-Te estaba llamando hace rato y no me contestabas-me dijo mientras tomaba mi mano suavemente, pero rozo con sus dedos mi ahora sensible mano y eso me dolió más.

-Auch! duele-dije suavemente.

-Ven aquí, te voy a curar

Sin objeción lo seguí hasta el baño donde saco una pequeña caja  de primeros auxilios y me desinfecto la mano y luego le coloco un ungüento para la quemadura y me envolvió la mano con una gasa. Me dio un beso muy tierno  mi mano quemada y yo le sonreí en respuesta

Leonardo  me beso levemente y luego tomo mi mano sana y me dirigió hasta sentarnos en los sillones que había en el living.

-Ahora dime… ¿qué paso?

-¿Pasar? ¿Nada por?-me hice la distraída.

-Valentina-ahora estaba en problemas cuando usaba mi nombre completo nada bueno vendría después.

-Nada, enserio amor, solo estaba pensando cosas sin importancia y me distraje eso es todo.

-Eso algo importante ¿tiene que ver con Ángeles ?

-Increíble, ¿acaso puedes leer mi mente y no me lo dijiste?

-Hasta hace unos días podía haberlo intentado, pero sabes bien que la conexión se ha roto-eso era cierto, no hace mucho que nos habíamos dado cuenta que Leonardo  ya no podía usar la levitación, ni otras cosas que antes si podía, eso era signo de que la conexión se había roto.

-Si lo sé-dije desanimadamente, de alguna manera me gustaba que tuviéramos esa conexión, era algo esplendido.

-¿Qué es lo que te preocupa de Ángeles ?

-No es algo que me preocupe…más bien me molesta-mentí.

-¿Qué cosa te molesta?

-Me molesta que ella tenga que venir a verte todavía, no puedes acaso cancelar tu sociedad con ella.

-Lo he estado pensando, pero como Ángeles  no se me ha vuelto a insinuar y solo hablamos lo necesario sobre trabajo, decidí no hacer nada…

-No me gusta verte cerca de ella-dije y me levante dándole la espalda.

-¿Celosa?-me dijo mientras me abrazaba por detrás

-¿Celosa yo? ¿Ja?

-No se me ocurre otra cosa-me dijo mientras me apretaba más a él.

-Auch! -volví a exclamar cuando me apretó la mano.

-Lo siento-me dijo mientras me daba la vuelta para que lo mirara de frente y me estampo un tierno beso en los labios.

Había pasado 1 semana desde mi encuentro con Ángeles.

Un día recibí una llamada de Ángeles  diciendo que tenía que hablar conmigo de algo urgente sobre mi hermano. Se notaba angustiada por eso es que fui a su encuentro.

Entre en su despacho que quedaba cerca de la capital, toque la puerta y ella me invito a sentarme.

-Pues bien ¿que querías decirme?

-Veras Valentina  lo que tengo que decirte no es sobre tu hermano lo conocí por poco tiempo así que nada tendría yo que saber sobre el, es sobre Leonardo.

-¿Qué ocurre?, dilo de una vez así puedo irme-le dije enojada

-Nada ocurre pero va a ocurrir-me dijo mientras se asomaba una sonrisa maliciosa por sus labios.

-¿Qué cosa?

-Tú te alejaras de él-me soltó.

-Que! Estás loca, yo no pienso hacer eso.

-Claro que lo harás-me dijo con supremacía.

-¿Tu me obligarás a caso?-le conteste elevando el tono de mi voz.

-Podría decirse que sí.

-¿Que te crees, que porque tú me lo digas lo voy a dejar así porque si?

-Veras…-me explico- yo se que tú tienes poderes y todo ese rollo-me dejo sorprendida, ¿como lo había averiguado?

-¿Cómo te enteraste?

-¿Recuerdas a Miguel ?-¿que tenía que ver mi amigo con todo esto?, pensé.

-¿Miguel? ¿Qué tiene que ver él?

-Bueno como sabes tuve que hacer un viaje de negocios al D,F  y me lo encontré, el era uno de los hombres con el que hice negocios. Fuimos a un bar a celebrar, cuando empezó a tomar…debo decirte que es muy lengua floja , con apenas unas cuantas copas me soltó todo, tu amistad desde que eran niños, el hecho de que se enamoró de ti, por cierto es muy obvio que no te olvido, no deja de mencionar la ´´gran mujer que eres´´…unas cosas por aquí otras cosas por allá y me contó con lujo de detalles de tus poderes, debes elegir mejor a tus amigos para que guarden tus secretos.

-¿Y qué hay con eso?

-Bueno veras-dijo mientras se levantaba y tomaba un cortaplumas de la mesa y sacaba una foto de su cajón, lo vi y lo reconocí de inmediato, era Leonardo quien se encontraba en ella. Lo coloco frente a mí…

-Lo que quiero es que termines con Leonardo, te alejes de su vida para siempre, cuanto antes mejor y si es posible lejos del país.

-Y si no quiero-le dije molesta, no me intimidaría frente a ella.

-Pues sabes…podría pasar algo muy malo-dijo rosando el corta plumas alrededor de cuello de la foto de Leonardo, hasta que lo dejo clavado sobre su frente- algo demasiado malo.

-No te tengo miedo, lo defenderé, no dejare que le hagas daño!-le grite.

-¿Estás segura? Por un rumor que me dijo un pajarito, no estás en condiciones de arriesgar tu vida-me dijo y entonces recordé algo muy importante que me había ocurrido hace unos días atrás. 

FLASH BACK

Estaba preparando la cena, hoy yo cocinaría, Santi  me estaba ayudando cuando un leve mareo hizo que me agarrara de la mesa.

-¿Estás bien?-me preguntó preocupado Santi.

-Si solo me maree un poquito pero ya paso-dije, últimamente me sentía mal, desde aquella conversación con Ángeles  mi vida ya no era tranquila, vivía asustada, y todo lo poco que comía me caía mal, pero yo siempre era así cada vez que algo me preocupaba mucho-ahora mejor ve y coloca la ensalada en la mesa-le dije cariñosamente, Santi  asintió y me obedeció, pero al instante sentí otro mareo más fuerte, veía todo borroso, intente dar unos pasos pero caí al suelo, sentí algo agarrarme, después de ahí no recordaba nada, todo estaba negro.

Cuando desperté sentí que estaba tumbada, y alguien me agarraba mi mano. Intente levantarme pero me lo impidió.

-Tranquila amor-me dijo cariñosamente Leonardo.

-¿Que paso?-le dije mientras me sostenía mi cabeza que aun me daba vueltas.

-Te desmayaste, eso paso, ¿te…te ha ocurrido antes?-me dijo titubeando.

-No, de echo  es la primera vez-me sincere.

-Bueno, tal vez sea porque estas mal del estomago-me dijo y yo asentí.

En la noche antes de acostarme Diana  me preguntó si no estaba segura si mi desmayo no era por otra cosa, yo me ruboricé y le dije que eran alucinaciones suyas, solo eso. Pero tenía mis sospechas… y si yo… ¿estaba embarazada? Había decidido ir a hacerme unos estudios si esto persistía.

FIN DEL FLASH BACK

Y que me dices estás segura de que arriesgarías tu vida por Leonardo-me dijo mientras tomaba el cortaplumas en las manos y lo rosaba en mi cuello-¿pero y la de tu hijo? ¿Serias capaz de hacer que muera por tu culpa?-me soltó mientras yo apartaba el cortaplumas que viajaba a mi vientre, yo lo cubrí con mis brazos de forma protectora, aunque todavía no sabía si dentro de mi llevaba una vida. Pero ella tenía razón no me arriesgaría.

Sin darme cuenta mi rostro estaba cubierto de lágrimas que salían de mis ojos como cascadas.

-Esta…bien- pero promete que no le harás nada a Leonardo  cuando me vaya- le dije llorando.

-De acuerdo lo unico que le haría es llenarlo de amor claro en cuanto tu desaparezcas-me dijo he intensifico su sonrisa.

-Solo te pido que me des 2 días para arreglar todo.

-2 días…está bien, para que veas que soy buena -dijo

2 días tendría solamente 2 días para decirle o mejor mentirle a Leo y salirme de su vida para siempre

Podría decir que pase que ser la mujer más afortunada del mundo a ser la más desafortunada del universo.

LEONARDO

Mi día estaba siendo perfecto, estábamos reunidos en mi despacho Ángeles  y yo, estábamos revisando unos contratos hasta que ella toco un tema personal.

-Leonardo-me dijo casi en un susurro.

-¿Si?-conteste de lo más desinteresado.

-Tengo que hablar contigo…sobre Valentina-me dijo y yo deje de mirar los papeles que tenía en mis manos para mirarla.

-No empieces Ángeles , todo esta bien entre nosotros, pero solo somos amigos, no intentes ensuciar a Valentina-sabia que ella no estaba feliz al vernos juntos y sabia que haría algo para separarnos.

-Por esa amistad que dices tenerme al menos escúchame-me dijo suplicante, yo me rendí, quería saber que se inventaba.

-Está bien pero solo te doy 5 minutos-le dije tajante.

-Veras, Valentina no es quien dice ser, ella es…-la corte.

-Diferente si lo sé.

-No, no hablo de sus poderes-me dejo sorprendido cuando dijo eso, ¿acaso ya sabía lo de Valentina?

-¿Como sabes eso?-le pregunte para sacarme las dudas.

-Eso no importa-me respondió.

-¿Acaso vas a exhibirla?-le pregunte preocupado y con un poco enojado.

-No, claro que no, yo lo se hace rato y si no hice nada en aquel entonces ¿porque crees que voy hacerlo ahora? –En eso tenía razón-Eso no es de lo que quiero hablarte. Te lo diré de una,Valentina es una estafadora-me dijo sin rodeos.

-¿Qué? estas mintiendo Valentina sería incapaz de hacer eso!-le dije realmente enojado.

-Créeme yo también me sorprendí cuando lo escuche, un día la escuche hablar muy cariñosa  con un tipo y pensé que eras tú, pero no , ella le decía  Alberto  o algo así, no importa, lo importante es que ella no te ama, solo fingió todo este tiempo…

-No te creo!-le solté, Valentina  me ha demostrado que me ama.

-Debes de creerme Leonardo  yo no te mentiría con algo así, si me aleje de ti fue para que pudieras ser feliz con ella aunque bien se que no se lo merece.

-No puedo creerte-no podía…Valentina  no podría engañarme-

-Piensa Leonardo, ella cae aquí de un día para otro, dice que quiere entrenar en un lugar apartado de la gente, hasta ahí es comprensible…pero luego ¿porque no se va?¿No se supone que no duraba mucho en el mismo lugar? Un día tu mismo me lo dijiste…-yo estaba en shock

Desde el momento en que vino a este lugar estaba todo planeado, te enamora, luego tu le pides casamiento y ya esta… cuando se divorcien le va a corresponder una buena parte por la herencia y estoy segura que se irá con ese tipo.¿ No crees que todo cuadra?

-No, no puede ser, no puede ser-repetía yendo de un lado para el otro en la habitación.

-Te dejare solo para que lo analices mejor, no te dejes engañar Leonardo  abre bien los ojos-me dijo antes de retirarse.

Me quede pensando…acaso podía ser verdad… No, claro que no, no podía dudar ahora del amor de Valentina.

Salí de la casa para tomar un poco de aire eso me vendría bien.

Pero al salir me lleve una gran sorpresa…

VALENTINA

Cuando llegue a la hacienda vi que al mismo tiempo se asomaba una camioneta, cuando una persona bajo de ella, no pude ver bien, los rayos del sol tapaban mi vista.

-¿Bombón? Eres tú me dijo y yo de inmediato lo reconocí-era mi mejor amigo Sergio.

-Sergio! Dije corriendo a sus brazos.

-Te extrañe tanto- me decía mientras me apretaba mas a él.

-Sergio , sé que me quieres mucho, pero déjame respirar-le dije levemente por falta de oxigeno.

-Lo siento -me dijo mientras me soltaba, pero de inmediato tomo mis manos entre las suyas-es que de enserio te extrañe, además necesito  una caricia, Kenia no deja de gritarme, últimamente ha estado rara, un día está feliz y al rato está furiosa y no tiene otra idea mejor que gritarme.

-Bueno debes comprender a tu novia-le dije palmeando su hombro.

-Esposa- corrigió.

-Vaya  felicidades -le dije mientras le di otro abrazo- veo que muchas cosas han cambiado… oye ¿no será que voy a ser tía verdad?

Sergio se puso colorado.

-Me encanta verte avergonzado, no es muy típico de ti-le dije mientras reía a carcajadas.

-Oye me la vas a pagar!- me dijo y yo eche a correr hasta que casi tropiezo con mis pies y casi caigo. El me tomo en brazos para que no cayera.

-Eres la única que se tropieza con sus propios pies, siempre la misma, la  Vale torpe de siempre-se burlo, entonces le pegue con mi mano, el quiso parar el golpe pero toco mi otra mano

-Auch!-me queje.

-Oh, bombón ¿qué te paso? No me fije que estabas lastimada, lo siento-me dijo con mirada de borrego.

-No pasa nada  Sergio, solo tuve un pequeño accidente domestico.

-Que acaso quisiste caminar y mascar chicle al mismo tiempo-se burlo de nuevo.

-Óyeme pedazo de…-dije mientras le fruncía mi seño e intentaba golpearlo. En ese momento note que Leonardo  estaba parado frente a la puerta con una cara seria… ¿o acaso estaba enojado?

-Leo-exclame-ven Sergio  te voy a presentar a alguien-le dije a Sergio para que me siguiera.

Cuando finalmente estábamos los 3 de frente le dije…

-Leo el es Sergio  Mendoza, Sergio  el es Leonardo Mendizabal -los presente.

-Un gusto-le dijo serio Leonardo.

-Al contrario el gusto es mío, es un placer poder hablar con el mismísimo Leonardo Mendizabal  el multimillonario.

-No seas exagerado Sergio-le susurre.

-No exagero es la verdad ¿o no?-le dijo en voz alta a Leonardo.

-¿Tu eres?-le pregunto Leonardo  quien mantenía su cara seria.

-Yo soy amigo, que digo –se corrigió solo Sergio-soy el mejor amigo de Valentina. ¿Y tú?

-Soy su novio-le respondió Leonardo.

-Novio! Vaya felicidades-dijo con una sonrisa sincera Sergio.

La presentación entre ambos no había sido la más alegre del mundo, cenamos medio en silencio. Sergio  había intentado que fuese más animada pero extrañamente Leonardo estuvo muy serio y hasta lo note pensativo.

Sergio  había decidido pasar algunos días con nosotros, unas mini vacaciones dijo él.

LEONARDO

Decidí ir a mi despacho trabajar era lo que hacía que mi mente no pensase en historias sin sentido.

De repente escuche voces dentro, así que como buen curioso que soy, me aproximé a la puerta entreabierta y afiancé mi oído y mi vista.

Lo que vi me dejo como estatua, allí estaba Valentina  en brazos de Sergio de forma muy acaramelada.

-Te extrañe mucho amor mio-le dijo Sergio, apretándola más hacia él.

Cerré mis manos hasta que los nudillos se hicieron blancos.

-Y yo a ti. Pero dime ¿porque viniste? Nuestro plan puede arruinarse, no debiste venir-le decía Valentina  y yo estaba en shock sin poder creer en lo que veía y oía.

-Lo sé, pero como te dije te extrañaba mucho, además el tonto Mendizabal no sospecha nada-decía mientras plantaba un beso en el cuello de Valentina.

Yo seguía sin creerlo, era verdad lo que Ángeles me había dicho y yo que no le creí.

-Sí pero igual fue muy arriesgado-gimió cuando Sergio  tomo entre sus manos un pezón de ella-Amor nos pueden ver, mejor nos vemos esta noche ¿sí?-le propuso Valentina.

-Espero que sea como la de anoche y como las otras, el muy tonto piensa que vine ayer, no sabe que hace meses que estoy aquí y él ni se percato de eso-le dijo mientras le daba un leve beso en los labios.

-Sí, sí pero suéltame que nos puede ver Leonardo , que pasa si nos ve-dijo.

Yo no aguante más la ira y abrí la puerta haciéndola sonar estrepitosamente.

-Demasiado tarde Valentina -le grite.

-Leonardo  no, no es lo que parece-me dijo la muy mentirosa.

-Que me vas a decir que te estabas ahogando y el te hacia respiración boca a boca-le grite con ira

-No créeme Leonardo, yo pensaba dejarlo, yo solo te amo a ti-me dijo como excusa.

-Si ya veo cuanto vale tu amor por mí, eres una cualquiera Valentina . Te quiero fuera de mi casa esta misma noche-le seguía gritando.

-Pero Leonardo, no puedo, no puedes yo…yo estoy embarazada-exclamó y yo me quede nuevamente helado pero mi ira pudo más.

-No me digas-dije irónico- y ahora me vas a decir que soy el padre.

-Sí, tu eres el padre, créeme-me seguía mintiendo.

-No voy a caer en la misma trampa dos veces, no te creo, y si de verdad, estas embarazada, te aseguro que no es mío. No quiero nada que provenga de ti. Váyanse los 2 ahora mismo de mi casa o llamo a la policía-les grite y corrí a mi cuarto. Me di una ducha y me quede ahí. Con el agua entre mezclarse con mis lagrimas

-Como pudo,como se atrevió a hacerme esto yo que todo le di,yo que abrí de nuevo mi corazón para que esa cualquiera lo destrozara-me decía una y otra vez

VALENTINA

Unos minutos antes…

1 día después de la cena recibí una desagradable llamada, y mi recordatorio al calvario que se aproximaba.

-Hola

-Hola Valentina, quería saber si ya cumpliste con lo que prometiste-me dijo del otro lado Ángeles.

-No hoy…hoy lo voy a hacer-dije medio titubeando.

-Más te vale, sino sabes lo que pasara-me amenazo antes de colgar.

No pude contener las lágrimas, el dolor y la importancia hacían mella en mí. De pronto sentí como alguien me abrazaba. Cuando me calme me aparta de él.

-Bombón ¿qué sucede?-me pregunto preocupado Sergio.

-Tú eres mi amigo ¿verdad?

-Claro eso nunca lo dudes…

-Bueno, en el nombre de esa amistad te pido un favor-dije mientras entrelazaba nuestras manos-no me sueltes en ningún momento, no hagas nada a pesar de lo que veas y escuches, solo quédate quieto.

-No entiendo a qué va esto, pero de acuerdo solo me quedo quieto ¿verdad?

-Sí.

En ese preciso momento sentí que alguien se acerca, tenía la corazonada de que era Leonardo y mi plan dio marcha. Pronuncie una palabras… y todo comenzó…o termino.

Las cartas están echadas, la decisión que tomé ya no tiene marcha a tras, lo hago por ti y por la vida que tengo en mi vientre…lo siento Leonardo”-pensé.

-Te extrañe mucho amor mio -me dijo Sergio, apretándome más hacia él.

-Y yo a ti. Pero dime ¿porque viniste? Nuestro plan puede arruinarse, no debiste venir-le dije.

-Lo sé, pero como te dije te extrañaba mucho, además el tonto Mendizabal no sospecha nada-decía mientras plantaba un beso en mi cuello.

-Sí pero igual fue muy arriesgado-gemí cuando Sergio  tomo entre sus manos un pezón y lo apretujo-Amor nos pueden ver, mejor nos vemos esta noche ¿sí?-le propuse.

-Espero que sea como la de anoche y como las otras, el muy tonto piensa que vine  ayer, no sabe que hace meses que estoy aquí y él ni se percato de eso-me dijo mientras me daba un leve beso en los labios.

-Sí, sí pero suéltame que nos puede ver Leonardo, que pasa si nos ve-dije preocupada.

Vi que la puerta se abría haciendo un estrepitoso sonido.

-Demasiado tarde Valentina-nos grito Leonardo  lo vi en su cara  reflejada la ira. Eso me dio miedo nunca lo había visto así.

-Leonardo  no, no es lo que parece-le dije, para que me creyera.

-Que me vas a decir que te estabas ahogando y el te hacia respiración boca a boca-me grito con ira

-No créeme Leonardo, yo pensaba dejarlo, yo solo te amo a ti.

-Si ya veo cuanto vale tu amor por mí, eres una cualquiera Valentina. Te quiero fuera de mi casa esta misma noche-nos seguía gritando.

-Pero Leonardo, no puedo, no puedes yo…yo estoy embarazada-exclamó como ultimo recurso y lo vi quedarse helado.

-No me digas-dijo irónico- y ahora me vas a decir que soy el padre.

-Sí, tu eres el padre, créeme-le dije.

-No voy a caer en la misma trampa dos veces, no te creo, y si de verdad, estas embarazada, te aseguro que no es mío. No quiero nada que provenga de ti. Váyanse los 2 ahora mismo de mi casa o llamo a la policía-nos grito nuevamente antes de irse y cerrar la puerta con la misma fuerza con la que       había entrado.

Sergio al ver que Leonardo cerró la puerta soltó mis manos.

-Se puede saber ¿qué demonios fue eso?-me dijo sorprendido.

-No preguntes, dijiste que harías lo que te pedí, ahora te pido que me ayudes a empacar-le dije en voz baja.

-¿Tienes a donde ir? me pregunto cuando nos dirigíamos a su camioneta con las maletas en mano.

-Con mi hermano supongo…-le respondía sin pensar en realidad ya no me importaba.

-No nada de eso. Tú te vienes conmigo a mi casa.

-No voy a estar bien con mi hermano-intente convencerlo.

-Javier se ha casado recuerdas tu misma me lo contaste  y no creo que le caiga muy en gracia lo que ocurrió aquí , además Kenia  estará feliz de verte de nuevo, y tendrá otra persona a quien gritarle-me dijo y me dio una sonrisa que pude imitar a medias.

Finalmente me resigne yo tampoco quería estar sola.

De cualquier manera tuve que enterar a mi hermano que había terminado con Leonardo claro omitiendo detalles para no preocuparle.Javier vivía en España con Malena y yo en Nueva york con Sergio y Kenia  así que viajaba constantemente ya que Javier me había dado la mejor noticia….Seria tía

-Vale ¿que paso? sabes bien que no puedes engañarme si alguien en esta vida se ama tanto son tu y Leo-dijo Malena decida que le dijera la verdad

-Malena tienes razón amo a Leonardo y se que lo amare hasta el día de mi muerte pero por eso mismo debo estar lejos de el…no soportaría que por causa de este amor algo le ocurriese y por favor no me preguntes mas que nada puedo decir-dijo implorando con mis ojos llenos de lagrimas

-Esta bien no insistiré pero si tenemos que ir al medico esos desmayos,mareos y esa cara demacrada no esta nada bien, vaya ni yo me veo tan mal que estoy embarazada-dijo sonriendo 

-Esta bien Malena…de hecho antes de …terminar con Leo ya tenia sospechas…creo que estoy embarazada-dije confesandole y rogando mantuviera en secreto por lo menos hasta estar segura

-Dios bendito Vale yo te prometo no decir nada pero …

-Por favor solo hasta estar seguras-dije cortando

-Esta bien Vale pero de confirmarse las sospechas debes decírselo a Leo…tu no tienes idea de cuanto desea formar una familia

-Esta bien Malena cuando confirmemos es lo primero que haré pero en estos momentos solo son sospechas  que si llegan a oídos de Javier arderá troya y sin Helena jajaja

-Jajaja tienes razón ..lo primero sera llevarte con mi ginecólogo así el nos dirá si estas o no embarazada solo que hay un pequeño problema-dijo pensando

-Cual,que pasa?

-Mi ginecólogo es Alan-

-¿El amigo de Leo?-

-Si ese mismo y no creo que quieras que el te revise aunque todo medico debe guardar en secreto los diagnósticos de sus pacientes

-Si claro lo se pero creo que sera mejor que me revise otro seria lo mejor ademas aun no es necesario un ginecólogo con una prueba de laboratorio bastara por ahora

-Tienes razón Vale como siempre me adelanto demasiado…¿te parece si vamos mañana?

-Claro ademas sirve que mañana si trabaja Javier  y no esta vigilandonos-dije señalando con los ojos 

Al día siguiente después de que Javier  se fue a trabajar Malena y Valentina fueron  al laboratorio clínico y pidieron  un examen de embarazo, . Una hora mas tarde una enfermera salio con los resultados y se los entrego a Malena y a Valentina.

-Bueno los abrirás a nos quedaremos mas tiempo aquí-dijo Malena

-Es que …que tengo miedo.. ábrelos tu si-dije suplicante

-Este…yo pero por que yo… ay Vale-

En esas estábamos cuando una dependiente del laboratorio se ofreció a ayudarnos ya que nos veía tan indecisas

-Me permiten ayudarlas..veamos estos estudios dicen que usted no esta embarazada pero si tiene una anemia leve pero mas vale atenderla-dijo tranquilamente y se retiro a seguir con sus labores

Malena y yo nos quedamos viendo con una mezcla de alegría pues no tenia nada grave, y tristeza por que perdía la esperanza de haberme quedado con un pedacito de mi gran amor…salimos del laboratorio calladas y nos disponíamos a regresar a casa cuando sin fijarnos tropezamos con las chicas.

-Malena,Valentina que gusto verlas ¿como están?-dijeron  al unisono Marian,Haydee y Azul

-Chicas que gusto verlas después de tanto tiempo verdad Vale-dijo Malena

-Si no las veía desde…hace bastante-calle para evitar me preguntaran por Leo

-Si no tienen nada que hacer les parece si nos tomamos un café para ponernos al día-dijo Haydee

-Si vamos digan que si tenemos muchas cosas que contarles sobre todo Haydee y Azul -dijo Marian codeando a las susodichas

-Bueno vamos también Malena tiene cosas que contarles -dije guiñando un ojo a Malena

Entraron  a una cafetería y tomaron  una mesa, después de hacer los  pedidos comenzó la investigación por así decirlo.

-Bueno chicas primero que nada como han estado-dijo Marian rompiendo el silencio

-Imagino que muy bien no Malena se te nota en la cara una luz radiante-dijo Haydee

-Igual que a ti Haydee ¿no sera lo mismo que te pasa a ti amiga?-dijo Azul con una sonrisa en los labios

 -Por dios ya dinos Haydee que me terminare las uñas de curiosidad-dije un con entusiasmo

-bueno Vale,Malena…estoy embarazada tengo mes y medio-dijo Haydee realmente emocionada

-Bendito sea el cielo Haydee nuestros hijos nacerán casi al mismo tiempo…yo también estoy embarazada tengo 2 meses-dijo Malena abrazando a Haydee

-Y  tu Azul dijeron que también tenias noticias-dije sonriendo pues sabia lo tímida que era

-Tu también esperas bebe Azul-dijo Malena

-No,no yo solo me m,, case-dijo con las mejillas rojas y arrastrando las palabras

-Con richard?-dijo Malena

-Con quien mas Malena ya sabes que nuestra amiga es mujer de un solo hombre no como nosotras que probamos hasta estar conformes-dijo Marian soltando tremenda risa pues ruborizo a Azul

-Oye yo solo tuve 2 y me quede con el mejor-protesto Malena

Reímos todas al unisono

-Bueno y tu Marian que nuevas nos traes-dijo Malena

-Nuevas mm ninguna sigo con el mismo pero no se cuanto lo aguantare pues ni para atrás ni para adelante…tal parece que Armando esta conforme con lo que tenemos-dijo un tanto desanimada

-¿Porque no hablas con el y le dices lo que sientes?-dije colocando mi mano en su hombro en señal de solidaridad-

Si tu no le dices lo que te incomoda como quieres que el lo sepa Marian-dijo Azul

-Bueno es policía ..esta muy adentrado en su trabajo mas ahora que lo van a acender  a comandante-dijo Marian

-Bueno el hecho de que sea policía no quiere decir que tenga que estar buscando pistas para saber que es lo que tu esperas en esta relación ¿no crees Marian?-dije guiñando el ojo

-Bueno tal vez tengas razón ..pero hablando de relaciones como vas tu con Leo-dijo cambiando rápidamente de conversación al ver que no saldría victoriosa

En ese momento pensé tragarme tierra pero esta no se abría así que decidí contestar con la verdad a medias porque conociéndolas eran capaces de quemar en leña verde a Ángeles y eso podría poner en peligro Leonardo

-Terminamos-dije con voz temblorosa pues aun me dolía recordar a Leonardo

-Pero como-dijeron al unisono excepto Malena pues ella ya lo sabia

-Si todas jurabanos que tu serias la señora Mendizabal-dijo Marian

-Si,bastaba con mirar los ojos de Leo para saber que no había nadie mas que tu para ocupar su alma-dijo Azul

-Si,es verdad hasta Alan decía que ahora la fama de soltero codiciado se habían acabado-dijo Haydee

-Lo siento Vale pero no es mas que la verdad….ni conmigo se veía así de feliz-dijo Malena terminando con las pocas fuerzas que me quedaban

Termine por romper en llanto,las chicas solo me abrazaron y esperaron a que me calmara pero yo en ese momento solo quería salir corriendo sentía que el corazón se me partía en mil pedazos al recordar las ultimas palabras que escuche de Leonardo…palabras llenas de odio y rencor,aunque sabia que solo eran producto de una rabia por sentirse engañado no podía soportar la idea de que aunque jamas lo volvería a ver mi corazón se quedo con el y mas aun saber que Ángeles estaba con el que lo llenaría aun mas de odio contra mi y terminaría olvidándome

-Se que lo amo y lo amare hasta el ultimo de mis días ..terminamos y no me pregunten mas no puedo decirles mas-dije aun con lagrimas en los ojos y salí corriendo 

-Lo siento chicas lo mismo me dijo a mi lo siento nos veremos en otra ocacion-dijo Malena tomando mi bolso y el de ella para salir a alcanzarme

-No te preocupes corre a alcanzar a Vale se ve que esta mal-dijo Azul

Cuando  Valentina estuvo lo suficientemente lejos de la cafetería  dejo  de correr y se sentó en un parque y no pudo evitar recordar los hermosos momentos que vivió al lado de Leonardo, cubrió sus ojos con las manos y seguía llorando hasta que sentí que la tomaban del hombro

-Que pasa peque…sabes bien que no te presionare para que me digas nada pero se que tu tristeza es por Leonardo-dijo quien me tomaba del hombro que no era otro que Javier mi hermano

Me lance a sus brazos y comencé a llorar nuevamente el comenzó a acariciarme el cabello tal como lo hacia cuando eramos niños para calmarme

-Perdóname Javier tu tan feliz por que vas a ser papa y yo con mis tristezas-dije apenada

-No me pidas perdón ni sientas pena tu eres una persona muy importante para mi y sabes que tu dolor es el mio y se que no me dirás nada pero me doy cuenta que estando aquí seguirás triste porque  la presencia de Malena siempre te recordara a Leonardo ¿no es así?-dijo mirándome a los ojos

-Sabes que quiero Mucho a Malena,pero si en cierta forma al mirarla recuerdo a ´´Rayo de Plata´´y por consecuencia  Leonardo

-¿Que podemos hacer para que estés bien peque?dijo un poco triste pues intuía mi respuesta

-Me mudare definitivamente con Sergio y Kenia…tal vez así disminuya mi tristeza-dije abrazando a mi hermano

-Esta bien peque sera como tu decidas.voy a extrañar tus visitas pero si esto sirve para que estés mas tranquila te apoyo-dijo con una sonrisa fingida

Se levantaron  de la banca y se fueron a casa a preparar las maletas de Valentina…cuando llegaron  Malena estaba un tanto preocupada ya que a pesar de haber salido tras de Valentina  no logro alcanzarla

-¿Vale donde estabas te buscamos por todas partes?-dijo abrazándome y un poco alterada

-Perdón necesitaba estar sola para pensar-dije apenada pues Malena se veía asustada 

-¿Pensar? me das miedo eres tal impulsiva que si piensas las cosas no las haces vale-dijo sonriendo

-Vale se mudara definitivamente a Nueva York Malena-dijo Javier interrumpiendo

-De verdad Vale te iras,es decir ¿ya no vendrás de visita?-dijo Malena

-Si,Malena necesito alejarme,todo aquí me recuerda a Leonardo ya no puedo seguir así e intentado ser fuerte pero ya no puedo mas-dije con lagrimas en los ojos y caí  de rodillas

-Tranquila Vale te entendemos lo único que te pido es que estés con nosotros cuando nazca tu sobrino no te lo perderás ¿o si?-dijo consolándome con una sonrisa

-Nunca se perdería el nacimiento de mi primer hijo ¿verdad hermanita?-dijo Javier ayudándome a levantar pues yo seguía de rodillas

-Eso si se los prometo el nacimiento no me lo perdería por nada de este mundo-dije secando mis lagrimas y embozando una sonrisa

Después de comer Valentina se dirigio  a la habitación que ocupaba cada que visitaba a su hermano,como  iba y venia no tenia mucha ropa que empacar así que rápidamente alisto sus maletas y después de despedirse tomo un taxi rumbo al aeropuerto donde ya la aguardaba un jet privado que la llevaría rumbo a Nueva york

Cuando llego a casa  con sus amigos los Mendoza  fue bien recibida, pero para desgracia de Sergio,Kenia  no había dejado de regañarle por todo, pero por lo menos se entretenía bastante con la presencia de Valentina  lo que había disminuido los insultos y peleas al mínimo.

Kenia  le contó a Sergio  que los cambios tan dramáticos en su persona se debía a que estaba muy sensible por su embarazo. Eso le había caído como agua fría en un principio pero luego saltaba de alegría al asumir que iba a ser padre.

Mientras en Nueva york la vida de Valentina era una tortura día con día en México, Monterrey en la hacienda Rayo de Plata la vida de Leonardo había acabado,ya no era ese hombre feliz que trabajaba la tierra,que compartía momentos hermosos con su familia y amigos,ahora era un triste y desolado personaje que trabajaba solo para mantenerse ocupado…siempre de mal humor,tal parecía que Valentina se había llevado consigo su corazón mas que su corazón el alma  

-Toc toc toc-tocaron tres veces a la puerta del estudio de Leonardo antes de obtener respuesta

-Adelante-dijo Leonardo con su ya tan acostumbrado mal humor

-Leo,por favor ya ha pasado tiempo dime donde esta mama-dijo Santi con una carita realmente triste

-No la llames así ella no es nada tuyo es mas no quiero que vuelvas a hablar de ella,nos traiciono es una mala mujer -dijo Leonardo gritando y sacudiendo violentamente a Santi quien no paraba de llorar

Los gritos de Leonardo se oían hasta la cocina en donde estaba Diana la cual salio corriendo pues temía que Santi hubiera preguntado por Valentina cosa que sabia que estaba prohibido

-Leonardo suelta a Santi inmediatamente-dijo Diana arrebatando a Santi de las manos de Leonardo

-Santi sube a tu habitación y déjame hablar con tu hermano si-dijo Diana a Santi calmándolo

-Si Diana-dijo Santi retirándose no sin antes sacarle la lengua a Leonardo

-Que demonios te esta pasando Leonardo tu nunca habías lastimado a Santi realmente estabas tan enamorado de Valentina que lo que supuestamente te hizo te destrozo la vida pero Santi no tiene la culpa por extrañarla y amarla como a su madre porque aunque no te guste ese es el cariño que ella le dio y sembró en su corazón-dijo Diana tratando se hacer que Leonardo reaccionara y dejara su amargura atrás

-Un cariño fingido que jamas siento entiende Diana entre mas rápido entienda Santi que esa mujer no era lo que nos hacia creer va a ser menos doloroso a mi ya me  rompió el alma y no quiero que le pase lo mismo a Santi…te he pedido que no se vuelva a hablar mas de ella para mi es como si estuviera muerta-dijo Leonardo tajante

-No te engañes Leonardo tal vez estará muerta para tu cabeza pero en tu corazón y pensamientos ella sigue viva palpitando como si ella estuviese a tu lado y el dolor de saber que no es así te ha llenado de rencor….a veces pienso que Valentina no era culpable y que te precipitaste al echarla..

-¡Basta Diana! cuantas veces voy a decirte que dejes de meterte en mis decisiones ocupa tu lugar en esta casa o de lo contrario me veré obligado a…

-¿A despedirme acaso eso es lo que quieres decir?-dijo Diana interrumpiendo  Leonardo…ni te preocupes Leonardo que si no fuera por Santi yo ya me hubiera ido no soporto ver el monstruo en el que te has convertido-salio del estudio azotando la puerta

Leonardo quiso correr atrás de Diana para perdón pero su dolor era muy grande

-Perdóname Diana, perdóname Santi pero no puedo con este dolor…no puedo olvidarle la amo y se que la amare  para siempre aunque no pueda perdonar jamas su traición pensó Leonardo con lagrimas en los ojos grito mil veces su nombre en silencio

Leonardo no supo cuanto lloro ni cuando el cansancio lo venció pues amaneció en uno de los sofá que tenia en su estudio,a pesar de haber sido tan grosero con Diana el día anterior esta regreso al estudio y al mirar que dormía subió a su habitación y trajo consigo una cobija con la cual lo cubrió

-Mi muchacho tan terco cuanto debes estar sufriendo..no sabes lo que daría por evitarte ese dolor tan inmenso-dijo Diana en voz baja besando la frente de Leonardo saliendo sin hacer ruido

Esa misma tarde frente a la entrada de la hacienda ´´Rayo de plata´´se detuvo un coche de color rojo,de su interior bajo Ángeles con una sonrisa triunfante pues después de hacer que Valentina ´desapareciera´de la vida de Leonardo se  había mantenido a distancia para no despertar sospechas pero precisamente ese día pensó que ya había dado mucho tiempo de duelo y que ya era momento de conquistar el corazón herido de Leonardo

-Buenos días Diana ¿se encuentra Leo?-dijo muy sonriente

-Buenos días Señorita Ángeles si se encuentra pero dudo mucho que quiera ver a alguien-dijo Diana para que esta se fuera

-No te preocupes Diana a mi si querrá verme ademas tenemos mucho tiempo en el que ni siquiera por teléfono hablamos-dijo Ángeles caminando hacia el estudio de Leonardo

-Pero…espere señorita-dijo Diana sin resultados pues Ángeles ya estaba frente al despacho de Leonardo

-Toc toc toc-

-Adelante Diana-dijo Leonardo

-Lo siento Leo no soy Diana-dijo Ángeles entrando y cerrando la puerta

-Ah eres tu ¿que se te ofrece Ángeles?-dijo Leonardo sin despegar la vista de la Lap top

-Oh Leo después de tanto tiempo sin vernos ni hablar que ¿no te parece que eres muy frió conmigo?-dijo Ángeles con voz sufrida

-No se que recibimiento esperabas Ángeles pero te recuerdo que solo somos socios-dijo Leonardo fríamente

-Pero..pero antes también eramos amigos ¿ también eso me robo Valentina?-dijo Ángeles destilando veneno

-¡¡Tu también vas a nombrar a esa….traidora,acaso todo mundo gira a su alrededor que no puede dejar de hablar de ella!!-dijo Leonardo furico

-Lo siento Leo no quise…-dijo Ángeles que fue interrumpida por Leonardo

-¡¡Ya se nadie quiere pero todos lo hacen hasta tu que no la soportabas..hasta tu no paras de hablar de ella!! ¿acaso no entienden que aun me duele?-dijo Leonardo con voz temblorosa

-¡¡Leonardo no tienes porque hablarme así mucho menos levantarme la voz ¿Acaso yo tengo la culpa de su traición? yo te lo advertí -dijo Ángeles furiosa al darse cuenta que su plan no funciono

-En eso tienes razón tu me lo advertiste muchas veces yo tonto y ciego no quise escucharte…por favor discúlpame-dijo Leonardo apenado por su comportamiento

-Disculpa aceptada…pero Leo porque no me dejas intentar ayudarte tal vez con mi amor tu dolor desaparezca -dijo Ángeles besando a Leonardo sin darle tiempo de reaccionar

Ese beso desconcertó a Leonardo quien por un momento quiso dejarse llevar pero en su mente solo veía el rostro de Valentina y su corazón solo deseaba que fuera ella quien lo besara…recuerdo que hizo que apartara  bruscamente a Ángeles

-No..no lo siento Ángeles no puedo olvidarle y no te usare a ti para ello..en primera porque como bien dijiste somos amigos y en segunda porque se que no habrá mujer que ocupe su lugar no habrá besos que borren los suyos es como si se hubiera tatuado en mi piel y grabado en mi alma-dijo Leonardo con los ojos llenos de dolor

-Pero Leonardo ella te traiciono…no merece tu amor no vale la pena que sufras así por ella…yo te amo y te  he esperado desde niña-dijo Ángeles desesperada por persuadir la decisión de Leonardo

-Lo lamento Ángeles lamento mucho escuchar eso porque solo has perdido tu tiempo ¿que te hace pensar que voy a corresponder a tu amor?…si no lo hice antes de Valentina menos después de ella..nos conocemos hace mucho y sabes que no creo en eso de ´´un clavo saca otro clavo´´-dijo Leonardo retomando su actitud fría y distante

-Yo solo te estoy pidiendo que me dejes intentarlo si no funciona no habrá reclamos de mi parte solo quiero ayudarte no me gusta verte así ..no mereces ese dolor-dijo Ángeles apretando los puños

-No Ángeles no insistas…ademas ya tenia planeado pedirte que rompamos la sociedad quiero irme de ´´Rayo de plata´´-dijo Leonardo regresando a la Lap top

-¿Como dejaras todo  y tus negocios que pasara con los míos? dijo Ángeles alarmada por la decisión de Leonardo

-Por favor Ángeles tu eres una mujer perfectamente capaz de cuidar de tus intereses en cuanto a mi no te preocupes que se muy bien lo que hago…necesito alejarme un tiempo para retomar mi vida-dijo Leonardo sin importarle la opinión de Ángeles

-No puede ser de nada sirvió que alejara a esa intrusa el sigue amándola…te odio Leonardo Mendizabal esta ofensa me la pagaras-pensó Ángeles 

Ángeles salio hecha una furia sin notar la sonrisa que Diana tenia,pues la observaba desde que llego…

Ya han pasado 7 meses desde la ultima visita de Valentina a Javier y Malena pero eso si en ningún momento dejo de llamar para sabe como estaba tanto su adorada cuñada como su amiga Haydee,ya Malena estaba en las ultimas semanas de su embarazo mientras que Haydee aun faltaba 1 mes y a Kenia le faltaban 2 meses ,todo esto llenaba a Valentina de mucha alegría pero aun su corazón no podía evitar pensar en Leonardo..ansiaba tenerlo cerca sentir de nuevo el calor de sus besos,la protección de su ser …Mientras tanto en casa de Javier y Malena todo estaba listo para recibir a su primogénito

-Malena ¿como te sientes? -pregunto Haydee la cual estaba nerviosa pues se había quedado  sola con ella

-Bien…que va no te voy a mentir estoy muy emocionada pero también muerta de miedo..es mi primer bebe-dijo Malena con una sonrisa de nervios

-Bueno yo también me muero de nervios..suerte que mi marido es un excelente ginecólogo jajaja-dijo Haydee rascando su cabeza

-En ese caso me tranquilizare pues Alan sera quien atienda mi parto siendo el mejor ginecólogo no debo preocuparme-dijo Malena sonriendo tierna mente

-¿Oye y a todo esto Javier como esta con este asunto de su primer hijo?-pregunto Haydee

-En realidad Javier esta mas nervioso incluso mucho mas que nosotras jajaja..en este ultimo mes me ha llamado a cada rato para saber si ya es hora o aun falta-dijo Malena a carcajadas

-jajaja Pobre Javier si así esta ahora no imagino como se pondrá cuando rompas fuente y tengas las contracciones-dijo Haydee muy divertida

En ese momento sonó el teléfono

-Ves seguro es Javier-dijo Malena levantando la bocina del aparato

-Hola…Malena-dijo una voz que Malena conocía muy bien 

-¿Leo..eres tu?-dijo Malena sorprendida

-Si Malena soy yo…¿como estas,me dijeron que estabas embarazada es cierto eso?-dijo Leonardo 

-Si Leo y no soy la u única… también  Haydee-dijo Malena

-¿como? eso si no lo sabia cuando hable con Alan no me dijo nada y ya para cuando nace mis sobrinos-pregunto Leonardo

-El mio no ha de tardar … estoy en las ultimas semanas del embarazo… a Haydee aun le falta un mes-dijo Malena

-¿como en las ultimas semanas y lo dices tan tranquila?-dijo Leonardo asombrado 

-Leo solo voy a ser mama no voy a presentar un examen escolar ya estas igual que Javier-dijo Malena 

-jaja Si verdad… ¿y hay alguien contigo en este momento digo no es conveniente que estés sola?

-No estoy con Haydee… de cualquier forma Javier no tardara solo fue a comprar unos antojitos-dijo Malena

-jajaja Pobres de Javier y Alan si aun sin embarazo ya eran muy antojadizas no me imagino ahora -dijo Leonardo 

-Muy gracioso Leo… ya te escuche-dijo Haydee fingiendo enojo

-jaja jajaja lo siento amiga pero es la verdad-dijo Leonardo

-Bueno pero cuéntanos tu que has echo…¿como va la hacienda.como esta Diana y Santi?-dijeron al unisono Malena y Haydee ya que habían colocado en altavoz 

-La hacienda como siempre va muy bien… Diana se encuentra bien… Santi y yo nos acabamos de mudar a Nueva York así que ya imaginaran lo ajetreados que estamos-dijo Leonardo

-¿A Nueva York?-dijeron al unisono intrigadas tanto Malena como Haydee se preguntaban si Leonardo había  ido a buscar a Valentina pero ninguna se atrevió  a formular la pregunta

-Si nos mudamos a Nueva York por eso te llame Malena quiero saber … si no hay inconveniente si te visito-dijo Leonardo un poco dudoso

-¿Inconveniente?-pregunto Malena

-Si es decir,lo que sucedió con Valentina…Javier es su hermano… tu esposo.. el padre de tu hijo y….-dijo Leonardo quien parecía estar sudando

-Espera Leo en cuanto a lo de Valentina hace tiempo que supimos sobre su rompimiento y si bien no nos agrado la idea la respetamos tanto Javier que es hermano de ella como yo que casi soy como tu hermana… no te preguntaremos nada pues si Valentina no quiso decir una sola palabra me temo que a ti menos así que inconvenientes no hay-dijo Malena muy decidida

-Vaya no has cambiado nada Malena siempre tan directa-dijo Leonardo cambiando de tema

-Ni cambiare Leo ni cambiare…¿pero dime cuando vienes?-pregunto Malena

-De hecho ya estoy cerca…solo llame para confirmar que podía verlas…Alan me dio tu dirección-dijo Leonardo 

-Wow eso si es una gran sorpresa ay ah-dijo Malena quien en ese momento rompió fuentes y Haydee tomaba el teléfono

-Malena mal ¿que sucede estas bien?-dijo Leonardo quien alcanzo a escuchar el quejido de Malena

-Leonardo Malena esta …. en labor tengo que colgar debo llamar a Javier y Alan-dijo Haydee mas que alterada

En ese momento Javier estaba llegando al mirar a su esposa recostada en el sillón y respirando como se los indicaron en el psicoprofilactico dejo caer las bolsas que traía en las manos y corrió en su ayuda…. Haydee con el teléfono intentaba localizar a su marido cuando tocaron la puerta

-Malena amor respira tranquila-dijo Javier imitando la respiración  de su esposa

Mientras Haydee quien ya había localizado a Alan abría la puerta…

-Hola Haydee.Javier Malena ¿estas bien?-dijo Leonardo dejando dirigiéndose  Malena sin percatarse de la sorpresa de Javier al verle

-Leonardo…. ¿este si tienes tu auto?-dijo Javier quien contesto antes que Malena

-Si Javier esta allá afuera si quieres los llevo al hospital ¿o sera un parto en casa?-dijo Leonardo provocando miradas de asesinato por parte de Malena y Haydee

-Si..si no quieres que Malena te mate antes de dar a luz si-dijo Javier embozando una media sonrisa

Haydee subió por la maleta con las cosas para Malena y el bebe la cual habían preparado desde hace un mes .. cuando bajo con ella Javier ,Leonardo y la misma Haydee se dirigían hacia la puerta olvidando lo mas importante… a Malena

-¿Hey a donde van que no seré yo la que voy a dar a luz?-dijo Malena 

-Lo siento amor son los nervios-dijo Javier

-Perdona Malena los nervios son contagiosos-dijo Leonardo

-Perdón amiga no se donde tengo la cabeza-dijo Haydee

-No te preocupes Haydee dentro de poco estarás en mi lugar…y ustedes chicos ya me la pagaran uf uf-dijo Malena tratando de mantener la respiración y contando las contracciones

Leonardo y Javier apoyaron a Malena para caminar hacia la camioneta  mientras Haydee abría la puerta y colocaba la maleta…Malena y Haydee viajaron en los asientos traseros mientras Javier y Leonardo ocuparon los delanteros pero Leonardo manejaba Javier estaba muy nervioso y constantemente miraba hacia atrás para asegurarse que su esposa estaba bien

En pocos minutos llegaron al hospital…ya Alan los estaba esperando con una silla de ruedas para Malena

-Buenos días adelante ¿estas lista Malena?-dijo Alan quien los recibió y ordeno preparar a Malena y Javier en la sala de partos

Mientras en la sala de espera Leonardo estaba inquieto pues temía volver a ver Valentina era obvio que ya la habían llamado puesto que es la hermana del padre del que estaba por nacer y Haydee se percato de su estado 

-¿Te pasa algo Leo tal pareciera que el padre seras tu?-dijo Haydee

-No nada solo estaba pensando…¿ya avisaste a las chicas?-pregunto Leonardo

-Pero por supuesto ni ellas ni Malena me perdonarían no avisarles…vaya sorpresa que se llevaran al verte aquí después de tanto tiempo-dijo Haydee

-Si verdad… ¿ también avisaste a..a…Valentina?-dijo Leonardo 

-¿De verdad quieres que conteste eso?-dijo Haydee intentando ser comprensiva

-Haydee-dijo Leonardo

-Perdón Leo pero es una pregunta ilógica siendo la hermana de Javier es obvio que ya le avise de hecho  no creo que tarde mucho-dijo Haydee

-Oh Dios lo que menos quería era volver a verla-pensó Leonardo y siguió caminando de un lado a otro

Dentro del quirofano todo estaba listo para recibir al nuevo miembro de la familia Togil Brito

-Malena puja puja-dijo Alan mientras la enfermera limpiaba el sudor  de su frente

-Puf puf  uf ay ya no puedo-grito Malena

-Vamos amor tu puedes-dijo Javier

-Vamos Malena un poco mas ya falta muy poco puja nuevamente dijo Alan alentando a Malena

-Puf puf puf ayyyyyyyyyyyyyyyyyy-pujo Malena… su hijo nació y ella perdió el sentido

-Malena amor ¿que pasa Alan?-pregunto Javier asustado

-No pasa nada Javier..Malena realizo un excelente trabajo pero se canso mucho ahora esta descansando dijo Alan después de revisar a Malena y asegurarse  que todo esta bien

-¿Y el bebe como esta?-pregunto Javier

-Felicidades Javier eres el padre de un robusto varoncito-dijo Alan abrazando a Javier..ahora te pido que vayas a la sala de espera mientras Malena se recupera

Cuando Javier salio a la sala ya estaban las chicas con muchos regalos tanto para el bebe como para Malena..en cuanto lo vieron todas lo abrazaron excepto Valentina quien había llegado ya hace un rato pero al ver que Leonardo estaba ahí prefirió no acercarse no quería un enfrentamiento pues algo le decía que su príncipe ya no era el mismo

-¿Como esta Malena…el bebe que fue vamos hombre habla?dijo Mariann con su ya característico acoso verbal

-Tranquila Mariann deja que Javier hable-dijo Azul tan tranquila como siempre

-Gracias cuñada..bueno todo salio muy bien…Malena esta descansando fue un parto muy laborioso…el bebe fuee… jaja niño es un niño muy hermoso por cierto lo llevaron a los cuneros en cuanto Malena este en condiciones nos dejaran pasar a verla-dijo muy orgulloso de ser padre

Con un movimiento de ojos Javier buscaba a su hermana pero no la veía por ninguna parte no creía que ella se hubiese perdido ese gran momento en su vida…en ese instante Sergio se acerco a el en medio de la mirada de furia de Leonardo 

-!!Javier¡¡ muchas felicidades-dijo Sergio abrazándolo y al mismo tiempo le decía que Valentina estaba en la cafetería ..en voz baja para que nadie lo escuchara

-Gracias Sergio es bueno verte-

-No podía perderme el acontecimiento del siglo-dijo Sergio señalando hacia la cafetería

-Bueno Javier yo me retiro tengo algunas cosas que hacer… por favor me despides de Malena dile que otro día paso a verla-

-Claro Leonardo con gusto le doy tu recado… y gracias por la ayuda-

-De nada fue un gusto ayudarte…chicas me despido cuídense .Haydee estaré pendiente de ti -

-Hasta luego cuídate Leo-contestaron al unisono Mariann y Azul

-Si Leo cuídate mucho-dijo Haydee quien lo abrazo pues comprendió por que se iba 

-Con permiso-se despidió Leonardo despectivamente de Sergio  y se fue sin decir mas

-¿Que paso aquí?-pregunto Mariann con mucha curiosidad

-No se-contestaron al unisono Haydee,Azul y Javier

-Vamos Javier acompáñame a la cafetería seguro necesitas un café bien cargado

-Esta bien Sergio tienes razón ..vamos en lo que despierta mi esposa,..chicas regreso en un momento no se les ofrece nada-

-No Javier nosotras vamos a los cuneros a ver al bebe-dijo Mariann llevando casi a rastras a Haydee y Azul

Mientras tanto en la cafetería del hospital del hospital se encontraba Valentina aguardando con angustia la llegada de su hermano…por ningún motivo quería que alguien la viera y mucho menos Leonardo

-Valentina-

-Javier felicidades hermanito tienes un niño precioso-

-Gracias Vale ¿pero que haces aquí deberías estar con todos en la sala de espera?-

-Perdón Javier es que cuando llegamos vi que Leonardo estaba ahí .. la verdad aun me duele verlo-

-Oh Valentina hasta cuando va durar esto….no preguntare ni me entrometeré  pero hasta cuando vas a sufrir por un amor que ya no te pertenece-

-¿Ya no me pertenece quieres decir que Leonardo ya tiene a alguien?-

-No lo se y ten por seguro que tampoco me interesa averiguarlo…a mi solo me importas tu,mi esposa y ahora mi hijo lo demás  no es de mi interés ya deja de sufrir por algo que no tiene remedio o no quieres ponerlo-

-Tienes razón Javier te prometo que de ahora en adelante no volverás a verme triste ni escondiéndome-

-Esta bien Valentina te quiero mucho…ahora vamos a ver a Malena de seguro ya despertó -

-Si siiii vamos muero por verla ademas de conocer a mi primer sobrino….vamos  ¿Sergio vienes?-

-Claro bombón no me perdería esa carita -

Javier,Valentina y Sergio salieron de la cafetería rumbo a la habitación donde se encontraba Malena la cual ya tenia en brazos a su pequeño..las chicas ya estaban con ella colmando la de mimos y halagos al nuevo integrante de los togil

En cuanto Javier vio a su hijo se acerco a la cama donde se encontraba su esposa

-Gracias amor es maravilloso el regalo que me has dado-

-Javier es hermoso..ademas tu ayudaste en la fabricación del obsequio jajaja-

Lo que dijo Malena hizo que la habitación se llenara de risas ovacionando que el medico les recordara que estaban en un hospital….

-Y bien como llamaran a este precioso querubín dijo Valentina tomando en sus brazos al recién nacido

-Pues como el papa -dijo Azul

-No por favor ya somos muchos.dijo Javier

-Porque no le ponen Ángel después de todo eso parece haber llegado a ser en sus vidas-dijo Alan quien se asomaba a la habitación

-Tiene razón Javier se llamara Ángel Togil Brito ¿te parece?

.Si Malena suena bien…gracias Alan tu intervención nos ilumino

Ese momento fue el mas feliz tanto para Valentina como para Javier y las chicas…ella se quedo con su hermano por un mes para ayudar a Malena en lo que necesitara y estar en el parto de Haydee,lo malo es que el nacimiento del bebe de Haydee coincidió con el hijo de Sergio así que Valentina en cuanto supo que Haydee había dado a luz a una hermosa niña a la cual llamaron Liza  Villaseñor Montero salio de inmediato a Nueva York para estar con Karen y Sergio.

Un año después del nacimiento de Liza, Ángel y Sharon nació el hijo de Azul y Ricardo al cual llamaron Dante

-Dos años después…

Valentina  sale al parque con una carriola con una niña de 2 años en su interior, felizmente alzando sus manitas y sonriendo.

-¿Estás segura que estará bien?-pregunto por enésima vez Sergio a su esposa.

-Sí, te lo aseguro, les hará bien salir a las 2.

-Es muy apegada a ella-le comento Sergio.

-Sí, es su madrina después de todo, ambas se quieren mucho, últimamente Vale a estado deprimida y eso  Sharon  lo nota y se pone triste al ver a su madrina así-le contesto Karen.

Valentina  se había convertido en madrina de la pequeña Sharon,Valentina  se sentía triste, porque le hubiese gustado tener una parte de Leonardo  y de ella en su vida.

LEONARDO

Dos años habían pasado desde que la felicidad se me había escapado de las manos. Me mude a Nueva York  junto con Santi. Deje toda mi vida atrás, los recuerdos de ella, se habían quedado en esa casa. Si bien no había vendido Rayo de Plata, ya no estaba tan metido en las negociaciones ni nada de trabajo pesado, solo lo administraba a lo lejos, de eso se encargaba mi nuevo socio y amigo  Alonso.

Decidí formar sociedad con un hombre de apellido Banester. Ahora era el vicepresidente de una de las mejores editoriales de  Nueva York.

Como últimamente tenía mucho trabajo decidí estirar mis piernas y respirar aire puro como solo lo hacia el parque que quedaba cerca de la editorial.

Iba distraído mirando los niños jugar, hasta que vi una joven que estaba sentada en el pasto mientras jugaba con una niña. La niña tenía una cálida sonrisa que aun se notaba aunque tenía su chupete en la boca. La chica le hacía gestos con su cara y la niña estallaba en risas.

No sé porque pero verla así de espaldas me la recordaba. Me acerque para verla más claramente. Por simple curiosidad. Cosa que me arrepentí de inmediato.

Era… Valentina. La persona que me engaño y la que menos quería volver a ver.

Verla de nuevo trajo una oleada de sentimientos, dolor, rencor, odio, sobre todo odio. Cuando vi a la niña recordé lo último que me había dicho…”estoy embarazada…” “es tuyo”… resonaron esas palabras en mi mente. Pero al obsérvala pude notar y para mi alivio comprobar que al menos no se parecía en nada en mi, si hubiera sido  mía, ni a Valentina  por extraño que pareciera, la niña tenía unos hermosos ojos verdes y pelo color marrón, esos ojos me lo recordaron a él, él tenía ese tipo de ojos. Era igual a su padre.

Con la ira contenida y que tenía, decidí dejarla salir, todos estos años la estuve conteniendo y sentía que esa explotaría en cualquier momento, así que me acerque hasta ellas.

VALENTINA

Saque a Sharon  de su carriola y comencé a jugar con ella. Hoy me había levantado triste como los últimos meses, pero a diferencia de las otras veces hoy me sentía extraña como si algo fuese a ocurrir. Le seguí haciendo caras divertidas a Sharon , no echaría a perder  el día tan bonito que teníamos con mi tristeza. Hoy era el día ahijada-madrina.

Así es, era madrina de una hermosa niña, la luz que iluminaba mi obscuridad en donde me encontraba.

Sentí como alguien se me acercaba. Me gire para ver quien era, y lo vi…era el Leonardo, el único dueño de mi corazón.

-Leonardo- dije y sentí mi garganta secarse.

-Valentina -me respondió fríamente-¿lindo día para sacar a las bastardas a pasear no?

-No te permito que digas eso-le grite.

-Pero eso es lo que es…-me dijo y no me pude contener más y lo abofetee.

-¿No te gusta que te digan la verdad?-me soltó con tanto veneno, pude notar la ira de sus palabras.

-Ella no es nada de eso y lo sabes bien, ¿cuántas veces tengo que repetírtelo?-ya me estaba cansando de todo esto.

-Así, ya me olvide la vieja historia…pero sabes bien que no te creo.

-¿Entonces qué haces aquí, acaso me estas siguiendo?

-No, es solo una coincidencia.

-Entonces déjalo  así como una simple coincidencia-dije pero fui interrumpida por el llanto de Sharon , la alce en mis brazos.

-Tranquila cariño-la intente calmar, pero ella siguió llorando-¿quieres ir con papa verdad?-Sharon  dejo de llorar de inmediato y me dio una media sonrisa de respuesta.

-Má-dijo mi pequeña, ella me llamaba así, no le salía decir madrina o Nina como dice la mayoría. Vi como el rostro de Leonardo  cambio y se tenso, pero no me importo, yo quería salir de ahí de inmediato.

-Yo…tengo que irme-le dije fríamente, coloque a Sharon  en su carriola me fui sin despedirme.

LEONARDO

Mamá, la niña le había dicho mamá… bueno, no exactamente solo le dijo Má, pero me hizo sentir extraño escucharla. Yo había soñado con algún día que uno de nuestros hijos diría esas maravillosas palabras… Esto solo confirmaba que lo que me había dicho hace un año era mentira. Sacudí mi cabeza para dejar de pensar en eso y me dirigí a la editorial.

VALENTINA

Cuando llegue a la casa de Sergio  me sentía peor que cuando salí. Intente poner mi mejor sonrisa, pero al parecer no funciono, porque tras saludar a Sergio y Karen , esta le pidió que llevase a la niña a jugar al patio, para que podamos hablar a solas.

-Vale dime que sucedió-me dijo preocupada.

-¿Nada, porque?-le dije intentando disimular.

-Vamos, ve la cara que traes, aunque trates de sonreír se nota que algo te paso-no podía engañarla, ella me conocía muy bien.

-Es que vi a Leonardo -le confesé y ella se sorprendió.

-Leonardo, ¿qué hace aquí?

-No lo sé y no quiero averiguarlo…pese a lo todo, hace un año que decidí sacarlo de mi vida.

-Pero y si le explicas…-la corte.

-Sabes bien lo que paso hace un año…-le dije y no pude evitar recordarlo.

FLASH BACK

Tras enterarme de que no estaba embarazada mi única preocupación era Leonardo, Ángeles  podía hacerle algo si yo le contaba la verdad.

Un día cuando estaba viendo la televisión me entere de que esta había tenido un accidente. Esta era mi oportunidad para desenmascararía  Me dirigí hacia Monterrey  en el avión privado de la familia Togil  y fui directo a la hacienda. Supe por un trabajador que Leonardo  estaba en su despacho. Así que hacia allá me dirigí. Golpee la puerta y cuando del otro lado me dieron permiso entre. Leonardo  me veía con cara de sorpresa e ira. Cuando vi que quería hablar me le adelante.

-Leonardo, necesito hablar y que no me interrumpas-le dije mientras con un conjuro lo dejaba como una estatua sin que pudiera moverse- veras, todo lo que sucedió entre nosotros no fue una mentira, fue, es y será lo más puro que viví en mi vida, yo de verdad te amo, siempre viví huyendo de las personas que me querían por miedo a lastimarlos.

Cuando llegue aquí mi pensamiento era ese, pero cambio, tu  me hiciste cambiar, demostrándome que juntos podríamos afrontar todo lo malo que viniera.

Me fui enamorando de ti, y me di cuenta que ya no podría estar lejos de ti, sé que soy media cabezota, no debí irme aquella vez que peleamos, actué como una niña, pero te juro que yo te amo de verdad.

Un día me llamo al celular  Ángeles  diciéndome que tenía que contarme algo urgente de mi hermano. Me preocupe y fui a su encuentro. Pero grande fue mi sorpresa cuando ella comenzó a amenazarme que si no te dejaba cosas malas podrían suceder, yo me negué, yo podría arriesgar mi vida por  ti, una y mil veces de ser necesario, hasta que…me dijo que…-note que se me estaba formando un nudo en la garganta pero continué si estaría dispuesta a arriesgar la vida de mi hijo…-le dije mientras una lagrima corría por mi rostro-no sé cómo se entero pero sospechaba como yo que estaba…embarazada. Yo…no podía arriesgarlo, entiéndeme…no podía-dije mientras agachaba mi cabeza- Por eso el día que Sergio  me visito puse mi plan en marcha. Use el “Alucinorium”, un conjuro que sirve para hacer ver a la persona lo que se desea, cualquier cosa. Lo que viste que paso entre Sergio y yo jamás existió, fue todo un invento mío…necesitaba alguna excusa para alejarme de ti y que a su vez tú no me buscaras…

No sabes lo que fue dejarte de un día para el otro, pensaba en ti y en Santi, día y noche, sabiendo que tu , ya que seguramente me odiabas…

Hace unos días me entere que Ángeles  tuvo un accidente y lo aproveche para venir aquí y decirte la verdad.

-Luego de unos minutos silenciosos-

Bueno eso es todo lo que quería decirte, te voy a liberar del conjuro-dije y así lo hice, por unos segundo que parecían eternos, Leonardo  no se movió de su posición. Luego comenzó a hablar.

-Supongo que creías que con esa sarta de mentiras, te voy a perdonar y voy a dejar que vengas corriendo a mis brazos ¿verdad?-me dijo fríamente, no lo reconocía, el ya no era el Leonardo  que conocí, era otro.

-Debes creerme Leonardo  por favor-le suplique.

-por favor tu Valentina, si el acaso fuera al revés… ¿tú me creerías?

-Claro que lo haría-le dije con firmeza- como lo hice ese día que te encontré con Ángeles  en el sillón-dije sin pensar.

-Lo siento Valentina , pero yo ya no creo en nadie ni en nada, así que te voy a pedir que vuelvas por donde viniste y no regreses nunca-me dijo de lo más natural, yo por mi parte no pude contener mis lágrimas y salí así corriendo hacia la salida…de su vida. Ya no me importaba nada, lo había perdido todo.

Cuando llegue a Nueva York  estaba abatida,Sergio y Karen intentaban animarme pero era en vano, trabajaba, comía (cuando tenia ganas, que no eran la mayoría de las veces)y dormía, esa era mi rutina, nada cambiaba, ya no le encontraba sentido a la vida. Me deje consumir, estaba cada vez mas flaca e iba desapareciendo día a día, no sabía cuanto duraría así. De noche solo lloraba hasta que me quedaba dormida.

La única que pudo cambiarme fue Sharon , sus padres me la dejaban a cargo argumentando que tenían cosas que hacer. La primera vez que me quede con ella no estaba segura de poder cuidar de un bebe, pero ella con su carisma me sacaba sonrisas, que nunca pensé volver a hacer.

Así continuo mi calvario en vida, solo me alegraba cuando estaba con ella. Me hacía sentir que no todo estaba perdido, debía luchar y salir adelante por mí y solo por mí. Y ahora por ella, mi ahijada y mis sobrinos Ángel y Mauricio.

FIN DE FLASH BACK

-No sé que quieres que le diga me dejo en claro que no me cree nada.

-Y ¿qué vas a hacer ahora?

-Seguir con mi vida supongo. El abra forjado la suya-dije desanimada.

SANTI

Yo no sabía que es lo que había pasado en estos últimos 2 años. Un día Mama Vale  se fue de casa, Leonardo  estaba siempre enojado. Otro día se me ocurrió preguntarle a Leo por mamá Vale, el me miro enojado y me dijo que nunca más preguntara por ella, que me olvidara que alguna vez existió y que jamás vuelva a llamarla Mamá. Me asusto mucho, lloraba todas las noches llamándola bajito para que mi hermano no me escuchara. A pesar de los años yo seguía con la esperanza de que un día aparecería y regresaría con nosotros, pero eso nunca paso. Cuando no mudamos a Nueva York , yo le hablaba a la noche a la Diana pidiéndole que le dijera a Vale  que regresara, que la necesitaba, que  me portaría mejor, no la  haría enojar de nuevo con mis caprichos y que haría toda la tarea y que me bañaría mas de seguido sin chistar. Me quedaba suplicando eso todas las noches a } Diana, hasta que mis ojos se me cerraban y me quedaba dormido.

Una tarde revisando una revista musical vi a un tipo que me resulto familiar, era un cantante llamado Sergio Mendoza. Estaba dando entrevistas sobre sus nuevo disco llamado “Come BACK , iba mirando una de la tantas fotos que le habían tomado, hasta que una me llamo la atención, era una chica rubia con unas carpetas en sus manos, ella también me resultaba familiar. Su pelo se parecía al de ella, su forma de vestir…

Tome la revista encendí mi notebook, lo escanee, luego hice zoom en donde estaba ella y le di clic al botón… era ella no quedaba duda.

-Mamá! salieron de mi boca de forma involuntaria.

Tendría que buscarla, la encontraría y le pediría si podía vivir con ella, ya no me gustaba vivir con mi hermano, se había vuelto tan frió conmigo que ya no lo conocía.

Comencé a buscar fotos de los chiaro di luna el grupo donde tocaba Sergio Mendoza, y en la mayoría aparecía Valentina, incluso en una decía que era la asistente de ellos.

Así que decidí ir a la discográfica y preguntar por ella. Pero tenía un problema ¿cómo llegaría hasta allí? Busque los colectivos que llegaban hasta allí, y encontré para mi suerte que tendría que tomar dos colectivos. Tome monedas de mi cochinito, que tristemente tuve que partir, puse en mi mochila unas cuantas ropas y antes de retirarme le escribí una carta a Leonardo.

Salí, camine 3 cuadras y tome el primer colectivo, el chófer muy amablemente me aviso que donde tenía que bajar para tomar el siguiente colectivo, baje y camine 2 cuadras mas para tomar el colectivo que me dejaría a una cuadra de la discográfica. Luego baje y me dirigí hacia aquel edificio. Cuando llegue me sorprendí por lo grande que era. Llegue justo a tiempo ya que afuera comenzaba a llover, había estado nublado todo el día.

Me dirigí hasta una señorita donde en su mesa decía la palabra RECEPCIÓN, aunque no sabía que significaba eso intente llamar su atención parándome en puntas de pie.

-Señorita-la llame, ella miro al frente, luego a los lados, levanto los hombros y volvió su vista a la computadora-señorita-volví a insistir-aquí-dije agitando mis brazos.

-Oh disculpa pequeño no te vi, debes comer un poco mas de sopa para que crezcas y pueda verte-me dijo y yo fruncí las ceja no me gustaba que me digan enano, aunque no lo dijo de esa forma pero lo insinuó, decidí dejarla pasar solo por esta vez, tenía otra cosa más importante que hacer.

-Seria tan amable de decirme donde se encuentra ma…-me corregí -perdón, Valentina Togil  por favor-le dije mientras batía mis ojitos a modo de suplica

-Lo siento cariño pero no puedo decirte donde está la Señorita Togil -me dijo y yo me puse triste.

-¿Alguien busca a Valentina?-pregunto un chico acercándose a nosotros, era el tal Sergio

-Si señor Mendoza, este joven-indico la señorita.

-Oh, ¿y dime quien eres?-me dijo mientras se agachaba para quedar ami estatura.

-Soy Santiago Mendizabal

-Mendizabal! Eres el hermano de Leonardo-me dijo medio enojado.

-Si-le dije tímidamente.

-¿Y que tu hermano te envió aquí?-me pregunto serio yo negué.

-No, yo quería ver a Valentina-al parecer me creyó ya que su actitud cambio-

-De acuerdo. ¿Quieres que te lleve a su casa?

-Si-dije emocionado, por fin la volvería a ver.

-Bueno primero vamos a pasar por mi casa necesito un cambio de ropa y después vamos que te parece

-Bien-le dije con mi mejor sonrisa.

VALENTINA

Hace días que no me sentía bien, por tal motivo había decidido tomarme un pequeño descanso del trabajo. Yo era la asistente personal del grupo chiaro di luna , donde mi amigo Sergio tocaba.

Estaba tomando té, acostada en el living, viendo Crepúsculo, una de mis películas favoritas.

Cuando estaba en la parte más emocionante, mi teléfono sonó y maldije a quien quera que me interrumpiera mi descanso. Pero en fin, atendí, quizás era del trabajo, por una emergencia y me necesitaban.

-Hola-dije algo desanimada seguro me harían ir a revisar unos papeles o algo por el estilo.

Pero para mi gran sorpresa me contesto una persona que pensé que jamás me llamaría.

-Hola ¿Valentina? Soy Leonardo -me dijo y yo me quede como estatua, sentada y sin habla y con mí estomago revolucionado por escuchar su voz de nuevo.

LEONARDO

Regrese a casa muy cansado y húmedo. Afuera llovía a cantaros. Busque a Santi, quizás estaría haciendo la tarea en su cuarto, pero no su cuarto estaba vacío. Pregunte a Alejandra, la chica que cuidaba la casa y ella dijo que la ultima vez lo había visto en su cuarto. Regrese a este y note las revistas que estaban desparramadas por la mesa en todas ellas eran de chiaro di luna donde  Sergio, Tomas yYahir  presentaban su nuevo disco. Vi que la notebook estaba encendida, la abrí y note que había una foto en la pantalla con el zoom hacia un costado. Para mi sorpresa enfocaba a una persona…esa persona no era otra que Valentina .

En ese instante note el sobre que estaba junto a la notebook, lo abrí rápidamente al notar que iba dirigido a mí…

Leonardo:

Voy a buscar a Valentina  y decirle si puedo vivir con ella. La extraño mucho. Puedes venir a visitarnos cuando quieras…

Santiago

Arrugue el papel de bronca. Valentina  ya no podía sacarme dinero. Quizás al encontrarse con Santi  lo trataría mal, ya que su cariño fue seguramente parte del plan. Debería buscarla y traer a mi hermano de vuelta. Tome mi celular y llame a mi abogado. Le dije que necesitaba el teléfono de Valentina Togil urgentemente.

VALENTINA

-Hola, Valentina  soy Leonardo -dijo y yo me quede paralizada, espere que me soltase insultos o algo parecido, pero no-es…sobre Santi-me soltó

-¿Santi que le paso? ¿Le ocurrió algo malo?-dije temerosa.

-Bueno, la verdad…es que desapareció

-¿Qué?-dije y podía asegurar que lo grite.

-Sí, no lo encuentre en casa, me dejo una nota diciendo que iba a ir a visitarte, por eso quería saber si está ahí en tu casa. En ese momento sentí que la puerta de casa se abría. Vi a Sergio  pasar seguido de un niño de unos, 9  años, delgado cabello castaño… Santi!- grite y el corrió a mi encuentro.

-Te extrañe tanto Ma…Vale-corrigió

-Yo también cariño-dije mientras lágrimas corrían por mi mejilla, en ese momento me acorde de Leonardo-Esta aquí Santi  esta aquí!-le comunique.

-Voy para allá-me dijo serio.

-¿Tienes mi dirección?-le dije

-No-me respondió como si no me conociera.

-¿Tienes para anotar?-le pregunte él respondió afirmativamente y yo le di mi dirección.

-En unos minutos estoy ahí-me indico antes de colgar.

Yo dirigí mi mirada a Santi  mi pequeño niño.

-Santi, mira como has crecido-le dije mientras lo miraba de arriba abajo.

-Si ya soy grande-me dijo autoritario.

-Si eres todo un adulto.-En ese momento escuche un llanto, mire a Sergio  y este corrió a su auto, al parecer había traído a Sharon. Luego de unos minutos regreso con ella.

-Eres tonto, como se te ocurre dejar a la niña sola en el auto-le regañe.

-Yo no tengo la culpa que sea la nena de papa y no quiera despegarse de mi -dijo haciendo un puchero.

-¿Ella quien es Vale?-me pregunto apuntándola.

-Déjame presentártela-dije mientras la tomaba en brazos-ella es mi ahijada Sharon, Sharon el es mi hijo de corazón Santi-dije y Sharon  sonrió en respuesta.

-Un gusto dijo Santi dándole la mano-tenia a un pequeño caballero a mi lado pensé.

Unos minutos después alguien toco la puerta. La abrí aun con la niña en brazos.

-Hola -dije tímidamente mientras me apartaba para que pasara.

-Hola- me dijo bajito y miro a Santi  y corrió a abrazarlo-enano no tienes idea el susto que me diste le dijo y Santi lo abrazo y comenzó a llorar.

-Oye los hombres no deben llorar-le dijo Sergio  y yo lo golpee en la cabeza

-Si habla el que lloro cuando su hija dijo papa-me burle

-Ya me conoces- me dijo

Sonó su celular. Y yo lleve a Sharon  a cambiarse, ya que se había hecho de las suyas  y Santi  me siguió.

LEONARDO

-Hola amor, contesto Sergio -si ya voy aja, si, no hay problema-dijo antes de colgar.

¿Acaso engañaba a Valentina? Bueno en parte se lo merecía…

Valentina  volvió con la niña en brazos.

-Bombón tengo que irme Karen , necesita que compre algo para la cena, nos vemos- le dijo y le ¿beso la mejilla?, luego se despidió de nosotros.

-Dile adiós a la madrina-dijo a la niña y ella dijo-Ma! Como respuesta.

-Adiós, Princesa le dijo Valentina  a modo de despedida.

¿”Madrina?” yo ya no entendía nada, se habían separado y tenían la custodia compartida?

-¿Quieres cambiarte?-me dijo Valentina y yo me mire la ropa y comprobé que estaba mojado.

-Tengo ropa si quieres-yo asentí

Nos dirigimos a su cuarto y me entrego ropa de hombre. ¿De quien demonios era esto? Pensé y fruncí el seño. Ella lo noto y me dijo…

-Es de Sergio , espero no te moleste, esta era su casa, antes de que se casara y se mudara a una más grande, y como estaba desocupada me la dejo a mí. Y quedó algo de su ropa aquí.

-¿Y la niña?-le pregunte sin rodeos, no podía con la intriga.

-¿La niña? ¿Sharon ? ¿Vive con sus padres, o no te referías a eso?-me dijo

-¿Quien es la niña?-le dije mas específicamente.

-Es hija de Sergio  creo que ya te lo dije-suspiro y de Karen su esposa.

En ese momento caí en cuenta de todo…Valentina  desde un principio me dijo la verdad, me amaba y todo había sido una ilusión. Como la del deseo cumplido, ese que una vez me mostró y mi mente pervertida desdoblo para mi conveniencia.

Recordar eso hizo que mi amigo empezara a despertarse. Mentalicé a mi socio en ropa interior, y eso pareció funcionar porque todo y si hablo de mi libido se calmo. No necesitaba a  Ángeles para corroborar los hechos. Al fin después de años pude ver la verdad en esos ojos celestes. Como no me había dado cuenta antes. Tal vez porque la ira me segó. Ahora entendía el significado de esas palabras.

-¿Quieres café?-me ofreció Valentina  sacándome de mi ensoñación.

Yo asentí como un robot.

-Y tu Santi. ¿malteada?-le dijo mirándolo.

-Siii-grito y salto Santi.

Yo los seguí y no pude evitar mirar sus hermosas curvas y su voluminoso trasero. ¿Que se sentiría al tocarlos? Me preguntaba sacudí mi cabeza antes de que esos pensamientos acarrearan problemas, graves.

Me senté en la mesa de la cocina y la observé poner la cafetera.

-Listo en unos minutos estará-me dijo sin mirarme a los ojos. Cosa que era normal.

-¿Puedo ayudarte?-dijo Santi  colocándose a su lado

-Claro, hay leche en la heladera-le indico, luego la vi estirarse, eso hacía que su remera se levantara y dejara al descubierto su hermoso abdomen, se volteo hacia mi-Leonardo podrías…-me decía mientras señalaba un tazón rojo-alcanzármelo?-concluyo, yo como un autómata me levante y le alcancé aquel tazón, al estar cerca pude impregnarme del aroma de fresa que siempre tenía-gracias-me dijo mientras se sonrojaba levemente. En ese momento la cafetera anuncio que ya estaba listo el café.

Nos sirvió a ambos el café, mientras Santi disfrutaba de su malteada.

Mire el reloj

-Creo que es hora de irnos-dije y Santi corrió a los brazos de Valentina.

-No quiero irme… ¿puedo quedarme Vale?

-Santi  tenemos que irnos-dije con voz severa

-No quiero -dijo aferrándose mas a sus brazos.

Ella lo aparto lentamente.

-Santi , debes ir con tu hermano-le dije muy tierna

-No quiero -replico Santi

-Santi, cariño, debes ir…podrás venir a visitarme otro día…si tu hermano quiere claro

-Pero…-lo corte.

-Pero nada, ve a recoger tus cosas, no vamos-le dije y los ojos de Santi comenzaban a cristalizarse-puedes venir a visitarla cuando quieras-dije vencido.

-Siii-grito y salto-¿no me puedo quedar hoy?

-No, hoy no otro día

Valentina  intento levantarse pero la vi temblar y antes de que cayera me apresure a sostenerla envolviéndola en mis brazos. Ella se tenso de inmediato con mi contacto.

-¿Estás bien?-le dije realmente preocupado.

-Sí, solo me pare demasiado rápido-dijo pero yo noté que no dejaba de temblar y unas gotas de sudor asomaban su frente.

-¿Estás segura?- le pregunte de nuevo.

-Sí, no te preocupes- me dijo yo la solté y ella se volvió a marear-creo que no- rió levemente.

Yo lleve mi mano a su frente…estaba ardiendo.

-Tienes fiebre-exclamé

-Solo un poquito –dijo restando  importancia

-Solo un poco! , estas ardiendo en fiebre, cabeza de chorlito-Antes de que me dijera algo le dije que me indicara donde estaba su cuarto, me lo dijo y la acosté sobre la cama.

-¿Que tiene? me dijo Santi

-Tiene fiebre. Ven vamos a buscar una compresa- le dije

-Leonardo, no es necesario…Estoy bien-me dijo desde la cama.

-Si seguro y ni siquiera puedes mantenerte sola en pie. Te quedas aquí mientras vamos por algo para bajar esa fiebre. Y es una orden-dije cuando estaba a punto de objetar.

Deje Santi viendo la tele, aunque estaba preocupado poro Valentina, le dije que mejor sería dejarla descansar, refunfuñó un poco pero al final entendió. Mire a la heladera y vi una propaganda de una pizzería. Llame para que trajeran un par de ellas, para Santi  y para mí. A Valentina  le haría una sopa.

Me dirigí hacia su habitación y la vi dormida. Había olvidado lo hermosa que era cuando estaba dormida. Note que se había cambiado y se había puesto un piyama con unos enormes conejitos al frente. Eso era lo que la caracterizaba, los conejos. Puse el bol en el suelo, que contenía una compresa fría. Lo escurrí y se lo puse en la frente. Ella de inmediato al sentir lo frió de este abrió débilmente los ojos.

-Tranquila, está un poco fría-le dije y ella me dio una leve sonrisa-tienes un termómetro, necesito saber cuanto de fiebre tienes

-Baño-me dijo débilmente

Me levante y me dirigí al susodicho. Aunque no sabía donde estaba, por suerte la casa no era muy grande, por lo cual con algunos intentos encontré el dichoso baño.

Busque el termómetro en él y no lo encontraba. Me fije en todos los cajones que vi y nada.

-¿Que buscas?- me dijo Santi

-Un termómetro.

-¿Estará allí?-me dijo señalando un cajón con una enorme cruz roja, yo rodee los ojos, como no lo había visto, definitivamente tendría que visitar un oculista luego de esto. Lo abrí y allí estaba el bendito termómetro. Lo tome junto con unas pastillas que en el dorso decía paracetamol.

En ese instante sonó el timbre por lo que supuse que era el repartidor  de pizza.

-Toma-le dije a Santi entregándole dinero-pregunta quien es y si es el de las pizzas le entregas esto.

-OK-me respondió.

Encamine de nuevo al dormitorio de Valentina  y seguía aun dormida. Mire el termómetro y trague saliva. Por lo que sabía, el termómetro debía de colocarse en la axila…por lo que tendría que meter mano…ahí. Me acerque hasta llegar junto a ella, me arrodille y pensé. ¿ Que sería mejor?, levantar la piyama hasta divisar su axila y colocar  el termómetro revelando sus prominentes pechos al aire, ya que se notaba que no traía corpiño…otra vez trague saliva y sacudí mi cabeza, mala idea. Otra posibilidad sería desabrochar los  botones y tantear hasta colocar el susodicho en su correcto lugar.

Finalmente opte por la segunda opción. Le desabroche los 2 primeros botones, metí mi mano junto con el termómetro, rogando que no abriera los ojos y pensara lo peor, tantee su axila, le coloque el termómetro y saque mi mano rápidamente como un rayo. Me quede mirando mi mano, recordando la sensación que sentía al tocar su suave piel, ahora sudada, pero no me importaba, podía sentir más fuerte su aroma a fresas. Y esa sensación extraña que tenia al simple tacto, era como un cosquilleo, pero uno hermoso.

-Ya llegaron las pizzas-dijo Santi  asomando su cabeza por la puerta-¿que sucede?-me pregunto seguro por la manera en que me miraba la mano.

-Nada, ve a comer yo ya voy-le decía mientras me la quedaba viendo.

Santi  se encogió de hombros y salió del cuarto.

Le cambié la compresa. Otra vez me quede mirando su hermosa figura dormida.

Luego de 5 minutos tuve que retirar el termómetro, por lo que trague en seco de nuevo. Luego de unos minutos lo mire 38.9 casi 39. Le traje un vaso con agua, la ayude a sentarse y la tomo sin chistar. Es más me pareció escuchar “Gracias hermanito…”definitivamente estaba delirando si creía que yo era Javier , los dos éramos muy distintos a lo que físicamente se respecta.

Cuando fui a la cocina vi que Santi se había comido algunas pociones de pizza y estaba cabeceando en el sofá, le traje una manta y en segundos se quedo dormido.

Me dispuse a preparar sopa para Valentina . O al menos intentar hacerlo. Una vez Diana  me había enseñado como hacerlo, por si alguna vez ella no estaba. Cuando alguien caía enfermo ella siempre estaba ahí, era raro verla enfermarse salvo alguna que otra ocasión.

Entre con una bandeja en mano a donde estaba Valentina  y la desperté.

-Vale, despierta te traje un poco de sopa- le dije ella abría los ojos y los volvía a cerrar-vamos dormilona

-No quiero- me dijo levemente

-Tienes que comer un poco… ¿solo un poquito si?-le suplique

Ella se sentó con mi ayuda y le coloque la bandeja en su regazo.

-Abre la boca-le dije y ella frunció el seño. Dios como extrañaba esa expresión.

-No soy una niña para que me des de comer en la boca- dijo cruzándose de brazos.

-No, tienes razón…lo siento-dije colocando la cuchara en el plato para que se sirviera sola, pero cuando intento tomarla se le cayó el contenido por los chuchos de frió que tenia.

-Creo que si necesito tu ayuda-susurró bajando su cabeza y sonrojándose un poco, yo tome nuevamente la cuchara y la llene de sopa

-A ver di AAAAA! Le decía mientras le llevaba la cuchara hacia su boca. Ella se rió pero abrió su boca.

-Tampoco tienes que hacerme esos sonidos-dijo riéndose nuevamente

Así terminó su sopa, se acostó nuevamente y se durmió al instante. Le tome la temperatura y había bajado un poco, si la fiebre aumentaba llamaría a un médico.

Eran las 3 de la madrugada. Inspeccione a Santi  y este dormía plácidamente en el sofá. Ordene la cocina y me prepare café, hoy no dormiría.

Me dirigí luego hacia mi bella durmiente y no pude dejar de pensar en lo que hubiese sido nuestras vidas, si yo le hubiera creído aquella vez. Tal vez ya estaríamos casados y con una mini Vale  o un pequeño Leo  rondando en la hacienda, donde viviríamos felices. Felicidad, aquella palabra le parecía tan lejana hace apenas un día atrás. Hoy había decidido que haría lo que fuera para que Valentina  lo perdonara.

Me senté a su lado, luego de comprobar que la fiebre estaba cediendo. Solo tenía 37.7. Largue involuntariamente un gran suspiro. Le corrí un mechón de pelo que tenía en su rostro, lentamente para no despertarla. Ella sonrió levemente

Lo siento tanto Vale-le dije mientras le daba la espalda, sentía una opresión en el pecho, dolor por no creer en sus palabras, sentí un movimiento en la cama pero no me gire, no quería que viera las lágrimas que habían comenzado a surgir de mi ojos. Me volvía todo un sentimental cuando estaba con ella, si pudiera me pegaría una patada en el trasero yo solo, ya parecía mujer. Ojo no digo que mostrar sentimientos sea algo malo, pero yo debía ser fuerte, debía dar el ejemplo, soy el hombre de la casa después de todo. Si yo me derrumbaba todos lo harían.

-¿Leonardo?-me llamo con su melodiosa voz-¿qué sucede?

Yo no conteste, sabía que si hablaba mi voz saldría entrecortada por la emoción.

Me obligo a girarme y yo baje la mirada instintivamente, sentía que no podía mirarla a la ojos, sentía vergüenza por mí mismo.

-Ey! ¿ qué sucede?-volvió a repetir.

Yo la estreche entre mis brazos y llore como nunca lo hice, me tenía que desahogar, no había llorado más que esa vez en la ducha cuando todo paso, venia acumulando sentimientos desde esa vez. La única que podía verme llorar era ella.

Valentina  me correspondió el abrazo y trazaba círculos en mi espalda hasta que me calme.

-Ahora si ¿me dirás que ocurre?-me dijo mientras limpiaba los restos de agua salina de mis ojos

-Yo…lo siento tanto-ella quiso decir algo pero la calle con un dedo sobre sus labio-déjame hablar…siento…todo lo que te hice sufrir, perdón lo que nos hice sufrir, si te hubiese creído aquella vez, todo sería distinto ahora. No debí dudar de ti-le dije mientras acariciaba su mejilla.

-Tu…no tenias la culpa… además lo viste todo como si fuera tan real, si hubiese sido al revés yo no sé si actuaria así, quizás hubiese hacho lo mismo que tu.

-Pero aquella vez dijiste todo lo contrario-le dije asombrado.

-Era parte de mi plan debías de creer que diría cualquier cosa con tal de que me perdonaras. No te culpo Leonardo. Además… nunca te dije que podía hacer eso. No hacía muchos días que lo había descubierto…

-¿Me perdonaras algún día?-dije esperanzado.

-Hace rato que lo hice-me dijo mientras nos mirábamos a los ojos.

Fui acercándome a ella, sentí su respiración entrecortarse por mi acercamiento, luego se tenso, me acerque aún más y cuando estaba rosando sus labios ella se retiro.

-Entiendo…-dije sintiendo un gran dolor en el pecho me levante y me dirigí hacia la puerta-¿estas… con una persona, verdad?-le pregunte antes de salir, ella no me miraba y viendo que no me respondía, lo entendí todo, el lugar que había ocupado en su corazón estaba ocupado por otro hombre-entiendo-volví a repetir como un idiota – te dejare que descanses-le dije y salí de allí con el corazón hecho pedazos. Me quede afuera unos segundos tome varias veces grandes bocanadas de aire antes de irme a la cocina nuevamente. Me senté y me quede allí, viendo las horas correr. Contando las horas que me quedaban a su lado.

En cuanto se recuperase, regresaría a mi vida normal. Una en donde Valentina Togil  solo era parte del pasado. Pero no le negaría que viera a Santi. Contrataría a una persona que se encargara de llevarlo a su casa y traerlo de regreso a la mía.

A la mañana siguiente Valentina  se sentía mucho mejor, aunque estaba convaleciente todavía podía arreglárselas sola. Así que esa misma mañana nos despedimos de ella, prometiendo que volveríamos para visitarla, una gran mentira, yo no volvería, trataría de seguir con mi vida, cosa que me iba a ser difícil, de conseguir pero lo lograría.

VALENTINA

Como decirle, que no había otro hombre en mi vida, aunque no me faltaban pretendientes, y no estoy adulando, nadie se le comparaba. El era mi único y gran amor. Solo que en este tiempo me había prometido no tener ningún sentimiento de amor a otra persona y me refiero al amor que solo se puede tener en una pareja. Necesitaba tiempo, para asumir que mis planes que me había grabado en mi mente de no volver a enamorarme y formar una gran barrera para que ningún hombre la atravesara, debía ser derribada de un día para otro.

Quería explicarle esto a Leonardo , pero no encontraba la oportunidad. Es más sentía que estaba huyendo de mi. Cuando lo llamaba a la oficina su secretaria me decía que estaba en una reunión. Cuando Santi  me visitaba solo lo hacia él y su nuevo chófer, pero Leonardo  nunca aparecía.

Ya me estaba hartando esa actitud de niño caprichoso, le había dicho que tenía que hablar urgente con él y nada había resultado.

Me sentía furiosa, Dios, tenía algo que decirle  y el huía como conejo cuando esta por ser cazado. “Huir” me sonaba familiar, yo huía cuando sentía que no podía controlar mis poderes y por miedo a lastimar a mis seres queridos, me iba a cualquier pueblo para evitar lastimarlos.

Un día me canse, escucharía todo lo que tenía que decirle por las buenas o por las malas, así que me dirigí hacia su despacho. Me recibió su secretaria.

-Hola soy Valentina Togil  y deseo hablar con Leonardo Mendizabal , de inmediato…-le dije sin rodeos.

-Hola Señorita Togil , enseguida la anuncio-dijo mientras tomaba el teléfono.

-Señor Mendizabal, aquí está la Señorita Togil , dice que tiene que hablar con usted de inmediato, si, si claro, le comunico-dijo antes de colgar.

-El Señor Mendizabal  está en una importante reunión y no puede hablar con usted en este momento, dice que se comunicara con usted en cuanto pueda.

En cualquier momento estallaría ahí mismo. Hace 1 mes y medio que siempre estaba en alguna reunión importante. Note como el escritorio de la secretaria comenzaba a moverse misteriosamente, me estaba saliendo de control, este hombre me sacaría de quicio. Tome un respiro.

-Tendría la amabilidad de decirle al señor Mendizabal  que me reciba o lo haré volar hasta aquí.

La secretaria me miro extrañada pero obedeció. Leonardo  le dijo que podía pasar a su despacho al parecer mi amenaza surgió efecto.

A los minutos me encontraba ingresando al despacho de Leonardo , me sorprendí al verlo en traje, se veía tan lindo. Sacudí mi cabeza, se suponía que estaba enojada con él.

-Hola -le dije fríamente

-Hola -me dijo sin apartar la vista de una carpeta azul que tenía en la mano.

-Necesitaba hablar contigo, y viendo que siempre estabas en “reuniones”- dije haciendo comillas con mis manos en la palabra “reuniones”

-Lo siento, es que he estado ocupado- me dijo lo más natural.

-Ocupado -repetí con ironía. Vi la notebook que estaba a su lado la eleve con mis poderes no sin antes asegurarme de que la puerta estaba cerrada.

La eleve hasta mi ante la mirada de asombro de Leonardo  la tome en mis manos y la abrí. Comprobando mi teoría.

-Si ocupado, jugando al solitario- le dije mientras la giraba y le mostraba lo que en ella mostraba un jugo a medio terminar, lo vi ponerse incomodo-por favor Leonardo  tenemos que hablar y no sé porque me huyes.

-¿Lo aprendí de la mejor, no? Tú me dijiste que siempre huías…y bueno…decidí imitarte-me dijo y yo lo fulmine con la mirada.

-¿Pero porque huyes de mi?-le dije enojada.

-No sé, tal vez… no quiero verte a ti con quien quiera que estés saliendo juntos…ya suficiente  sufrimiento tengo con no poder estar a tu lado-dijo esto último en un susurro.

Yo bufe- de eso quería hablar tonto, no hay otro ni nunca lo ha habido…lo que necesito yo es tiempo-le dije mientras me sentaba en una silla frente a él.

-¿Tiempo? –repitió con una ceja levantada.

-Si para pensar, reflexionar, como quieras llamarlo…necesito pensar y asumir que tal vez pueda dejar que te instales en mi corazón, en el lugar de  donde alguna vez te saque . El mismo corazón que hace 2 años decidí cerrar para que ningún hombre pasara, así evitar dañarme y dañar a otros-cuando dije esto último su cara cambio a ¿enojo?.

-Otros…cuantos pretendientes hubo-me dijo ceñudo.

-No me alcanzaría la mano para contar…-dije burlándome, pero el frunció más el seño, Ups metí la pata, pensé-bueno tal vez exagero un poco, pero lo importante es… ¿me darás tiempo?

-Es la oportunidad perfecta para demostrarte que vale la pena arriesgarte por mí y demostrarte lo mucho que te amo-me dijo y yo desee ser un avestruz para meter la cabeza bajo la tierra. Si lo sé, era algo estúpido que me avergonzara…nosotros nos conocíamos hace bastante, pero por una extraña razón no podía evitarlo. Está bien lo confieso, soy bastante tímida en los asuntos personales. Aunque me había acostumbrado antes, este “distanciamiento” me hacía sentir como niña de 14 en su primer enamoramiento.

-Leo-suspire-

-Si si, entiendo sin presiones. Pero  dime una cosa…que somos ahora exactamente- demonios! Tenemos que ponerle nombre a esto, pensé.

-Podríamos intentar siendo… amigos de nuevo y ver luego que pasa-le dije el frunció en seño.

-¿Amigos con derecho a rose?-me dijo en tono seductor, en tanto yo me sonroje

-Le…-me corto

-Lo siento, lo hice apropósito me gusta verte sonrojar..-me dijo mientras se apoyaba en el escritorio con sus manos debajo de su rostro, mirándome…atravesándome con la mirada.

-Bueno es todo lo que tenía que decirte-dije desviando la mirada.

-Que te parece si cenamos esta noche-me propuso de repente.

-¿Una cita?-dije comprobando si no había escuchado mal.

-No, una piyamada   de amigos, con un pequeño intruso claro-dijo con una leve sonrisa, hay dios como extrañaba su sonrisa.

-Oye no le digas así a Santi-le dije fingiendo enojo.

-Yo no lo dije solo lo insinué, tu sacaste tus propias conclusiones-me dijo en tono burlón.

-Genial, nuestra primera pelea…felicidades

-Gracias…amiga-me dijo de manera sugerente.

-No me gusta que me digas así-le dije cruzándome de brazos, ya lo sé era la actitud de una niña caprichosa… Pero nunca escucharon el dicho: “¿Has lo que yo digo, pero no lo que yo hago?”

-Entonces ¿cómo te digo?-me dijo mientras se acercaba más a mí, agradecí que estuviera la mesa de por medio.

-No sé, Valentina.Vale…  como me llamabas antes.

-Eso quedo en el pasado…lo pasado pisado. Te propongo… que te parece empezar de nuevo desde cero. Conociéndonos de nuevo-me dijo y me dejo desconcertada.

-De acuerdo, el interrogatorio lo dejo para la noche. Nos vemos- dije y lo despedí con la mano, lo vi fruncir el seño ¿acaso pensaba que me despediría de otra manera?,

Salí de su trabajo para prepararme para esa noche, con una media sonrisa en mis labios…

Una hora después mientras me decidía que me pondría esta noche para mi “piyamada” mi celular sonó.

-Hola-respondí dubitativa.

-Hola, soy Leo-me respondí y mi corazón dio un respigo.

-¿Sucedió algo malo?-le dije empezándome a preocupar.

-Me preguntaba…si no se te olvido algo antes de salir de mi oficina-me dejo desconcertada, mientras me rascaba la cabeza, como si eso ayudara a recordar. Pensé… no llevaba nada en la mano, ni bolso ni nada por el estilo… ¿a qué se refería?…solo llevaba mi gran ira contenida ¬¬ y la expulsé toda.

-No tengo idea de me hablas.

-Cabeza de chorlito…-me dijo y yo fruncí el seño-como se supone que vas a venir a mi casa.

-Sabes que no me gusta que me llamen así –le grite-y voy en auto-dije más calmada.

-Primero déjame terminar…-yo bufe-segundo no me refiera a el medio de transporte, digo ¿sabes donde vivo?-yo no entendía, ¿era mi imaginación o se había vuelto tonto con el tiempo?, pensé.

-En Nueva  York , ah!-me burle.

-La dirección Valentina!-me dijo serio.

-AAAAA! Ups- dije, creo que la tonta era yo

-Estás tan distraída, antes no eras así, ¿una nueva faceta?

-Puede ser… ¿quién sabe?-tome un respiro-¿dónde vives?

-Anota –me ordeno-Calle Leste nº1325

-Listo lo tengo-dije mientras lo anotaba en un papel.

-Nos vemos cabeza de chorlito!-me dijo como despedida.

- oye!-le dije antes de que cortara. Debo confesar , extrañaba que me llamara así, aunque me molesta un poquito. ¿Quién me entiende? Creo que ni yo misma.

Me bañe, cambie y peine. Estaba vestida normal, mi ropa era común, nada llamativo y me refiero a lo sensual.

Levaba una remera blanca en V media suelta, con una hermosa rosa estampada en el frente, jean negro y sandalias blancas.

Cuando aparque mi auto vi que estaba la casa a oscuras… ¿qué demonios pasaba? .Toque timbre y este no sonó, ¿acaso no había luz? Toque la puerta y me recibió una cara iluminada por una linterna, propinándome un susto de muerte. Y acto seguido se escuchó un ruidoso grito producidos por garganta.

-Buuu…-dijo Leonardo  de forma fantasmal y yo le propine un golpe.

-Auch, eso dolió!-me dijo mientras se sobaba el brazo.

-Es tu culpa casi me matas-le dije elevando mi voz.

-Oye, yo no tengo la culpa de que se haya ido la luz-me dijo mientras me hacia un puchero, esa boquita me desarmaba, seguro que seguía suave igual que antes…VALENTINA ! Concéntrate!-me dijo mi voz interior.

-¿Que acaso no tienes dinero para pagar a la compañía de luz?-le dije burlándome.

-Muy graciosa, hubo un corte general…en unas horas o tal vez mañana lo arreglaran.

Entramos en su casa, era enorme por lo que podía apreciar con la poca luz que había. Fuimos hasta el living.

-Hola Vale -me saludo Santi sentado en el sillón.

-Hola Santi-le dije mientras lo abrazaba-¿qué estabas haciendo?

-Aquí esperando para comer pizza-me dijo medio serio.

-¿Que no vamos a comer comida?-le dije viendo a Leonardo .

-Eso es comida para tu información-me dijo mientras se reía.

-No! hablo de comida nutritiva, no pizza-le dije fulminándolo con la mirada- Santi  debe alimentarse bien.

-¿Y como se supone que voy a cocinar sin ver nada? podría cortarme.

-Tú no cocinas-dijo a Santi  mientras reía.

-Bocon!-le dijo mientras le hacía cosquillas.

-¿Qué comen generalmente?-les pregunte.

-Generalmente cocina Alejandra, pero hoy se tomo un descanso-me dijo Leonardo.

-¿Alejandra?- le dije mientras sentía hervir mi sangre, sin razón aparente, al menos eso creía.

-La chica que limpia la casa-me respondió Santi , pero mi cara no cambio, mientras Leonardo  tenía una leve sonrisa en sus labios, eso me molestaba más.

-¿Cuantos añ…- me corte, no iba a mostrarle que estaba celosa

-¿Qué cosa?-me pregunto Leonardo  mientras más sonreía.

-Nada, ¿tienes más velas?-le cambie de tema.

-Si tengo, pero ¿para que las quieres?

-Ah! Para iluminar, voy a cocinar yo.

LEONARDO

-Pero las pizzas están por llegar-le reproche a Valentina.

-Cancélalas o guárdalas para otro día. Hoy comeremos espagueti-me dijo mientras palmeaba sus manos de forma animada.

-De acuerdo-le dije no le podía negar nada.

5 minutos después estábamos en la cocina rodeados de velas. Ella estaba cortando las verduras cuando comenzó a llorar…

-Maldita cebolla! -la escuche decir.

-No me gusta verte llorar- susurre mientras estaba jugando a las cartas con Santi.

-Leo, estoy cortando cebollas es normal que llore-me dijo mientras me miro y le vi caer algunas lágrimas caer por sus mejillas. Realmente no me gustaba, mi corazón se oprimía, era tonto, pero solo quería que en ese hermoso rostro solo hubiera siempre una sonrisa.

-No probaste tomando agua, u oliendo perfume, contener la respiración?-le dije los métodos que había escuchado de Diana.

-¿Contener la respiración?-me pregunto curiosa.

-Sí, ya sabes esos métodos caseros para no llorar cuando cortas cebolla.

-Sí, intente de todo, pero nada me sirve.-me dijo mientras se encogía de hombros.

La observaba como cortaba con la poca iluminación que daban las velas.

-No te vayas a cortar-le advertí luego de unos minutos.

-No, soy una experta-me dijo de forma altanera.

-Sí, claro-le dije burlándome.

-Tu turno-me dijo Santi  quien estaba esperando que volviera a jugar.

Tire la carta y mientras Santi  repartía las cartas, me pare, le indique con la mirada a mi hermano que ya volvía. Me acerque por detrás a Valentina  y casi encima de sus hombros le susurre.

-¿Necesitas ayuda?-si lo sabía era malvado al aparecerme así de repente y por detrás.

Ella salto del susto

- ¿Quieres matarme?, ponte un cascabel en el cuello- me recrimino.

-¿Como un gato?- Le dije en doble sentido, ella se rió.

-Un cascabel, una campana o tose para avisarme-me dijo mientras se daba vuelta y continuaba con su labor. La sentí ponerse nerviosa, punto para mi .

-No has contestado mi pregunta-le susurre, ella se alejo un paso para quedar frente a mí.

-No, gracias puedo manejarme sola-me dijo mirándome a los ojos.

-¿Segura?

-Segura-me dijo seria.

Ella se volteo, me acerqué hasta susurrarle al oído…

-No te vayas a cortar, se que ocultas tus heridas cuando sucede algo.

La sentí estremecerse por el acercamiento, eso subió 6 puntos mi ego, sentirla así tan solo por mi aproximación.

-No-no te preocupes -dijo titubeando, y luego escuché un gemido de dolor salir de sus labios.

Ella se volteo me miro y vi los sus ojos llorosos y su boca temblaba como un niño que se cae. Estaba seguro que se había cortado. Tome sus manos entre las mías y las revise, hasta que lo encontré, tenía un pequeño corte en la yema de los dedos pero como era normal sangraba sin parar.

-Te lo dije-la rete.

-Yo no tengo la culpa-me dijo formando un puchero, mientras con su otra mano sacaba las lágrimas que habían escapado de sus ojos- para que te pones tan cerca… me-me desconcentras-me dijo medio enojada.

-¿Te desconcentro? -le dije seductoramente.

-Tórtolos la sangre cae al suelo- dijo  Santi y vi a Valentina  sonrojarse.

Agarre una servilleta y limpie la sangre que había caído al suelo. Luego tome su dedo y me lo lleve a la boca para desinfectarlo. Ella no decía nada, se había quedado como estatua. Luego se animo a hablar.

-¿Que-que haces?-dijo nerviosa.

-Desinfectando-dije aun con su dedo en mi boca.

-¿No oíste hablar del sida?-me soltó y yo abrí desmesuradamente mis ojos.

-Acaso tú…-no podía terminar la frase.

-No, pero deberías tener cuidado para la próxima…y…que ¿vas a dejar mi dedo ahí todo el día?-me dijo sonrojándose más.

Lo saque de mi boca y tome un poco de azúcar y lo coloque sobre este. De inmediato había dejado de sangrar.

-No sabía de este método casero…yo conozco otro.

-¿Cuál?-le dije realmente intrigado.

-Cuando te cortas debes…cuando alguien se corta debe…-decía y yo no entendía nada.

-¿Debe?-la anime a continuar.

-Poner un poco de…orina sobre la herida -dijo susurrando y desviando la mirada.

-Fresca -dije mientras me acomodaba mi pantalón, ella se sonrojo más, parecía un tomate, yo estalle en carcajadas. Luego ella me pego en el hombro.

-Me lo haces a propósito-me regaño.

-¿Te dije que me encanta verte sonrojar?, te ves más linda-le dije mientras acariciaba su mejilla.

La vi temblar levemente.

-Tengo que seguir cocinando- dijo y yo me negué.

-No, yo sigo cocinando, tu juega con Santi-le indique.

-Hasta que se acordaron de mí- dijo Santi los 2 volteamos y lo vimos apoyado en la mesa con una mano bajo su mentón signo de aburrimiento total.

-Pero si tú no sabes cocinar-me dijo mirándome.

-Yo corto lo que falta y tú sigues con el resto, ¿de acuerdo?

-De acuerdo-me dijo mientras asentía.

10 minutos estuve luchando con las benditas verduras. Sentí una respiración en mi oreja.

-¿Necesitas ayuda? -me susurro. Yo me tense sentir ese aroma a fresas cerca del mío, me volvía loco.

-No-no- dije tartamudeando- aléjate un poco me distraes…-le dije sin mirarla.

-¿Te distraigo?-me susurro apegándose más a mi-me encanta verte nervioso.

-Valentina, acuérdate de lo que me pediste-le advertí.

-Tienes razón, lo siento…. ¿ya terminaste de cortar todo?

-Si-le respondí como un robot.

-Entonces cambiemos de labor, ahora tú juega con Santi-me ordeno.

-De acuerdo.

Habíamos terminado de comer y apenas iban a ser las 9.30

-¿Bueno, ahora que hacemos?-pregunto Valentina.

-¿No se que proponen?-dijo  Santi.

-Esta obscuridad es perfecta para…-Santi  me miro y asintió.

-HISTORIAS DE TERROR!-dijimos a la vez, yo la vi temblar a ella no le gustaban esas historias, solo las románticas obvio como toda mujer.

-¿His-historias de-de terror?-tartamudeo.

-Sí, es perfecto-dijo Santi.

-No hagamos otra cosa, no se cualquier cosa menos eso-dijo nerviosa.

-¿Tienes miedo?-le dije inocentemente.

-Sabes perfectamente que no me gustan-me dijo con sus cejas fruncidas.

-A ver vamos a votación, que te parece-le dije, obviamente ganaríamos nosotros, era una pequeña broma. Al contrario de cualquier niño a mi hermano le fascinaba las historias de terror.

-Muy gracioso-me dijo mientas me pegaba en hombro, efectivamente éramos 2 contra 1.

Apagamos todas las velas, no queríamos causar un incendio, nos dirigimos al living con la iluminación de una sola vela, estábamos los tres agarrados de las manos, pero vi que Valentina  se me pegaba y miraba a los costados buscando vaya a saber que cosa.

Deje la vela en una mesita central  y nos sentamos alrededor de la mesa. Estábamos Santi,Valentina a su lado y yo a lo último.

-¿Quien comienza?-dije.

-Yo- dijo Santi saltando.

-Bueno-dije mientras asentía.

Santi  puso voz de misterio que se oía graciosa, pero a Valentina  no le causo la mas mínima gracia…

-Esta historia ocurrió en el siglo XV, en España. En una casa vivía una feliz familia. El padre, la madre y su único hijo, un niño de 14 años. Como los padres salían a trabajar de noche, dejaban al niño solo en la casa, al cuidado de su único amigo, un perro que habían adoptado cuando el niño era muy pequeño. Aquel perro era como su niñera, y el niño no tenía miedo si estaba con su mascota.

Una noche como tantas otras sus padres se despidieron de el dándole el beso de las buenas noches, antes de irse. Ese noche llovía a cantaros afuera -en ese momento un trueno resonó y Valentina  salto y se me aproximo a mi-como ahora-dijo Santi mientras reía- el niño no podía dormir, escucho un ruido proveniente de la planta de abajo…luego nada…comenzó a ponerse nervioso, pero se acostó. A los pocos minutos otro ruido se escucho, se sentó en la cama, y como siempre hacia puso su mano al lado de la cama y sintió como le lamian la mano. Era la forma de comunicarse con el animal, como diciéndole que no pasaba nada, que el estaba cuidándolo.

Volvió a acostarse y se quedo dormido. 3 horas más tarde escucho un nuevo ruido. Bajo de la cama buscando al perro, pero este ya no estaba. Bajo lentamente a la planta de abajo, hasta que siguió el sonido hasta el baño. Al entrar vio las palabras “NUNCA TE QUEDES SOLO EN UNA NOCHE TORMENTOSA” escritas con sangre, luego vio al perro lleno de sangre en la bañera. Corrió gritando a su cuarto.

Cuando los padres volvieron de trabajar llegaron donde estaba el niño y lo encontraron llorando mientras susurraba: “¿QUIÉN ME LAMIÓ , ¿QUIÉN ME LAMIÓ?,” repetía una y otra vez. Al niño tuvieron que mandarlo a un psiquiátrico. Donde seguía repitiendo estas palabras una y otra vez.

Es por eso que nunca debes quedarte solo los jueves de las primeras semanas del mes como fue esa noche, o algo malo ocurrirá…y adivinen que…hoy es jueves y es la primera semana del mes!-dijo Santi.

Valentina  trago saliva, estaba prácticamente sobre mí. Yo la miraba expectante. Pensé que en algún momento gritaría. Pero no sucedió… todavía.

-No-no-titubeó- da tanto miedo esa historia Santi-decía mientras reía nerviosa.

-Aaaaayyyy!-la escuche gritar antes de que me abrazara y enterrara su rostro en mi pecho, yo por mi parte la abrasé para calmarla.

-¿Que paso Valentina?-le pregunte y acto seguido, la escuche llorar.

-Al-go me-me lamió-dijo entrecortado por el llanto.

Entonces vi a lo que se refería.

-No es nada Valentina  mira-le alentaba para que mirara.

-No-me decía, tenía sus manos aferradas a mi camisa.

-Vamos mira, hazme caso-la intente persuadir nuevamente.

-No quiero-me decía pero al menos ya no lloraba, solo estaba asustada.

-No es nada, solo mira confía en mí- le dije y despacio saco su cabeza de allí, yo le seque las lágrimas.

-Mira-le indique con el dedo.

Vio que había una gata frente a ella, una negra.

-Hola, pequeña me asustaste-le dijo mientras se daba la vuelta, apoyaba la espalda en mi pecho y acariciaba al animal.

-Es nuestra nueva mascota-dijo Santi

-¿Como se llama?-pregunto Valentina.

-Aun no tiene nombre, la encontramos en la mañana apareció de repente aquí adentro, y no tiene placa de identificación, preguntamos pero dicen los vecinos que no la conocen-explico Santi.

-Tal vez vivía en la calle-acoto  Valentina- Si se va a quedar aquí debe tener un nombre.

-A mi no se me ocurre ninguno a medida-dijo Santi.

-Veamos…-la vi observarla más detenidamente-mira esta pequeña marca parece una media luna, ja! Se parece a la que tengo-sacudió su cabeza- ya tengo su nombre se va a llamar LUNA

-¿Luna? Me gusta-dijo  Santi.

¿qué decías de la marca que tiene la gata?… ¿acaso la viste en algún otro lugar?-le pregunte curioso.

-Si…no-se corrigió-…olvídalo.

Mi hermano y yo quisimos seguir con las historias pero Valentina  dijo que ya era tarde para Santi  y que había que ir a dormir.

Lo arropo y se despidió de él. La vi recoger sus cosas pero estaba pensativa. ¿A caso quería decirme algo?

-Leo -me llamo casi susurrando.

-¿Si? ¿Ocurre algo?-le pregunte intrigado.

-Yo…yo, ¿puedo quedarme a dormir?-me dijo con la cabeza baja.

-No me digas que te asusto  la historia de Santi

-No, no es eso…es solo que afuera llueve mucho. Y dicen que es preferible no salir cuando ay tormentas…ya sabes es peligroso-sabía que era mentira, seguro estaba asustada y no quería dormir sola. Mi cabeza macabra formo un plan rápidamente.

-No hay problema, además te dije que esto era una piyamada-le respondí rápido.

Nos dirigimos a mi cuarto y le preste una remera y un pantalón sports. Se fue al baño y se cambio, le quedaba enorme. No pude evitar reírme.

-No te rías, no tengo la culpa que seas tan grande-me dijo mientras me mostraba lo grande que le quedaba.

-Bueno hora de dormir- dije mientras me acostaba en una pequeño colchón inflable que había tendido mientras ella se estaba cambiando.

-Acaso…vas a dormir… ¿aquí?-me dijo y la note nerviosa.

-Es mi cuarto ¿no?

-Y yo ¿donde duermo?-me pregunto dudosa.

-Pues aquí en mi cama-le indique palmeando la cama.

-Buenas noches –me dijo cuando se acostó y se volteo para el lado contrario.

-Buenas noches-le dije y cerré mis ojos lentamente.

20 o 25 minutos después la escuche levantarse, al parecer fue a atender el llamado de la naturaleza. Cuando regreso lo hizo con cuidado, al pasar cerca mío tropezó cayéndose a mi lado.

Me hice el dormido y la agarre por la cintura.

-¿Leonardo? Estas dormido-yo me quede quieto-Esto no es gracioso suéltame-me dijo y yo seguía igual

VALENTINA

Sergio  tenía razón, yo era la única que podía tropezarse con mis propios pies. Cuando caí, pensé que lo despertaría, al parecer no.

Luego vi como me agarraba de la cintura.

-¿Leonardo? ¿Estás dormido?…Esto no es gracioso suéltame-le decía pero él no habría los ojos-no soy ningún oso de felpa para que me abrases así, quiero dormir-proteste.

-Yo duermo así, no sabías que abrazo peluches para dormir-me dijo sabía que era para molestarme.

-Te dije que no soy ningún muñeco-me volví a quejar.

-Si no te gusta, puedes dormir en mi cama, ya te lo dije-me contesto, yo me empezaba a enojar.

-Muy gracioso, y si no me sueltas como piezas que me voy a ir-luchaba con el pero al parecer no planeaba soltarme. Me rendí, lo único que podía hacer era acomodarme para dormir, además estaba cansada, aunque con su aproximación me hacia poner nerviosa.

-Veo que estas cómoda-me dijo ya que había puesto mi cabeza en su pecho. Yo le pellizqué el brazo.

-Auch!-se quejo pero no me soltó.

Lentamente sentía mis parpados pesados y no sé en que momento me quede dormida.

Escuche el cantar de las aves, lentamente abrí mis ojos, encontrándome con el respaldar de una cama… ¿donde dominios estaba? Sentí algo pesado alrededor de mi cintura. Mire la habitación y me acorde donde estaba… en la habitación de Leonardo. Luego sentí algo en mi espalda…algo…como decirlo… ¿duro? Si, y no creo que sea su celular. Me sonroje al pensar en que era. Intente levantar su brazo para zafarme, pero solo logre que me apretujara más y dijera algo sin sentido. Bufe, mire mi reloj y eran las 9 en punto. Como pude me gire, y volvió a balbucear algo que no entendí, pero seguía sin soltarme. ¿Acaso era cierto que dormía con peluches?

-Leo-lo llame suavemente- es hora de levantarse

-¿%$”·%&/(…rato-dijo

-¿Qué?-dije realmente confundida.

-En un rato.

-Ya son las 9

No me respondió.

-Leonardo, vamos déjame ir…sino te quedaras sin desayuno-le advertí.

Al instante me soltó pero no se levanto. Pero yo si lo hice, me enjuague la boca, me peine y me cambie por la ropa del día anterior.

Al llegar a la cocina vi que el desayuno estaba preparado y Santi  levantado desayunando.

Al aproximarme vi una muchacha ¿Quién era ella?

Cuando me aproxime la vi mejor. Era una chica joven de unos 22 o 24 años, delgada, de tés pálida, ojos verdes y cabello castaño, era hermosa debo admitirlo, usaba ropa informal que le quedaba bien en su aspecto.

-Buenos días -dije

-Buenos días -dijo Santi

-Buenos días-dijo aquella joven mirándome con una enorme sonrisa.

-Un gusto en conocerte, soy Alejandra Ortiz . Me dijo estrechándome la mano efusivamente, yo la correspondí.

-Igualmente soy Valentina a Togil.

-¿Quieres café?-me ofreció

-Sí, gracias-me senté al lado de Santi.

Mientras Alejandra  me servía café, vi entrar a Leonardo  con cara adormilada, el siempre se levantaba así hasta que tomaba su “dotación de café” como decía y luego se le iba. Al parecer eso no había cambiado.

-Buenos días-dijo

-Buenos días-respondimos los 3 al unísono.

Me sorprendió que ni bien Leonardo se sentó Alejandra  ya le estaba entregando una taza con café sin leche. Pero era obvio de seguro ya conocía sus gustos Alejandra  coloco algunas tortadas en la mesa, fueron rápidamente devorados por nosotros. Ella estaba haciendo más cuando Leonardo  se levanto con intenciones de tomar más de la tostadora, pero fueron frustradas por la mano de Alejandra  la cual había propinado una palmada sobre su mano a modo de advertencia.

-Todavía no están-dijo-sé un poco más paciente.

-Ale-dijo a modo de suplica

“Ale”, desde cuando llamas a una empleada “Ale”, me empecé a sentir molesta. Ese cariño me hacía sentir incomoda.

-Ale nada, espera un poco te dije-le advirtió.

Luego que desayunamos, me quería ir pero cada vez que  lo intentaba Leonardo y Santi insistían en que me quedara, se estaban aprovechando que no tenía que trabajar.

A Alejandra  la vi limpiar, mientras charlábamos, y Santi jugaba con la pelota en el patio.

-Y… ¿qué tal tu trabajo?-me pregunto Leonardo.

-Bien, es un poco agotador, ¿pero qué trabajo no lo es? … ¿Y el tuyo?-le pregunte intrigada.

-Bien, ahora soy Vicepresidente de la editorial Cristal -me comento y yo me asombre.

-Guau! ¿Enserio? Felicitaciones!-le dije sinceramente- Pero ¿qué paso con la hacienda?

-Estoy menos pendiente de ese asunto…ahora lo administra mi nuevo socio Alonso , pero debes en cuando tengo algún que otro asunto que atender-entonces comprendí que lo hizo para dejar todo atrás, y que ningún recuerdo lo atormentara.

-¿Y Ángeles ? -pregunte cambiando de tema- ¿Como sigue?

-Esta aun en coma, en un hospital en Monterrey , contrate a un personal para que la atendiera.

-¿Cuando creen que despertara?

-Aun no lo saben, dicen que el golpe que recibió en la cabeza fue fuerte y no saben con exactitud cuando despertara- Ángeles  había tenido un accidente automovilístico, al parecer los frenos fallaron y se había estrellado contra un árbol y sufrió como dijo Leonardo  un fuerte golpe en la cabeza.

-Pobre-dije sinceramente.

-¿No le guardas rencor?-me pregunto, yo suspire antes de responder.

-No… -dije decidida-creo que Dios ya la castigo por lo que hizo, yo no podría albergar rencor hacia ella.

-Eres una buena persona. Espero que algún día me perdones a mi-otra vez con lo mismo pensé.

-No empieces,-le advertí- ya te dije que te perdono, además ninguno de los 2 tuvo la culpa.

Nos perdimos en nuestras miradas hasta que el sonido de mi celular nos saco de aquel mundo. Me disculpe y atendí.

-Hola-dije.

-Hola Valentina, -era mi superior Santos -sé que es tu descanso pero necesito que vengas a ver unos papeles a la oficina.

-¿Tiene que ser ahora?-dije pregunte resignada aunque sabia la respuesta.

-Sí, tienen que estar para mañana primera hora…lamento siempre molestarte cuando descansas, pero realmente te necesito. Hagamos una cosa, ven y ve lo de los papeles y mañana tienes todo el día libre para ti. ¿Qué dices?

-Está bien -bufe-en seguida salgo para allá. En 15 minutos estoy ahí-le dije antes de cortar.

-Lo siento tengo que irme mi superior me necesita-le informe a Leonardo.

-¿Es urgente?-me pregunto como si no hubiera escuchado.

-Si-dije resignada.

Me despedí de todos, tome mis cosas y maneje a mi trabajo.

No volví a ver a Leonardo, el día que tuve descanso el tuvo que ir a trabajar y cuando él lo tenía yo no.

Estaba dirigiéndome a una fiesta para promocionar el grupo  chiaro di luna. Estaba usando un vestido escotado azul, que se cernía a mi cintura, bastante provocador, con un enorme escote al frente. Mi cabello estaba recogido por un pasador. Y llevaba unos pendientes medianos de plata, y zapatos con unos tacones de 5 cm. No quería tentar a mi suerte, con el poco equilibrio que tengo.

Por lo que escuche Leonardo  también vendría. Lo busque por todos lados pero no lo encontraba. Cuando de repente lo vi, el estaba hermoso con un traje azul marino, camisa blanca y corbata azul. Se me caía la baba, pero intente disimular. Lo vi acercarse a mí, cuando sentí que alguien me abrazaba.

Era Santi  quien se encontraba encantador con un traje igual al de su hermano. Evidentemente había heredado la hermosura de su hermano. Le sonreí y busque a Leonardo  con la mirada, aun mi sonrisa era expendida, hasta que lo vi del brazo de una mujer, se veía bastante refinada, tenía un vestido largo rojo, con escote no muy pronunciado, y zapatos también rojos  a juego con el vestido.

Se vía realmente hermosa, un momento esa persona era ¿Alejandra ? Los salude con una sonrisa fingida.

-Hola Valentina -me saludaron ambos.

-Hola-dije fría.

-Veo que vienes muy bien acompañado Leonardo -dijo Sergio quien se había aproximado hacia donde estábamos.

Nos sentamos todos juntos en una mesa especialmente reservada.

Vi a Leonardo  acercarle la silla como todo un caballero a Alejandra, sentía mi sangre hervir. En ese momento estaba con Sharon  en mis brazos quien ni bien me vio, me estiro las manitas para que la cargara y desde entonces estaba con ella.

Me levante al ver que el agua que tenia a mi lado comenzaba a remolinarse. Me estaba sacando de las casillas la actitud amorosa que se tenían el uno al otro. Pensé que Leonardo  quería provocarme, pero en ningún momento me miro con mirada seductora afirmándolo.

-¿A dónde vas? -me dijo Sergio.

-Voy a cambiarla-mentí.

- No te molestes, deja que lo hago yo -dijo Karen

-No es ninguna molestia, voy y ya vuelvo-le dije tomando el bolso con las cosas de Sharon.

Al llegar al baño coloque una manta sobre el cambia bebe que había allí. Como era de esperarse Sharon  no estaba sucia.

-Augh! Que fastidio! viste como estaban tan juntos-le hablaba a Sharon

Ella respondió con un Ga!

-Me pone a mil verlos así…tan acaramelados.

Sharon  hizo un puchero

-Bueno si ya sé que no hicieron nada malo, tal vez estoy un poquito celosa, pero no se lo digas a nadie. Creo que yo misma no estoy cumpliendo con el acuerdo que hice con Leonardo , eso de darnos un tiempo-bufe-

-¿Qué crees que debo hacer?- le pregunte, “genial” estaba hablando de cosas de adulto con una bebe de 2 años.

-Debes apresurarte antes de que te lo quiten- dijo Karen acercándose a donde estábamos.

-Mami-dijo alegre Sharon  y fue tomada en brazos por su madre.

-Me asustarte-le dije con una mano en mi corazón.

-¿Que vas a hacer?-me dijo ansiosa Karen.

-Yo…no se-le respondí sinceramente.

-¿Como que no sabes? Si te demoras mucho puede que te lo quiten, y después no digas que no te lo advertí-me dijo antes de recoger todo y retirarse.

¿Qué haría? Por una parte Karen  tenía razón, pero por el otro iba quedar como una niña caprichosa que no sabe lo que quiere.

Finalmente salí, aun sin saber que hacer.

Al llegar a la mesa note que ni Leonardo ni Alejandra  estaban en la mesa. Los busque con la mirada y los vi en la pista de baile. Mire a Karen y con la mirada me dijo Te lo dije.

¿En verdad ya lo había perdido?

Me senté y me quede mirando como conversaban en la mesa sin prestar real atención. A los 5 minutos volvieron Leonardo y Alejandra  a sentarse en la mesa. Ya que comenzaría a repartir la cena.

Por el rabillo del ojo vi que en varias oportunidades me dirigía la mirada, pero yo no podía mirarlo, tenía el presentimiento que lo había perdido. Y no lo soportaba. Quería irme de la fiesta corriendo, pero no iba aquedar mal con Sergio  así que decidí, ser masoquista y quedarme un rato más.

Cuando estaba en el mejor momento de la fiesta me disculpé para ir al baño, pero entre tanta gente que había me termine perdiendo, no había notado que una persona me estaba siguiendo. Abrí una puerta y vi que era una especie de estudio. Entre ya que necesitaba un lugar para pensar. Tal vez no estaría todo perdido. Me senté en el sillón a pensar…no se cuanto tiempo estuve ahí.

-Esas lágrimas no van bien con ese hermoso rostro-dijo una voz masculina, no había notado que estaba llorando y que tampoco alguien había entrado. Vi que era un hombre de buen porte, alto y de espalda ancha, rubio y de ojos celeste. El se acercó hasta mí y me ofreció un pañuelo. Yo lo acepté.

-Gracias -dije con la voz un poco rota.

-¿Mal de amores?-me pregunto, ¿era adivino?, pensé.

-Si-dije susurrando.

-¿Paso algo malo?-me pregunto, yo asentí, ¿por qué demonios hablaba con un desconocido? Tal vez necesitaba desahogarte . Sin muchos detalles como los nombres, le conté mi historia. El escuchó pacientemente.

-No tienes porque sufrir, si él no te ama, deberías buscar otro hombre que te corresponda-me dijo sorprendiéndome.

-Pero todavía no lo sé con exactitud-le dije manteniendo aunque sea una mínima esperanza.

-Pero ¿no me dijiste que trajo a esa chica a la fiesta? ¿Si te ama porque no se ofreció para venir contigo?

Me dejo en shock tal vez tenía razón, sin pensarlo me aferre a sus brazos y comencé al llorar nuevamente.

El me correspondió y cuando me calme me hablo…

-Yo no te haría sufrir así- me dijo, ¿acaso había escuchado bien?

-¿Qué?-dije y lo mire confundida, el me miró a los ojos intensamente. Se fue acercando lentamente, hasta que sentí su  aliento sobre mis labios. De inmediato sentí olor a whisky. Me aparte, pero él me susurro…

-Valentina , desde la primera vez que te vi quede prendado de ti… te observe por meses, pero no podía acercarme a ti. No juntaba valor para hablarte. Dio la casualidad que hoy nos encontramos aquí. Te repito que esto no fue planeado por mí. Pensaba acercarme a ti despacio…

Yo me tense, ¿era acaso un acosador?

-Pero hoy al verte tan hermosa no me resistí mas…no me resisto, te quiero para mí -me dijo y me abrazo. Yo forceje para que me soltara, podía utilizar mis poderes pero no quería lastimarlo. Era un pobre hombre enamorado, después de todo. Pero al instante sentí como un pinchazo en mi cuello, con toda la fuerza que tenía lo aparte.

Me pare, pero comencé a sentir mis piernas temblar, la habitación dio unas vueltas, así que decidí sentarme, eso mejoro un poco por lo menos ya no estaba mareada.

-¿Que me hiciste? le dije.

-Sabia que intentarías apartarme de mi, así que te inyecte un sedante, es liviano no te preocupes.

-¿Un sedante?-pregunte por si había escuchado mal.

-Soy médico-me confesó.

- ¿Acaso vas por ahí con sedantes en la mano?-le pregunte incrédula.

-No en la mano, pero si llevo mi maletín a todas partes-me respondió en tono frió.

-¿Por qué haces esto? -le dije mientras comenzaba a sentir que las fuerzas me abandonaban.

-Porque te amo Valentina Togil – me dijo mientras se sentaba a mi lado, yo me quise parar pero mis piernas ya no respondían.

-No… no me hagas esto-suplique

-Lo siento, pero no puedo resistirme- me dijo mientras me tomo de las mejillas y posaba sus labios en los míos. Yo intentaba forcejear pero era como si mis fuerzas se hubieran ido. Abandono mis labios y me tumbo en el sofá. Gritaba pero nadie aparecía. Intente usar mis poderes pero para mi desgracia tampoco funcionaba.

Me empezó a besar el lóbulo de mi oreja, lo mordía y jugaba con él. Yo no omitía ningún sonido, solo movía mis labios pero nada salía de ellos.

Luego fue dejando besos húmedos por mi cuello hasta que llego a mi escote. Me giro y me lo desabrochó, librándome de él. Dejando mis pechos al descubierto. Forcejeé con él y entonces se desato el nudo de la corbata y ato mis manos. Continuando así con su objetivo.

-Eres tan hermosa- dijo antes de llevarse a la boca uno de mis pezones, lo chupaba y lo movía con la lengua haciendo que mi cuerpo reaccionara, pero mi mente no, yo aun luchaba por zafarme.

Mientras se entretenía con uno, al otro pezón lo apretaba  fuertemente a mi parecer.

Comencé a llamar a Leonardo  con mi mente rogando que llegara, que notara mi ausencia.

Después abandono mi pecho y me beso nuevamente. Delineaba con su lengua mis labios, después tomo mi labio inferior lo chupo hasta dejarlo hinchado, me mordió y al hacer esto sin querer deje paso libre a su lengua para ingresara en mi. Jugaba con mi lengua y yo no lo seguía luchando cada vez con menos fuerza.

Levanto mi vestido y de un tirón rompió mis pantaletas  Lo sentí detenerse un momento.

Yo junte fuerzas y grite

-Auxilio!-pero se escuchaba la música de fondo, lo mas probable es que no me escucharan.

Ayúdame Leo, por favor! repetí había perdido la cuenta de cuantas veces lo llamaba mentalmente, rogando para que me salvara.

A lo lejos escuche mi nombre…me pareció que era Leonardo. Decidí rendirme y viajar a aquel lugar donde nadie me aria daño.

Era un lugar oscuro, no podía ver nada. Camine de un lado para otro sin ver absolutamente nada, así que decidí sentarme y quedarme así sin hacer nada

LEONARDO

Hace unos cuantos minutos que me sentía intranquilo, había traído a Alejandra a la fiesta, porque ella me había dicho que en esta fiesta asistiría el chico que le gustaba. Ni bien llegamos bailamos en la pista para visualizar aquel chico pero no tuvimos éxito.

Me removí en el asiento por milésima vez.

-¿Adonde fue Valentina?-pregunte  a Sergio.

-Al baño, pero eso fue hace rato-me confesó-me estoy comenzando a preocupar, con la suerte que tiene seguro se cayó en el inodoro-me dijo haciendo burla.

-Voy a buscarla- dijo Karen.

Luego de unos minutos regreso Karen.

-Algo anda mal, no esta en el baño-dijo y yo me puse más nervioso.

Sergio  había salido junto a Karen  pero dijo que iba a ver si ella no se había ido. regresaron casi de inmediato…

-Su coche esta aquí-dijo Sergio -tiene que estar por algún lado…

Intente llamarla pero no contestaba

Leo, por favor ayúdame! Escuche, mire a todos lado a ver si ella estaba allí, pero nada, Leo!, volví a escuchar. Sin decir más la comencé a buscar por todas partes abriendo puerta por puerta. Hasta que me detuve en una que tenia luz, y se escuchaban ruidos salir de ella. La abrí y me lleve una gran sorpresa.

Estaba Valentina  con su pecho al descubierto, con lágrimas en los ojos, atadas de manos, mientras un tipo se desabrochaba el pantalón. Sin dudarlo me le tire sobre el tipo y comencé a pegarle, hasta que quedo inconsciente.

Cuando mire a Valentina  la vi con la mirada perdida, sus ojos estaban rosados, y estaba pálida. Intente tocarla pero se sobresalto, y se movía forcejeando sin fuerzas. Me quite mi saco y la cubrí con él, le desate las manos, ella aun continuaba forcejeando débilmente.

-Suéltame por favor –susurraba apenas-no, no-repetía una y otra vez.

-Tranquila, ya paso, soy yo Leonardo,Leo-le dije para calmarla pero no funcionaba.

Tome mi celular y llame a la policía. En menos de 15 minutos, estaban 2 policías en el lugar. También había entrado Sergio, tal vez queriendo averiguar que sucedía. Al enterarse este le propino un golpe en las costillas al desgraciado inconsciente. No deje que entrara nadie más. Los policías se llevaron al mal nacido a la procuraduria  donde enfrentaría los cargos de intento de violación. Un medico llego he intento revisarla, pero ella no se calmaba. Le inyectaron un calmante a la fuerza y se quedo dormida en cuestión de segundos.

Todos salimos de la habitación. Vi entrar a 2 forenses con cámaras. Sabía que en esos casos debían de tomar las mayores pruebas posibles contra la escoria de hombre. También se llevaron para analizar la jeringa que estaba en el suelo.

Cuando todo termino, me dijeron que podía llevármela a casa. Le pedí a Sergio que se encargara de Santi. Llame Alejandra  y le dije si podía ayudarme a cuidar a Valentina , ella de inmediato aceptó.

Yo iba manejando mientras Valentina  estaba inconsciente en la parte de atrás con la cabeza apoyada en el regazo de Ale.

Cuando llegamos a casa. La tome en brazos, era tan liviana como recordaba. Nos dirigimos a mi cuarto. Alejandra  apareció con ropa para cambiarla. Me salí del cuarto para dejarla hacerlo, no sin antes tomar ropa para cambiarme. Y así lo hice. Estaba en la cocina sentado en una silla con las manos entre mis cabellos, cuando Alejandra apareció.

-Ya la cambie, ahora va a estar más cómoda-me indico.

-Gracias- le dije.

-Leonardo…acaso ese tipo llego a…-la corte.

-No, por suerte llegue a tiempo. Ve a dormir-le dije ya que era muy tarde.

-Cualquier cosa me avisas-me dijo antes de retirarse a dormir.

-Claro-le respondí de inmediato.

Lentamente me dirigí al cuarto, la vi demacrada, en su rostro ya no destellaba felicidad como lo hacía siempre. Le acaricie la mejilla antes de retirarme dormiría en el cuarto de Santi. No quería que se sobresaltara si me encontraba dormido ahí.

El amanecer llego, me levante, y me dirigí al cuarto, ella seguía durmiendo, era mejor así. Desayune lo que Alejandra  me preparo y luego me dispuse a llevarle el desayuno a Valentina . Cuando abrí la puerta vi que estaba despierta, mirando por la ventana. Deje la bandeja en la mesa y me senté junto a ella, pero no se inmuto.

-Valentina -la llame pero no volteo.

La toque pero nada pasó, por lo menos no me apartaba.

-Vale-la llame cariñosamente sin resultado, la tome por la barbilla y la obligue a mirarme.

Tenía su rostro pálido, tenia ojeras debajo de sus ojos, y su boca estaba seca. Note varios chupones que en el cuello, y moretones alrededor de las muñecas. Maldije internamente y desee haber matado al tipo que los causo.

Vi que su mirada estaba perdida.

-¿Estás bien?-le pregunte preocupado.

Ella me miraba pero no respondía.

-Demonios Valentina  respóndeme-dije elevando el tono de mi voz, sabía que no era lo mejor pero su silencio me desesperaba.

Y nada…

Me empecé a preocupar, era como si no estuviera allí, como si Valentina se hubiera ido y hubiera dejado solo su cuerpo. Parecía que ya no tenía alma.

Llame a un médico la examino y me explico que debíamos de ver a un psicólogo, que era mejor para estos casos. De inmediato llame a uno y en menos de 5 minutos tenía uno junto a ella hablándole. Por primera vez agradecí tener tanto dinero.

Luego de terminado el examen, el psicólogo me explico que debido al trauma algunos pacientes se aíslan del mundo. Algunas personas nacían con eso, otras debido a situaciones traumatices como la de Valentina , decidían irse y viajar a su propio mundo. Los tratamientos eran a largo plazo, ya que teníamos que tratar de traerla de nuevo a la realidad.

Desde ese entonces paso una semana en la cual, mi adorada princesa parecía un cuerpo vació  siempre le hablaba para que vuelva pero parecía que no me escuchaba.

En la mañana había ido a una joyería y había comprado un anillo, estaba decidido a dárselo, aunque tal vez ella no dijera nada como siempre. La había dejado a cuidado de Alejandra . Por lo menos tenía una vida medianamente normal, ya que por lo menos comía.

Cuando volví a casa, me quede a solas con Valentina, ya que Santi había ido a visitar a Sergio, tal vez parecía un tonto pero le gustaban los niños, al menos así evitaba que mi hermano la viera de ese modo tan ausente.

Y Alejandra  se había ido ya que hoy era su día de descanso y no se lo iba a quitar por completo.

Entre en la cocina y no estaba, la encontré en mi habitación, donde dormía y algunas veces dormía con ella, no parecía molestarle.

Vi que tenía un retrato donde estábamos Santi, ella  y yo abrazados. La rosaba con sus dedos el vidrio del retrato, como adorándolo.

-Hola-dije suavemente. Ella no me contesto solo me miro y volvió su vista al retrato. En el estábamos en un parque.

-Ese fue un día en que coincidimos en el día de descanso de ambos y fuimos al parque-Ella sonrió ¿Acaso me escuchaba?

-¿Te acuerdas de ese día? Nos ensuciamos toda la ropa porque Santi  quería jugar al fútbol-le dije mientras me acercaba a su lado.

-Extraño mucho esos días-le dije mientras se formaba un nudo en mi garganta-te extraño a ti-le dije mientras baje la mirada. Sentí que me miraba.

Tome la cajita con el anillo y lo coloque en una cadenita, se la coloque en el cuello, ella quedo admirándola y volvió a sonreír. Sin pensarlo la abrace, lágrimas comenzaban a asomarse por mis ojos.

-Te extraño Vale , no sé que hacer si no estás aquí a mi lado, te amo…no quiero que te sientas sola, yo voy a estar para ti  siempre. Llévame donde estas-le dije apretándola más a mí, sentí como de a poco también me abrazaba. No sé cuanto tiempo estuvimos así, silencio abrazados.

Cerré los ojos y me deje llevar.

VALENTINA

Estaba en mi mundo, aquí nadie me lastimaba, no escuchaba nada. Era muy pacifico la vida de aquí, si se podía decir así. No sé cuanto tiempo había pasado desde que había llegado, pero al menos no sentía tristeza, soledad, no se sentía nada en realidad. Solo era reinado por la paz, absoluta paz.

Escuche una conversación, al principio se escuchaba lejano… luego puede percibirla mejor…era Leo, le hablaba a alguien, ya que no podía hacer otra cosa escuche la conversación.

-Te extraño Vale , -efectivamente ¿estaba hablando conmigo? ¿Cómo?-no sé que hacer si no estás aquí a mi lado, te amo…-dijo y yo no pude evitar que una sonrisa se formara en mis labios-no quiero que te sientas sola, yo voy a estar para ti  siempre. Llévame donde estas-dijo en ese momento sentí mojado mi hombro, cuando pestañee estaba ¿en… la habitación de Leonardo? Estaba confundida. Lo estaba abrazando mientras lloraba, no pude evitarlo y comencé a llorar también.

-Vuelve por favor-suplico con la voz entrecortada, yo quise hablar pero tenía la boca seca.

-Te amo-dijo

-Yo también te amo-dije débilmente.

Se aparto de mí y me miro sorprendido…

-¿Vale?- me miro entre sorprendido y feliz.

-Si-le respondí aun con una leve molestia en la garganta.

-Volviste!-me dijo antes de suavemente posar sus labios en los míos.

Lentamente nos perdimos el uno en el otro. Disfruto su hermoso sabor en los míos, nuestros cuerpos parecía hecho el uno para el otro. No separamos por falta de aire y con nuestras respiraciones agitadas.

-Te extrañe mucho-me volvió a repetir-donde estabas?

-No lo sé, todo estaba oscuro, y no escuchaba nada, hasta hace unos momentos-me sincere.

-¿Me escuchaste?- Me pregunto, yo asentí. Se sentó a mi lado y yo lo abrace por la cintura y apoye mi cabeza en su pecho. De repente sentí algo en mi cuello, lo tome y vi que era una cadenita con un anillo.

-¿Qué es esto?- pregunte dudosa.

-Ah sí, casi se me olvida- me dijo antes pararse, la desabrocho de mi cuello, tomo el anillo y luego se arrodillo ante mí, yo presentía lo que iba a pasar y miles de sensaciones recorrían mi estomago- se que te dije que te esperaría, que avanzaríamos de apoco, pero no puedo… Valentina Togil …¿me harías el honor de ser mi esposa?-me dijo y yo seguía con mi estomago revolucionado.

-Siii-dije al instante.

El tomo el anillo y lo coloco en el dedo anular de mi mano izquierda.

Me pare y lo bese en respuesta, nuestras lenguas iban en compás  nuestros cuerpos comenzaban a acalorarse. Lentamente me tumbo en la cama quedando sobre mí. Yo rodee su cuello con mis brazos. Abandono mis labios hinchados, para besar mi cuello, era una sensación placentera, siguió su camino hasta que llego a mi lóbulo y le beso, enviando pequeñas descargas eléctricas por mi cuerpo mientras sus manos exploraban mi cuerpo. Yo enterré mis manos en su espalda frotándola. Me quito la remera que tenia lentamente hasta dejarme solo en sostén  Yo no me quede atrás y le fui desabrochando los botones de su camisa. Me sorprendí que no tuviera dificultades con los botones, ya que siempre fui un poco torpe. Poso sus manos por detrás de mi espalda, me arquee para que terminara el trabajo más fácil. Luego vi volar mi sostén  y luego lo siguió su camisa.

Volvió a besar mi cuello e iba trazando un camino imaginario de besos húmedos hasta que sentí su aliento cerca de mi pecho.

En un segundo se encontraba con uno de mis pezones en su boca y el otro lo atendía con sus manos. Comencé a gemir, cuando comenzó a succionarlos. Era una sensación exquisita que me hacia volar. Luego cambio de pezón he izo lo mismo con el otro alternando los labores. Yo comencé a clavar mis  uñas en su espalda sin poder evitarlo, lo escuché gruñir entre mis pechos. Sentí mi estomago agolparse con algo duro, sin pensar me comencé a frotar con él. Produciendo mas gemidos de parte mía y de Leonardo . Me quito mis zapatillas y el pantalón sport, y finalmente me saco lentamente mis pantaletas , note que ya estaba muy húmeda. Comenzó a estimularme frotando sus dedos por mis pliegues, luego introdujo un dedo en mi interior, lo sacaba y lo volvía a meter. Gemí más. Mientras con su otra mano frotaba en círculo mi clítoris. Me estaba llevando al éxtasis total, yo solo decía una y otra vez su nombre. Introdujo otro dedo en mi interior metiendo y sacándolo  de mí, yo agarre el respaldar de la cama y lo aferre fuertemente. Adiciono un tercer dedo en mí y sentía que en cualquier momento estallaría y así fue, tuve mi primer orgasmo de la noche gritando su nombre.

Me desplome en la cama sin fuerzas, sentí como bajaba su cabeza hasta colocarla entre mis piernas y comenzó a beber mis jugos, sentí mis mejillas teñirse de color carmín, pero de inmediato sentí una hermosa sensación, tomo mi clítoris en su boca y comenzó a darle el mismo tratamiento que a mis pezones succionando  y lamiendo  con su lengua luego lo mordió levemente y sentí que en cualquier momento estallaría de nuevo. Como pude me senté y lo atraje hacia mí me beso y sentí mi sabor en sus labio, debo decir que sabia exquisita. Baje mis manos hasta sus pantalones y lo ayude a liberarse, luego lo acompañaron su bóxer quedando totalmente desnudo ante mí. Me ruboricé un poco y el sonrió.

Quise vengarme así que lo obligue a tumbarse en la cama. Media dudosa tome su pene en mis manos y comencé a subirlo y bajarlo, el no protesto, comenzó a disfrutarlo, lo vi aferrarse a las sabanas y cerrar los ojos entregándose al placer total. Lo lubrique con el líquido pre seminal. Ya estaba bastante duro, no lo recordaba tan grande, la última vez que lo vi.

Vi como Leonardo  se arqueaba, entonces me lo lleve a la boca, lo succione y entonces  comenzó a decir mi nombre me sentí alagada de provocarlo. Luego lo saque de mi boca y lo delinee con mi lengua hasta llegar a su parte más sensible. Lo escuche gruñir. Me detuvo con sus brazos. ¿Acaso estaba haciendo algo mal?

De inmediato se levanto y me tumbo en la cama y me beso nuevamente. Me separo mis piernas y me rosaba con su prominente erección.

-Por favor-rogué me estaba torturando demasiado.

Lentamente se introdujo en mí haciendo que una sensación placentera saliera de mi vientre. Me envestía lento al principio pero luego iba aumentando el ritmo. En la habitación solo se escuchaba nuestros gemidos y el rechinar de la cama. Levanto mi pierna hasta su hombro aumentando la sensación.

-Estas tan estrecha como la última vez- dijo con voz entrecortada.

Las envestidas aumentaban y estaba llegando al cielo mismo. Grite su nombre y me desplome, con un par de estocadas mas sentí tensarse al instante grito mi nombre antes de sentir como me llenaba por completo, luego callo rendido en mi pecho con su respiración irregular igual que la mía.

Nos acomodamos y me acosté sobre su pecho desnudo y el nos cubrió con la sabana.

-Te amo- dije

-Te amo- me respondió antes de darme un tierno beso en mis labios.

Comencé a sentirme cansada y los dos nos entregamos a los brazos de Morfeo.

VALENTINA

Abrí mis ojos lentamente y mi Dios personal durmiendo. Tenía su brazo aferrado a mi cintura. Me gire un poco para mirar la hora. 8:30 am decía el reloj de la pared. Tome su brazo y lentamente lo hice a un lado. Me levante, me vestí, y me fui del cuarto, no sin antes tomar ropa para bañarme, hacía calor así que con el “ejercicio” del día anterior estaba bastante sudorosa. Lo bese en la comisura de los labios y el sonrió aun dormido, lo que hizo que me contagiara una sonrisa.

Me dirigí al baño y entre directamente en la ducha. Me bañe en un santiamén y salí aun con el pelo húmedo. Comencé a hacer el desayuno, dado que aun era temprano para que Alejandra  comenzara a hacerlo.

Sintonicé la radio, y comencé a bailar al ritmo de la música. Generalmente yo no usaba mis poderes para cocinar pero hoy estaba extremadamente feliz. Con la levitación daba vueltas las tostadas, mientras que con mis manos servía café. Comencé a depositar las tostadas en un plato, cuando sentí que mi espalda se pegaba con algo y de inmediato era rodeada por unos fuertes brazos, mientras sentía besos en mi cuello.

-Leo-dije sorprendida -me asustaste.

-Lo sé, lo siento-dijo sin apartar sus labios de mi cuello, sentí que me estaba literalmente “chupando mi cuello” y debo admitir que me encantaba tenerlo así de cerca.

-Me puedes soltar un poquito-pedí casi susurrando  ya que me producía corrientes eléctricas en el estomago sus besos.

-No, quiero-dijo aun sin despegar su objetivo.

-Leo, vamos…quiero desayunar…TENGO HAMBRE-me queje

-No, quiero-repitió-yo ya desayune y tu sabes bien  que…-me dijo seductoramente.

Mi estomago hizo acto de presencia y el rió a carcajadas.

-No te rías- dije fingiendo enojo- te lo dije…tengo hambre.

Me giro y me beso suavemente los labios, luego tomo las 2 tazas de café y las coloco sobre la mesa, yo hice lo propio con las tostadas y luego con la manteca y la mermelada.

Comimos cómodamente  Cuando terminamos, escuchamos la puerta principal abrirse.

-Buenos días-dijeron  Santi y Sergio, acompañados por Alejandra.

-Buenos días dijo Leonardo.

Yo estaba tan feliz de volver a verles, que me había quedado en shock.

Vi a Santi  girarse y me dio un tierno beso en la mejilla.

-Hola Vale -me dijo

-Hola-le respondí al instante, luego se me quedo viendo.

-¿Vale?-me pregunto

-Si- le respondí y me abrazo con todas sus fuerzas

- volviste!-me dijo y yo lo abrase correspondiendo.

-Si volví, y no me voy a volver a ir

Luego me pare y  vi a Sergio estático en el mismo lugar.

-Hola-le dije agitando mis manos frente a su frente. De inmediato sentí como era levantada del suelo y me abrazaban con más fuerza de la normal unos fuertes brazos.

-Bombón, donde diablos te habías metido

-No sabría donde exactamente…-era verdad, no tenía ni la más remota idea, comencé a sentir las tostadas subir por mi garganta-Sergio  sé que me quieres, pero el desayuno se me está a punto de salir-le advertí.

-Ups, lo siento, es la emoción, no controlo mis fuerzas. Bienvenida al planeta tierra-se burlo yo lo golpee con mi puño en su brazo.

-Auch-se quejo.

Luego voltee mi rostro y vi a una muy emocionada Alejandra, que luego de unos minutos me abrazo amorosamente.

-Valentina , todos te extrañábamos, que bueno que volviste-me dijo y vi la sinceridad de sus palabras.

-Gracias, y lamento haberlos preocupado.

Los días siguientes fueron los más gratos, le habíamos contado Leonardo  y yo sobre nuestro compromiso y “Ale “, como quería que la llamaran se dedico a enseñarme cosas para la boda, como decoración, las tarjetas para los invitados, los lugares donde podría realizarse…en fin parecía más entusiasta ella que yo con todo este asunto. Ojo no digo que a mí no me importara…solo que yo no quería una gran boda, yo deseaba una sencilla rodeada de la gente querida. Y por suerte Leo estuvo de acuerdo.

-2 meses después…-

Hoy nos encontrábamos en el parque disfrutando de un día de picnic. Ya que yo no tenía trabajo… y digo literal, porque al acercase fechas importantes para el grupo, y como yo seguía vaya a saber en que mundo, contrataron a otra asistente para hacer mi trabajo, así que estaba en busca de nuevo trabajo, pero decidí no tomármelo tan a pecho. En realidad yo no necesitaba ningún trabajo solo lo hacía para matar el tiempo.

Estaba con Sharon  en mis brazos, haciéndola girar mientras que ella soltaba unas hermosas carcajadas, cuando me sentí extraña, deje de girar y me quede quieta, Sergio  quien me vio poner cara seria se me acerco y me pregunto si estaba bien.

-Sí, solo me maree un poco-quise dar un paso pero sentí que todo a mi alrededor dio un leve giro.

-¿Segura que estas bien bombón?-me pregunto.

-Sí, si… solo me maree ya te dije-pero sin dudarlo le entregue a la niña en brazos-agárrala, creo que no debí dar tantas vueltas-dije pero al querer dar otro paso mi mundo volvió a girar y luego se puso todo negro.

Intente concentrarme en lo que veía, pero todo era borroso…cuando se aclaro vi a una chica que conocía muy bien, tendida en una cama…

-Valentina-me dijo la chica cuando abrió los ojos-ayúdame…

..

Lentamente abrí los ojos y estaba en los brazos de Leonardo…

-Tranquila-me dijo cuando intente levantarme-quédate un poco sentada me dijo y note que todos me rodeaban respetando espacio, supongo que para que pudiera respirar mejor.

-¿Que…paso?-pregunta tonta la mía era obvio la respuesta.

-Te desmayaste

-Ah, es que me maree, nada de que preocuparse-dije para calmarlo.

Habían pasado algunos días desde que había tenido esa ilusión, o lo que fuera que sea, creo que todo empezó porque me estuve preguntando que ocurriría si yo usba mis poderes para despertarla, yo se que ella nos había producido mucho dolor pero a ningún ser humano le negaría la posibilidad de curar. Yo creo que eso produjo todo aquello, le hable de esto a Leo y el se negó rotundamente, me pregunto si podían haber revotes, es decir, que yo resultara herida y le dije que no sabía, no era una simple herida lo que tenia Ángeles , tendría que conectarme con su cuerpo y despertarla, en una manera sencilla de decir. Esto provocó una pelea entre los dos. Salió enojado del cuarto azotando la puerta. El no me entendía, ¿y si Ángeles  me estaba pidiendo ayuda?… yo era su salvación.

Hoy había decidido hablar con el nuevamente para convencerlo de dejar hacerlo. No es que necesitara su permiso. También podría tomar la ruta fácil viajar hasta Monterrey  y hacerlo, pero no quería empeorar las cosas.

.Suspire por enésima vez antes de entrar en su despacho. Toque a la puerta y cuando me respondieron entre.

-Hola amor, ¿como estas?-me pregunto amorosamente ni bien abrí la puerta.

-Bien-le respondí media queda.

-¿Sucedió algo?-me pregunto al notar mi corta respuesta.

-No, nada interesante pasa, ahora que no tengo trabajo ya no tengo que hacer me aburro con facilidad… así que decidí visitarte, ¿o es que interrumpo algo?-le dije mientras me sentaba en la silla frente a él.

-No, de hecho estaba por terminar lo que estaba haciendo-me dijo y yo tome aire.

-Leo… necesito hablar contigo-le dije al fin tomando coraje.

-No será de cierto tema…-sabia que lo intuiría-si lo es, mi respuesta es NO!-dijo firme.

-Pero entiende, tengo que ir-trate de ser amable.

-No, no es tu deber ir, tu no provocaste su accidente… no es tu culpa que este así, ella se lo busco-aquí vamos otra vez, pensé-

-Sí, lo sé, pero es que ella sigue llamándome… no puedo hacerme la desentendida y fingir que no nada pasa.

-Mira, si yo tuviera garantías de que nada va a pasarte con gusto te llevaría pero no puedo…temo por tu seguridad…si algo malo llegara a pasar…-lo vi ponerse tenso-no puedo lo siento pero no puedo.

-Pero Leo, entiende tal vez no pase nada, he entrenado mucho, mis poderes son mayores, puede que no pase nada-era  verdad.

-Y si pasa-me dijo y mi paciencia se estaba disminuyendo cada vez más.

-No seas pesimista-le increpe

-No soy pesimista soy realista-me dijo medio elevando su voz, yo no me quede atrás.

-Pero ponte en mi lugar, que harías si fueras tu –intente convencerlo.

-Yo no lo haría-a mi no me engañaba, frente a los demás era frió  todo lo contrario cuando estaba conmigo.

-Estas mintiendo…yo sé que no eres así…lo harías, es tu amiga después de todo.

-Eso no tiene nada que ver-me dijo mientras se pasaba las manos por su cabello, realmente se estaba enojando.

-Si lo tiene, se que a pesar de todo la quieres- “jaque”, pensé.

-Estas empezando a cansarme Valentina – me respondió sobando su nariz, tratando de calmarse.

-No tu me fastidias… bien podría irme, hacerlo y no avisarte nada-le dije mientras me cruzaba de brazos.

-Así que ahora debo agradecer tu gesto-me dijo mientras se paraba.

-Pues si-le dije parándome.

-No lo harás y es mi última palabra-me advirtió, al carajo con mi paciencia, pensé.

-Tú- le dije mientras lo apuntaba con el dedo- no puedes decirme lo que puedo o no hacer, no eres tu el que la sueña todas las noches clamando tu ayuda… no duermo bien y lo sabes-en respuesta frunció el seño, todos las noches despertaba exaltada y sudando frió y luego ya no podía dormir.

-Pues compra pastillas para dormir, si ese es el problema-me reprocho.

-Pues el problema eres tú, eres tan obstinado, piensas que con “empastillarme”- hice comillas con mis manos- todo se solucionara

-No le veo otra salida-me dijo fríamente.

-Si sabes cual es-le grite.

-No y te lo repito NO!.

-No sabes que así sufro…ya no aguanto-le dije con lágrimas amenazando salir de mis ojos.

-Si quieres vemos un medico… un psicólogo o lo que sea!- ahora resulta que soy una loca, pensé.

-¿Me estas tratando de loca?-le dije con mis manos en jarras.

-No yo no dije eso- dijo el muy hijo de…. Argh!

-Si claro, faltaría que me mandes a un manicomio.

-Vale  no te pongas así- trato de calmarme pero estaba muy furiosa para que esos ojitos de perro mojado que me puso funcionara.

-Me pongo como quiero… eres un maldito estúpido-le grite antes de salir azotando la puerta.

Me dirigí hacia casa, tenía un nudo en mi garganta y lágrimas agolpaban mis ojos. Llegue y vi a Alejandra  limpiando la sala. Santi  estaba aun en la escuela.

-¿Todo bien?-me pregunto amablemente.

-Sí solo, me duele un poco la cabeza-mentí-me voy a descansar un poco.

-Sí, te va a hacer bien, tienes la cara un poco pálida -Asentí y me dirigí a mi cuarto.

Me descalcé y me senté en la cama me abrace a mi misma y comencé a llorar de  impotencia, cansancio acumulado, todo se me junto y empecé a sentirme mal, me dolía la cabeza, y ahora era de enserio. Comencé a tener mucho de frió  Me tape con las sábanas sin limpiarme las lágrimas ya que no dejaban de brotar como cascadas de mis ya hinchados ojos.

Sin darme cuenta me quede dormida

LEONARDO

Valentina  seguía insistiendo  con la idea de curar a Ángeles , eso me ponía inseguro, que pasaba si Valentina  se lastimaba. Ya aviamos discutido varias veces por eso. No entendía que todo esto era para protegerla. No quería que se lastimara. Parecería egoísta, yo también quería que Ángeles  despertara, yo aun la consideraba mi amiga y confiaba en que cambiara su actitud. Yo igual que Valentina ya  la había perdonado.

Cuando Valentina  salió enfurecida me puse furioso. Me fui al baño a refrescarme. Ni bien me había sentado cuando sonó mi teléfono sonó.

-Hola-respondí con calma.

-Sr. Mendizabal, hay un hombre en la otra línea que quiere hablar con usted- me informo mi secretaria.

-¿Quién es?-no esperaba ningún llamado.

-El Señor Javier Togil -me respondió.

-Ok. Pésame  la llamada-le indique.

-Hola Javier – lo salude amablemente.

-Hola cuñadito… -el me llamaba así-¿cómo es que recién me entero que vas a casarte con mi princesa?- me pregunto un poco elevando su voz.

-Es que tú viajas mucho y no pudimos contactarte- no era que la más pura verdad.

-Eso no es escusa…óyeme bien, espero que este repentinas ganas de casarte no se deba a que dejaste embarazada a mi hermana…porque te juro que voy hasta  Nueva York  y le la corto para que no puedas tener hijos- me amenazo.

-No, Valentina  no está embarazada- dije firme, si lo estuviera me hubiera dado cuenta, pensé.

-Pero eso no quiere decir que no la hayas tocado-me dijo y yo trague saliva.

-Yo…- las palabras no salían de mi boca.

-No me vas a decir que la tocaste…- me pregunto o más bien lo confirmo.

-Pero si me caso con ella de todos modos la voy a tocar… así que solo me adelante unos pasos- dije sonriendo.

-Unos pasos…- repitió incrédulo- ya verás como llego y te las dejo tan morado que ya no te van a servir…como te atreviste!-me grito de nuevo.

-No creo que a Valentina  le agrade mucho saber que ya no va a poder tener hijos por tu culpa… -lo amenace-no creo que quieras enfrentar su ira.

-No…-quedo pensando-ahora que lo pienso… mejor no…. No va a ser cosa que me estrangule sin usar sus manos y luego lo haga parecer un accidente-lo dijo en tono mafioso y podría jurar que también movía sus manos

-Tu hermana no es ninguna mafiosa- le regañe.

-¿Quién sabe?…tal vez se le da por comenzar y no va haber quien se salve.

Reímos al unísono.

-Como sea, llamaba para saber como andaban, ya que llame a tu casa y me dijeron que estaba acostada… y que se sentía mal.

-¿Está mal?- me reprendí a mi mismo seguro la discusión la puso mal.

-¿Qué clase de prometido eres tu?… muévete  y ve a ver que rayos tiene mi hermanita…

No necesito decirlo 2 veces ya que corte y corrí al estacionamiento, luego pise el acelerador a fondo y me fui como como alma que lleva el diablo a mi casa. Estacione y me dirigí al cuarto donde dormíamos Valentina  y yo

La vi acostada tapada solo por las sabanas, prendí la luz de la mesita. Note que había llorado, ya que tenía lágrimas secas por las mejillas. Le di un beso en la frente y estaba fría, saque una manta del ropero y la tape. Ella comenzó a removerse en la cama. Abrió sus labios y los movía, estaba como hablando. Acerque mi oído hasta situarlos en su boca.

-Ayúdame -susurró débilmente.

La quise despertar pero no habría los ojos, de repente se empezó a mover más frenéticamente. Alrededor todo comenzó a temblar. Las cosas caían de lugar, algunas otras se rompían.

-Ayúdame, ayúdame -repetía sin parar

Luego abrió los ojos y se tapo los oídos.

-Amor soy yo-le dije amorosamente

-Leonardo , has que se calle -me decía mientas se tapaba los oídos.

-¿Quien?-pregunte agarrándola de los brazos.

-Ángeles , me llama todo el día, ya no aguanto más- me dijo llorando.

-Ayúdame Valentina  -escuche y juraría que era la voz de Ángeles .

Aparte de mis brazos a Valentina  para ver si había sido ella, cuando esa voz volvió a sonar pero vi claramente que no era ella.

-Tranquila, cálmate… está bien iremos a ver a Ángeles -dije finalmente, esto no le hacía bien, tenía razón.

-¿En serio?- me dijo dejando de llorar, pero las cosas se seguían moviendo a nuestro alrededor.

-Sí, ahora cálmate… te estás descontrolando-le dije mientras rosaba el dedo en su nariz.

-Abrázame-me dijo y yo no lo dude y lo hice, de inmediato todo se calmo.

-¿Estas mejor?-le pregunte luego de unos minutos.

-Sí, creo que si –me dijo dudosa.

-¿Que fue esa voz?-le pregunte ya que tenía curiosidad.

-Ángeles … o tal vez soy yo… no creo que ella tenga poderes, pero no lo hago a propósito… no puedo evitarlo…te juro que ella me llama todo el tiem-la corte colocando un dedo en sus labios.

-Te creo…

- iremos a verla… todo saldrá bien-me dijo abrazándome de nuevo.

-Si, así lo deseo… y lamento todo… las peleas –me sentía una escoria.

-Si te entiendo a la perfección y no hay nada que perdonar. Te amo –me dijo

-Y yo a ti- le respondí

Llegamos finalmente al hospital, donde estaba Ángeles , después de un corto viaje en avión privado, cortesía de mi hermano, aunque en realidad era de los dos, yo nunca lo usaba, así que le dije que se lo quedara.

-No me habías dicho que tenias avión-me pregunto cuando estábamos por tomar el ascensor para llegar a la habitación de Ángeles .

-Nunca hablamos mucho de mi pasado… en realidad soy heredera de unas cuantas cosas que me dejaron mis padres-le confesé.

-Tienes razón… ¿de cuánto estamos hablando exactamente?

-Millones…tal vez no recuerdo con exactitud, Javier  se encarga de eso… a mi nunca me intereso el dinero.

-Sabía que a ti no te interesaba en absoluto el dinero -me dijo mientras me aferraba mas a él, ya que me tenia abrazada por la cintura.

-Ya sabes-me encogí de hombros- me parece que hay cosas más importantes que eso.

Entramos en la habitación, la vi pálida, con una aguja en su brazo izquierdo con lo que supuse que era suero, se veía igual que mis sueños, apariciones o lo que sea.

-Y como funciona esto, que vas a hacer-me pregunto preocupado Leonardo.

-Le voy a tomar de la mano y básicamente me concentro, no sé lo que pase alrededor, tal vez haya movimientos, pero no puedo romper esta conexión que voy a hacer… sino algo malo podría pasar.

-De acuerdo… ten cuidado-me dijo antes de depositar un suave beso en mis labios.

Tome la mano izquierda de Ángeles  y la aferré entre mis manos, cerré los ojos y me concentre, sentí movimientos a mi alrededor, gente que hablaba no recuerdo bien

De repente me encontré en un lugar iluminado, el cielo tal vez, naaa no podría morir por algo así ¿o sí?

-Hola-me saludo alguien a mis espaldas, me gire y la vi, era Ángeles .-Hola -le conteste-donde estamos-dije mientras miraba alrededor era todo blanco sin nada en especial, solo el blanco mismo.

-No tengo ni la más remota idea… pero viniste a buscarme verdad?

-Sí, te escuche… y por eso vine

-Te tardaste demasiado-me recrimino, aunque su actitud la hacía parecer otra persona, tal vez los días aquí la suavizaron, y vaya como, parecía más amigable.

-Oye…gracias que vine y tú me regañas-le dije jugando.

-Es broma Valentina-si definitivamente no era ella, pero me gustaba esta nueva Ángeles .

-Ah sabes hacer bromas…no sabía-dije con ironía.

-Bueno basta de tonterías … ¿cómo volveremos?

-Vas a tener que dejarte guiar-le vi arrugar el seño, esto no había servido aun no me soportaba del todo…pero que se le va hacer, Dios no puede hacer todo perfecto.

-Si no quieres me voy por donde vine-le dije mientras caminaba para  irme, pero me detuvo enseguida, yo no puede evitar formar una sonrisa.

-NO! No es eso …¿qué tengo que hacer?-me pregunto tímidamente.

-Ven- le dije y le ofrecí mi mano y ella la acepto- vamos

-Antes de que nos vayamos quería decirte… gracias por venir-sentí la sinceridad de sus palabras

-De nada… no perdamos tiempo Leo nos espera…-le dije antes de lentamente abandonar donde fuera que estábamos…

Cuando abrí los ojos estaba en un cuarto blanco, amarrada literalmente a una cama, y no había señales ni de Leonardo ni de Ángeles , un grupo de hombres y mujeres me observaban detrás de un vidrio… ¿QUE DEMONIOS HABÍA PASADO?

Vi a un hombre bastante guapo debo decir, rubio ojos celestes, el típico ángel caído…

-Hola, ¿eres Valentina  verdad?-me dijo amablemente.

-¿Dónde estoy?- le pregunte comenzando a desesperar.

-Tranquila… no debes alterarte… eso te hace descontrolarte ¿verdad?-parecía que se refería a mis poderes… ¿quién demonios era y donde estaban todos?

-¿Donde está Leonardo?-le grite

-Si no te tranquilizas voy a tener que aplicarte un sedante  y de verdad no quiero hacerlo- me dijo acercándose a la cama.

-Me importa un comino… ¿Donde está Leonardo?-le grite de nuevo.

Las cosas alrededor comenzaron a agitarse y varias cosas se estrellaron contra esos malditos chusmas.

-Tranquila Valentina -me dijo mientras me tocaba el brazo para calmarme.

-No me voy a calmar donde esta mi prometido-le grite pero me sorprendí al decirlo

-Te lo advertí, lo siento-me dijo antes de insertar una aguja  en mi brazo.

En ese instante comencé a sentir los ojos pesados ya no sentí nada.

Habían pasado una semana, supongo, desde que estaba aquí. Era un lugar todo blanco, como si fuera un manicomio, o algo así, los malditos chusmas nunca se iban. Había veces en que me dejaban sola. Pero sabían que me observaban porque había cámaras de seguridad en cada esquina.

Me di cuenta que mientras menos usaba mis poderes contra ellos, estaban menos interesados en mí, digo, no había una multitud como los primeros días, y al no hacer nada no me sedaban.

Buenos días Valentina- me dijo un muy amable chico, el mismo que vi la primera vez.

-Que tienen de buenos… -dije enojada-si fueran buenos días no estaría aquí encerrada en estas cuatro paredes- era verdad, además el encierro y los hospitales me vuelven loca.

-Parece que te levantaste del lado izquierdo de la cama- se burlo el muy cretino.

-Mire chusma blanca-así los llamaba- te recomiendo que no me fastidies la estadía.

-¿Estadía?-me dijo incrédulo.

-Algún día voy a hacer un tremendo hueco en la pared y me voy a largar de aquí-le dije mientras señalaba la pared, por lo menos avisaba por donde saldría

-*igual que ese chiste que dice: ¿Como hizo Juan para pasar de grado?- me pregunto yo lo mire confundida- rompió la pared”-dijo estallando de inmediato en carcajadas, y yo lo acompañe… Por cierto me llamo Daniel Valencia no chusma blanca.. a el era al único que dejaba que se me acercara, era amistoso y siempre me hacía reír.

-¿Me vas a decir dónde estoy?-dije poniéndome seria y cambiando totalmente de tema. Yo me encontraba vestida con una Playera lisa y pantalones sports celestes y medias del mismo color, y cruzada de piernas sobre la cama.

-Este lugar no existe Valentina, ya te lo dije-me dijo mientras se sentaba a mi lado.

-Siempre me dices lo mismo… -dije haciendo un puchero- tiene que tener un nombre o quedar cerca de algún lugar… América, Asia o lo que sea, me ayudaría saber que no estoy en un manicomio.

Esto no es un manicomio, solo somos un grupo de científicos que estudiamos…-se pauso-cosas apartado del mundo en un lugar ultra secreto.

-La  CÍA?… –le dije y al ver que no me respondió saque mis propias conclusiones- ¿Wow enserio? estoy siendo investigada por la CÍA  o son los hombres de negro… ¿no me vas a neurolizar verdad?-le dije mientras batía mis pestañas.

Creo que haz visto  muchas películas-me dijo mientras palmeaba mi hombro-

-Aun no contestas mis preguntas-dije mientras me cruzaba de brazos, el hizo una pausa eterna, parecía que estaba midiendo sus palabras.

-Mira Valentina, mis superiores me permitieron contarte… estas siendo causa de investigación, cuando lograste despertar a aquella mujer del coma, y luego de ver como levitas las cosas, el gobierno te considera una amenaza

-¿Amenaza? Pero si no he lastimado a nadie… -me queje y él me miro con una ceja levantada.

Hace unos días una chica se me acerco  y me dijo que me relajara, yo por inercia lo hice pero al ver que tenía una aguja me descontrolé… un poquito. Y desde entonces decidieron no hacerlo, pero me seguían investigando-Bueno lo que paso la otra vez no fue mi culpa no debieron intentar sacarme sangre-dije mientras hacia una cara de asco-odio las agujas.

Sí, lo note- me dijo mientras me mostró su blanca dentadura.

¿Y qué es lo que quieren?-pregunte al fin.

-Básicamente solo investigarte.

-Y sacar todo lo que puedan de mi verdad, después seguro van a querer crear humanos igual a mí, no soy tonta y no se los voy a permitir ademas no conseguirán nada soy única.

Ni bien termine de decir eso un hombre más viejo entro y le indico a Daniel  que se retirara.

-Señorita Togil . Me han informado que frecuentemente pregunta por un tal Leonardo Mendizabal

Y usted es…-dije dudosa.

-Eso es relevante ahora… -dijo fríamente- además estoy actuando por mi propia cuenta, mis superiores no lo saben

-¿Y cómo puede hacerlo, digo ocultarlo?-no me confiaba mucho de sus palabras.

-Tengo algunas influencias, aunque no parezca. Bueno lo que vengo a informarle es de ese joven. Me tome el atrevimiento de mandarlo a seguir, créame a mi me altera un poco que la tengan aquí encerrada, pensé que si su novio- me confesó-

Prometido-le corrige

Prometido, no sabía donde estaba. Pensé que podría ayudarla a que escape –dijo serio pero luego su expresión cambio a ¿preocupación? ¿Culpa?-pero luego-se pauso.

-Luego…-lo incite a seguir-

-Es mejor que lo vea por usted misma, pero creo que ya no vale la pena salir de aquí, al menos aquí tendrá techo y comida seguro-me dijo mientras me entregaba un sobre color mantequilla, sin decir más se retiro por donde entro.

Yo deseosa por saber de Leonardo  abrí la carpeta, en las primeras hojas no había nada interesante, datos personales, trabajos, etc. Parecía más bien un currículum. Unas fotos de toda la familia, vi una foto vieja lo que supuse que eran sus padres, estaba por cerrar la carpeta cuando di una hojeada a las últimas fotos… en ella estaba Leonardo  con una chica supuse por la forma ya que estaba media oscura, en otra no me quedaba duda eran Leonardo y Ángeles  ¿abrazados?, estaba tranquila seguro eran de hace años cuando ella vivía con nosotros, mire hacia un costado y vi con miedo que eran recientes. Seguí mirando y en otra parecían abrazados mas cariñosamente , y en la final… estaban besándose…

No soporte más y se me cayo el paquete de las manos, al igual que unas gruesas lágrimas lo acompañaron.

Grite con todas mis fuerzas al mismo tiempo que empecé a destrozarlo todo.

Ahora entendía lo que me dijo aquel hombre. Había sido engañada… que rápido había olvidado mi amor Leonardo y Ángeles , la muy desgraciada  me utilizo para despertarla y yo caí, como una tonta.

¿Cómo pudiste engañarme como después de hacerme confiar que todo estaría bien..que siempre ibas a estar conmigo porque porque?-grite al techo como si ahí estuviera Leonardo.

Vi como unos hombre armados interrumpieron en la habitación

Estaba enojada, desilusionada, muy triste y me desquitaría con ellos. Sabía que antes de que tirara alguna cosa contra ellos, me responderían a balazos seguramente, pero ya no me importaba, morir vivir era lo mismo para mí.

Eleve algunas cosas como sillas una mesa todo me servía para atacar.

Escuche la puerta abrirse y Daniel  entro  corriendo y gritando

-Aguarden, deténganse!-gritaba sin parar, mientras se paraba frente a mi- Valentina  cálmate, no hagas esto-me dijo mientras despacio se me acercaba, yo no iba a lastimarlo, era mi único amigo en este lugar. Me abrazo y lo correspondí, llore mas fuerte como nunca en mi vida.

-Necesitara darle un sedante-escuche que dijo uno.

-Valentina … -dijo tomándome de la barbilla-podrías…-y me señalo con la mirada todas las cosas que levitaban

-Si.. si… lo… siento-dije y lo deje todo como estaba.

-Pueden retirarse un momento-pidió amablemente Daniel.

-¿Esta seguro?-pregunto otro.

-Si-respondió firme, al menos no me tenía miedo, pensé.

Me subí en la cama y el se sentó al lado y nos abrazamos, yo tenía mi rostro en su pecho, aun sin dejar de llorar. Mientras él me consolaba haciendo círculos en mi espalda. Sin darme cuenta me quede dormida

Como en los cuentos, quería dormir hasta ser despertada por el príncipe azul, pero yo sabía que eso ya no iba a pasar… mi príncipe me había abandonado, o mejor dicho cambiado por otra

Me desperté con una suave caricia en mis mejillas.

-¿Leonardo?-pregunte, al sentir a alguien, pero mis dudas fueron disipadas cuando esa persona prendió la luz.

¿Hola… como te sientes?-me pregunto dudoso.

-Mejor-mentí.

-Te traje la cena-me dijo tendiéndome una bandeja con sopa, jugo de naranja y algunas rebanadas de pan.

-No tengo ganas de comer-le dije sinceramente.

-Pero debes comer algo-me insistió.

Yo agarre una rebanada de pan y me la comí de un solo bocado, sabía que me insistiría toda la noche de ser necesario.

-Listo… es lo único que voy a comer-le dije mirándolo a los ojos.

Estuvimos en silencio durante un rato hasta que se fue me acosté en la cama y Daniel  se retiro para dejar la comida que estaba intacta a la cocina, supuse. Cerré mis ojos ya que me sentía cansada….

Entre la habitación y los vi…

Estaban los dos desnudos en la cama, Leonardo  la envestía con fuerza mientras los dos gemían. Me lleve las manos a la boca para amortiguar un grito que amenazaba salir de mi garganta.

-Como pudieron!-dije apenas audible. Ambos me miraron pero siguieron con su objetivo. Leonardo  me sonrió antes de embestirla con mayor intensidad a la vez que sus gemidos aumentaban…

Sentí que me sacudían.

-Valentina, despierta, es una pesadilla!-me dijo Daniel  que estaba al lado de la cama.

-¿Qué-que paso?-dije entres mientras sentía mis lagrimas liberarse.

-Creo que estabas teniendo una pesadilla, te movías bruscamente y llamabas a… Leonardo -dijo lo último en un susurro.

Llore nuevamente.

-Tranquila fue una pesadilla… -me dijo y luego me abrazo, cuando me calme- yo… quería hablarte de algo-me dijo mientras me tomaba las manos entre las suyas.

-Te confieso algo…yo no le creo nada de lo que te dijeron-me dijo sorprendiéndome.

-Pero y las fotos-le dije señalándolas, él las levanto y las observo durante algunos minutos.

-Buenos… las primeras no son nada comprometedoras…en cuanto a la última, no se ve bien, podría estar trucada también.

-¿Y porque debería confiar en ti?- bien podría ser todo parte del plan ¿no?-

Vamos Valentina  somos amigos… al menos yo lo pienso así… -me dijo sinceramente-te diré… tu deberías huir de aquí y enfrentar a ese tal Leonardo recuerda no hay verdad mas grande que la que miramos por cuenta propia -y mi mandíbula se me cayó-

Así, y a los guardias que les digo… Hola voy a ver si mi prometido me engaña… si es así vuelvo en un parpadeo-le dije en tono irónico-

Ja,ja muy graciosa…pero básicamente es eso…-yo lo mire ceñuda- ve y ver con tus propios ojos si Leonardo  te engaña.

-¿Y cómo voy a salir sin que se den cuenta?-dije mirando alrededor.

Pensó nuevamente, de repente lo observe viéndome de pies a cabeza, lo que me hizo intimidar un poco.

-No era que eres mi amigo, ¿porque me miras así?-le dije mientras daba un paso hacia atrás.

Si soy tu amigo… solo estaba viendo que eres…-se detuvo y puso un dedo en sus labios.

Con lo que me estás diciendo no te creo mucho lo de la amistad.

Eres delgada-me soltó al fin

Si gracias, ya lo sé, pero ¿qué tiene que ver con esto?-le dije realmente confundida.

Escucha con atención, voy a desconectar las cámaras de seguridad por algunos minutos… digamos que van a sufrir un desperfecto- dijo moviendo sus dedos maliciosamente-¿ves ese ducto de ventilación?-yo asentí- bueno toma esto- me dijo ofreciéndome un bisturí tienes que desatornillar las bisagras y te metes y presta atención… vas a ir derecho hasta encontrarte con una división, tienes tres caminos, al frente, derecha e izquierda, sigues dos veces derecho luego a la izquierda luego a la derecha y a la izquierda, desatornillas ese ducto y vas a caer en un cesto de ropa, yo me voy a encargar de sacarte, no te preocupes por el resto.

Hice lo que me dijo, mientras se retiraba de la habitación, vi que las cámaras se apagaban tome el bisturí y me adentre en el ducto fui todo el camino indicado hasta que me deslice en una camilla con ropa espere unos minutos y sentí que era movida. Luego una mano me halo y con cuidado Daniel  me condujo a una camioneta. Me dijo que permaneciera bajo los trapos que allí había y así me vi librada de mi prisión.

Luego de 10 o 12 horas de viaje, al cual no resistí y me quede profundamente dormida.

Sentí que era levantada por unos brazos, lo mire e enterré mi rostro en su cuello, luego sentí que era colocada en una cama. Me despertó y comimos unas hamburguesas que había comprado en el camino.

-¿y bien ahora que hacemos?-dije cuando terminamos de comer.

Estas de suerte -me dijo mientras me mostraba un periódico, en el anunciaba una fiesta de la compañía donde trabajaba Leonardo , el seguro estaría allí. La fiesta era de mascaras lo que me facilitaba el poder acercarme a el  sin ser vista ya que seguro lo estarían vigilando.

A la mañana siguiente pedí  a Daniel que me comprara algunas cosas, una peluca castaña y algo de ropa

Mientras estaba mirando la tele sentí una extraña sensación en mi estomago, como si se me revolviera, me dieron arcadas y corrí al baño solo para vomitar el desayuno. Luego de varios minutos termine de descargar todo mi desayuno por el retrete, enjuague mi boca, pero por extraño que parezca tenía hambre de nuevo, no le di importancia y me dedique a devorar unos panecillos que había comprado en la panadería.

Daniel  llego con todo, cuando estuve preparada salimos a comprar lo necesario para la noche la cual sería la fiesta.

Escogí un vestido fino blanco y una máscara del mismo color que tapaba mi rostro. Ingrese de la mano de Daniel  quien tenía un esmoquin negro y un antifaz.

Nos separamos para abarcar mas terreno y encontrarlo más rápido. Cuando tropecé con alguien

-lo siento-dije por mi torpeza.

-No, yo lo siento señorita- lo mire, era él, mi príncipe sentía que el corazón me daba vuelcos de alegría al verle pero no debía distraerme debería averiguar primero.

Le invito un trago, a modo de disculpa-me dijo ofreciéndome la mano.

-Se lo acepto gustosamente-le dije aceptando la invitación.

-¿Que hace una señorita, sola en esta enorme fiesta?-me pregunto ¿seductoramente?, ya me la iba a pagar cuando se enterara.

-Estaba buscando a prometido-dije secamente.

-¿Lo perdiste?- me dijo inocentemente.

-Es una manera de decirlo-dije y me miro confundido.

-¿Qué?- pregunto arrugando su frente.

No nada solo que lo estoy buscando…

-Quieres que te ayude a buscarlo –me dijo ofreciéndome la mano nuevamente.

-No gracias, seguro tu novia se pone celosa si te ve con otra mujer-le dije un poquito enojada.

-No tengo novia…-dijo y no pude evitarlo, me comencé a sentir mal, no sé si por el hecho de que ya no me consideraba su novia. Al menos me reconfortaba que Ángeles  tampoco lo fuera, aunque podría estar mintiéndome. Lágrimas se agolparon el mis ojos pero me rehusé a dejarlas salir.

Fuimos interrumpidos por Ángeles 

-Leonardo  estabas aquí…te estaba buscando-dijo tomándolo del brazo, yo no sabía si iba a resistirlo mucho más.

-Te presento…-dijo caballerosamente Leonardo – ella es Ángeles  Montebello-dijo señalándola- una amiga, y yo suspire aliviada- y yo soy Leonardo Mendizabal.

Un gusto -dije yo soy Cristal  Morales,… ¿disculpa seria mucha molestia si pudiéramos hablar a solas?-le dije tímidamente.

-Claro no hay problema –me respondió al instante ¿te molestaría adelantarte con Santi Ángeles?.

Para nada Leo nos vemos en un rato..un gusto Cristal hasta luego

Igualmente Ángeles-no supe porque pero me parecía muy cambiada y hasta sincera

Nos dirigimos a un cuarto privado. Luego se sentó en el sofá.

-Y bien…de que querías hablar- dijo

-De nosotros -dije acercándome a él y tomando su mano.

-Lo siento, pero yo estoy comprometido -dijo apartando su mano como si mi contacto lo quemara.

-¿Si y estas muy enamorado de ella?-dije coqueta

-Es la mujer que amo mas que a nada en este mundo y aunque no este ahora conmigo se que pronto volverá . así que lo siento mucho señorita pero usted se equivoco conmigo-dijo mirándome a los ojos.

-¿De verdad me he equivocado contigo?..mira que con esa carita de Don Juan te delatas solo-dije acariciando seductoramente su pecho

Mire no se quien sea ni que busca pero ya le he dicho que soy un hombre comprometido  y mas a aun enamorado asi que detenga su juego y no me obligue a olvidar que es usted una dama y yo un caballero-dijo alzando un poco la voz y quitándome las manos de encima suyo

Si lo sé, tu estas comprometido conmigo -le dije golpeándolo  en el hombro y soltando tremenda risa

Me miro sorprendido…

-¿Valentina?-me dijo al mismo tiempo que apartaba mi mascara de mi rostro- sabía que volverías… que no me habías abandonado- me dijo cuando me atrajo a él abrazándome.

-¿Abandonarte?-pregunte muy intrigada.

-Sí, cuando ayudadaste a Ángeles  te desmayaste, te atendieron pero nunca pude verte porque dijeron que en cuanto despertaste te fuiste de ahí y nadie sabía nada de ti… pensé que te habías ido como –lo interrumpí.

-Como lo hago siempre-negué con la cabeza- yo no huí me tenían no se en que lugar, pero logre escapar ayer con la ayuda de un amigo le dije mientras lo abrazaba por la cintura.

¿Amigo? –dijo apartándome un poco-¿estás segura que él piensa lo mismo?-me dijo seguramente celoso.

-Segurísima-dije y una sonrisa se forme en mis labios.

-Te extrañe, mucho mucho- me dijo quedándonos frente a frente, podía sentir su aliento cerca de mi boca… todo iba bien hasta que lo olí… pescado… Guacala! Me aleje al instante

-¿Comiste pescado?-le dije cuando me miraba preocupado

-Sí, algunos-me respondió aun confundido.

-Entonces no te quiero cerca, hueles fatal-dije tapándome mi nariz.

-No huelo fatal, además ¿no me extrañaste? me dijo haciéndome un puchero de inmediato me senté en su regazo.

-Claro que te extrañe mucho-bese su mejilla izquierda-mucho-bese la derecha, y sin respirar-mucho-dije antes de estampe un leve beso en los labios, pero igual sentía el olor a pescado y me aparte nuevamente- lo siento pero no me he sentido bien hoy me da nauseas el olor a pescado.

-Está bien…solo por esta vez te perdono-me dijo mientras acariciaba mis mejillas con sus dedos.

Un golpe en la puerta nos interrumpió yo me levante y me coloque mi mascara, antes de girar.

-Lamento interrumpir, Leonardo  requieren tu presencia-dijo Alan.

-Podemos seguir con la charla en otra ocasión- le dije seductoramente, el sonrió como un tonto y me dirigí a la puerta.

-Adiós Alan- dije agitando mis manos a modo de despedida.

LEONARDO

No podía creerlo Valentina  mi único amor había regresado. Sabía que lo haría siempre mantuve la esperanza.

Pero debo admitirlo, estaba un poco ansioso por que regresara. Desde que ella se desmayo al despertar a Ángeles , se la habían llevado para atenderla. Pase horas esperando por verla, decían que estaba en observación. Luche, patalee, grite  para que me dejaran verla pero no lo conseguí.

Finalmente me habían dicho que había despertado y cuando pedí verla me dijeron que se había escapado del hospital. Y yo me pregunte ¿porque huiría? ¿Qué era lo que había pasado mientras yo estaba lejos de ella?

Decidí confiar en ella y esperarla. Me sentí feliz de que Ángeles  se recupero, pero su accidente tuvo consecuencias ya que tenía amnesia y no recordaba a nadie ni nada. Cuando la fui a ver estaba asustada y ovillada en su cama. Parecía una niña pequeña, me presente, y le di mi apoyo. Ella lo aceptó gustosa. Los días siguientes fueron de grandes cambios ya que Ángeles  ya no me coqueteaba, era un gran cambio para ella, además era más amable y eso le sentaba mejor. Podría decir que había vuelto a ser mi mejor amiga la que alguna vez fue y eso me hacía sentir bien.

-Lamento interrumpir Leonardo requieren tu presencia-dijo Alan no había notado que entro.

-Podemos seguir con la charla en otra ocasión- me dijo seductoramente Valentina y yo sonreí en respuesta.

-Adiós Alan  dijo antes de marcharse.

Cuando Valentina  se fue no pude evitar poner mi cara de tonto enamorado.

-Adiós- contesto mi amigo. Luego frunció el ceño, miro a en dirección donde Valentina  se fue y luego a mi- ¿quién era?-pregunto señalando por donde acababa de salir.

-Valentina- dije.

-¿Valentina? –Dijo sorprendido-Vaya que cambiada esta… puede decirse que le cayó bien el cambio de look- yo me enoje.

-Oye, estás hablando de mi prometida-le dije mientras le pegaba en el brazo.

-¿Sigue en pie eso?-me dijo después de pegarme en respuesta.

-Sí y como nunca-dije felizmente.

Luego empecé a ponerme como loco cuando me acorde lo que Valentina  me dijo que la vigilaban, sospeche que había cámaras ocultas o micrófonos o algo por el estilo.

-¿Que sucede?- me pregunto Alan  mientras yo revisaba todo alrededor.

-Shhh- lo calle tal vez nos estuviera escuchando.

-No me chites no soy búho-me dijo enojado.

-Shhh- lo calle de nuevo.

-Oye hermano… ¿qué te pasa? pareces loco ¿que buscas?-me dijo mientras el también revisaba pero no sabiendo que.

-Micrófonos o cualquier cosa que pueda usarse para vigilancia.

Cuando comprobé que no había nada…

-¿Qué? ¿De qué demonios hablas? pareces una historia de agentes secretos.

Le conté todo lo que me dijo Valentina . Cuando la fiesta termino la busqué por todos lados pero no la encontré.

Cuando llegue a mi casa me fui directo a dar una ducha pero me preguntaba ¿dónde estaría Valentina ? Estaba terminando de vestirme cuando escuche sonar el timbre, me apresure a peinar mi pelo aún mojado y me dirigí a la puerta. Cuando la abrí había una chica frente a ella con una enorme sonrisa vestida con una campera canguro y lentes de sol. No la veía bien pero sabía que era ella.

Sí señorita ¿en qué puedo ayudarla?- dije caballerosamente.

Me preguntaba…si no desea compañía esta noche- me contestó seductoramente.

-No lo sé, tal vez mi novia, se entere y no quisiera tener problemas con ella.

Vaya… hasta donde sabia era tu prometida, acaso ¿algo cambio?

Tiene razón prometida, pero igual no quiero problemas…

Vamos ella no se enterara, a veces es un poco torpe.

-No sé.

Vamos, no querrás que una chica ande sola por la calle… me podría pasar cualquier cosa

Está bien pero solo porque temo por tu seguridad-le dije dejándola pasar.

En cuanto cerré la puerta, me beso desenfocada mente, arrinconándome contra la pared. Nos separamos por falta de aire.

¿Te dije que te extrañe?-le dije y la vi retroceder unos pasos y poner una mano en su boca.

¿Qué sucede? ¿Estás bien?-le dije preocupado tomándola por el brazo.

No te ofendas, pero ¿te cepillaste la boca?-me dijo mientras se tapaba la nariz, un pensamiento corrió por mi mente “pescado” pensé.

No-dije algo avergonzado.

-Podrías hacerlo… ya sabes el pescado.-

-Hace rato no te quejaste-le dije mientras me cruzaba de brazos, fingiendo enojo.

Por favor –me dijo mientras me vatio sus pestañas.

-de acuerdo-dije antes de encaminar al baño y como me dijo me cepille mis dientes.

-Y ahora- dije soplando frente a ella y Valentina aspiro mi aliento. La tumbe en el sofá comenzamos a besarnos por todo lo que no habíamos hecho estando estos dos meses separados.

Cuando estábamos en el mejor momento Valentina  no tuvo mejor idea que bostezar, entonces note que estaba cansada.

-¿Tienes sueño?

-No…para nada

-¿Segura?-dije levantando una de mis cejas.

-Si-dijo minutos después volvió a bostezar- está bien estoy muerta de sueño-confeso.

-No se diga mas -dije antes de cargarla en mi hombro y llevarla como bolsa de papas a nuestra habitación, la escuche reírse.

Nos cambiamos de ropa por nuestros piyamas. Hoy era una de esas noches típicas calurosas. Así que regresó del baño con un piyama de dos piezas, el cual consistía en un sport y una camiseta  con tirantes verde claro de seda, me sorprendió que no tuviera conejitos en algún lado siempre sus ropas lo tenían.

-Sin conejos-dije afirmándolo.

-¿Qué?

-Tu ropa no tiene ningún conejo-le señale.

-Si los tengo- dijo de inmediato.

-¿Donde?-la vi ponerse nerviosa.

-Este…tengo sed –dijo cambiando de tema-voy a buscar agua y vuelvo ¿quieres?

-No gracias -dije confundido. ¿Porque esa actitud esquiva? Luego pensé…ella no tiene más que su piyama y su ropa inte…. Ahí me cayó el veinte ahora sabia donde estaban los dichosos conejos.

Minutos después Valentina  volvió. Se acurruco a mi lado, apoyo la cabeza en mi pecho, al instante comencé asentir su a respiración más pausada y supe que se había quedado dormida. Yo por mi parte acariciaba su espalda en círculos, hasta que también me uní a ella.

Sentí mi brazo ser apartado bruscamente. Abrí los ojos y Valentina ya no estaba. Me levante y la busque hasta que la encontré en el suelo, agarrada a la tasa del inodoro vomitando. Lo único que pude hacer es apartarle el pelo de la cara frotar su espalda.

Unos cuantos minutos después, la ayude a levantarse y le note el rostro pálido. Me sonrió levemente. Le alcance el enjuague bucal, se enjuago la boca y se cepillo los dientes.

¿Estas mejor?

-Sí, un poco.

-¿Desde cuándo estas así?

-Desde ayer… creo que me algo que comí me cayó mal.

-Deberías ir al médico para que te revise.

-Sabes que odio los hospitales, además ya pasara.

-Pero si sigues así ¿vas a ir verdad?

-Sí, sino te permito que me lleves aunque sea a rastras. Ahora podemos comer creo que mi cena ya no esta y mi estomago se siente vació.

Luego de desayunar y saludar a todos. Nos fuimos al jardín a pasar el rato.

-¿Y cómo la pasaste estos días?-le pregunte mientras estábamos abrazados.

-La verdad… era como entrenar pero siendo observadas por chismosos-me dijo algo molesta.

-¿Que quería esa gente?

-Creo que estudiarme… supongo.

-Eres como una nueva especie

-Sí, no creo que querían hacerme daño… aunque lo hicieron.

-¿A qué te refieres? ¿Te tocaron o te cortaron?

-No… solo que un día me mostraron fotos tuyas con Ángeles … en situaciones… en ellas parecería que ustedes tenían algo-me dijo bajando la mirada.

-¿Como una pareja?

-Si-dijo en voz  baja

-Eso es ridículo… -dije enojado, luego levante el rostro con mi mano para que me mirara-¿Sabías que Ángeles  perdió la memoria?

-No- me dijo sorprendida.

-Bueno pues así es, y ahora esta cambiada, es amable y hasta un poco tímida… es como cuando éramos niños.

-¿No sufrió otro daño?-me  pregunto preocupada.

-No

-Me alegro.

-Y todo gracias a ti-le dije dándole un beso en su cabeza.

Vi como Luna  se acercaba y se subió saltando al regazo de Valentina  antes de apoyarse en ella y dormir.

-Así que te dignaste en aparecer -le dije a la gata y ella solo me miro y luego desvió su mirada… ¿acaso esta gata acaba de ignorarme?

-¿Porque dices eso?-me pregunto Valentina.

-Desde que volví del hospital… después de lo de Ángeles  …no volvió, al día siguiente, pensé que se había perdido.

-Tal vez se tomo algunos días de vacaciones-dijo sonriendo y acariciándola.

-Puede ser.

Dos días después Valentina  estaba acostada en la cama ya que se sentía cansada. Estos días no se sintió bien, seguía vomitando, le insistí para que visitáramos un hospital pero no quiso ir. La amenacé con llevarla a rastras como había dicho. Pero cuando la vi ponerse a llorar, le dije que llamaría a Alan para que la revisara. Acepto gustosa, realmente odiaba los hospitales.

Me dirigí a la pieza para despertarla, ya que Alan en cualquier momento llegaría para revisarla. Cuando entre estaba acostada con Luna  en su estomago. Intente tocarla pero la gata se molesto, dio unos paso hacia mi inflada y con cara molesta. Intente nuevamente y me gruño he intento arañarme.

Gata tonta, pensé

Yu!- intente ahuyentarla sin resultado. Después de unos minutos se volvió a acomodar en el estomago de Valentina , quien se movió un poquito, pero no despertó.

Vale… amor despierta -dije entre las miradas de pocos amigos de la gata. Valentina  abrió los ojos lentamente.

-¿Que paso?- me dijo aún adormilada.

-En cualquier momento llega Alan, pensé que querrías arreglarte.

-Si…gracias. ¿Porque estas tan lejos?-me dijo ya que estaba a los pies de la cama.

Escuche el timbre sonar.

-Por esto -dije acercándome y Luna  volvió a ser hostil conmigo.

-No sabes que no hay que morder la mano que te da de comer- le dije enojado.

-¿Qué le pasa?-pregunto restregándose los ojos.

-No se… no quiere que me acerque a ti

-¿Que es lo que te pasa Luna? –Le decía mientras la acariciaba-¿Acaso el malo de Leo te molesto?

-Yo no le hice nada, es ella la que me molesta a mi- le dije resentido.

-Lo sé… es raro… nunca actúo así antes

Me encogí de hombros antes de escuchar la voz de Alan.

-Voy a saludar-le dije antes de retirarme del cuarto.

-En un minuto estoy ahí -dijo dándome besos a la distancia

Me dirigí al living donde estaba Alan sentado en el sillón.

-Hola amigo-dije .

-Hola hermano ¿como estas?

-Bien pasando los mejores días de mi vida-dije feliz.

-Ya lo creo… y dime y lo del asunto del recontra espionaje- dijo y nos reímos un poco, era serio el asunto.

-Hasta ahora no vimos nada sospechoso. Pero somos cautelosos por las dudas, cuando tenemos que salir Valentina  se pone esa peluca que viste la otra vez.

-¿Esa en donde se veía infartante?

-Oye, no te han dicho que las mujeres de tus amigos tienen bigote ademas si te oye Haydee no te gustara-dije en tono de advertencia.

Solo bromeo,  sabes que amo a Haydee y  Valentina  no tienes ojos más que para ti.

Eso es verdad así como mis ojos solo son de ella.

En ese momento Valentina llego y lo saludo.

Hola –dijo tímidamente

Hola Valentina, me dijo Leonardo  que no te has sentido bien estos días.

-Sí, me siento fatal en las mañanas y vomito todo lo que comí el día anterior.

-¿Has sentí mas sueño de lo normal?

-Si ahora que me dice sí, he notado que tengo más sueño que antes.

-¿Te has desmayado?

No, pero a veces me siento un poco débil de repente.

Intercambiamos miradas yo empecé a intuir por donde iba el asunto, pero como no me había dado cuenta.

-¿Qué eso que tiene eso que ver?-dijo confundida, yo me acerque a ella y le tome las manos.

-Amor lo que está tratando de decirte Alan  es que es posible que estés embarazada.

La vi atorarse con su propia saliva y la ayude golpeándola levemente por la espalda.

-¿Qué? ¿Pero cómo?-pregunto.

-No creo que deba de explicar eso ¿no?-dijo Alan bromeando.

Valentina  se sonrojo.

-Podría ser otra cosa… -hablo luego de unos minutos de silencio-yo tuve anemia hace unos años podría ser eso también-dijo con voz apagada.

Si tienes razón, pero bueno, lo que podríamos hacer es comprobarlo con una prueba casera.

VALENTINA

Embarazada! Embarazada! Esas palabras resonaban en mi mente.

Los vi salir a Leonardo y a Alan a comprar la prueba casera. Me senté ovillada en el sofá, de inmediato Luna  se me subió encima, me estire y la acaricie mientras se acostaba en mi estomago. No pude evitar tocar mi vientre Y me preguntaba si de verdad estaba embarazada o era anemia como la primera vez. Cerré los ojos echando mi cabeza para atrás y de nuevo me quede dormida.

No sé cuanto paso, hasta que escuche a Leonardo despertarme, como la otra vez la gata intentaba arañarlo, era extraño como si intentara protegerme o algo así.

¿Lo conseguiste?-pregunte, el asistió y yo me pare.

-Estoy algo nerviosa-le confesé.

-No pasa, no estás sola, yo voy a estar a tu lado pase lo que pase -me dijo dándome un beso. Tome la caja y me fui al baño. Lo saque de su envoltorio. Hice pis como indicaban las instrucciones y salí. Leonardo  estaba parado frente al baño.

-¿Y?-me pregunto ansioso.

-Hay que esperar 3 minutos-le conteste.

Nos abrazamos, estuvimos parados por los tres minutos más largos de mi vida.

-Creo que ya es hora-dijo

Tomo la prueba, me miro y luego a la prueba y de nuevo a mi

-¿Y?- pregunte ahora yo ansiosa.

-¿y?-le dije un poco desesperada… bueno tal vez                                      (MUY DESESPERADA ;)

Leonardo  se había quedado como estatua. Pensaría que se había muerto parado si no fuera que veía su pecho subir y bajar. Pase una mano frente a su rostro para llamar su atención… pero nada, seguía en la misma posición. Le quite la prueba de embarazo de las manos. temblando la mire…

Dos rayitas se veían en ella. ¿Qué demonios significaban las dos rayitas?, pensé mientras tomaba la caja con las instrucciones y leí… “en caso que resultar positivo, dos rayas verticales aparecerán…” y ya no pude seguir leyendo…

Estoy…-dije con mi voz débil.

Embarazada-completo  Leonardo, dando señales de vida.

¿Estás bien?-le pregunte al ver que seguía igual, y su mano la tenia elevada en el aire como si aun tuviera la prueba en sus manos.

-¿Mm?-dijo y luego sacudió su cabeza-si fue solo la impresión- dijo mostrándome su perfecta dentadura.

-Que bien-bien-repetí sintiéndome como gelatina-porque yo no-dije antes de que todo se me borrara de la vista.

Lentamente abrí mis ojos, para encontrarme a Leonardo trayendo un vaso con agua en sus manos.

-Hola amor… ¿te sientes mejor?-dijo luego de darme un beso en mi frente.

-Si-le conteste después de aceptar el agua que me ofreció y beberla- así que… vamos a ser padres-le dije mirándolo a los ojos, el me sonrió en respuesta y yo lo imite. Me moví a un costado para que se sentara a mi lado, me abrazo y como era costumbre apoye mi cabeza en su pecho aspirando su aroma y sintiendo su respiración.

-Mañana iremos al hospital donde trabaja Alan-me afirmo, yo me tense, la idea de un hospital no era la ideal perfecta para mí.

-¿Tengo que ir?-dije y mi voz salió dolida, me sorprendí hasta yo misma. Me aparto un poco y me tomo de la barbilla para que lo mirara.

-Se, muy bien que no te gustan los hospitales, pero tenemos que ir para ver que todo esté bien-me dijo dulcemente.

-No quiero-dije dándome la vuelta y dándole la espalda. Ya de por si tenía pavor a los hospitales, y ahora también me recordaban a ese lugar donde me encerraron.

-Vale… tenemos que ir-me dijo mientras me acariciaba.

-Es que…tengo miedo-dije casi en un susurro, sin darme cuenta comencé a llorar, me abrazo para reconfortarme y cuando me calme me quito las lágrimas que habían quedado sobre mi mejillas con su pulgar.

-¿A que le temes?… yo voy a estar ahí siempre contigo.

-Lo prometes… ¿prometes no dejarme sola?-le dije mientras comenzaba a hipar.

-Lo prometo-dijo forme mirándome directamente a los ojos.

-¿Y ahora que vamos a hacer con la boda?-le pregunte distraídamente.

-Tú decides… nos casamos en unos meses o esperamos a que nazca el bebe-me dijo mientras acariciaba mi plano vientre.

-Pues… sabes que de tedas formas yo no quiero una gran fiesta-le confese.

-Entonces…-me dijo intrigado.

-En unos meses… ¿qué dices?-le pregunte mientras lo miraba a los ojos.

-Estoy de acuerdo… en 6 meses te parece.

-Se que Ale  me va a matar…-dije mas para mí que para él-pero podría ser en un mes.

-¿Tan apresurada estas en ser la Señora  Mendizabal?-me dijo burlándose.

-Si no quieres, haz lo que quieras- dije cruzándome de brazos.

-No te enojes… era solo una broma-me dijo abrazándome.

-Si lo sé, lo siento… me siento extraña.

-Son las hormonas- me confirmo mi sospecha.

-Deben ser.

-Entonces en un mes nos casamos-confirmo pero creo que me preocupa mas la reacción de Javier que la de Ale.dijo rascándose la cabeza y dando media sonrisa

-Dios mi hermano lo olvide por completo ¿le comentaste algo de mi desaparición?

-No algo me decía que  estabas bien y pronto regresarías y veo con gusto que no me equivoque-

-Bueno entonces no tendremos de que preocuparnos solo le avisaremos ¿te parece?

-Tengo una idea mejor porque no reunimos a los amigos así los enteramos de la boda.

-Si sii la verdad es que si quisiera verlos de nuevo..ademas tengo muchas ganas de ver a Sharon, Ángel y Liza ya deben estar muy grandes

-Si sobre todo Sharon es una niña muy linda-dijo interrumpiendo Santi desde la puerta de la habitación-

-Santi corrí emocionada al verlo ¿donde estabas?

-Bueno Leo me mando al rancho con Diana y hasta hoy me dejo regresar pero me da mucho gusto verte mama te extrañaba mucho

-Yo también te extrañe mucho hijo de mi corazón-dije abrazándolo

-De la nada salto luna enfrente mio dándole un susto a Santi que lo hizo retroceder por suerte estaba Leo ahí si no el pobre niño hubiera tocado el suelo

-¿Pero que le pasa a luna, nunca se había portado tan agresiva?

-No lo se Santi también conmigo se ha portado así … solo con Vale es amable y dulce

-Creo que ser mejor alejarnos un poco de luna Leo solo por seguridad-

-Estoy de acuerdo contigo Santi-

-Jajaja haberse visto luna 2 hombres te temen si tu eres una dulzura-

-Ambos fruncieron el ceño y Santi se retiro-

-Tu también la sufrirás porque mientras este esa gata contigo yo no me acercare-dijo con risa maliciosa

-Eso ya no me gusto tanto y mi estomago se quejo, produciendo risas de ambas partes

-¿Tienes hambre?-yo asentí- puedo decir a Ale  que cocine algo nutritivo especial para embarazadas.

-No seas exagerado con que sea comida normal me conformo.

-Pero tienes que alimentarte bien-me refuto.

-Por un solo día no va a pasar nada, además quiero hablar con el médico primero.

-Está bien tú ganas. ¿Por cierto cuando se lo diremos a todos?

Todavía no… más adelante.

-Bueno como quieras, solo acuérdate que tienes menos de nueve meses para eso-me bromeo.

-Yo diría que antes de eso ya se van a dar cuenta-le dije y reímos nuevamente.

Cenamos y nos fuimos a acostar, hoy dormimos plácidamente…

A la mañana siguiente me desperté con el cantar de los pájaros, aparte suavemente el brazo de Leonardo  para no despertarlo, pero falle rotundamente, se removió en la cama y abrió los ojos.

-¿Que paso? -Me dijo dormido.

-Nada solo voy a desayunar-le conteste.

-Es temprano todavía- me dijo enterrando su rostro en la almohada.

-Duerme un poco más si quieres, de mientras voy a preparar el desayuno

-Aja-me pareció haber escuchado.

Me bañe rápidamente y me puse una camisola suelta rosa con un conejo comiendo zanahorias en el frente, un pescador blanco, sandalias blancas y ate mi cabello con un sujetador ya que hacía calor.

Desayune yogur ya que no sabía que debía desayunar. Igualmente hice café para Leonardo, el si lo necesitaría.

Buenos días-dijo aun dormido.

-Buenos días, ¿café?-le ofrecí.

-Sí, gracias-me contesto y se sentó en la silla, yo le serví café, algunas tostadas y me senté a su lado.

-Ah, casi me olvido Alan  dijo que…-me comenzó a decir pero sentí mi estomago revolverse, corrí en dirección al baño descargando el contenido de mi estomago, abrazando a mi nuevo amigo matutino… el inodoro

Sentí sus manos en mi espalda, luego me ayudo a levantarme, me enjuague la boca, le sonreí.

-¿Qué dijo Alan?-le pregunte y él me miraba con un deje de compasión- estoy bien… -intente calmarlo-¿dime que dijo Alan?

-Que en dos o tres horas podemos pasar a su consultorio.

Desperté a Santi  y le di su desayuno mientras Ale  limpiaba.

Santi  se fue a la escuela, y yo les dije que iría al médico, a un control de rutina. Así 3 horas después estábamos esperando afuera del consultorio de Alan.

Comencé a ponerme ansiosa y empecé a jugar con mis dedos. Leonardo  lo noto y entrelazo mi mano entre la suya.

Después de unos minutos de espera, una enfermera nos llamo, ya que primero debíamos hacer el control de rutina como tomarme el peso, la presión y controlar las vacunas. Trague seco cuando la enfermera dijo que me faltaba una vacuna que no puedo ni pronunciar. Se retiro de la habitación donde estaba excusándose para buscar lo necesario para hacerlo.

-No sé si voy a poder hacerlo-le dije sinceramente.

-Vamos es solo una vacuna, ni lo sentirás-intento consolarme.

-Claro… como no eres tu el que se la van a poner- dije haciendo un puchero.

-Si quieres puedes cerrar los ojos-me intento convencer.

-Tengo miedo de hacer daño a la enfermera- declaré.

-¿Cómo?-me miro sorprendido.

-Cuando estaba en aquel lugar encerrada… hubo una vez una chica que quiso sacarme sangre y…. –me detuve un segundo-Solo digamos que la chica no quiso volver a donde estaba yo.

-Vas a hacerlo sin problemas te lo aseguro-me dijo apretándome la mano para darme fortaleza.

Vi la enfermera entrar…

-Todo listo -dijo levantando la aguja.

Hice lo que Leonardo  me dijo cerré los ojos y sentí que me tomaba la mano. Sentí un leve pinchazo y un líquido pasar a mi brazo.

-Listo –dijo la enfermera dedicándome una dulce sonrisa -ahora pueden ir con el  Doctor Alan  los espera en su despacho nos dijo entregándonos una libreta con los datos.

Entramos al susodicho lo saludamos a Alan  y nos felicito.

-Bien Valentina  veo que todo está bien…ahora que les parece si vemos como está el bebe. Me hizo acostar en la camilla

-Sentirás el frió del gel me advirtió y sentí efectivamente la fría sensación del gel.

Miramos la pantalla pero yo y al menos yo no veía nada solo veía la pantalla negra.

-¿Ven ese puntito de ahí?- nos dijo Alan indicando un puntito blanco en la pantalla-ese es el bebe, por los cálculos tiene 9 semanas y esto -dijo y de inmediato se empezó a escuchar sonidos en la habitación- ese es el latido de su corazón.

Sin poder evitarlo comencé a llorar, mire a Leonardo  y el tenia su vista algo nublada de la emoción.

-Es hermoso amor-dijo

-Sí, aunque no lo veo muy bien… ¿qué es?-pregunte ansiosa.

-Es muy temprano para saberlo en unos meses más lo sabremos… solo puedo decirles  está sano- dijo .

-Sabes Alan… yo quería preguntarte algo-dijo Leonardo.

-Adelante- Le dijo  Alan.

-En casa tenemos una gata Luna … -dijo y yo rodee los ojos-podría afectar el embarazo.

-Luna  no hace nada malo-le dije algo molesta.

-¿A no? –Me reprocho mirándome con una ceja levantada-¿Y porque intenta arañarme cada vez que intento acercarme?

-Mira yo no soy veterinario, pero juraría que intenta proteger al  bebe… -dijo Alan adivinando mi teoría-no hay problema con eso, ¿sale mucho a la calle?

-No se la pasa todo el día al lado de Valentina-dijo ahora Leonardo molesto.

-Es una gata hogareña-le dije restándole importancia.

-Bueno mejor que no salga, ¿donde defeca?

-En un tacho que le instalamos en el jardín hace sus necesidades y vuelve a entrar en la casa-dije interrumpiendo a Leonardo  quien estaba por responder.

-¿Quien limpia eso?-pregunto Alan.

-Alejandra -me adelanté de nuevo.

-Díganle que se desinfecte bien las manos después de que lo haga y tu  Valentina-me dijo mirándome- no debes acercarte a eso. Sino podrías contagiarte de Toxoplasmosis e infectar al  bebe y tendría complicaciones… pero con esos cuidados  es suficiente.

Nos despedimos de Alan no sin antes llevarnos algunas copias del ultrasonido . Una de las copias la puse en un marco en nuestras recamara al lado de la foto donde estábamos Leonardo, Santi  y yo

Cuando llegamos almorzamos, ayude a lavar los platos a Ale  y le comente sobre los cuidados que había que tener de Luna  y la actitud de Leonardo, pero sin contarle sobre el bebe aún.

-Es normal los gatos son muy posesivos-dijo mirando a Luna  que se encontraba sentada a unos pocos pasos de nosotras.

-Sí pero más bien creo que Leo  está celoso-dije y Luna  maulló- ¿estás de acuerdo? –le dije tomándola en mis brazos, mas maullidos fueron la respuesta de ella.

-¿Quién esta celoso? –dijo Leonardo  asomando la cabeza por la cocina.

-Luna  y yo creemos que estás celoso-dije y Luna  maulló de nuevo.

-Yo celoso de ese saco de pulgas-dijo riéndose.

-Luna  no tiene pulgas, -dije enojada-además siempre la baño.

-¿La bañas? –me miro incrédulo-Nunca he visto un gato dejarse bañar.

-Si… cuanto te apuesto a que se deja bañar-le dije rápidamente.

-Lo que quieras y si yo gano-me dijo de manera sugerente.

-Pídeme lo que quieras-le conteste de la misma manera.

-Trato hecho-dijimos ambos dándonos la mano-Vamos Luna  –le dije a la gata-vamos a demostrarle que no le tienes miedo al agua.

LEONARDO

Celoso yo! Ja como podría estar celoso de una gata!

Valentina  se marcho al lavadero y yo la seguí. Luna  iba detrás de ella, me miraba con desdén. Esa gata y su actitud…

Valentina  saco una toalla que tenia dibujos de gatitos el cual nunca había visto y un frasco de shampoo de un estante.

-Vamos Luna  arriba- la llamo Valentina.

La gata pasó por mi lado no sin antes desviarme la mirada como de costumbre, salto encima de la mesa, Valentina  la metió en la ducha y la comenzó a bañar, la gata ni chistaba pero tenía una cara de resignación.

-Ves que si se baña! y ni se queja- dijo triunfante Valentina .

Yo lo miraba sorprendido le comenzó a colocar shampoo y burbujas comenzaron a salir de su pelo, ya no había rastro de gato alguno solo había una montaña  de burbuja blanca con ojos. La vi soplar para quitarse la burbujas de la cara… ¿acaso lo disfrutaba? si los gatos sonrieran juro que ella lo hubiese hecho. Luego la enjuago y se bajo hasta llegar al suelo. Donde espero que Valentina  la secara. Pero hizo algo inesperado, me rodeo y comenzó a sacudirse cual perro mojado.

-Nooo! Luna- la regaño Valentina. Ella salto a los brazos de Valentina.

-¿Estás segura que no es perro? -Empiezo a pesar que esa gata me odia, pensé.

VALENTINA

Mi embarazo transcurrió normal, en lo que cabe, ya que como había predicho Alejandra  se volvió loca con los arreglos de la boda. Aún recuerdo cuando se lo contamos casi se cae de espalda, si no fuera que Daniel la había sostenido por detrás.

Esos dos se traían algo entre manos… esas miradas, las risas que compartían… era evidente que Cupido había dejado sus huellas por ahí. 

Otro sermón que tuve que soportar fue el de las chicas que me regañaron por hacerla tan rápido. Aunque suavizaron su tono cuando me escucharon llorar… “yo y mis hormonas”.

Me dijeron que me perdonaban, pero le tenía que contar que me ocurría. No tuve otro remedio que contar mi pequeño secreto…todo lo contrario a mi hermanito  quien solo nos dijo – Ya para que me enojo si ustedes todo lo hacen al revés-

Mariann  como buena parlanchina se encargo de difundirlo para todos nuestros conocidos.

Yo sabía que haría eso, por tal motivo le di permiso que lo haga, pero que le dijera que esto quedara “en familia” como se dice. No quería correr el riego que los “hombres de blanco”, como les decía me encontraran.

Hoy era el día de mi boda. Hice mi rutina diaria, ósea vaciar mi estomago en mi amigo “Ino” como le puse, además de desayunar y otras cosas elementales.

Leonardo  había pasado la noche anterior en el departamento de Alan y Haydee  . Ya saben… por esa superstición de que el novio no debe verse con la novia antes de la boda.

Mi vestido era extraordinario era blanco con pequeñas mostacillas en los extremos de éste. Mostraba un escote no muy revelador. Un peinado recogido, todo cortesía de Mariann . La decoración del salón fue acordado por mí y porque no de todas las chicas

Mi príncipe estaba vestido con un hermoso esmoquin negra, camisa blanca y una corbata negra. Igual que mi amor chiquito Santi, quien parecía la versión en miniatura de su hermano mayor. .

Diana  había viajado especialmente para la boda, luego iríamos de luna de miel a Hawái y nos regresaríamos a la hacienda el Rayo de Plata, donde había menos gente que en  Nueva York.

Estaba muy preocupada porque me encontraran y me alejaran de Leonardo. Esta vez no lo soportaría.

No sabía que tan distraída estaba hasta que Leonardo  me sacudió el brazo. Estábamos frente al altar y el sacerdote había dicho las palabras mágicas para cualquier chica y yo ni lo había escuchado.

-Acepto -dije contrariada

Luego pronuncio las mismas palabras para Leonardo

-Acepto -dijo firme Leonardo

-Por el poder que me confiere esta iglesia los declaro marido y mujer…puede besar a la novia-finalizo el sacerdote.

Luego nos dimos un cálido beso, sellando así nuestro amor.

La fiesta fue increíblemente hermosa, pero nada comparado a la noche de nuestra boda.

Fuimos en avión hasta Hawái, donde disfrute de la espectacular vista, como solo Dios sabe hacerlo.

También me deleite nadando, aunque no soy una experta, el doctor dijo que era bueno para el embarazo y Leonardo  me ayudo con la práctica ya que hace rato no nadaba.

Cenas románticas también acompañaron este viaje.

En fin podría decir que “Los días que pasamos allí fueron los más felices de mi vida”

Nos quedamos por un mes allí, así que cuando volvimos a Rayo de Plata, yo tenía 4 meses y mi pequeño “porotito” como lo llamaba porque no sabía si era el o ella, empezaba a notarse en mí.

Regresamos al amanecer del día lunes, donde nos recibieron todos los empleados, Diana, Santi y Ángeles  que ahora vivía en Rayo de Plata .

Nos saludamos mutuamente. Luego nos dirigimos a nuestro cuarto a descansar  un rato o al menos eso creía yo…

Me fui a acostar mientras Leonardo  se bañaba. Me cambie y me quede dormida.

Comencé a revivir hechos pasados de mi niñez.

Me encontraba en una casa lejos de la vista de las personas. Así es vivíamos apartados, por mi Don  y mi maldición. Entrenaba junto a mi padre. Me presionaba, era rígido, y bastante frió conmigo a la hora de entrenar. Eran raros los momentos que recuerdo en donde hallamos pasado felicidad. Creo que no hubo muchos.

Pero mi madre, era otra cosa, recuerdo sus caricias, y como nunca se cansaba de decirme lo mucho que me amaba. Yo era su princesita.

Aunque no lo dijera extrañaba a mis padres… nuca me perdonaría que por mi causa ellos murieron

-Vale, amor- me llamo dulcemente mi esposo.

Fue ahí cuando caí en cuenta que estaba llorando y había algunos movimientos en mi pieza, como si se hubiesen movido hasta que yo me desperté.

-¿Qué pasa?… tranquila fue solo una pesadilla-me dijo abrazándome y yo lo correspondí.

Luego de unos minutos decidió romper el silencio que se había formado…

-¿Me vas a decir que estabas soñando?-me pregunto amablemente Leonardo.

-Estaba soñando con mis padres-dije y luego deje salir un largo suspiro.

Leonardo se subió a la cama y me rodeo con sus brazos.

-¿Y qué sucedió?

-Nada… solo eran recuerdos de cuando era niña…

-¿Puedes contármelos? Claro, si quieres.

-Es largo de contar

-Tengo todo el tiempo del mundo…

-Bueno… empezare por el principio… Mis padres eran Mauricio e Isabela  Togil. Yo fui su primera hija nacida 2 años después de que se casaron. Era una bebe normal, hasta los 3 años cuando un día mis padres escucharon vidrios romperse y corrieron a donde se ocasionaban aquellos ruidos.

Me encontraron en el living levitando una pelotita que había quedado incrustada e